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Eucaristía.
El Cordero. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Eucaristía.

 

Autor:

Fuente: reinadelcielo.org


Nosotros ingresamos al tiempo, a la eternidad de la que nunca salimos, en el momento de nuestra concepción. Sin embargo Dios existe desde antes de que el tiempo fuera creado, porque El creó el tiempo. De hecho El es el Eterno, el Único, el que Es.

Para nuestra limitada mente, comprender el fenómeno del tiempo y de la secuencia en que los eventos de la historia se engarzan en el fluir de la eternidad, es imposible. Pero para Dios, ese fluir de eventos es algo instantáneo, por definirlo de algún modo. Es como decir que Dios ve toda la historia del mundo en el mismo plano, como en una fotografía en la que El ve todo, algunas cosas en un extremo de la foto, y otras en el extremo opuesto, pero en el mismo acto.

Así debemos comprender el modo en que El ha engarzado los hechos fundamentales que hacen a la historia del pueblo de Dios, el pueblo Judío y nosotros como heredero de ese legado.  Miremos por un instante ciertos eventos separados por siglos, pero unidos por el mismo hilo conductor, hechos que van asociados indeleblemente unos a otros.

Cuando Dios pide a Moisés que cada familia debía matar a un cordero, sano, y asarlo para comerlo en determinado día, daba la clave para salvar a esa familia del paso del ángel exterminador por Egipto. Cada padre debía elegir a ese cordero, matarlo, y pintar con su sangre la puerta de la casa familiar, marcándola para que Dios reconozca en ella a Sus amigos, Su pueblo. El cordero debía ser luego comido por los habitantes de la casa, hasta agotarlo. Este signo que Dios pidió al pueblo Judío permitió que el sacrificio ofrecido salve al hijo primogénito de la familia del paso del angel exterminador.

Muchos siglos después Jesús celebró la Noche de Pascua del modo ritual establecido, con Sus amigos, recordando este episodio de la historia de Su pueblo. Primero comieron el cordero, rememorando la alianza de Su pueblo con Dios, la vieja alianza. Y luego, Jesús abrió las puertas de la Nueva Alianza, introduciendo el Milagro Perpetuo que sella con la Sangre del Nuevo Cordero la unión de Dios con Su Nuevo Pueblo.

Dios, esa noche, nos mostró como El iba a sacrificar a Su Cordero, nada más ni nada menos que a Su propio Hijo Unigénito, para la salvación de Sus hijos, Nosotros. Así, Jesús y Sus amigos comieron el Pan Consagrado, que es el Cuerpo de Cristo, mostrando el Sacrificio que el Creador iba a realizar unas horas después, sobre el altar del Gólgota. Ya no eran los padres de familia judíos los que sacrificarían un cordero perfecto, elegido, para la salvación de los suyos. Ahora era Dios el que sacrificaba a Su Cordero Perfecto, Elegido, para la salvación del mundo.

La sangre del cordero sacrificado se utilizó en Egipto para marcar las casas con el signo de “Amigos de Dios”. La noche del Jueves Santo, la Sangre del Cordero Nuevo, en la forma del Vino Consagrado, fue bebida por los amigos de Jesús para marcar sus “casas” como Templos del Espíritu Santo. El Vino Consagrado, hecho Sangre del Cordero, entró en los cuerpos y los corazones de los Apóstoles y los identificó con la marca de “Mis amigos”, y con la firma del mismo Dios. Claro que los Apóstoles no entendieron lo que ocurría en ese momento, puesto que estaban demasiado turbados y asustados como para ver con claridad como la historia de su pueblo y de Moisés se transformaba en perfecto prefacio para el Sacrifico del Cordero que iba a ocurrir en la mañana siguiente, el Viernes Santo.

Hoy seguimos comiendo del Cuerpo del Nuevo Cordero, que Dios Padre ha sacrificado por nosotros, y bebiendo de la Sangre del Hijo de Dios, para nuestra salvación. La historia del pueblo elegido salvado en Egipto se repite, sólo que nosotros, como el Nuevo Pueblo, tenemos a un Cordero Infinitamente Valioso ofrecido en el Altar del Sacrificio. Dios Padre sigue ofreciendo a Su Hijo, y Jesús sigue mansamente las órdenes de Su Padre, dándose a la humanidad en un acto de poder absoluto, un poder indestructible, el poder del Amor hecho Muerte en Cruz.

Para Dios, estos hechos se encadenan formando un mismo eje, mientras que para nosotros aparecen separados por siglos, y de cierto modo desconectados. Debemos ver con los ojos de Dios, porque la historia de Moisés, el Sacrificio de Jesús en la tarde del Viernes Santo, y la Hostia que se consagra frente a nosotros en cada Misa, son hechos que se hilvanan formando un solo cuadro, una sola escena de la historia.

Cada vez que comulgamos el Cuerpo de Cristo, nos unimos a la historia de Salvación de nuestro pueblo, rememorando el cordero que el Pueblo de Moisés comió aquella noche en Egipto, pero mucho más importante, comemos el Cordero que el Padre del Cielo sacrificó para nosotros, para nuestra Salvación. El Milagro Perpetuo, la Santa Misa, centro de nuestra vida y de la Iglesia de Jesús, nunca perecerá, porque el mal nunca prevalecerá sobre Ella, como nos lo dice el mismo Señor en Su Palabra.

Ayer, hoy y siempre, nos unimos a Dios en Cuerpo y Sangre, con Dios Presente realmente en el Pan Eucarístico, Dios presente realmente en el Vino Consagrado. Jesucristo, Rey del Universo, se da a nosotros mansamente, como Sacrificio Perpetuo que nos redime de nuestras culpas, por nuestra salvación.

 
Curiosidades de Nuestro Señor PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Eucaristía.

 

Autor: Claudio De Castro ( Panamá)
Fuente: periodismocatolico.com

A veces Jesús se siente solo en el Sagrario, abandonado por las almas que más ama. No le basta la compañía de sus ángeles. Suspira por nuestro amor y gratitud. Le encanta cuando confiamos en Él, cuando le visitamos y le decimos desde el corazón que lo amamos. Por eso la jaculatoria que más repito es ésta: “Jesús te amo”.

En ocasiones, cuando lo visito me parece que sonríe de gusto. Otras veces, cuando no puedo bajarme del auto, bajo la ventana y mientras paso, desde la calle le grito: “Jesús… te quiero”. Siento en el corazón esa tierna respuesta suya: “Y Yo a ti”.

Él siempre nos amará más. Es lo que me encanta de su presencia. Su amor te envuelve, te mueve al amor, a la gracia.

Una de mis grandes inquietudes es imaginarlo solo. Solía preguntarle: “¿Qué haces en el Sagrario, mientras esperas que te visitemos? No puedes moverte, ni tener la libertad ir acá o allá”.

Sentía que respondía: “¿Qué hago? Amar. Los amo a todos y derramo gracias abundantes sobre la humanidad”.

El jueves pasado Jesús respondió esta inquietud. Conducía hacia mi trabajo y experimenté la imperiosa necesidad de visitarlo. Hay una capilla cercana, pero iba tarde y no podía desviarme. Entonces imaginé que viajaba hacia el Sagrario y que me postraba en adoración, frente a Jesús. Allí estábamos Él y yo. Los grandes amigos. Felices de vernos. Fue algo tan real que me impresionó. Sentía que estaba allí, con él, pero en realidad me encontraba en el estacionamiento del edificio donde laboro. En ese momento me di cuenta que tal vez no siempre está tan solo como parece. Tal vez otras almas alrededor del mundo lo visitan con el corazón. Y le hacen compañía. Y lo consuelan y le dicen que lo aman.

Otras veces siento que debo rezar por las almas de los pecadores (empezando por la mía) y por las benditas almas del Purgatorio. Son momentos de una intimidad particular con el buen Jesús. Es como si al rezar, Él estuviera junto a ti escuchándote, recogiendo tus oraciones, complacido por lo que haces. Era algo que no comprendía bien hasta que leí estas palabras del Diario de Sor Faustina:

“El Señor me ha dicho: La pérdida de cada alma Me sumerge en una tristeza mortal. Tú siempre Me consuelas cuando rezas por los pecadores. Tu oración que más Me agrada es la oración por la conversión de los pecadores. Has de saber, hija Mía, que esta oración es siempre escuchada”.

Desde entonces procuro acercarlas al tierno y dulce Corazón de Jesús.

Por eso escribo. Para recordarte que Dios te ama, que eres especial para Él y que lo da todo por ti. A cambio, ¿qué pide? Esto tan sencillo que parece increíble: “tu amor”.

 
Cristo conciliador vive en la Eucaristía. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Eucaristía.

 

Autor: Sergio.

Fuente: www.mensajespanyvida.org

 

Muchas veces hemos pasado por momentos de crisis con amigos o familia, momentos muy difíciles en que nos sentimos en la cuerda floja por no saber como actuar, y lo único que logramos es reaccionar a los hechos, me grita le grito, me reta le reto, me agrede yo respondo peor.

 

Es una verdadera pena que no sepamos actuar ante esto, sobre todo porque podemos causar un daño terrible a quienes apreciamos, en algunos casos a quienes decimos amar y ante esto solo Dios tiene la mejor solución, la alternativa verdadera contra nuestras malas acciones o malas reacciones.

 

Dios nos invita constantemente a ser reflexivos y concientes, lo hace cuando escuchamos su palabra en el Evangelio pero sobre todo en la Eucaristía, pues con ella Dios no ayuda a conciliar y reconciliar nuestros actos, pensamientos y sentimientos todo en conjunto para que seamos buenos, en lo personal cuando charlo en la oración con Él casi al finalizar le digo “hazme bueno”, no como una exigencia sino como una suplica, pues cuesta mucho trabajo lograrlo, y solo por la Eucaristía, por el pan consagrado es como podemos aspirar a ser buenos a sentir y entender la maravilla de su voluntad, la grandeza del perdón y lo incondicional de su amor, dar perdón suele ser muy gratificante, pero pedirlo es vivificante, te renueva.

 

Cuando se comparte un consejo se debe vivenciar primero y no quiero dejar pasar esta oportunidad que Dios me da en estas líneas que hoy puedes leer y meditar.

 

De modo que por mis actos y sus consecuencias pido perdón a mi familia (Esposa e Hija) y a Dios pues solo el pudo darme la claridad necesaria para comprender lo que sucede en mi vida; ahora tu tienes la misma oportunidad que yo, no dejes atrás la opción del perdón, no dejes de visitar a Cristo sacramentado, de tomar la comunión, de llevar a tu corazón al Cristo conciliador que vive en la Eucaristía, pide y da perdón, reconoce el ejemplo que Jesús en cuerpo y alma nos dio con sus Viacrusis, el quiere que todos seamos buenos y felices.

 

Vive plenamente y sigue sus pasos, prepara tu conciencia, reconcíliate en el sacramento del perdón y come en la mesa del Señor el Pan de vida eterna.

 

 

 

 
La Eucaristía. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Eucaristía.

La Eucaristía.

Autor: Padre Jorge Loring
Fuente: 

El cristianismo es una vida, no un mero culto externo. El culto a Dios es necesario, pero no basta para ser buen cristiano.
La asistencia a Misa es sobre todo un acto de amor de un hijo que va a visitar a su Padre: por eso el motivo de la asistencia a Misa debe ser el amor.

Muchos cristianos no caen en la cuenta del valor incomparable de la Santa Misa (..). La Santa Misa tiene un valor infinito.

«Una sola Misa glorifica más a Dios que lo que le glorifican en el cielo por toda la eternidad todos los ángeles y santos juntos, incluyendo a la Santísima Virgen María, Madre de Dios». La razón es que la Virgen y los Santos son criaturas limitadas, en cambio la Misa, como es el Sacrificio de Cristo Dios, es de valor infinito

Siendo la Santa Misa <<reproducción incruenta del sacrificio del calvario, tiene los mismos fines y produce los mismos efectos que el sacrificio de la cruz>>.

La Misa se celebra por cuatro fines:


1 Para adorar a Dios dignamente. Todos los hombres estamos obligados a adorar a Dios por ser criaturas suyas. La mejor manera de adorarle es asistir debidamente al Santo Sacrificio de la Misa.
2 Para satisfacer por los pecados nuestros y de todos los cristianos vivos y difuntos.
3 Para dar gracias a Dios por los beneficios que nos hace: conocidos y desconocidos por nosotros.
4 Para pedir nuevos favores del alma y del cuerpo, espirituales y materiales, personales y sociales.

Para alabar a Dios, para darle gracias por un beneficio, para pedirle un nuevo favor, para expiar nuestros pecados, para aliviar a las almas del purgatorio, etc., etc., lo mejor es oír Misa.
Por lo tanto, nuestras peticiones, unidas a la Santa Misa tienen mayor eficacia. Pero la aplicación del valor infinito de la Misa depende de nuestra disposición interior.

La Misa se ofrece siempre solamente a Dios, pues sólo a Él debemos adoración, pero a veces se dice Misa en honor de la Virgen o de algún santo, para pedir la intercesión de ellos ante Dios.

Muchos cristianos tienen la costumbre de ofrecer Misas por sus difuntos. Es ésta muy buena costumbre, pues una Misa ayuda a un difunto mucho más que un ramo de flores sobre su tumba.

Cuando se encargan Misas, se suele dar una limosna al sacerdote que la dice para ayudar a su sustento, según quería San Pablo.
Pero de ninguna manera debe considerarse esta limosna como precio de la Misa, que por ser de valor infinito, no hay en el mundo oro suficiente para pagarla dignamente.
Lo que se da al sacerdote no es el precio de lo que recibimos, sino que le damos un donativo para ayudar a su sustento con ocasión de la ayuda espiritual que él nos ofrece.

 
El valor y la importancia de la Eucaristía. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Eucaristía.

El valor y la importancia de la Eucaristía.

Autor: Autor: P. Antonio Rivero LC
Fuente: 

La eucaristía es la más sorprendente invención de Dios. Es una invención en la que se manifiesta la genialidad de una Sabiduría que es simultáneamente locura de Amor.

Admiramos la genialidad de muchos inventos humanos, en los que se reflejan cualidades excepcionales de inteligencia y habilidad: fax, correo electrónico, agenda electrónica, pararrayos, radio, televisión, video, etc.

Pues mucho más genial es la eucaristía: que todo un Dios esté ahí realmente presente, bajo las especies de pan y vino; pero ya no es pan ni es vino, sino el Cuerpo y la Sangre de Cristo. ¿No es esto sorprendente y admirable? Pero es posible, porque Dios es omnipotente. Y es genial, porque Dios es Amor.

La eucaristía no es simplemente uno de los siete sacramentos. Y aunque no hace sombra ni al bautismo, ni a la confirmación, ni a la confesión, sin embargo, posee una excelencia única, pues no sólo se nos da la gracia sino al Autor de la gracia: Jesucristo. Recibimos a Cristo mismo. ¿No es admirable y grandiosa y genial esta verdad?

¿Cómo no ser sorprendidos por las palabras “esto es Mi cuerpo, esta es Mi sangre”? ¡Qué mayor realismo! ¿Cómo no sorprendernos al saber que es el mismo Creador el que alimenta, como divino pelícano, a sus mismas criaturas humanas con su mismo cuerpo y sangre? ¿Cómo no sorprendernos al ver tal abajamiento y tan gran humildad que nos confunden? Dios, con ropaje de pan y gotas de vino...¡Dios mío!

Nos sorprende su amor extremo, amor de locura. Por eso hay que profundizar una y otra vez en el significado que Cristo quiso dar a la eucaristía, ayudados del evangelio y de la doctrina de la Iglesia. Nos sorprende que a pesar de la indiferencia y la frialdad, Él sigue ahí fiel y firme, derramando su amor a todos y a todas horas.

¡Cuánto necesitamos de la eucaristía!

# Necesitamos la eucaristía para el crecimiento de la comunidad cristiana, pues ella nos nutre continuamente, da fuerzas a los débiles para enfrentar las dificultades, da alegría a quienes están sufriendo, da coraje para ser mártires, engendra vírgenes y forja apóstoles.
# La eucaristía anima con la embriaguez espiritual, con vistas a un compromiso apostólico a aquellos que pudieran estar tentados de encerrarse en sí mismos. ¡Nos lanza al apostolado!
# La eucaristía nos transforma, nos diviniza, va sembrando en nosotros el germen de la inmortalidad.
# Necesitamos la eucaristía porque el camino de la vida es arduo y largo y como Elías, también nosotros sentiremos deseos de desistir, de tirar la toalla, de deprimirnos y bajar los brazos. “Ven, come y camina”.

 
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