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Eucaristía.
El ojo del huracán. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Eucaristía.

 

El ojo del huracán.


Autor: Mark Link

Fuente: Libro Desafio

 

El "ojo" del huracán es algo impresionante. Para darse una idea de cómo es, imaginase a un "frisbee" con un hueco pequeño cortado en el centro. Extienda el "frisbee" hasta que su diámetro sea de cien millas y el hueco del medio tenga un diámetro de diez millas.

 

Ahora, haga girar al "frisbee" a una velocidad  de cien millas por hora.

 

Eso es lo que podría describir a un huracán. Pero tenga presente que dentro del "ojo" del huracán no hay viento, sólo cielo azul y un sol  resplandeciente. El "ojo" del huracán es una imagen de la Eucaristía.

 

Se puede desatar tormentas políticas a nuestro alrededor, pero en la Eucaristía encontramos una calma pacifica, cielos azules de esperanza, y un Hijo resplandeciente.

 

Pero la intención de Jesús no es que nos mantengamos en el "ojo" eucarístico.

 

Nosotros debemos entrar en la tormenta y convertirnos en "ojos" de paz para los demás. Debemos de compartir la paz que Jesús compartió con nosotros.

 

¿De qué mejor manera puedo compartir con los ojos demás la paz que Jesús compartió conmigo?

 

 
La Eucarístia deleita. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Eucaristía.

La Eucarístia deleita.

Autor:
Fuente:
www.iveargentina.org

“¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1). Santo Tomás aplica este versículo del Cantar de los Cantares a la Eucaristía.

Este es uno de los efectos de la Eucaristía: DELEITAR. (“Delectat”, dice Santo Tomás). Así como la comida material deleita al cuerpo, este manjar espiritual deleita al alma.

Por eso: “¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1).

Este sacramento da espiritualmente la gracia junto con la caridad. De ahí que San Juan Damasceno lo compara con el carbón encendido que vio el profeta Isaías: “Como el carbón no es simple leña, sino leña con fuego, así el pan de la comunión no es pan corriente, sino pan unido a la divinidad”.

¡Oh cosa milagrosa!
“¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1).

Enseña San Gregorio Magno que: “el amor de Dios no está ocioso, sino que, teniéndolo, obra cosas grandes”, se sigue que este sacramento tiene de suyo eficacia, no sólo para dar el hábito de la gracia y de la virtud -en especial de la caridad-, sino también para excitar el acto de la caridad, porque como dice San Pablo “el amor de Cristo nos apremia” (2 Cor 5, 14). Con el amor de Cristo “el alma se fortalece, espiritualmente se deleita y de algún modo se embriaga con la dulzura de la divina bondad” enseña Santo Tomás.

El alma... “¡se deleita y de algún modo se embriaga!”

De ahí que: “¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1).

Por eso exclamamos en el “Anima Christi”: “sangre de Cristo, ¡embriáganos!”.


¡Oh cosa milagrosa!

A este deleite llama Santo Tomás efecto actual o caridad actual y, también fervor, porque implica actualidad y actualidad tensa. La gracia de la Eucaristía, que los teólogos llaman gracia cibativa, entre otras cosas produce en acto el sustentar la vida espiritual, el aumentarla, el desarrollarla, el reparar las fuerzas que se pierden, dando mayor gracia y mayor caridad habituales. Pero más allá de la actualidad del hábito está la actualidad del acto en el que prorrumpe el hábito poseído. La Eucaristía produce en las almas el amor a Dios. Por eso cuando estamos en la Misa amamos más; por eso la Misa nos hace bien, porque nos enseña a amar más al prójimo al enseñarnos a amar más a Dios.

También se le llama gozo a este deleite que produce la Eucaristía, porque proviene de la percepción actual del bien que se posee -¡nada menos que Cristo!-, para lo cual no debe haber distracción en la recepción -sacramental o espiritual- de la Eucaristía. Muchas almas pierden el deleite actual de la Eucaristía... ¡porque están distraídas en Misa o en la Adoración! ¡Deja de lado las tontas distracciones!: “¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1).

El deleite que produce la Eucaristía no es necesariamente sensible, ni de un afecto sensible tampoco. Se trata de un gozo espiritual, de un gozo profundo del alma, de un gozo sobrenatural que proviene de la apreciación del gran bien que se recibe: el Señor, ¡Jesucristo!, con todo lo que Él es y con todo lo que Él tiene. Por eso dice Don Miguel de Cervantes Savedra, en una poesía:

¡Oh cosa milagrosa!

El deleite consiste sustancialmente en la prontitud de la voluntad para las obras virtuosas de la vida cristiana.

Además de las distracciones actuales, o sea en el momento de la comunión, ¿qué otras cosas impiden el deleite de la Eucaristía? Los pecados veniales. Las faltas veniales actuales impiden el efecto actual de la Eucaristía; no el habitual pero sí el actual. La dulzura espiritual es infalible por parte del sacramento, pero el afecto actual a las faltas veniales o la distracción actual en el momento de la Comunión -sacramental o espiritual-, impiden el efecto del gozo actual, del fervor espiritual, del deleite o del amor actual, que es todo lo mismo.

"Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1).

Decía Urbano IV de la Eucaristía: memorial admirable y estupendo, deleitable, suave... en el cual se gusta todo deleite y toda suavidad de sabor y se paladea la misma dulzura de Dios...” Y León XIII: “derrama en (las almas) gozos dulcísimos, que exceden en mucho a cuanto los hombres puedan en este punto entender y ponderar”.

Por eso: Amigos queridos, ”¡Comed, ... bebed, ...embriagaos!” (Cant 5, 1).

¡Oh cosa milagrosa!

Panem de coelo praestitisti eis. Omne delectamentum in se habentem.

Nos diste, Señor, el pan del cielo. ¡Qué contiene en sí todo deleite!

 
Para Dios no hay nada imposible. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Eucaristía.

Para Dios no hay nada imposible.

Autor:
Fuente:
www.mensajespanyvida.org

En Palestina aún viven muchos musulmanes. Un día un muecín, sacerdote musulmán, invitó a un sacerdote católico a un debate público acerca de la Eucaristía. El musulmán le preguntó al sacerdote: "¿Cómo es posible que un pedazo de pan se vuelva cuerpo de Cristo?" "Es muy posible- contestó el sacerdote- y te lo demostraré con una comparación muy sencilla. Al comer tú cambias el pan en tu cuerpo. ¿Por qué no puede Dios hacer algo semejante en la Eucaristía, cambiando el pan en el Cuerpo de Cristo?"

El musulmán preguntó:

"¿Cómo puede un pedazo tan pequeño de pan contener todo el Cuerpo de Jesús?"

"Mira el cielo y las montañas, son muy grandes, y sin embargo tu ojo, aún siendo tan pequeño, alcanza a contenerlos todos. Si tu ojo puede lograr esto ¿por qué no puede Dios lograr que un pedazo de pan contenga entero a Jesús?"

El musulmán insistió:

"¿Cómo es posible celebrar en el mundo varias misas a la vez, y que en cada una esté presente el mismo Cuerpo del Salvador de ustedes?"

"Para Dios no hay cosa imposible" dijo el sacerdote católico.

Luego tomó en sus manos un gran espejo, lo arrojó al piso reduciéndolo en mil pedazos, y al asombrado musulmán le explicó:

"Hace un momento en el gran espejo estaba presente tu rostro, ahora tu rostro está presente al mismo tiempo en cada pedazo del espejo. ¿Por qué no puede el cuerpo de Jesús estar presente en cada uno de los lugares donde se celebra la misa?".

El debate se concluyó con una cordial despedida llena de respeto y de paz.

 
¡Alégrate Él esté entre nosotros!. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Eucaristía.

¡Alégrate Él esté entre nosotros!.

Autor:
Omar A. Jiménez Castro.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

¿Acaso no está Él verdaderamente presente en la Santísima Eucaristía?

Vivo desde hace varios años en Los Estados Unidos, en pueblito muy lindo, pequeño, y seguro

En pocos minutos hay una capilla, tiene la particularidad que casi siempre está sola. E tenido la dicha de poder ir, para orar y pedirle al Señor por todos ustedes. Muchas veces paso en silencio o contemplando este gran milagro y dogma de fe, Jesús mismo en algo pequeño.

Muchas veces me han preguntado ¿Te hubiera gustado estar presente en los momentos en que Jesús hacia milagros? Mi respuesta es lógica como no. Pero desde el tiempo de Jesús al de hoy no ha cambiado. Él sigue ahí, como en su tiempo. La duda sale de nosotros, su presencia es igual lo que ha cambiado es nuestra fe en Él, y no creemos que esté oculto ahí. Su promesa sigue en pie. Los que hemos cambiado somos nosotros.

Ojala no te cueste a ti reconocer a Jesús; no debes tener envidia de aquella gente israelita que vivió en tiempo de Jesús, porque podían oírlo, verlo, tocarlo. Si activas tu fe, puedes realizar todo eso.

¿Acaso no está Él verdaderamente presente en la Santísima Eucaristía? No lo veras con los ojos de tu cuerpo, pero sí con los de tu espíritu; puede tocarlo, puedes comerlo eucarísticamente, puedes transformarte Él sacramentalmente. (P. Alfonso Milagro).

Yo lo digo en mi caso personal, pero ¿cómo es el tuyo? ¿ómo es tú encuentro con Jesús sacramentado? En aquellos tiempos de Jesús la gente tocaba a Jesús que quedaba sana (Marcos 6,53-56). ¿Cuál es la diferencia al día de hoy? Tienes la dicha de poder encontrarlo en cada capilla o Iglesia, la excusa la pones tú. Él no se esconde, Él te busca.

Yo e llegado muchas veces mal, triste, defraudado. El mundo que vivimos te bombardea y hacen ver que ese "dios" que llaman ellos no existe. Llego ante su presencia, y mis palabras quedan cortas. Hay silencio, y cuando después de haber hablando salgo con nuevas armas.

Una aclaración: No veas a Dios lejos de ti, es tu amigo, está cerca de ti, el mismo se rebajo para estar contigo. El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. A un n siendo Dios quiso compartir nuestra carne, nuestras debilidades, nuestras necesidades, menos en el pecado. Y es por eso que Dios está cerca de nosotros, llámalo como quieres, es tu padre, no le tengas miedo de hablarle que él no tiene miedo de responderte. Ésta así tan pequeño porque quiere estar junto a nosotros, en nuestro caminar dándonos a Él mismo como alimento. Él aun teniendo toda su gloria se rebaja para estar ahí contigo para cuidarte y que tengas fuerzas en el camino.

El que fallamos somos nosotros al no creer que esté ahí. Creemos con los judíos en la época de Jesús que creían en un REY de poderío material y de grandes riquezas. Y cuando lo vemos tan pequeño en las especies del pan y vino no somos capaces de creer tan buen milagro.

Te reto que lo visites, pero ten en cuenta algo deja que te hable, no como estamos acostumbrados sino en el silencio ahí donde no hay palabras. Él está en el silencio, en la contemplación y es donde vas a escuchar su voz clara. ¡Haz el intento, Jesús te espera!

 
Su Santidad Juan Pablo II nos enseña el valor de la Santa Misa. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Eucaristía.

Su Santidad Juan Pablo II nos enseña el valor de la Santa Misa.

Fuente: www.mensajespanyvida.org
Autor: P. Marcelo Rivas.

Observé con mucho detenimiento la Santa Misa que el Papa Juan Pablo II y los Cardenales celebraran al inicio del Año de la Eucaristía. Me quedé observando, con admiración y silencio, al Papa ya viejo, tembloso y torpe haciendo ese gran esfuerzo con 84 años y 26 de pontificado. Debo confesarles que sufrí y quedé impresionado por ello debo decirles:

Admiro a un sacerdote, obispo, Papa que lucha, en su tiempo, por llevar adelante la obra de la Iglesia en la misión que Dios le ha encomendado. Pero, admiro, aún más todavía, esa gracia que nos dejó el Señor Jesús. La Eucaristía. Verdadera comida, real bebida. Es la presencia de Dios en al especies de pan y vino que en las palabras de la Consagración se hace Cuerpo y Sangre para la salvación de todos.

Es un Papa que ha dedicado su vida y su ministerio para mostrar el rostro de Cristo en una tierra rehecha y corrompida por la guerra y el enfrentamiento. Más grande, aún, ha sido que el Señor Jesús no solamente se ha hecho hombre y murió en al cruz, sino que se ha quedado en la Hostia Consagrada. Es el memorial de aquella Última Cena donde Jesucristo, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre “Haced esto en memoria mía” Por eso los Apóstoles y sus sucesores, Juan Pablo II, tienen el mandato de repetir aquello que él mismo había hecho. Eucaristía manjar y fortaleza para quienes lo celebran y lo reciben. Ahora entiende la fortaleza y el esfuerzo del Papa.

El Papa, en su voz sabia, está presente para orientar y encaminar. Jesucristo está en todas las Hostias Consagradas entero y en cada una de ellas. Todo en cada parte. Al partir el sacerdote la Hostia no está dividiendo a Jesucristo, sino que queda entero en cada parte, muy pequeña que sea.

La presencia del Papa en el mundo es la presencia de Cristo en la sucesión apostólica en el sacramento del Orden Sacerdotal. Cuando un católico mira al Papa está mirando a Cristo representado en esa Autoridad. Pero al contemplar la Eucaristía, con los ojos de la fe, está mirando y sintiendo el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Jesucristo. Por eso la Santa Misa es el acto más importante de nuestra religión, ya que se renueva y se perpetúa el sacrificio de Cristo en la cruz. La misa es, entonces, el acto más grande, más sublime y más santo que se celebra cada día en la tierra.

Ir a Roma y no contemplar al Papa es perder el viaje. Eso nos sucede con la Santa Misa. Pues una misa en vida aprovecha más y mucho más en vida que después de la muerte.

El Papa celebró con regocijo y acción de gracias sus 26 años de Pontificado. Esta celebración la hizo dentro de un banquete muy espiritual, la Santa Misa. Nosotros acostumbramos a celebrar los grandes acontecimientos e incluso buscamos invitados, cantantes, orquestas y colocamos la mesa llena de los mejores manjares. Pero se nos olvida, por lo general, que la Santa Misa es un verdadero banquete que conmemora la Última Cena. En cada misa se reúnen los cristianos para participar en la mejor fiesta de las fiestas.

El Papa para tener fuerza y decisión necesita alimentarse física y espiritualmente. La espiritual la llena la Divina Eucaristía. Para participar en la Santa Misa necesitamos disposición y voluntad. Aquí no es cuestión de ganas o de entusiasmo, sino que es un acto libre, alegre y necesario en la obligación de dar culto a Dios. La Comunión puede ser mensual, semanal y mejor frecuente, diaria. Pues comulgar es el acto más sublime que podemos hacer en la vida, ya que es recibir a Dios en nuestra vida. Pues comulgar es tener la vida eterna. Cada Comunión se debe preparar con reverencia pues quien viene a nosotros es Jesucristo, Dios, lleno de amor y mucha ternura.

El Papa celebra, todos los días, la Santa Misa porque ha entendido que es a Dios a quien se le ofrece, pues Él solamente le debemos adoración, aunque a veces se diga la Misa por la Virgen o algún santo, ofrenda que se hace para pedir la intercesión de ellos ante Dios.
El Papa vive día a día en la confianza de Dios Todopoderoso. Nosotros debemos hacer todo para la gloria de Dios. Por eso con Dios todo, sin Dios nada. La Santa Misa nos da la posibilidad de recibir al Único y Verdadero Dios. En cada Misa, en todas las Misas Dios permanece en sabor y olor del pan y del vino para que después de la Consagración se conviertan en Cuerpo y Sangre de Jesucristo. ¡Que maravilloso milagro!

 
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