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Temas actuales.
El tema María entre un católico y una evangélica. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

El tema María entre un católico y una evangélica.

Autor: Omar A. Jiménez Castro.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

De un día para otro unas amistades; su esposa y él, me invitaron a ir a traer a su padre debido a que vive solo y necesitaban traerlo porque presentaba síntomas de una fractura en su pie. Su padre vivía en la playa así que íbamos aprovechar para ir a ver el mar. En los que íbamos en el carro iba una señora hermana del amigo y su nuera. No sabía que eran de creencia evangélica, cosa que respeto mucho.

En la ida de vuelta para las nuestras casas se sale aquella conversación de Dios. Y sin duda para mí lo más bello de hablar de Dios es de su madre. Para que tome el tema, su nuera de un brinco de esos de sustos o como si la hubieran insultado me tiro la piedra de una vez. La virgen María tuvo más hijos y es bíblico que tuvo relaciones con José. Si aparece que en la biblia los hermanos de Jesús. Y yo bueno tuve que responder que luego de esa parte dice de quienes eran esos hermanos de Jesús.

Luego en ese momento tuve la dicha de poder hablar más calmadamente con la señora del tema. Me dio lástima que entre los que nos llamamos cristianos nos tiramos la piedra que se llama María. Es nuestro escudo y una gran diferencia de las dos partes. Me imagino que esta típica conversación la hayas escuchado muchas veces en tu vida, y hayan dicho los motivos bíblicos o razones de que por que no debo creer. Lo que quiero hablar es que mal nos vemos como cristianos es de escudarnos en nombre de ella si tuvo o no hijos. Siento en mi corazón que hay algo más  profundo de pastores y de personas que con mucho odio nos tiran esa piedra en la cabeza de católicos. Me explico para ellos es una piedra pero para nosotros es un persona digna de admirar además es nuestra madre. Se les olvida a estas personas que el mismo Lutero si, el de la reforma protestante tenía elogios hacia ella.

Vamos al punto. Luego de conversar con ella tuvimos un punto de que los aceptamos acerca de María.  Desearíamos ser como ella ante Dios. Si, como suena, una evangélica y yo tuvimos un punto en razón, desearíamos ser como ella. Y es que cualquier cristiano en razonamiento puede entender que ella además de ser la madre de nuestro Señor, fue la primera cristiana. Aquella que recibió los elogios cuando Jesús mismo decía que su madre y sus hermanos hacían la voluntad de su padre.  Sin decir aquellas palabras hermosas del ángel: “Llena eres de gracia”. Hablamos de que ojala tuviéramos la fe tan grande para no preguntar porque algo que nos acostumbramos a hacer ante las cosas de la vida. Todo lo conservaba en su corazón sin cuestionar lo que el ángel le había anunciado. No entendía nada, pero tampoco cuestionaba el accionar de Dios en su vida. Podríamos alargar todas sus grandes virtudes que siempre estaban enfocadas en hacer la voluntad del PADRE.

Me ponía a pensar mientras hablaba con ella de que como seriamos todos los cristianos si siguiéramos su ejemplo de vida. Imagínate que en la biblia habla poco de ella pero lo poco que se dice en los evangelios fueron actos heroicos de fe. Su vida fue un acto de amor hacia Dios. Como me duele el saber que es una piedra para unos y escudo para otros.

Ciertamente Jesús es el único mediador entre los hombres y Dios, no tengo duda. Pero no me pueden negar que su vida es un ejemplo de vida cristiana, y ofrenda agradable a Dios.

Al final, una evangélica y un católico habíamos llegado a un término medio. Me dio mucha la alegría de poder entendernos.

 
Tenemos Padre. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.



Tenemos Padre.

Autor: Mons. Rómulo Emiliani.
Fuente: www.unmensajealcorazon.net

No estamos huérfanos,

tenemos un Padre celestial, infinitamente misericordioso y bueno. La gran buena nueva es que Cristo resucitó y nos abrió las puertas del cielo.  Pero también es una gran y maravillosa noticia la que Jesucristo nos reveló: que Dios es nuestro Padre compasivo y generoso.    Él se refiere constantemente a su Padre, con ternura, respeto y confianza y nos ve a nosotros como hijos de Dios Padre también.  “En la casa de mi Padre hay muchas moradas…voy a prepararles un lugar. Y después de prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, están también ustedes”, (Juan 14,2-4).   Jesús insiste en decirnos  que su Padre es nuestro Padre: “Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre…” (Mt 6,9).  Es un Padre que no solamente nos creó de la nada a su imagen y semejanza, sino que vela por nosotros y nos da todo lo necesario para vivir: “Miren las aves del cielo que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y su Padre Celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?...Que por todas esas cosas se afanan los paganos, y ya sabe su Padre celestial que tienen necesidad de todo eso”, (Mt 6,26-32).

Jesús tuvo siempre en su vida como referencia suprema a su Padre del Cielo. Su mirada interior estaba enfocada en el misterio de su filiación divina. Contemplaba al Padre que estaba en él y él que estaba en el Padre. “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”, (Juan 14,11).  Él se sentía enviado por el Padre: “Yo te he glorificado en la tierra y he terminado la obra que me habías encomendado. Ahora Padre, dame junto a ti la misma Gloria que tenía a tu lado antes que comenzara el mundo”, (Juan 17,4-5).  Él quería que nosotros estuviéramos unidos a Él: “Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros…”,( Juan 17,21).  Pero para asimilar este mensaje de salvación había que cultivar la humildad: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes; y se las has revelado a los pequeños”, (Mt 11,25).

Para todo invocaba al Padre y buscaba cumplir en todo su voluntad.  Nada hacía sin el consentimiento de su Padre. Él insiste en que tenemos un Padre a quien creer, amar, pedir, alabar y nadie puede ocupar su lugar. “Ni llamen a nadie “Padre” suyo en la tierra, porque uno sólo es su Padre: el del cielo”, (Mt23, 9).  Pablo inspirado por el Espíritu dice: “Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros”, (I Cor 8,6).

Llega la intimidad de Cristo con su Padre al extremo de llamarlo “Abba”, que significa “papá”, y se siente uno con Él hasta el extremo de decirle a un discípulo: “¿Todavía no me conoces, Felipe?  El que me ve a mí ve al Padre. ¿Cómo es que me dices: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Cuanto les enseño, esto no viene de mí, sino que el Padre, que permanece en mí, hace sus propias obras “, (Juan 14,9-10).   Nos revela que su Padre es misericordioso al extremo de perdonar los peores pecados, como nos lo revela en la parábola del Hijo pródigo. Dios es un papá bueno que nos ama incondicionalmente, que nos devuelve todos los tesoros divinos perdidos si nos arrepentimos sinceramente.

Somos hijos de Dios Padre gracias a la muerte y resurrección de Jesucristo. El Padre nos ama como ama a su Hijo.  Él siempre está pronunciando la palabra “hijo mío” refiriéndose a cada uno de nosotros. Nos adoptó como hijos y para siempre lo seremos.  Por lo que tendremos como herencia junto a Cristo el cielo prometido, toda la eternidad de gozo y plenitud, donde contemplaremos la Verdad, la Bondad y la Belleza, todas virtudes infinitas de Dios. Cara a cara estaremos con Dios eternamente.

No hay título en la tierra como en el cielo más grande para nosotros que ser hijos de Dios Padre en Cristo Jesús. No hay gloria, honor ni cosa  más sublime. Nos ama infinitamente, nos bendice plenamente y nos ha asumido  ya en  la Santísima Trinidad  en Cristo Jesús, donde nos ama  a cada uno de nosotros en particular   y como pueblo de Dios. Y con Él somos invencibles.

Mons. Rómulo Emiliani.

 
Lo que el Papa no dice PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

Lo que el Papa no dice.

Autor: Marcelo López Cambronero.
Fuente:

Casi cada día alguien añade frases falsas en las redes sociales y las atribuye al Papa Francisco. Habitualmente son imágenes diseñadas para que tengan un aspecto interesante y atractivo, que se pueden compartir con facilidad y consisten en un mensaje directo entresacado de los mil y un convencionalismos sosos del mundo moderno.

Hay mucha gente que quiere hacer de Francisco un Papa a su medida, como si fuese un muñeco que se estirara y encogiera al gusto de cada cual. Un Papa cool excepcional en medio de una Iglesia atávica y corrupta a la que se critica sin matices ni criterio.

Otros prefieren difundir la sospecha de que es un Papa falso, hipócrita, que dice unas cosas y después actúa de otra manera, que quiere parecer abierto y dialogante pero que esconde un espíritu reaccionario. Un efecto del marketing ideado por un departamento comercial inteligente.

No faltan, desde luego, los que difunden el perfil de un Francisco que contraviniese la Tradición y el Magisterio, el espíritu y la letra del Evangelio. Para ello, se lo aseguro de primera mano, no se avergüenzan de mentir y rumorear como alcahuetas.

Ni lo uno ni lo otro. Francisco es tal y como ustedes lo ven. Alegre, dicharachero, muy sencillo y directo en las respuestas, que ayuda al que lo necesita y atiende a quien requiere de su cercanía, y le da igual quien le juzgue (porque siempre hay quienes juzgan, y no vamos a estar dependiendo de ellos: nos volveríamos locos). Si se enfada lo hace ante las cámaras, si quiere bromear no se esconde. A veces no habla con la claridad que desearía, o deja margen a malas interpretaciones, otras veces sorprende por su frescura y por la seguridad de su mensaje. Es así, con sus virtudes y sus defectos. No hay trampa ni cartón. Nada hay oculto detrás de lo que se muestra.

Por eso resulta desagradable la invención de expresiones absurdas que se ponen en su boca, como la soberana estupidez de que “uno puede ser espiritual pero no religioso” (que hasta quedó incluida en la película Francisco, el Padre Jorge cuyo guionista, el español Beda Docampo, se declara no creyente) o de que va a “convocar un Tercer Concilio Vaticano para cambiar la doctrina”. El Papa habla claro y no dice ese tipo de tonterías. No se crean cualquier frase “bonita” sólo porque lleve su imagen adosada.

 
“No puedo, no soy capaz” PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.


“No puedo, no soy capaz”

Autor: Mercedes Vallenilla
Fuente: psicologiacatolicaintegral.com/   

Es muy común que las personas aunque desean con pureza de intención entregarse a Dios por medio de un ministerio o apostolado terminan creyendo que la salvación de la humanidad depende de ellos. Muchos terminan pensando que son una columna de esa Iglesia donde descansa la salvación de las almas. La característica común cuando comparten su deseo es pensar que están luchando solos y que es solo por medio de su esfuerzo el que obtendrán frutos o que sino se esfuerzan lo suficiente no los habrán. Pareciera como si Jesús se hubiera ido al cielo a descansar con los pies en el escritorio viendo desde allá como un simple espectador, como nosotros corremos por el día entero desgastándonos para que su amor llegue a todos. El esfuerzo personal adquiere un protagonismo que resulta en una relación directamente proporcional con los frutos apostólicos en las almas. Algunos extrapolan esta creencia incluso a la oración, creyendo que por medio de su esfuerzo obtendrán luces, gracias y frutos en ella.

La mayoría de las veces, no se refiere únicamente a un problema de formación o a un problema de soberbia y/o vanidad, sino a un problema más profundo en la dimensión afectiva. Muchas de estas personas que no logran ni pueden parar en el fondo es debido a una inconsistencia central. Esta es una inmadurez significativa que se permea en una necesidad insaciable de autocompensar aquello que interiormente no se tiene. Y es común que haya un desenfreno en la forma de la entrega, en la donación total o parcial de la persona dependiendo del estado de vida y su nivel de compromiso, porque no es tanto lo que se busca donar conscientemente, sino lo que se busca más bien saciar de manera inconsciente.

Cuando existen estas inconsistencias en el plano afectivo, de fondo la persona cree sin darse cuenta que su valor está en lo que hace y todas las necesidades afectivas vienen mal satisfechas por este principio. La necesidad de valoración, de aceptación, de trascender, incluso de pertenencia a un grupo vienen suplidas por lo que se hace y no tanto por el amor de Dios que se dona en el interior. Es por esta razón, que la persona autocompensa con una hiperactividad “apostólica” exagerada lo que interiormente no tiene, no siente y no experimenta.

Cuando existen estas incosistencias afectivas en personas que entregan la vida entera a Dios en una vocación de totalidad y exclusividad o parcialmente por medio de un apostolado, en el fondo se están buscando a si mismos constantemente. Por esta razón, se comparan con otros y todo el tiempo están buscando obtener solo un resultado positivo en lo que hacen. De igual forma, proyectan sin realismo y con un enorme idealismo la meta a alcanzar pues parece que situar esa meta en lo alto proyecta de cierta manera igual de alto la necesidad afectiva que se desea suplir.

Cualquiera que sea la manera, buscan de forma inconsciente por medio de ellas reafirmar que son valorados, amados, apreciados y queridos. Y cuando no alcanzan las metas, piensan lo contrario y se sienten profundamente abatidos, pues en el fondo lo que significa para sus psicologías, es que no son amados, valorados o que no pertenecen a ninguna parte. Sus necesidades afectivas están mal nutridas y su sentido de afiliación mal orientado.

Nuestro sentido de afiliación a nivel psicológico entra en el campo de la motivación, pues cuando todas nuestras habilidades están orientadas al servicio, nos impulsa a realizar nuestro mejor esfuerzo ante cualquier tarea porque sentímos que somos parte de ello. Pero este sentido de afiliación a nivel psicológico tiene que estar cimentado en uno mucho más grande y trascendente y que al final, abarca al otro y es el sentido de afiliación a la voluntad de Dios sea cual fuere. En el fondo, toda la vida debe estar orientada a ese deseo, hacernos uno con la voluntad de Dios: experimentar el amor de Dios y donarlo recíprocamente dejando a sus designios los resultados que Él desde su bondad quiera otorgar.

Es por esto que donarse por completo al apostolado porque es voluntad de Dios perdiendo de vista lo esencial que es la comunión con Dios por medio de la oración o los medios espirituales, es terminar distorsionando la vida espiritual, porque dejamos de lado lo primordial que es buscar toda la fuerza que da la gracia, la luz que brinda el Espíritu Santo, la palabra que ilumina la vida entera, la fortaleza que da la gracia, el amor que se vuelca en el corazón para ser donado a otros.

Esta es la forma en que podemos entregar lo que hemos recibido en esa comunión y relación con Dios de una manera casi imperceptible. Pretender que sea de otra manera, solo expresa la concepción de que estamos más bien donándonos a nosotros mismos y no el amor de Dios recibido y en el fondo, podemos terminar creyendo que somos esas columnas donde reposa la Iglesia y que todo depende solo de nuestro esfuerzo. Al final, la relación con Dios se convierte en un esfuerzo que solo depende de la persona, dejando poco espacio al poder de Dios y al cabo de unos años, la persona irremediablemente agotada de luchar pensara “no puedo, no soy capaz” de hacer lo que Dios me pide.

Cuando la persona no es consciente de esta inconsistencia central, proyecta esta necesidad de afecto, valoración y pertenencia en toda su vida espiritual, su apostolado y en sus relaciones humanas. No solo lo lleva a su relación con Dios, sino con las demás personas, con la comunidad, con la familia y todo lo filtra por medio de ella impidiendo un verdadero crecimiento en todas las dimensiones de la persona.

En este sentido, es bueno preguntarnos si tenemos alguna inconsistencia que detenga el crecimiento espiritual y complique las relaciones interpersonales que tenga que sanar. Si estoy viviendo o no en equilibrio. También es bueno preguntar a aquella persona que hemos elegido para acompañarnos en el camino. Preguntarnos siempre cuando estemos haciendo algo, cuáles son nuestras motivaciones más profundas, por qué hago lo que hago, para qué lo hacemos, por quién lo hacemos y qué estoy buscando en el fondo para mi y para otros. Y si se sospecha que hay algo que se debe sanar, siempre es importante detectar ese sentimiento, síntoma o lo que aqueja, involucrarnos en las posibles soluciones al problema para que esto conlleve una responsabilidad; es decir, hacernos cargo de lo que nos pasa. Además, debemos de tener deseos de cambiar y expectativas de recibir ayuda a la vez de dejarnos ayudar. Y sino tenemos nada que sanar, es bueno de todas formas purificar a diario nuestras intenciones, haciendo las mismas preguntas, pues por el pecado original nunca tenemos intenciones totalmente puras.

Saber el lugar que ocupamos en la salvación de la humanidad, nos libera de un peso que no nos corresponde, nos da libertad interior en todas las dimensiones, en especial la libertad afectiva porque nos permite no apegarnos a las cosas, las personas, las misiones, las instituciones, los medios y los apostolados. Nos hace libres, como un títere para que podamos ser movidos por el Espíritu Santo, a la vez que nos otorga relaciones interpersonales más ligeras. Al final, estamos siendo espectadores de lo que la gracia hace en nosotros y por medio de nosotros.

Siempre debemos de recordar que lo único que nos hará capaces es la gracia de Dios que esta llamada a ser derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo, siempre y cuando lo busquemos y estemos abiertos a pedirlo. El considerarnos siervos inútiles en manos de Dios, es esencial para vivir la vida espiritual y apostólica en equilibrio y plenitud. Si vivimos en libertad afectiva la misión que Él nos ha encomendado, la gracia es lo que nos hará capaces de llevarlo a término haciendo lo que nos toca pero sin perder de vista que al final el resultado dependerá de Dios.

 
¡Epa y las Sectas! PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

Dime que te cuento y te diré que aprendes


Veo que en los diversos países de América Latina

el problema número uno es, cada vez más, el problema de las sectas.

San Juan Pablo II

¡Epa y las Sectas!

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.diosbendice.org/ mensajespanyvida.org

A tiempos recios decisiones recias y por eso, hay que tocar el tema de las Sectas o movimientos de falsa espiritualidad. Han crecido con agresividad que nos hace reflexionar sobre un vacío pastoral. Todo porque el católico no está debidamente formado. Hay muy pocos sacerdotes y además, un proselitismo activo muy apoyado por el propio gobierno con aquello de la libertad de culto.

Son muchos los hogares que han sido captados por ellos y los han dividido, separado, incluso enfrentado. Estas familias, son por lo general, las más sencillas y pobres, a quienes manipulan devorando sus vidas y destruyendo sus tradiciones. Sin olvidar que buscan es la desunión general para que en medio de ese caos entrar como salvadores al mejor estilo de mesías.

Todo esto nos debe conducir a una toma de conciencia clara y definida en una Evangelización donde todos estemos involucrados con abundancia de Espíritu Santo (Espiritualidad bíblica) y ese Nuevo Ardor que se ha perdido por un excesivo pesimismo. Se urge una formación centrada en despertar la acción misionera, la cual se encuentra secuestrada y durmiente en las bancas de los templos.

Hablando a calzón quitado tendré que decir que nos hemos refugiado en los templos para satisfacer dolencias espirituales, dolores de muerte y enfermedades. Hemos sido muy permisivos ya que las sectas son radicalmente contrarias a la Iglesia católica para desarrollar propaganda mentirosa de fe y de moral. Lo anterior trae desconcierto y mucha confusión en las personas menos formadas.

Por lo general insisten en que sólo la fe en Jesucristo salva y que la única base de la fe es la Sagrada Escritura, interpretada de manera personal y fundamentalista, por lo tanto con exclusión de la Iglesia, sin olvidar lo incisivo del final del mundo y del juicio. Atacan, acosan con un proselitismo selectivo y mordaz. Todo por las ayudas económicas del extranjero y del diezmo que es obligatorio para los miembros.

Somos, por tanto, culpables de su avance, ya que poco nos importa vivir en la Iglesia y sentir pertenencia a ella. Crece el secularismo y esa indiferencia donde poco importas el ataque bestial contra la Iglesia católica. Por eso es casi natural que muchos salgan para unirse a ellos. Esa salida y entrega fervorosa, según Documento de Aparecida 225 “no lo hace por lo que los grupos “no católicos” creen, sino fundamentalmente por lo que ellos viven; no por razones doctrinales sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por problemas teológicos sino metodológicos de nuestra Iglesia. En verdad, mucha gente que pasa a otros grupos religiosos no está buscando salirse de nuestra Iglesia sino que está buscando sinceramente a Dios.

Más que miedo es una honda preocupación que nos debe llevar a un nuevo despertar en la fe. Para salir en busca de los más lejanos. Esos que con poca formación y débil creencia pueden ser absorbidos por ellos y fácilmente adoctrinados.

Entonces observemos: aunque hay orientaciones, documentos, y material informativo, no se forma lo suficientemente a los fieles en el tema y el proselitismo sectario es más eficaz donde la evangelización es más débil y donde la formación es inexistente. Segundo, hay una gran desinformación y esto trae la confusión religiosa en la que muchos se sumergen por falta de formación.

Para mí, el problema de las sectas no es un tema puramente de las iglesias, sino un drama social que afecta a todos y mucho ojo, sin importar sus creencias.

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla                 @padrerivas

https://www.facebook.com/PadreMarcelorivas

 
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