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Temas actuales.
Cuidado con el exceso de misericordia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

Cuidado con el exceso de misericordia.

Autor: Anwar Tapias Lakatt.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Con particularidad podemos notar que muchas veces, la misericordia, se ha vuelto como una prenda de vestir versátil, que la usamos con todo tipo de situaciones. Para cualquier problema complejo, apelamos a la misericordia, pero realmente como solución, retardante o en el peor caso, como veneno. ¿Es posible?

La misericordia es algo que tiene raíces profundas en el actuar de Dios, en su inmenso amor por nosotros, pero que jamás atentará contra la misma justicia divina. Hoy día, cualquier situación extraña pide por muchos ser atendida a gritos con la misericordia. Y es muy importante señalar que la Iglesia siempre, como madre está dispuesta a usar de la misericordia pero de la manera correcta.

A veces desconocemos que la misericordia no es un vestido que nos ponemos siempre igual, sino que debe ir acorde a la ocasión. ¿Acorde a la ocasión? Sí, porque la misericordia no significa dar la complacencia a cada capricho o deseo por muy piadoso que parezca.

Quisiera simplemente lanzar unas preguntas, que sirvan de ejercicio para quienes en nombre de la misericordia, la estiran tanto que la rompen, dejando huecos por donde el pecado se está colando.

¿Por qué Dios no usó misericordia dejando a Adán y Eva en el Paraíso a pesar de su pecado? Pobrecitos, fueron engañados por el diablo.

¿Por qué Dios no usó misericordia con Moisés dejándolo entrar en la tierra prometida? Pobrecito, fue un momento de duda.

¿Por qué Dios no usó misericordia con Saúl, dejándole seguir reinando a pesar de desobedecerlo? Pobrecito, estaba desesperado

¿Por qué Cristo no usó misericordia con el joven rico, dejándole seguirle a pesar de no desprenderse de sus riquezas? Pobrecito, tal vez no era el momento de desprenderse de sus riquezas.

¿Por qué Cristo no usó misericordia con San Pedro, dejando que le evitara ir a la Cruz? Pobrecito, en el fondo San Pedro no quería que le hicieran daño

¿Qué hubiera pasado si Dios hubiera usado "misericordia" en esos casos, como la están malentendiendo muchos hoy día?

Tal vez, en cada uno de ustedes surjan explicaciones y razones, pero la idea es comprender que también cuando en nombre de la misericordia, queremos estirarla tanto y tanto, que cubra las conductas que contradicen el Evangelio, hacemos que se rompa, y Dios no permite eso.

La misericordia auténtica, está en buscar que lo que se ha desviado y perdido, vuelva al camino que Dios trazó, pero mostrando con amor y verdad las razones. La misericordia no está en conceder lo que desde el pecado simplemente no es posible, sino en conceder la oportunidad de volver al camino. Eso sí, hay que acompañar, ayuda, fortalecer y alentar desde la misericordia, el regreso a la comunión con Dios.

Espero podamos meditar esto, ante tantas circunstancias actuales, que en vez de buscar ser corregidas y preservada la verdad, queremos simplemente estirar la misericordia, pero sin que produzca un verdadero fruto de conversión y vida.

 
¿Debemos pedir la salud corporal?. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

¿Debemos pedir la salud corporal?.

Autor:
MONS. JUAN USMA GÓMEZ
Fuente: CONSEJO PONTIFICIO. PARA LA PROMOCIÓN DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Pedir sanidad de nuestras enfermedades es de lo más católico de este mundo. Pero es importante darle su sentido. Les comparto un extracto de un documento de la Iglesia titulado:

La curación para pentecostales y católicos

"Para un católico pedir la curación es legítimo. En efecto, la Iglesia en varios momentos y con ritos diversos reza plegarias litúrgicas con esta intención. Son bien conocidos los santos taumaturgos y los diversos lugares de oración donde se dan innumerables testimonios de curaciones milagrosas. Por consiguiente, pedir la gracia de la curación no es ajeno a la praxis católica. Sin embargo, esto no debe llevar al cristiano a olvidar que no hay mayor mal que el pecado y que nada tiene peores consecuencias para los pecadores mismos, para la Iglesia y para el mundo entero (cf. ib., n. 1488). LA RECUPERACIÓN DE LA SALUD ES IMPORTANTE SI AYUDA A LA SALVACIÓN ESPIRITUAL (cf. Mt 9, 5-8). La curación es una gracia, pero la enfermedad no es necesariamente ausencia de ella: la unión del enfermo a la pasión de Cristo es fundamental para su bien y para el bien de la Iglesia (cf. Col 1, 24)."

Por tanto, de esta forma podemos entender el orden en que actuó Cristo sobre el paralítico:

¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"?
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados
—dijo al paralítico— yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". (Mc 2, 9-11)

Cristo primero lo sanó del alma y luego del cuerpo. Pidamos sanidad de nuestras enfermedades, pero tengamos conciencia que primero debemos clamar por estar en gracia de Dios.

 
¿Por qué la Iglesia tiene una opinión sobre todo? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

¿Por qué la Iglesia tiene una opinión sobre todo?

Autor:
Juan Gaitán.
Fuente: falsoconfalso.wordpress.com

Recientemente un amigo me preguntó: «¿Por qué la Iglesia tiene una respuesta para todo? ¿Por qué pretende tener la verdad ante cada aspecto de la vida? ¿No es eso, acaso, arrogancia y soberbia?»

El cristianismo es un estilo de vida

El cristianismo es un estilo de vida bien particular, cuyo modelo se encuentra en Jesucristo, en su vida, pasión, muerte y resurrección. Deseando actuar según este modelo, la Iglesia se fue enfrentando a diversas interrogantes, algunas muy sencillas, algunas más complejas.

Sirvan como ejemplo estas dos preguntas: ¿debían todos los cristianos vestir de un modo especial? ¿era lícito adorar en público a los dioses romanos, mientras interiormente se siguiera creyendo en Cristo, para así no ser perseguido?

Entonces, el modo de proceder fue el siguiente: Discernir en oración, inspirados por el Espíritu de Dios, si las soluciones a las preguntas iban a no de acuerdo al mensaje de Cristo. Así es como la Teología (el desarrollo teórico de la fe) se fue enfrentando a nuevas situaciones a través de la historia y, de este modo, fue acumulando enseñanzas propias de cada época.

Siguiendo esta lógica, se puede notar que la Iglesia se ha visto en la necesidad (y obligación) de opinar acerca de temas que van más allá de lo estrictamente religioso, siendo consciente de su vocación dentro del mundo, sin ser del mundo, y manteniendo fidelidad a Dios, aunque ésta no siempre se haya logrado.

Acerca de La Verdad

Ahora bien, esta manera de proceder da como resultado una serie de opiniones que orientan al cristiano –y pretenden resonar en el mundo– en su modo de vivir, para alcanzar la bienaventuranza, la vida plena.

Por lo tanto, la Iglesia, más que «respuestas», tiene opiniones que van madurando conforme madura el mismo cristianismo; pero no puede pasar por alto cuestiones que afectan directamente la vida de los hombres: Derechos Humanos, familia, distribución de riquezas, libertad religiosa, educación, política, medicina, y un muy largo etcétera.

Sin embargo, cuando el buen teólogo se propone entrar en contacto con La Verdad, nunca pierde de vista dos detalles: que el cristiano no puede poseer La Verdad, sino que es poseído por Ella (no busca encontrar La Verdad, sino dejarse encontrar por Ella); y que La Verdad jamás podrá ser abarcada.

Con esta humildad es que se ha de afrontar el cometido del desarrollo teórico acerca de Dios que se revela, de la creación y del mismo ser humano. No se trata, entonces, de tener la verdad acerca de todo, como comentaba mi amigo, sino de desear vivir lo más apegado al amor.

Apuntar hacia el ideal

Cuando platico algunas de esas opiniones que da la Iglesia respecto a diversos temas, suelo recibir el comentario: ¡ojalá que así fuera! Por ejemplo, los padres y padrinos pueden confesar la fe del bebé que recibe el Bautismo porque aseguran ellos que el niño crecerá en un ambiente de amor a Dios. O, la Iglesia es una sola comunidad, donde ricos y pobres comparten el mismo pan.

Estas afirmaciones teóricas, por estar inspiradas por la fe, apuntan hacia un ideal. Y ésa es la vocación cristiana, ¿o no es así? Apuntar hacia el Reino de Dios, hacia la plenitud humana en el amor, que es la vez realidad y camino.

Advertencia

Por último, es útil comentar la necesidad de ser prudentes en el modo como asumimos estas opiniones o respuestas que da la Iglesia. No porque escuchar algo de un sacerdote o por leer un texto en un sitio de internet católico, quiere decir que ésa sea la respuesta más adecuada a ciertos temas o que sean el mejor modo de decir las cosas; pues la Iglesia también es unidad en medio de la diversidad, en la que cabe gran variedad pensamientos.

Lee más textos del autor de este artículo en: www.falsoconfalso.wordpress.com

 
Lo que no me gusta de la Iglesia PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Temas actuales.

Lo que no me gusta de la Iglesia.

Autor:
Juan Gaitán
Fuente: elobservadorenlinea.com

No existe la familia perfecta y cada una sabe de qué pie cojea. La Iglesia también es una familia y, como tal, día a día hemos de enfrentarnos en ella a ciertos desatinos.

Sin embargo, no me resigno a que el catolicismo o, peor aún, el Evangelio, sea reducido a lo que algunas masas desinformadas opinan de él. Por eso…

…si no me gusta que la Iglesia sea reducida a un mero sistema moral o a un conjunto de prohibiciones, amo más y moralizo menos porque sé que las actitudes que la Iglesia propone surgen del amor por Cristo.

…si no me gusta que la Iglesia sea vista como una institución caduca, abro el corazón para que el Espíritu inspire el modo de responder a las nuevas circunstancias de la vida, sin temor alguno a lo nuevo.

…si no me gusta que se mire a la Iglesia como el banco más acaudalado del mundo, soy una persona desprendida, doy limosna e, incluso, propongo en mi parroquia la creación de un consejo económico –si es que no lo hay– y me ofrezco para formar parte de él.

…si no me gusta que los templos sean tomados como salones de fiestas para ‘católicos sociales’ que  no están comprometidos con la Iglesia, doy testimonio de cómo los sacramentos transforman mi vida, me encuentran con Dios y me comprometen con la comunidad.

…si no me gusta que las personas se quejen de que conocieron a un sacerdote o religiosa regañón o enojón, hago oración por ellos, los invito a comer, les brindo el apoyo para que se sientan alegres en su comunidad.

…si no me gusta que no se respete o se menosprecie la celebración de la Eucaristía, soy testimonio de comunión con mis hermanos, de amor a amigos y enemigos, al que me veo impulsado por mi participación en la Eucaristía.

…si no me gusta que la vivencia religiosa se reduzca a una hora cada ocho días, entonces salgo al encuentro de los necesitados durante la semana, para con mis acciones anunciarles el Reino de Dios.

…si no me gusta que las misas me parecen aburridas, me uno al coro, pregunto en qué puedo participar durante la Eucaristía, le cuento al sacerdote de qué cosas me gustaría que hablara.

…si no me gusta el poco conocimiento de la propia fe que se tenemos los católicos, entonces me informo, me acerco a los evangelios, pregunto, me muestro realmente interesado.

…si no me gusta que los católicos tengamos una espiritualidad muy débil, aprendo métodos de oración, rezo en familia, hago alguna lectura espiritual.

…si no me gusta que la Iglesia esté lejana a las personas, entonces conozco las necesidades que hay en el territorio de mi parroquia, me acerco a quienes más lo necesitan y formo parte de una Iglesia incluyente.

…si no me gusta una Iglesia de mucha prédica y poca acción, que sólo se mira a sí misma, ¡entonces salgo al encuentro de los demás, con el corazón abierto y entusiasmado por anunciar que el mal no tiene la última palabra!

Estas son algunas situaciones que llegan a presentarse en nuestra Iglesia y que definitivamente son parte de lo que no me gusta de ella, por eso es necesario ser valientes para enfrentarlas con sinceridad. Volver la mirada a lo esencial: El anuncio del Reino de Dios, un proyecto de familia.

 
Juzgarnos y juzgar. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

Juzgarnos y juzgar.

Autor:
Omar A. Jiménez Castro.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Ayer tuve la dicha de escuchar al padre que celebró la Eucaristía y me llamó mucha la atención cuando hablaba acerca del juzgar.

Hermano, no te miento, pues ha sido una de las peleas internas que me ha tocado vivir como cristiano y como soy; es la de dejar de juzgarme a mí mismo y a los demás.

Basta que vemos los evangelios y en ninguna parte encontrarás que el Señor, cuando alguno va a su encuentro, lo haya mandado al infierno porque perdió su paciencia y decidió ya no perdonarlo más. Somos buenos para eso, para juzgarnos y juzgar sin ningún tipo de misericordia.

Cuántas veces empezando por nosotros, nos juzgamos por las razones que hayan sido, con cierta severidad, por decisión o determinadas situaciones y nos decimos toda una cantidad de cosas, no siempre con un sentido de justicia, es decir muchas veces nos cargamos con culpas que no son tales o sin ser tan grandes como las valoramos.

Si empezamos así por nosotros mismos, imagínate qué podríamos hacer con nuestros prójimo (próximo).

Jesús cuando tuvo la oportunidad de estar cara a cara con algún seguidor o persona de la comunidad, jamás lo juzgó pese a que se encontró con personas a las que el mismo pueblo las daban por merecedoras del infierno, el castigo de Dios. Siempre tuvo palabras de aliento, vaya y no peques más, le decía a la mujer adúltera. El mismo Zaqueo, de quien la gente sabía que robaba, jamás escuchó de Él una palabra de desprecio. Eso sí, tuvo conciencia de su pecado del mal que había hecho ante Jesús, pero nunca recibió reproches sino más bien le pidió ir a su casa. Recuerda cómo la gente le decía a Jesús cómo iba a ir a comer con un pecador.

Con cuánta más razón no debemos ser tan duros con nuestro prójimo. Porque somos buenos para juzgar al filo de la navaja pero no reconocemos que si Dios tiene misericordia de nosotros, también debemos tenerla para nosotros mismos y nuestros semejantes.

El único pedido que Dios nos hace es irnos en paz y no pecar más.
A los que somos católicos y podemos confesarnos debemos de ir con alegría al encuentro del perdón de nuestro Padre porque a través de ese sacerdote, su ministro consagrado, vendrá la paz a nuestras almas en ese sacramento basado en la humildad y el propósito de enmienda.

Aplica la sana crítica que se basa en el adecuado juicio, lo más equitativo posible, de tus actos y de aquellos que te vinculan con tu prójimo-próximo y por sobre todas las cosas sé justo contigo y con los demás. Si no acertaste en tu procedimientos, es de buena persona y mejor cristiano saber pedir perdón tanto al ofendido como a nuestro Señor

En Cristo Jesús y María Madre, amén

 
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