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Temas actuales.
El Papa Francisco no está a favor del divorcio. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

El Papa Francisco no está a favor del divorcio.

Autor:  Zurc0
Fuente: veritasmedios.org

El Papa Francisco, tocó el delicado tema de las heridas en los matrimonios. Heridas muy dolorosas –por insultos, violencia, etc.- que en ocasiones pueden llevar a la separación.

El pasado miércoles 24, en su audiencia general de los miércoles, el Papa Francisco, tocó el delicado tema de las heridas en los matrimonios. Heridas muy dolorosas –por insultos, violencia, etc.- que en ocasiones pueden llevar a la separación. Una separación que en ciertos casos puede ser moralmente necesaria:

“…es verdad que hay casos en los cuales la separación es inevitable. A veces puede volverse incluso moralmente necesaria, cuando precisamente se trata de sustraer al cónyuge más débil o a los hijos pequeños, a las heridas más graves causadas por la prepotencia y por la violencia, por el desaliento y por la explotación, por la ajenidad y la indiferencia”.

Esto es lo que sí dijo el Papa Francisco en su audiencia:

Distorsión de su mensaje

Pero ahora han surgido diversos medios de comunicación que cambian las palabras del Santo Padre y afirman que él está a favor del divorcio… “ya hasta el Papa Francisco acepta el divorcio…”. ¡Y es que esto es una mentira!

No es así. Una cosa muy diferente es reconocer que existen casos difíciles, donde la separación es permitida por la Iglesia y aconsejada en algunos casos para evitar un mal mayor. Y otra cosa muy diferente es decir que se debe de iniciar una especie de campaña para que –con cualquier pretexto- las personas puedan divorciarse. Diluyendo con esto la importancia y valor del matrimonio.

En ocasiones anteriores, ante cuestionamiento en temas delicados, el Papa Francisco ya ha respondido: “Soy hijo de la Iglesia…” afirmando con esto que se adhiere plenamente a todo lo ya dictado por la Doctrina y el Magisterio, y que no busca él cambiarlo, sino darle un cause pastoral: “Ser tiendas de campaña en el campo de batalla…” (EG)

Y en el tema del divorcio podemos leer en el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC):

“2383 La separación de los esposos con permanencia del vínculo matrimonial puede ser legítima en ciertos casos previstos por el Derecho Canónico (cf. CIC can. 1151-1155)

Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral.”

No es una postura, pues, a favor del divorcio la del Papa Francisco. Esta –su Catequesis- es una reflexión profunda sobre las heridas que aquejan a muchos matrimonios y familias hoy en día. Una reflexión profunda sobre el drama que viven muchas personas y el daño social también que esto conlleva.

Por eso termina su Catequesis diciendo:

“Pidamos al Señor una fe grande, para poder ver la realidad con la mirada de Dios; y una caridad muy grande, para acercarnos a las personas con Su Corazón misericordioso.”

Para acceder al texto completo de la Catequesis.

Hasta pronto
Tu amigo Zurc0
Twitter: @Zurc0

 
¿Cómo orar cuando alguien te hace sufrir? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

¿Cómo orar cuando alguien te hace sufrir?

Por: P Evaristo Sada LC
Fuente: www.la-oracion.com

Te das la oportunidad de desahogarte y de hacerlo con quien es todopoderoso y puede remediar las cosas

Hay personas que nos hacen sufrir. Sabiéndolo o no, queriéndolo o no, pero nos hacen pasar malos ratos. Nos duelen sus palabras hirientes, sus actitudes humillantes, sus tratos despóticos, su falta de responsabilidad, sus infidelidades, sus prontos temperamentales, sus olvidos y negligencias…

Ante personas así podemos reaccionar siendo con ellos de la misma manera que sonellos con nosotros: "para que se enteren", "para que vean lo que se siente". O bien podemos enfrentarlos, decirles sus verdades y ponerles un alto. O incluso evadir el problema ignorándolo y dejándolo a su suerte. Pero sabemos que estos recursos pocas veces funcionan.

Sin embargo, podemos también buscar el momento y las palabras más adecuadas para hacerle ver lo que está sucediendo. Podemos poner amor: "Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor" (San Juan de la Cruz). Y por fin, orar por ellos.

Orar por una persona querida es fácil, pero orar por una persona que te hace daño es difícil.

Apenas traes a la memoria a esa persona en la oración y se te retuerce el estómago. Y si llegas a formular una oración, lo más probable es que ésta sea para pedirle a Dios que lo parta un rayo, que le dé una buena lección o que lo cree de nuevo. Aún si te salen estos sentimientos, intenta de nuevo. Verás que la oración irá ablandando tu corazón, pues en la oración se hace presente el Espíritu de Dios que es amor, y Él, el Amor en persona, irá renovando tu corazón. Y te dirás: "pero de lo que se trataba era de que el otro cambiara". Sí, pero al orar por quien te hace sufrir te darás cuenta de que el primero que comienza a cambiar eres tú mismo.

Al rezar por quienes te hacen sufrir:

Te das la oportunidad de desahogarte y de hacerlo con quien es todopoderoso y puede remediar las cosas. Desahogarse con Dios sana y libera. Poner en manos de Dios aquello que no puedes controlar ni remediar es de personas sensatas.

Dios te hace ver que el rencor, la venganza, la falta de perdón, el resentimiento, el odio, no son virtudes cristianas, y que más bien debes aprender a ser como es Dios con nosotros: rico en misericordia, dispuesto aperdonarme siempre (aunque no lo merezca), tolerante, paciente, compasivo. “Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34) “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. (Lc 23, 43)

Rezas con coherencia y sinceridad el padrenuestro y le das a tu Padre celestial excusa suficiente para perdonarte. “Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

El Espíritu Santo comienza a modelar tu corazón conforme al Suyo. Verás que todo ese rencor que llevas dentro es veneno que intoxica, vinagre que amarga la vida, y que a medida que te purificas de él y lo suples con la miel de la caridad cristiana, la vida se te hace mucho más llevadera. Ya bastante mal te lo pasas con el sufrimiento que el otro te impone como para que lo amplifiques con el reflujo de tu propia amargura.

Y no te quede la menor duda de que si rezas con fe y caridad por quienes te hacen sufrir, Dios actuará. No esperes resultados inmediatos, simplemente espera con absoluta confianza

Tal vez te pueda servir esta oración de intercesión y sanación del P. Emiliano Tardif:

Padre de bondad, Padre de amor, te bendigo, te alabo y te doy gracias porque por amor nos diste a Jesús. Gracias Padre porque a la luz de tu Espíritu comprendemos que él es la luz, la verdad y el buen pastor, que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Hoy, Padre, quiero presentarte a este hijo(a). Tú lo(a) conoces por su nombre. Te lo(a) presento, Señor, para que Tú pongas tus ojos de Padre amoroso en su vida. Tú conoces su corazón y conoces las heridas de su historia. Tú conoces todo lo que él ha querido hacer y no ha hecho. Conoces también lo que hizo o le hicieron lastimándolo. Tú conoces sus limitaciones, errores y su pecado. Conoces los traumas y complejos de su vida.



Hoy, Padre, te pedimos que por el amor que le tienes a tu Hijo, Jesucristo,derrames tu Santo Espíritu sobre este hermano(a) para que el calor de tu amor sanador, penetre en lo más íntimo de su corazón. Tú que sanas los corazones destrozados y vendas las heridas, sana a este hermano, Padre. Entra en ese corazón, Señor Jesús, como entraste en aquella casa donde estaban tus discípulos llenos de miedo. Tú te apareciste en medio de ellos y les dijiste: "paz a vosotros". Entra en este corazón y dale tu paz. Llénalo de amor. Sabemos que el amor echa fuera el temor. Pasa por su vida y sana su corazón.

Sabemos, Señor, que Tú lo haces siempre que te lo pedimos, y te lo estamos pidiendo con María, nuestra madre, la que estaba en las bodas de Caná cuando no había vino y Tú respondiste a su deseo, transformando el agua en vino. Cambia su corazón y dale un corazón generoso, un corazón afable, un corazón bondadoso, dale un corazón nuevo.

Haz brotar, Señor, en este hermano(a) los frutos de tu presencia. Dale el fruto de tu Espíritu que es el amor, la paz y la alegría. Haz que venga sobre él el Espíritu de las bienaventuranzas, para que él pueda saborear y buscar a Dios cada día viviendo sin complejos ni traumas junto a su esposo(a), junto a su familia, junto a sus hermanos.

Te doy gracias, Padre, por lo que estás haciendo hoy en su vida. Te damos gracias de todo corazón porque Tú nos sanas, porque tu nos liberas, porque Tú rompes las cadenas y nos das la libertad. Gracias, Señor, porque somos templos de tu Espíritu y ese templo no se puede destruir porque es la Casa de Dios. Te damos gracias, Señor, por la fe. Gracias por el amor que has puesto en nuestros corazones.

¡Qué grande eres Señor!, Bendito y alabado seas, Señor.

 
¿Dios se enfada conmigo? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

¿Dios se enfada conmigo?

Autor: Padre Carlos Padilla.
Fuente:

Es más fácil entender el enfado de Jesús en el templo después de su resurrección

Hoy nos sorprendemos ante la ira de Jesús: «Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas».

Esta reacción de Jesús siempre nos cuesta. Estamos acostumbrados al Jesús paciente y humilde, al hombre manso y silencioso, pobre y pacífico.

Jesús perdona a Pedro sin decirle nada, perdona al buen ladrón con la promesa de paraíso, levanta del suelo a la mujer adúltera, se invita a casa de Zaqueo. Se deja tocar, avasallar. Comparte con cualquiera la mesa y mira con ternura a los más pobres, a los frágiles, a cada hombre. Consuela a los que lloran y se rodea de pecadores y hombres débiles.

No conocemos a Jesús enfadado, fuera de control. ¿Por qué se enfada hoy? Me impresiona mucho este momento. Lo cuentan los cuatro evangelistas. Jesús se muestra firme. El que perdona a prostitutas y publicanos, se muestra hoy duro. El que habla con la mujer samaritana, y le pide de beber, se muestra hoy enfadado. ¿Por qué?

Pedro le negó tres veces, y sólo recibió su mirada de amor. Frente al pecador, Jesús fue misericordioso. Perdona, consuela, bendice. Incluso hacia publicanos y recaudadores de impuestos tiene palabras de ternura. Llama a todos, come con cualquiera, cree en cada hombre.

Creo que Dios nunca se enfada conmigo. Yo con Él sí. Pero Él conmigo no. Siempre me espera y me abraza, me levanta si caigo, me perdona cuando repito el mismo pecado, si me postro ante Él, impotente y necesitado. Me ha esperado siempre, mis tiempos, mis idas y mis venidas, mis dudas.

¿Por qué se enfada hoy Jesús? Hay una cosa le cuesta a Jesús. Frente a lo que se siente impotente. Ahí fracasó. Es en el ambiente religioso donde Jesús a veces encuentra un muro. No es con los gentiles, ni con los samaritanos que tienen otro templo. Es entre los más religiosos. ¡Qué paradoja!

Los que le esperan desde siempre pero no saben verlo, porque sólo se ven a sí mismos. Jesús se sentía bien con cualquiera, no creyente, pecador, enfermo, romano, publicano, gentil, pobre. Y a veces, en el ambiente más religioso, se ahoga. Cuando hay dureza y soberbia.

Jesús mira el corazón y ve la incapacidad de algunos de abrirse a lo nuevo, la dureza, la seguridad en la posesión de la verdad. Ya lo saben todo. No necesitan nada nuevo. Han llenado su vida de dogmas y normas.

En otra ocasión mostró también su enfado estando en la sinagoga de Cafarnaúm. Cuando los fariseos pretendían que no curara en sábado: «Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones dijo a aquel hombre: –Extiende la mano. El hombre la extendió, y la mano le quedó sana». Marcos 3, 5.

Jesús sufre con la dureza de nuestro corazón que puede impedir el bien, el amor. Lo mismo sucede hoy en el templo. El templo donde fue desde niño con María y José, donde por primera vez a los doce años sintió que pertenecía, donde cada Pascua sube a recordar el paso de Dios por su pueblo y a orar.

El templo es usado y rebajado a un lugar de negocios. ¡Cuánto nos cuesta que toquen lo que más amamos! Nuestro lugar, nuestra casa. Nos duele cuando alguien se mete con la persona a la que amamos, con nuestra familia. Porque tocan lo más sagrado.

Jesús se sintió un extraño en el templo. El templo es lugar de oración. Sólo se implora y se entrega. Jesús expulsa a quienes se aprovechan de lo sagrado. Quieren contabilizar la gracia. El amor a Dios es gratuito y el amor de Dios es incontable.

Han profanado lo más sagrado y sufre en su interior. Es verdad que la ley permitía la venta de palomas y otros animales para ofrecerlos en sacrificio. Pero habían sobrepasado los límites. ¡Cuántas veces se sentiría impotente para cambiar a los hombres!

Jesús mira lo verdadero del hombre, no la apariencia. Mira la sed, no el cumplimiento. El hombre que se reconoce pequeño y que es capaz de mirar a Jesús con ojos limpios; ante Él Jesús se conmueve, y no pide, sólo da.

Para el hombre que cree que lo sabe todo, que ya conoce a Dios y no tiene nada que aprender, Jesús es una amenaza. A veces nos pasa. Me cuesta que rompan lo que ya tengo controlado. Mi zona de confort, al ámbito en el que me admiran. Lo que siempre he hecho.

A Jesús le cuesta que manipulen a Dios para los propios intereses. Jesús se enfada en el templo. Pero no ante las prostitutas, ni ante los romanos, ni ante los gentiles y pecadores.

Conocemos su misericordia, su mansedumbre y esa mirada suya que sana el corazón. Nos cuesta más la mirada de hoy dura y firme. Esos gestos bruscos derribando los puestos de los cambistas. Esa voz fuerte queriendo apartar del templo lo que no es de Dios.

Esa reacción contenida surge en el corazón de Jesús al ver la cerrazón del corazón del hombre. Al verlo sus discípulos comentan: «El celo de tu casa me devora». Su pasión es inocente, brota de un amor más grande por el hombre. Brota del amor profundo a su Padre.

No se parece a nuestra ira descontrolada, esa con la que hacemos daño a otros. Jesús no actúa así. Sólo se preocupa por limpiar la casa de Dios. Jesús está lleno de fuego y fuerza, de amor y pureza. A veces en nuestra vida nos tocará reaccionar así, como Jesús hoy. Con fuerza, con determinación. Sabiendo que hacemos lo que Dios nos pide.

Pero le pedimos a Dios que nunca el odio y la ira nublen nuestro corazón. Y que nuestra reacción firme vaya acompañada de una profunda mirada misericordiosa como la de Jesús.

Juan es el único evangelista que sitúa este pasaje al principio del Evangelio. Los sinópticos lo sitúan los días anteriores a la muerte de Jesús. Probablemente fue así, ya cerca de su pasión, en sus últimos días en Jerusalén.

Juan parece querer desvelar pronto el misterio de Jesús. Nos quiere mostrar quién es este hombre al que ama tanto, el que acaba de hacer su primer milagro en Caná.

Porque Jesús, en este momento, va más allá. No sólo echa a los mercaderes porque profanan el silencio y lo sagrado del templo. Jesús siempre sorprende, más cuando habla de sí mismo. Dice que Él mismo es el templo, donde habita de forma única el Padre. El lugar sagrado de Dios en la tierra.

Su corazón es el hogar de Dios. Sus palabras de misericordia y perdón son las que Dios pronuncia al hombre. Sus ojos son la mirada de Dios sobre la tierra. Sus manos humanas son las manos de Dios acariciando al hombre dolorido.

Sus pies descalzos son la certeza de un Dios que pisa a nuestro lado en el camino. Su cuerpo es el templo santo. Un templo que se deja tocar, un templo que se dejará romper.

Juan mira a Jesús. Hoy, Jesús habla de algo que nadie entiende. Pero que Juan, y los apóstoles guardaron. ¿Qué querría decir Jesús con que destruirá el templo y lo construirá en tres días? Ellos no juzgan, simplemente no entienden, y lo guardan todo en su corazón.

Tienen miedo a perderlo. Prefieren guardarlo en silencio y seguir disfrutando de la compañía de su Maestro. Algún día lo entenderán. Al final de la historia comprenden ese momento en el que Jesús desvela algo de su misterio.

La resurrección es la luz que hace que pasajes o palabras que no comprendieron encajen: «Cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús».

Volvieron a ese momento en que Jesús se enfadó, a ese momento en que Jesús habló de un templo que iba más allá de unas piedras. En que habló de Él. En el pasaje de Caná acaba de decir que sus discípulos creyeron en Él por el milagro. Ahora Juan nos dice que cuando se acordaron, creyeron. Las dos veces nos dice que creyeron.

Quizás, como nosotros, la primera fe es inmadura. Decimos: «Creo, Señor, porque te he visto hacer grandes signos, porque conviertes mi agua en vino». Pero en el camino de la fe, después de creer, viene de nuevo la duda, el no ver, el no comprender. ¿Por qué sufren los que amo? ¿Por qué sufro? ¿Dónde estás, Señor, cuando te necesito?

Ese camino de la fe va desde Caná, el primer milagro de Dios en mi vida, hasta la cruz, hasta la resurrección. Pasa por momentos de pérdida, de fracaso, de dolor, de enfermedad y soledad, de sinsentido, donde Dios me sostiene. Donde Jesús, en la cruz, me mira y me abraza.

Y un día comprenderé algo de mi historia, una palabra grabada, una persona que me marcó. ¿Qué es lo que guardo dentro de mí que aún no comprendo? Es en ese nudo donde Jesús quiere estar. Y un día, recordaré algo que sentí en mi corazón y que había olvidado. Como los discípulos.

Entonces, creo. No con la fe de los milagros, sino con la fe probada que ha seguido a Jesús por los caminos. Le entrego lo que tengo, lo que soy, mi cruz, mi vida. Él me ha dado la suya. Él dejó romper su templo por amor, se partió en el pan, se derramó en el vino. Su costado fue atravesado.

El templo se destruyó. Y fue restaurado de nuevo, porque nunca me deja solo. Recuerdo cómo sus brazos me sostuvieron en momentos difíciles, cómo me alegró la vida a través de tantas personas. Lo miro. Y creo.

 
Cuidado con las “trampas para beatos” del demonio. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

Cuidado con las “trampas para beatos” del demonio.

Autor: Mary-Anne-Enriquez-CC.
Fuente:

Puede tomar cualquier cosa: la oración, las virtudes, incluso las revelaciones divinas, para separar al hombre de Dios

¿Qué es la tentación? La tentación es la acción de Satanás para llevarte al infierno. Y Satanás puede leerte como un libro y teclearte como un piano. No debes exagerar su poder, pero tampoco minusvalorarlo.

Algunas de sus acciones más sutiles tienen lugar en el campo de la observancia religiosa, donde puede camuflarse muy fácilmente usando la piel devota del cordero, pero, lobo como es en realidad, la distorsiona, por exceso o por defecto, destruyéndote con algo que es bueno.

Así que atentos a lo que algunos escritores espirituales llaman las “trampas para beatos”.

Pongamos algún ejemplo:

Puede desanimarte con la oración, diciendo: “Si rezara un poco más Dios te daría lo que buscas”. Pero el engaño es que aunque recemos un poco más, nunca rezaremos bastante. Aunque rezamos, por tanto, sólo los sentimos culpables e inadecuados.

Y así, visto que nunca habremos rezado “bastante”, la oración se convierte cada vez más en una tarea pesada; Dios se convierte en un tirano cruel que pide oraciones más largas y precisas, y la oración se convierte en un esfuerzo supersticioso del que controlamos de alguna forma el resultado con la duración y el tipo de oraciones.

Jesús nos dice que el Padre sabe lo que necesitamos y que no deberíamos pensar que se necesitan sólo muchas palabras y acciones piadosas. Podemos necesitar perseverar en la oración en el tiempo, pero Dios no es un tirano cruel que pide rituales infinitos.

Satanás puede tomar la espléndida práctica de rezar el rosario o de asistir a la Misa diaria u otras devociones e insinuar lentamente en nosotros un sentimiento de complacida superioridad, elitismo u orgullo.

Gradualmente, se empieza a pensar que los demás son menos devotos, incluso que están en el error, porque no hacen o no observan lo que en realidad es opcional y recomendado, pero no imprescindible. Lo que es bello y santo es así empleado para incitar un orgullo y un cinismo crecientes.

Una forma extrema de esto viene de aquellos que tomando la bellísima y poderosa devoción a Nuestra Señora de Fátima, permiten a Satanás que les haga rebelarse contra el papa y todos los obispos del mundo, afirmando que han fracasado al consagrar adecuadamente a Rusia.

Y así, una de nuestras apariciones más bellas e instructivas puede suscitar en algunas personas desconfianza hacia la Iglesia y desunión hacia ella, hacia los papas o incluso hacia sor Lucía. Es una acción sorprendentemente astuta del maligno tomar lo que es bueno y religioso y corromperlo en la mente de algunas personas.

Satanás puede también tomar los mandamientos y transformarlos en una especie de minimalismo religioso, un modo de tener a Dios a distancia.

Y así tienta a algunas almas con la noción de que la Misa dominical y unas pocas oraciones dichas de prisa son el fin de la religión, más que su comienzo. La observancia se convierte en una forma para “tachar” la lista y estar a buenas con Dios para toda la semana, más que una base sobre la que construir una relación de amor bella y cada vez más profunda con Él.

Estas prácticas mínimas se convierten en una forma de “control divino” para aquellos que caen en esta tentación; es como decir: “He hecho lo que tenía que hacer, ahora Dios y la Iglesia me dejen en paz. Dios ahora tiene que cuidarme pues he hecho lo que me pedía”.

Y así, las hermosas leyes de la Iglesia, las reglas que describen los deberes fundamentales o la base de una relación más profunda con Dios se convierten en una especie de “acuerdo de separación”, que insiste en horarios de visita muy rígidos y especifica quién obtiene cada cosa.

Satanás puede tomar el celo religioso y corromperlo en actitud rígida y no caritativa. Puede tomar el amor por la belleza de la liturgia, antigua o nueva, y transformarlo en una insistencia puntillosa en los ingredientes justos, a costa de la caridad y a costo de ridiculez, falsa superioridad y división.

Y así, apartada la caridad, decimos: “Asegúrate de celebrar la liturgia como a mí me gusta. A quien no le gusta lo que a mi, es un antiguo, o un inepto, o un burdo troglodita, y seguramente odia a la Iglesia a la que yo tanto amo”.

Satanás puede tomar el bellísimo amor por los pobres y corromperlo en un paternalismo esclavizador que les cierra en la dependencia o que no hace frente a sus necesidades espirituales.

Y así, las bellísimas obras corporales de misericordia, o se separan de las obras espirituales de misericordia, o se piensa que son suficientes en sí mismas. Satanás puede enviar a muchos a servir a los pobres armados de medias verdades y puntos de vista que se limitan a vendar heridas sin curarlas.

En cierto sentido, todas las virtudes son necesarias. Satanás puede usar cada una de ellas e intentará corromperlas todas, incluso las religiosas. Nadie está a salvo de su obra de tentación. Su objetivo es llevarnos al infierno.

Lo que hace esta obra de corrupción de la virtud tan insidiosa es la sutileza de su obra, porque toma algo que es intrínsecamente positivo e intenta corromperlo, por exceso o por defecto, o transformarlo en una especie de caricatura.

Las virtudes, obviamente, deben estar en combinación con otras virtudes que la equilibren. La caridad debería estar equilibrada con la verdad, y la verdad con la caridad. Sin caridad, la verdad puede ser agobiante; sin verdad, la caridad puede ser dañina, paternalista. La caridad y la verdad deben equilibrarse y obrar junto a otras virtudes en una delicada interacción.

Una de las tácticas de Satanás es tomar una virtud y aislarla de las demás. Atención a estas tácticas sutiles del demonio, que se camufla bien en la apariencia de virtud. Pero son virtudes separadas entre sí, sin equilibrio ni proporción.

Así que, atención a las trampas para beatos.

 
Cuando las almas del Purgatorio vuelven de entre los muertos. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

Cuando las almas del Purgatorio vuelven de entre los muertos.

Autor: Susan Wills.
Fuente:

Sí, a veces lo hacen. ¿Deberíamos estar aterrorizados o agradecidos?

A día de hoy no oímos hablar mucho del Purgatorio, y es una pena porque la mayor parte de nosotros tendrá mucha suerte si va allí en lugar de acabar directamente en el Infierno. Y en el caso de que alguno se lamente del hecho de que Dios es malo o moralista porque manda a la gente al Infierno, debería recordar que depende completamente de nosotros, habiendo usado el don del libre albedrío para decir a Dios “No”.

¡Qué (terrible pero maravilloso) don sería si una noche nos despertara la presencia de un familiar o un amigo difunto que nos pide oraciones y sacrificios, y celebrar misas para salir del Purgatorio! Y sobre todo si ese alma sufriente dejara un signo permanente de manera que  – a la luz del día y para siempre desde ese momento – pudiéramos saber que esta visita no fue una pesadilla provocada por el vino o por comer algo extraño en la cena.

En la parábola de Jesús del hombre rico y de Lázaro (Lc 16:19-31), el rico epulón desde el Infierno reza al padre Abraham para que envíe “a alguien entre los muertos” para decir a sus hermanos que se arrepientan. Abraham replica: “Si no escuchan a Moisés y los Profetas, tampoco harán caso de uno que resucite de entre los muertos”. La referencia, obviamente, era a la resurrección de Jesús, pero en su gran misericordia, el Señor ha mandado a muchos emisarios de entre los muertos a los vivos, y estos han dejado numerosas pruebas detrás.

Por “pruebas” no me refiero a los testimonios escritos de santos sobre el Purgatorio o el Infierno – de santos Margarita María Alacoque, Gertrudis, Brígida de Suecia, Juan María Vianney, María Faustina, Catalina de Siena, Catalina de Génova y otros, y de videntes como los niños de Fátima o Kibeho, Medjugorje o Garabandal. Las pruebas concretas reales están recogidas en una pequeña habitación fuera de la sacristía de una iglesia de Roma, el Sacro Cuore di Gesù in Prati (llamada también Sacro Cuore del Suffragio). Esta iglesia neogótica, terminada en 1917, está en las orillas del Tíber, a diez minutos de la plaza de San Pedro. Es única porque es la única iglesia de estilo gótico de Roma y porque acoge el Pequeño Museo del Purgatorio.

La misión de la Orden del Sagrado Corazón, fundada en 1854 en Francia, era rezar y ofrecer misas por el descanso de las almas del Purgatorio. Su capilla en Roma, dedicada a Nuestra Señora del Rosario, fue destruida por un incendio el 15 de septiembre de 1897. Después del incendio, el sacerdote al que se había confiado la capilla, padre Victor Jouët, se quedó sin palabras viendo la imagen de un rostro sufriente de la que parecía un alma del Purgatorio en uno de los muros quemados. Pío X le permitió viajar por toda Europa recogiendo reliquias que atestiguaran las visitas de las almas del Purgatorio.

Una reliquia en el museo muestra una sección de madera de un escritorio perteneciente a la venerable madre Isabella Fornari, abadesa del Monasterio de las Clarisas Pobres de San Francisco en Todi. Madre Isabella fue visitada por el abad precedente, el difunto padre Panzini, de la orden de los Benedictinos Olivetanos en Mantua el 1 de noviembre de 1731. Para mostrarle que estaba sufriendo en el Purgatorio, el abad puso la mano izquierda “llameante” en el escritorio, dejando una huella quemada, y grabó una cruz sobre la madera con su índice ardiente. Posó también la mano sobre la manda del hábito de la abadesa, quemando el tejido y llegando hasta el brazo hasta el punto de hacerlo sangrar. La abadesa refirió lo sucedido a su confesor, el sacerdote de la Santa Cruz Isidoro Gazata, quien le pidió que cortara las partes del hábito y donara el pequeño escritorio. Quedó claro que todo tenía origen sobrenatural.

En 1815 Marguerite Demmerlé, que vivía en la diócesis francesa de Metz, fue visitada por un alma que se identificó como su suegra, muerta de parto treinta años antes, y le pidió que fuera en peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Mariental y que celebrara dos misas por ella. Marguerite le pidió un signo, y el alma puso su mano en el libro que Marguerite estaba leyendo - “La imitación de Cristo” -, dejando la huella en la página abierta. La suegra volvió a aparecerse después de la peregrinación y de las misas para darle las gracias y decirle que había sido liberada del Purgatorio.

En 1875 Luisa Le Sénèchal, muerta dos años antes, se apareció a su marido Luis en su casa de Ducey, en Francia. Pidiendo sus oraciones, dejó signos quemados de sus cinco dedos sobre el gorro de dormir como prueba concreta para su hija de la petición de decir misas por el descanso de su alma.

En el Pequeño Museo del Purgatorio se pueden ver una docena de objetos de este tipo.

Estos ejemplos no tienen intención de aterrorizar, y se pueden encontrar muchos más en los libros escritos por el jesuita francés del siglo XIX, padre F.X. Schouppe, por ejemplo en “Purgatorio explicado”. El jesuita escribía:

Dándonos una advertencia de este tipo, Dios nos muestra una gran misericordia. Nos exhorta del modo más eficaz a asistir a las pobres almas sufrientes y a estar atentos en lo que respecta a nosotros.

Aunque la Iglesia no afirma conocer la naturaleza del sufrimiento de las almas del Purgatorio, los comentarios del papa emérito Benedicto XVI y los escritos de Santa Catalina de Génova (1447-1510), sobre todo su “Tratado del Purgatorio”, son instructivos. La Santa describió el Purgatorio no como un lugar envuelto en llamas, sino más bien como un estado en el que las almas experimentan el tormento de las llamas interiores reconociendo su pecaminosidad frente a la perfección de la santidad de Dios y a Su amor por ellos.

 
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