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Temas actuales.
Testimonio de evangelización en la web. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

Testimonio de evangelización en la web.

Autor:
Omar A. Jiménez Castro.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Recuerdo en los inicios de mi apostolado que sentí ese llamado de hacer evangelización. Recuerdo que a esas épocas de 2002 no había tanto medios ni blogs católicos ni nada de eso.

Tenía en mis inicios una computadora que cada rato teníamos problemas pero aun así lo hacía. Recuerdo las veces que desde la computadora de mi secundaria aprobaba los correos para que llegase ese mensajito a cada uno.

A veces nosotros, queremos servir con todos los medios tecnológicos posibles y estoy de acuerdo que deberíamos  pero lo más importante que he aprendido en mis diez años no es tanto lo tecnológico sino esa GRACIA que sólo puede venir de parte de Dios en tu trabajo.

No quiero hablar de triunfalismos porque tantas, miles de personas, visitaron el sitio web y dejaron miles de comentarios.

Recuerdo que humildemente lo hacíamos, comenzamos a usar muchos medios para darnos a conocer y fue haciéndose grande la gente que de alguna forma se inscribía a las listas de correos.

Ojo, evangelizar en este caso la web, a Dios no le importa si son cinco o un millón de personas, sino el hecho del monto de energía con que lo hagas y con cuánta pasión.

Recuerdo una señora quién se le había muerto su mamá, tenía pensado suicidarse y estaba lista para cometerlo. Y por un humilde mensaje nuestro dejo de pensarlo y busco un sacerdote y pidió perdón.  Si, fue por medio de esa humilde computadora que nos ayudó, pero fue más grande la GRACIA que viene de Dios que usó a todos los que en esa época ayudaron a mantener este servicio. 

Tenga cuidado mi hermano con esto, puedes tener los iPod o tabletas más tecnológicas pero lo que da peso es poner todo a su servicio y voluntad.

Me acuerdo de una ocasión cuando ya logré tener una computadora nueva de paquete (todavía la conservo) y se le fue totalmente la internet sin explicaciones.

Sentí varias veces cosas sobrenaturales que no debían de fallar de un momento a otro fallo sin decir nada. 

O la ocasión que sin decir nada nos borró totalmente el sitio web que nos había hecho un misionero, Kike, de la congregación de los Claretianos.

No tengo dudas que el demonio no quería que hiciéramos nuestra labor humilde. 

Tu labor es importante cuando lo haces de corazón y la ofreces a Dios. 

Ten mucho cuidado si quieres que todos te busquen y llamen para felicitarte por esa labor que haces.

Fue humilde no puedo dudar, pero sigo en lucha no contra esos enemigos invisibles sino la lucha es de todos los días, de seguir perseverando en mi labor y dejar que el Espíritu Santo me guíe.

Yo he tenido esas luchas constantes con el Señor porque humanamente me he cansado del compromiso que es hacer llegar todos los días a sus correos los envíos. 

A los que escuchas con expresiones triunfalistas de que nunca se cansan, mienten; somos humanos.

Y sí, he luchado, pero cuando me he puesto a hablarle al Señor cara a cara - humildemente - ya sea en la Eucaristía o cuando es expuesto en algún templo, siento mucha paz cuando pido por cada uno que recibe mi trabajo.

Para ponerle fin, quisiera recalcar lo que escribí al principio, el trabajo en la Iglesia no importa la labor que realices en ella, no se basa en cuántos agradecimientos, premios, reconocimientos tengas, sino con la pasión que lo hagas.

No vale si hay muchas visitas en tu blog, o muchas personas inscritas en lo que haces cuando no hay peso más allá de las letras y ese peso es la gracia de Dios que nos guía.

Es necesario estar en comunión con la Iglesia principalmente recibiendo al Señor en la Eucaristía, quien nos da fuerzas para el camino.

Sigamos juntos, porque juntos somos más y no olvidemos lo que Él nos dijo: donde hay dos o mas reunidos en mi nombre, Yo estaré entre ellos.

¿Quien querría prescindir de tan excelsa compañía?. Amén

Les quiere Omar.

 
La tradición de Jesús versus la religión cristiana PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Temas actuales.


La tradición de Jesús versus la religión cristiana.

Autor:
Pedro Alberto Villa
Fuente:

Para comprender adecuadamente el cristianismo es necesario hacer distinciones, aceptadas por la mayoría de los estudiosos. Así, es importante distinguir entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Por Jesús histórico se entiende al predicador y profeta de Nazaret tal como existió realmente bajo César Augusto y Herodes. El Cristo de la fe es el contenido de la predicación de sus discípulos, que lo ven como el Hijo de Dios y el Salvador.

Otra distinción importante que hay que hacer es entre el Reino de Dios y la Iglesia. Reino de Dios es el mensaje original de Jesús. Significa una revolución absoluta redefiniendo las relaciones de los seres humanos con Dios (hijos e hijas), con los otros (todos hermanos y hermanas), con la sociedad (centralidad de los pobres), y con el universo (la gestación de un nuevo cielo y una nueva tierra). La Iglesia ha sido posible debido a que Jesús fue rechazado y, por eso, no se realizó el Reino. Se trata de una construcción histórica, que trata de llevar a cabo la causa de Jesús en las diferentes culturas y épocas.

La encarnación dominante es en la cultura occidental, pero también se ha encarnado en la cultura oriental, en la copta y en otras.

También es importante distinguir la Tradición de Jesús y la religión cristiana. La Tradición de Jesús se sitúa con anterioridad a la redacción de los Evangelios, aunque esté contenida en ellos. Los Evangelios fueron escritos entre 30 y 60 años después de la ejecución de Jesús. En ese tiempo intermedio ya se habían organizado comunidades e iglesias, con sus tensiones, conflictos internos y formas de organización. Los Evangelios reflejan y toman partido dentro de esta situación. No pretenden ser libros históricos, sino libros de edificación y de difusión de la vida y del mensaje de Jesús, como el Salvador del mundo.

¿Dentro de esta maraña que significa la Tradición de Jesús? Es ese núcleo duro, el contenido que cabe en una cáscara de nuez y que representa la intención original y la práctica de Jesús (ipsissima intentio et acta Jesu) antes de las interpretaciones que se le hicieron. Se puede resumir en los siguientes puntos: En primer lugar viene el sueño de Jesús, el Reino de Dios, como una revolución absoluta de la historia y del universo, propuesta conflictiva pues se oponía al reino del César. Después, su experiencia personal de Dios que trasmitió a sus seguidores: Dios es Padre (Abba), lleno de amor y ternura. Su característica especial es ser misericordioso, ama a los ingratos y malos (Lucas 6,35). Luego predica y vive el amor incondicional que pone a la misma altura que el amor a Dios. Otro punto es dar centralidad a los pobres e invisibles. Ellos son los primeros destinatarios y beneficiarios del Reino, no por su condición moral, sino porque se les priva de la vida, lo cual lleva al Dios vivo a optar por ellos. En el comportamiento que tengamos con ellos se decide si heredamos o no la salvación (Mt 25 ,46). Otro punto importante es la comunidad. Él escogió a doce para vivir con él; este número doce es simbólico: representa la reunión de las 12 tribus de Israel y la reconciliación de todos los pueblos, hechos Pueblo de Dios. Por último, el uso del poder. Sólo se legítima aquel uso que es servicio a la comunidad y el portador de poder debe buscar siempre el último lugar.

Este conjunto de valores y visiones es la Tradición de Jesús. Como se deduce, no se trata de una institución, doctrina o disciplina. Lo que Jesús quería era enseñar a vivir y no crear una nueva religión con feligreses piadosos de una institución. La Tradición de Jesús es un sueño bueno, un camino espiritual que puede adquirir muchas formas y que puede tener también seguidores fuera de lo religioso y eclesial.

La Tradición de Jesús se transformó a lo largo de la historia en una religión, la religión cristiana: una organización religiosa en forma de distintas Iglesias, especialmente la Iglesia romano-católica. Éstas se caracterizan por ser instituciones con doctrinas, disciplinas, determinaciones éticas, formas rituales de celebración y cánones jurídicos. La Iglesia católica romana en concreto se organizó en torno a la categoría del poder sagrado (sacra potestas), concentrándolo en manos de una pequeña élite que es la jerarquía con el Papa a la cabeza, con exclusión de los laicos y de las mujeres. Ella detenta las decisiones y el monopolio de la palabra. Es jerárquica y creadora de grandes desigualdades. Se identificó ilegítimamente con la Tradición de Jesús.

Este tipo de traducción histórica cubrió de cenizas gran parte de la originalidad y del encanto de la Tradición de Jesús. Por eso todas las Iglesias están en crisis, pues no son “alegría para todo el pueblo” (Lc 2,11) como lo fueron en sus inicios.
Jesús mismo, vislumbrando este desarrollo, advirtió que de poco sirve observar las leyes “y no preocuparse de lo más importante que es la justicia, la misericordia y la fe; esto es lo que importa, sin dejar de hacer lo otro” (Mt 23,23).

Actualizando: ¿En qué reside la fascinación de la figura y de los discursos del Papa Francisco? En que se liga directamente a la Tradición de Jesús. Afirma que “el amor está antes que el dogma y el servicio a los pobres antes que las doctrinas” (Civiltà Cattolica). Sin esta inversión el cristianismo pierde “la frescura y la fragancia del Evangelio”, se transforma en una ideología religiosa y se convierte en una obsesión doctrinaria.

No hay otro camino para recuperar la credibilidad perdida por la Iglesia, sino volver a la Tradición de Jesús, como lo hace sabiamente el Papa Francisco.

 
¿A dónde iremos después de la muerte? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

¿A dónde iremos después de la muerte?

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.mensajespanyvida.org

La vida de los que en Ti creemos,
Señor, no termina, se transforma;
y al deshacerse nuestra morada terrenal,
adquirimos una mansión eterna en el Cielo.
(Prefacio de la misa de difuntos)

Muchos creemos que nos quedaremos en el cementerio después de la muerte o que todo termina en el campo santo, tan abandonado, tan mal tratado y tan dejado en la ausencia de sentimientos de respeto en recuerdo a los que han partido.

Sin pensarlo dos veces, sé que cada noche morimos y encada amanecer volvemos a nacer, o por lo menos a la hora que despertemos. Y todo porque Dios así lo quiere. Por eso la pregunta es ¿Qué hay más allá de la muerte? ¿Hay vida después de esta vida? ¿Queda el hombre reducido al polvo?

Observemos a la Santísima Virgen en su Asunción. Fue llevada al cielo en cuerpo y alma para que sea signo de esperanza para todos. Ella mortal como nosotros, creyente es elegida por Dios para estar junto a Dios. Pero ella no le dejó todo a Dios hizo su parte. Vivió cumpliendo la voluntad de Dios. Recordemos cuando le pidió que fuera la madre de Jesucristo para que el ángel le dijera la llena de Gracia (Lucas 1,28), es decir la toda santa y por eso responde afirmativamente.

En nosotros Dios nos obsequia el mayor bien que es la salvación eterna. Esto quiere decir que nos permitirá ver a Dios cara a cara (1 Corintios 13,12) De esto es de lo que les quiero hablar. Del cielo, regalo del amor de Dios en nuestro esfuerzo diario. Bien lo describe San Pablo "ni el ojo vio, ni el oído escuchó, ni el corazón del humano pudo imaginar lo que Dios ha preparado para aquéllos que le aman" (1Cor. 2, 9) Entonces vivir, estar un tiempo en esta tierra es un paseo que algún día termina. Hay que preparar esa llegada al cielo.

La muerte no es el final triste y desolado, sino el comienzo a una vida mejor y diferente. Por eso no hay que pensar en la muerte con miedo o imaginarse que es algo de horror donde todo termina. San Juan Crisóstomo solía afirmar: "la muerte es el viaje a la eternidad" Además, podemos encontrar en Juan 14,2-3 una gran promesa: "En la Casa de mi Padre hay muchas mansiones, y voy allá a prepararles un lugar... Volveré y los llevaré junto a mí, para que donde yo estoy, estén también ustedes"

Ante la muerte respeto y oración. Nunca verla como un castigo de Dios o una desgracia. San Agustín quien había desgastado su vida en el pecado y había vuelto a Dios con profunda conversión de la muerte, en la cual vivía, decía: "Qué dulce es morir si nuestra vida ha sido buena" Entendamos que no importa el tipo de muerte o el momento de la muerte, sino el estado del alma en el momento de la muerte. He ahí el motivo de este artículo.

Cuando morimos todo se detiene hasta el regalo de la eternidad. Nuestra alma ya separada del cuerpo será juzgada por Dios. Debemos entregar cuentas a Dios de todo (Mateo 25,31-46) Observemos lo importante y urgente no cruzarnos de brazos a esperar la muerte, sino que hay que actuar y en beneficio de cada uno. Sin olvidar que nadie sabe el día ni la hora de la muerte y lo que está en juego es nuestra eternidad.

Qué bueno es saber que en la Biblia podemos leer "Yo soy la Resurrección y la Vida" (Juan 11, 25) Pero eso sí, no es cuestión de comprar, adquirir por pólizas o jugar a las aproximaciones. Frente a nuestra vida y a la hora de la muerte: Cielo, Purgatorio o Infierno.

De los tres el Infierno es el más grave y definitivo. De allí no se sale y ya nada vale, pues es un lugar de castigo eterno donde van las almas que se han rebelado contra Dios y mueren en esa actitud.

A quien está leyendo. Esto es para despertar conciencia, aunque el miedo nos pueda salvar, nos paraliza. No es para asustar, pero sí para prevenirlos y hacer que esa vida que lleva de indiferencia, alejamiento hacia las cosas de Dios. Con ausencia de vida sacramental, con odios y una dificultad grande para perdonar.

Vivir en el pecado y morir así es perder la promesa de salvación de Dios. La gravedad de todo es que nos alejamos voluntariamente de la presencia de Dios a sabiendas que estamos obrando mal. Ese día si será un entierro bien doloroso, triste y de color de muerte que será dentro de un castigo eterno.

Vivir sin Dios para ganar el infierno,
es cosa de locos que olvidaron la misericordia de Dios,
prefiriendo los placeres del mundo que no salva a nadie.


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@padrerivas


 
¿Incomodan sus oraciones a Dios? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

¿Incomodan sus oraciones a Dios?

Autor:
Carol Barnier
Fuente:

Sé que Dios lo sabe todo, pero me pregunto si se siente frustrado con mis oraciones.

“Oh, Señor, por favor cuida a mis hijos cuando regresen del campamento esta semana. Que la mente del conductor esté descansada y sus ojos atentos. Oh, eso me recuerda que necesito hacer una cita para Katie con el oculista. La vi leyendo su libro muy de cerca. Eso no puede ser bueno. Me sorprendió mucho que la biblioteca no tuviera más libros para niñas. Evidentemente los pocos libros que tienen son muy utilizados porque se ven muy desgastados. Me pregunto por qué no los forran con plástico resistente. Ahora que lo pienso, yo debería tener esos libros en mi casa. No —ya me estoy quedando sin espacio en las estanterías, y eso añadiría más volumen. ¡Ah! Más volumen, como yo. ¿Sabes? Necesito volver a hacer esa dieta. Si solamente yo… ¿Qué?... Espera… ¡oh, OH! Señor, lo siento. ¿Dónde estábamos?”

¿Cómo es posible que suceda esto? ¿Cómo puedo tener el increíble privilegio de que se permita traer mis pensamientos, mis alegrías, mi dolor y mis peticiones al Rey del universo, y dejar que mi mente tome un camino equivocado?

Y no es solamente mi mente errante la que puede hacer que me desvíe. Vivimos en un mundo de interrupciones electrónicas. Cuando la tecnología digital hizo erupción por primera vez, todos pensamos: Las cosas van a ser mejor ahora. Puedo encontrar información mucho más rápido. Tendré… (y aquí está la mentira que todos creímos)… tendré más tiempo.

Tal vez al comienzo eso era verdad. Investigar para hacer una compra ya no implicaba leer largos comentarios en la biblioteca sobre los productos. En cuestión de segundos, teníamos toda la información que necesitábamos. Pero pronto tuvimos más información de la que podíamos manejar. Y ahora, la información nos llega de prisa y con furia. Hay demasiado para procesar. Las notificaciones electrónicas nos alertan constantemente de que hay algo nuevo que leer. Los correos electrónicos nos inundan. Los mensajes de Facebook no paran. Blog tras blog tienen nuevo contenido. La cabeza me da vueltas por todo lo que recibo. No hay tiempo para analizar detenidamente esos mensajes; no hay tiempo para que la información que recibimos se vuelva productiva.

Escápese. Entre al aposento.

Nuestro Padre celestial está consciente del mundo en que vivimos. Sabe todo lo que atrae constantemente nuestra atención. Pero Él ha dicho claramente que, de todos modos, quiere seguir escuchándonos. Por fortuna, también nos dice cómo.

En Mateo 6, 6 leemos: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto…”

Es así. Tener un tiempo regular de oración alimentará, sin duda, nuestras almas, pero eso requiere que primero encontremos una manera de retirarnos, de cerrar la puerta del mundo, y de estar con Dios. ¿Cómo podemos lograr eso?

Una un hábito nuevo con uno viejo.

Hace algunos años, mi primera taza de café se convirtió en el inicio de mi día, y en cierto momento sentí que Dios me pidió que conectara esta costumbre diaria con Él. Así que me propuse que, antes de que el primer sorbo cruzara mis labios, tenía que leer mi Biblia y tener mis materiales de estudio preparados. Con ese simple acto de obediencia, descubrí un tiempo diario y permanente de oración. ¿Cuál es uno de sus hábitos diarios? ¿Cepillarse los dientes? ¿Encender la computadora? ¿Sacar a pasear al perro? Comprométase a unir a este hábito que ya tiene, con el nuevo hábito de pasar tiempo con Dios.

Pero, aunque esa nueva conexión con el café me llevaba regularmente al trono de Dios, eso no evitaba que mi mente divagara mientras oraba. Eso requería un poco de creatividad de mi parte. He probado varios métodos, pero al final mi mejor solución fue utilizar tarjetas tamaño postal para escribir los motivos de oración. Aunque suena tonto, un pequeño montón de tarjetas en mis manos evita que mi mente divague, pues tengo frente a mí los recordatorios que me traen de vuelta a lo que estoy haciendo. Una vez que una oración es respondida va a mi “archivo de oraciones respondidas” —una caja llena de dulces recordatorios, que me ha confirmado a lo largo de los años la provisión de Dios y el amor que Él me tiene.

Al final, sospecho que a Dios le causa más gracia el serpenteo de mi mente, que frustración. Pero eso no es una excusa para no enfrentarlo. Como en cualquier relación, necesitamos conectarnos con el Señor, conversar con Él y escucharlo. El tiempo que pasamos a solas con nuestro Dios no solo demuestra nuestra devoción a Él; también nos cubre con la conciencia del amor y el cuidado que tiene nuestro Creador por nosotros; con la conciencia de la obra que hace a nuestro favor; y con la conciencia de que somos amados, valorados, y lo mejor de todo, hijos suyos.

 
Un santo de mi devoción PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Temas actuales.


Un santo de mi devoción

Fuente:
Autor: Siempre Fiel

El día 21 de marzo hace dos años me encontraba en Ciudad Victoria, Tabasco. Fui a dar unas clases de Biblia y me sobraron un par de días. Así que, de turista, andaba curioseando.

Ese día se tuvo un gran desfile en honor a Benito Juárez y se me hizo muy interesante ver todo el la gran cantidad de bautistas, presbiterianos y evangélicos que desfilaron con sus mantas a todo color que decían ’La Iglesia Tal’ o ’La Iglesia Cual’. Llegaron todos a la plaza y después del discurso del gobernador se fue cada quien a su casa.

No me resistí. Una voz dentro de mí me decía: "Si no hay bronca, no la busques..." Pero es que no pude con la tentación. Al que estaba enrollando la manta de La Iglesia Evangélica Cuadrangular me acerqué con una gran sonrisa y le dije: Hola, amigo. ¿Se acabó ya la fiesta del santo?

"¡¿Pero qué dice?! Esta no es la fiesta de ningún santo. Hoy estamos celebrando a Don Benito Juárez.

Ah, ya. Vi tanta cosa y pensé que era el patrón del pueblo.

"No, no, aquí nada de santitos. Venimos a hacer honores a la bandera y al Señor Benito Juárez."

Vaya. Me parece muy bien.  Es una buena cosa honrar la memoria de las personas importantes de nuestra historia. ¿No crees?

"Así es, joven. Es el deber de todo buen mexicano."

Honrar no es adorar

Ciertamente nuestra devoción a los santos no agrada a nuestros hermanos separados. Dicen que sólo a Dios se ha de dar culto. Dicen que Cristo es el único mediador entre los hombres y Dios. ¡Pero si en esto hasta los católicos estamos de acuerdo! ¿Cuál bronca, pues?

Primero hay que entender que la Iglesia Católica nunca ha enseñado que hay que "dar culto" ni "adorar" a ningún hombre mortal, vivo o muerto.

¿Cuántos mártires católicos prefirieron la muerte antes de rendir culto al emperador o a sus dioses falsos?

Muy otra cosa es "venerar", "tener devoción a" y "honrar" a aquellas personas de nuestra historia cristiana que han sido ejemplares en la vivencia de la fe o de las virtudes. La Iglesia nos las propone como ayuda y estímulo. Y las honramos de muchas formas y sin ninguna pena...un poco como los evangélicos al Señor Benito Juárez.

¿quiénes son los santos?


En la Biblia se llaman "santos" a todos los fieles. San Pablo en varias cartas manda saludar a "todos los santos de Cristo Jesús" (Ef.1,1). En ese sentido los que hemos sido bautizados y llamados a la fe en Cristo, los cristianos de ayer y de hoy somos "santos", es decir, los que Dios ha bendecido con su gracia. Cuando San Pablo habla del ’cuerpo de Cristo’ (Rom.12,5), a eso se refiere. Y como para Dios todos estamos vivos, los que se murieron en la gracia de Dios también forman parte del "cuerpo de los santos"."El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob no es un Dios de los muertos, sino de los vivos." (Mt.12-,27)

Los católicos damos un reconocimiento especial a aquellos hombres y mujeres santos que están ahora unidos a Dios en el cielo. Ellos son los que han luchado el buen combate de la fe y han merecido la corona prometida.

A ellos les vemos con la esperanza de que nosotros, también, podamos llegar. La Iglesia nos anima a imitarlos de la misma manera que San Pablo nos dice: "Sigan mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo." (1Cor.11,1)

El evangélico dirá: "¡Pero si tus "santos" no son más que hombres como tú y yo!" Precisamente ahí está lo bueno de honrar a los santos. La vida de un santo me dice: yo pasé por las mismas, tú también puedes llegar.

Los católicos hemos sabido incorporar nuestra fe a todos los aspectos de su vida diaria. Cuando algún santo ha sobresalido en un campo particular de la vida, le decimos ’el patrón’ de tal sitio o de tal profesión. Así a San Martín de Porres, por ejemplo, le decimos ’el patrón de los peluqueros’.

Por eso celebramos el día de nuestro santo y por eso tantas de nuestra colonias y de nuestros pueblo tienen el nombre de algún santo. Es el recuerdo de que somos un pueblo católico llamado a la santidad.

¡los católicos rezan a las estatuas!


Aquí hay dos malentendidos. Primero, la estatua o el cuadro del santo no es más que un recuerdo de la vida o de las obras de ese cristiano. Si un católico reza delante de una imagen de santo, reza no a la imagen, sino a lo que representa. Una vez visité un templo pentecostal en Dallas y durante el servicio muchos estaban arrodillados con la Biblia en las manos y algunas de las Biblias tenían ilustraciones. Ni se me pasó por la cabeza que esa gente estuviera adorando a un libro o a los dibujos de un libro.

Segundo, ¿por qué se reza a los santos si San Pablo nos ha dicho que "Jesucristo es el único Mediador entre Dios y los hombres" (1Tim.2,5)? ¿No sería mejor rezar directamente a Dios?

Pero, bueno, si nos ponemos en ese plan, ¿por qué rezar siquiera directamente a Dios? ...total, El ya sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos...

Tenemos que rezar. Y tenemos que rezar unos por otros porque dependemos unos de otros como miembros del Cuerpo de Cristo que es su Iglesia (1Cor.12,27). San Pablo dice: "Hermanos, les pido que recen a Dios por mí" (Rom.15,30) y "Pidan constantemente por todos los creyentes" (Ef.6,18).

Si podemos pedir a otro pecador que interceda por nosotros con su oración, ¿por qué no se lo vamos a pedir a aquellos que ya han sido purificados de todo pecado y están en la presencia de Dios? ¡Hasta los evangélicos rezan unos por otros! Y yo les he visto imponerse las manos unos en otros para curarse...¿a poco no es una "mediación" eso? ¿Acaso Dios no puede curar sin sus manos? Como ves, el problema no es tan problema.

La Biblia nos da de entender que el honor y la veneración de los santos nos puede ayudar. San Juan nos dice que los ángeles y los santos presentan nuestras oraciones a Dios como un ofrecimiento agradable a El (Apoc.5,8 y 8,3).

La Biblia habla de como los profetas y los santos de Israel intercedieron por el pueblo (2Mac.15,11 y Jer.15,1). Eso no quita que Cristo sea el único Mediador. Nuestra mediación y la de los santos dependen de El.

Los católicos se interesan más por las apariciones y los milagros de sus santitos que de la palabra de Dios.

Despacito-. Los milagros, si se dan, son obra de Dios...sea quien sea el intercesor. Así, también, los evangélicos explican sus "curaciones milagrosas".

Nadie está obligado a creer en las apariciones de los santos o de la Virgen María. Que Dios puede imponerse a las leyes de la naturaleza y permitir algún signo extraordinario de su presencia entre nosotros está claro. Pero la Iglesia aconseja mucha prudencia frente a los rumores y a las revelaciones personales...ya la historia nos ha enseñado cómo corre la imaginación popular.

Si pido algo a un santo, ¿me contesta?


Más bien tenemos que pedir a través de los santos. Son auténticos hermanos en Cristo y su intercesión ante Dios nos puede alcanzar la gracia que buscamos de Aquel que contesta a todas nuestras oraciones.

 
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