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Temas actuales.
Una carta abierta a Dios. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

Una carta abierta a Dios.

Autor: Omar A. Jiménez Castro.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Mi querido Padre: desde hace tiempo quería escribirte pero a veces se me hace difícil expresar con palabras aunque sé que conoces lo que voy a decir antes que hable, no es de menos, sabes lo que sientes mi corazón. No sé desde cuando nos conocemos, porque desde antes que naciera ya me conocías, pero yo tardé un poco para saber de Tí y cuando lo hice Tú habías decidido amarme y yo  amarte con locura desde aquel momento.

Nos habremos encontrado en más de una ocasión. Perdón, aclaro, me has encontrado en más de una ocasión porque sé que tú vas primero a mi encuentro.

No tengo recuerdo cuando fue mi primer encuentro contigo, Pero debió de ser de algunos de esos encuentros en donde mis padres me enseñaban que había alguien superior y te llamabas Dios; Padre de todo ser humano. Luego ya con mayor edad te experimenté en esos momentos íntimos entre oración en donde tú te manifestaste en mi vida.

Descubrí que estás siempre a mi lado. Para luego encontrarte contigo y descubrir que a veces siento que no estás a mi lado. como yo humanamente quisiera, pero si estás a mi lado.
Luego supe que seguirte no es para sentirte sino el saber aunque no te sienta y eso se logra con la fe.

Con el pasar de los años, mi Padre, te puse a prueba cuando te dije que fueras mi padre mientras mi padre humano no estaba. Te puedo decir que lo lograste a cabildada (en abundancia) y de muy buena manera.

Me enseñaron mi PADRE, a verte en un crucifijo colgado que era el reflejo de cuánto me amas.
Aunque después en mi caminar contigo descubrí que era el reflejo de mi vida. Debía de morir para que tu vivieras en cuando tu vivieras yo podría ser quien soy.

Crecí creyendo que tú castigabas a diestra y siniestra por mis grandes pecados. Luego me enseñaste en tu palabra que eres un PADRE de AMOR y que por más que peque y me arrepienta profundamente en el sacramento de la confesión, tú mi PADRE, me recibes de nuevo.

Crecí creyendo que tú nunca me buscabas y que sencillamente yo te tenía que buscar.
Yo puedo decir mi PADRE que las veces que he tenido una experiencia intima contigo no he sido yo el que te ha buscado sino tú viniste a mi encuentro.

Para serte sincero nunca he podido entenderte. Te soy sincero mi PADRE, porque cuando situaciones en las que he vivido han sido muy duras yo hubiera querido que nunca pasaran pero la permitiste para luego con el pasar del tiempo me diera cuenta por qué sucedieron, me diste la oportunidad de un aprendizaje y vaya qué importante fue.

Me dejaste que cayera al suelo de mi realidad para dejarme saber el orgullo insano que tengo dentro de mí que no me permite ver abajo. Lo que soy, lo débil que soy y cuanto necesito de ti.

Me dejaste caer en la pobreza para sentir lo que se sufre cuando falta lo necesario para comer y sentir así como sufren mis hermanos cuando no hay un plato de comida en su mesa. Y ser agradecido y bendecir siempre los alimentos.

Y con esas experiencias me hiciste grande, fuerte, creyendo cada vez más en vos, al punto que me elegiste para una Misión evangélica de llevar tu Palabra al mundo en especial a los jóvenes a través de la Internet. Sabes de las dificultades que surgieron y como Tú con tu Divina Providencia, tuviste la oportuna intervención para superar esas dificultades.

Tú sabes que te amo mucho. A veces amo otras personas o cosas más que a ti, pero tú sabes mi PADRE, que si quito todo eso te amo más a ti que a todo lo demás.

Soy consciente que no te puedo amar con la misma intensidad que me amas, pero mi Dios no dejes de hacerme sentir esa locura de amor que para mi vida es aliento a mi alma.

Para terminar mi PADRE, es que lo que soy es porque tú eres. Y si existo es por ti.

Y de esta reflexión que he puesto en palabras para difundir tu amor, es sólo para darte las más profundas, GRACIAS.

Aclaración al lector: Esta carta la escribí y tiene con ver con mi experiencia con Dios. A veces nos pasa que nos cuesta expresar todo lo que siente nuestro corazón con la gente cercana y se nos hace más difícil con Dios nuestro PADRE. Al leer este escrito de mi propia vida, te invito a expresarte con tu PADRE por medio de la oración ya sea escrita o espontánea, que salga del corazón.  Él te espera allí, en tu corazón.

 

 

 
¿Idiolatria o devoción? PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Temas actuales.

¿Idiolatria o devoción?

Autor:
P Fernando Cerero Ugarte
Fuente:

Con frecuencia en mis publicaciones y por otros medios recibo comentarios de hermanos no católicos que lanzan algunos textos del Antiguo Testamento para justificar su concepción de que tener imágenes constituye en si mismo idolatría. No voy a detenerme a explicar el por qué los católicos comprendemos que no es lo mismo tener una imagen a tener un ídolo.

Sin embargo, debo reconocer y enseñar a mis hermanos católicos que existen algunos casos de pseudo devoción o piedad desviada que, o bien son ya una forma de idolatría por ignorancia, o por lo menos rozan en ella. Me refiero a que, aunque sabemos bien que para nosotros católicos las imágenes no son dioses ni semi dioses ni nada por el estilo, sino simplemente imágenes alusivas para recordar a alguien, hay aún hermanos católicos mal formados que consideran que efectivamente las imágenes están vivas o tienen poderes.

Hay quienes hacen de la devoción a un santo un culto como fin sin llevarlos a Cristo. Hasta aquí los hermanos protestantes han de estar diciendo ¡Ya ven, se los hemos dicho! pero no, por eso dije que son casos lamentables de algunas personas no formadas en su fe. La Iglesia nunca ha enseñado a dar adoración a nadie más que a Dios. A los santos y la Virgen María los veneramos como personas ejemplares en la fe, de la misma manera que Hebreos 11 da honor y reconocimiento a los hombres que han vivido por fe.

A medida que la Evangelización crece y los católicos van recibiendo más formación estas pseudo costumbres populares de piedad se van purificando de sus errores y concepciones que van en contra de la auténtica piedad cristiana y de las enseñanzas de la Iglesia. Algunos hermanos no católicos viendo estas prácticas exageradas no dejan de poner el grito en el cielo como si la Iglesia promoviera idolatría. Las cosas no son así, lo que si hay de cierto es que incluso un católico bien formado puede escandalizarse de ver ciertas practicas religiosas desviadas en algunas personas. Por ejemplo, ahora con la celebración de San Judas cientos de personas llenan los templos, muchas de ellas que solo se hacen los aparecidos en estos días, gente que uno nunca ve en la Iglesia, pero que el 28 de octubre les sale lo “católico” hasta por los poros. Ahí va a misa con su San Judotas, su San Judas, Su san Juditas y su San judititio, , con un montón de imágenes de San Judas, pero persona que hace mucho tiempo no se ha confesado, vive en unión libre, no hace oración, no lee la Biblia y ni siquiera conoce la vida de San Judas. Ahí están otros que en la ciudad de México piden intercesión a San Judas para que no los atrape la policía en sus movidas, o aquellos que llenos de miedo andan dejando copias en los templos de la “cadena milagrosa de San Judas” que es una verdadera muestra de ignorancia religiosa.

San Judas, como todos los santos, han sido personas de una fe probada y de virtudes heroicas que son estímulo para nuestra fe. Los católicos debemos ir logrando lo que los últimos papas nos han invitado a lograr “la purificación de la religiosidad popular”, porque debido a estos casos de ignorancia religiosa de algunos, somos presa del ataque desmedido e injusto de quienes viendo estas cosas juzgan toda la vida católica como si la Iglesia nos enseñara estas cosas como parte de nuestra fe. Necesitamos si, tener un conocimiento de estos hombres y mujeres ejemplares, buscar ser fieles a Cristo como ellos, pedir su intercesión, que su testimonio nos lleve a Cristo y Cristo al Padre.

Que hoy lo que más nos atraiga de San Judas sea el testimonio de su valor ante el martirio que sufrió por predicar el Evangelio. Por eso lleva un palo en la mano, porque fié molido a golpes con palos para luego ser decapitado con un hacha, por eso lleva el fuego del Espíritu Santo en su Cabeza, el fuego que lo llevó a ser testigo fiel en pueblo pagano, por eso lleva en su mano el libro que escribió y está en la Sagrada escritura, por eso tiene en el pecho una medalla con el rostro de Jesús, su primo y Maestro, para enseñar su vínculo familiar con él.

Celebremos la memoria de San Judas como a Dios y a él le debe gustar: Con la Santa Misa, con una buena confesión, con una vida de oración, con la predicación del Evangelio y sobre todo con una vida cristiana auténtica.

La Ignorancia religiosa de algunos católicos los lleva a dos extremos, a vivir una religiosidad desviada o a dejar la Iglesia espantados. Por ello urge la nueva evangelización en nuestras comunidades.

Pido a los hermanos protestantes abstenerse de pegar textos como comentario a esta publicación o atacar nuestra fe. Lo publicado lo he escrito para mis hermanos católicos como formación.

 
¿Cuál es el mayor problema de la Iglesia? PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Temas actuales.

 

¿Cuál es el mayor problema de la Iglesia?

Autor: Juan Gaitán.
Fuente: www.falsoconfalso.wordpress.com

Recientemente me vi incluido en un par de discusiones informales que giraban alrededor de la pregunta: ¿cuál es el mayor problema de la Iglesia? Las respuestas iban desde los casos de pederastia, las riquezas que ostentan algunos miembros del clero, hasta no saber escuchar las verdaderas preocupaciones de los fieles.

Personalmente, llegué a una conclusión, que no es más que una propuesta: la raíz de los problemas de la Iglesia está en que no nos tomamos en serio el Evangelio.

Encuentro algunos síntomas de esto. El Evangelio, por ejemplo, pide que nos fiemos en la providencia de Dios, con el fin de ser libres para amar hasta el extremo, que no estemos atados a lo económico para así compartir cuanto tengamos y poder entregarnos a la alabanza y al servicio de los demás. Pero es difícil creernos aquello de «Pues si la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?» (Mt 6,30).

El Evangelio tiene como centro el anuncio del Reino de Dios, que se inaugura en la persona de Jesús. El Reino habrá de ser el tesoro de nuestras vidas por el cual dejemos todo cuanto tenemos (Mt 13,44). ¿Pero es realmente la construcción del Reino de Amor lo que nos ocupa en la vida?

Amor, Justicia y Evangelio

Los hechos acontecidos recientemente en Ayotzinapa, Guerrero (México) son un tremendo grito de justicia, por lo que siguiendo la reflexión acerca del modo como asumimos o no el Evangelio, hemos de preguntarnos también por este pilar de la vida cristiana.

La Escritura está llena de llamados a la justicia, especialmente en los libros de los profetas. Felicísimo Martínez, en su libro ¿Ser cristiano hoy?, escribe: «El Reino de Dios es inconcebible al margen de la justicia», porque hacer justicia no es un acto de caridad, sino obligación de todos los hombres.

Ahora bien, la justicia evangélica está fundada en el amor, el perdón y la misericordia. Todo discípulo de Jesús habrá de apropiarse estas posturas y comprometerse con ellas, tomárselas en serio. Jesucristo siempre se mostró favorable ante los pobres, oprimidos, marginados, ante quienes más sufrían.

Pongámoslo así: Si todos somos hijos de Dios, entonces, somos todos hermanos en Cristo. ¿Pero en qué familia amorosa se permite que alguno de los hermanos padezca hambre, frío, o que su dignidad sea violada? ¿Es que nos tomamos en serio esto de ser en verdad hermanos en Cristo unos de otros?

Pienso que la mayor fuerza de transformación con la que cuenta la Iglesia son los laicos, inmersos en el mundo. Pero como laicos, ¿vivimos o no vivimos según la fe? ¿vivimos o no vivimos según el Espíritu de Dios, fiándonos de su providencia y luchando por su Reino?

Los cristianos, así pues, abandonados al Evangelio (¿hay otro modo de ser cristiano?) hemos de ser protagonistas de la construcción de realidades justas y garantía de justicia entre los hombres. Porque decirse cristiano e ignorar el sufrimiento de los más débiles es traicionar el Evangelio.

No debemos olvidar el ideal y apuntar hacia él. Como seres humanos somos pecadores, pero no por eso hemos de dejar de mirar hacia el ideal, porque el Reino ya está aquí, aunque sólo se manifestará en su integridad en la plenitud de los tiempos. Dejemos de culpar a otros y asumamos nuestro papel como miembros de la Iglesia; y que Dios nos libre de la comodidad de vivir una fe a nuestra manera y no asumir seriamente la radicalidad del Evangelio.

Lee más textos del autor de este artículo en:

www.falsoconfalso.wordpress.com

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¿Tu fe usa “cosméticos”?, ¡quítaselos! PDF Imprimir E-mail
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¿Tu fe usa “cosméticos”?, ¡quítaselos!

Autor: Papa Francisco.
FuenteL ACI/EWTN Noticias).-

“¿La nuestra es una vida cristiana cosmética, de apariencia o es una vida cristiana con la fe laboriosa en la caridad?”, preguntó esta mañana el Papa Francisco durante la Misa en la Casa Santa Marta, donde recordó a los fieles que Cristo condena la “espiritualidad cosmética”, aquella que hace “sonar la trompeta” para que todos la vean y alaben su apariencia.

En su homilía, Francisco señaló que la fe “no es sólo rezar el Credo”, sino que pide que nos separemos de la avidez y de la concupiscencia para saber dar a los demás, especialmente si son pobres.

La fe no tiene necesidad de aparecer, sino de ser, afirmó el Papa. No tiene necesidad de ser cubierta de cortesías, especialmente si son hipócritas, cuanto de un corazón capaz de amar de modo genuino.

En ese sentido, al comentar el Evangelio del día –que presenta al fariseo que se sorprende porque el Maestro no realiza las abluciones prescriptas antes de comer– el Papa repitió que Jesús “condena” ese tipo de “seguridad” totalmente centrada en el “cumplimiento de la ley”.

“Jesús condena esta espiritualidad cosmética, aparecer como buenos, bellos, ¡pero la verdad adentro es otra cosa! Jesús condena a las personas de buenas maneras pero de malos hábitos, esos hábitos que no se ven pero que se hacen a escondidas. Pero la apariencia es justa: esta gente a la que le gustaba pasear por las plazas, hacerse ver rezando, ‘maquillarse’ con un poco de debilidad cuando ayunaba… ¿Por qué el Señor es así? Vean que son dos los adjetivos que usa aquí, pero relacionados: avidez y maldad”.

Jesús dirá de ellos “sepulcros blanqueados” en el análogo pasaje del Evangelio de Mateo, remarcando ciertas actitudes que Él define con dureza como “inmundicia”, “podredumbre”. “Den más bien como limosna todo lo que tienen dentro”, es su contrapropuesta. “La limosna ha sido siempre, en la tradición de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, una vara para medir la justicia”.

También Pablo, explicó Francisco, discute con los Gálatas por el mismo motivo, su apego a la ley. Y también el resultado es idéntico, porque como dijo el Papa, “la ley sola no salva”.

“Lo que vale es la fe. ¿Cuál fe? Aquella que se ‘vuelve laboriosa por medio de la caridad’. El mismo razonamiento de Jesús al fariseo. Una fe que no es sólo rezar el Credo: todos nosotros creemos en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, en la vida eterna…. ¡Todos creemos! Pero ésta es una fe inmóvil, no activa. Lo que vale en Cristo Jesús es la laboriosidad que viene de la fe, o mejor la fe que se vuelve laboriosa en la caridad, es decir que vuelve a la limosna. Limosna en el sentido más amplio de la palabra: desprenderse de la dictadura del dinero, de la idolatría del dinero. Toda concupiscencia nos aleja de Jesucristo”.

El Papa Francisco evocó un episodio de la vida del P. Arrupe, quien fue Prepósito General de la Compañía de Jesús. Dijo que un día, una rica señora lo invitó para donar dinero para las misiones de los jesuitas en Japón, para lo cual el P. Arrupe estaba trabajando. La entrega del sobre se produjo prácticamente ante la puerta y delante de periodistas y fotógrafos. El sacerdote relató que había sufrido “una gran humillación”, pero dijo que aceptó el dinero “por los pobres de Japón”. Y cuando abrió el sobre, “encontró diez dólares…”.

Por ello, el Papa invitó a preguntarse si la nuestra es “una vida cristiana cosmética, de apariencia o es una vida cristiana con la fe laboriosa en la caridad”.

“Jesús nos aconseja esto: ‘No hacer sonar la trompeta’. El segundo consejo: ‘No dar sólo lo que sobra’. Y nos habla de aquella viejita que dio todo lo que tenía para vivir. Y elogia a aquella mujer por haber hecho esto. Y lo ha hecho un poco a escondidas, quizá porque se avergonzaba por no poder dar más”, concluyó.

 
¿Qué es más fácil: corregir o ser corregido? PDF Imprimir E-mail
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¿Qué es más fácil: corregir o ser corregido?

Autor: Mons. José Ignacio Alemany Grau, obispo.
Fuente: homiliasparalossencillos.blogspot.com/

Nuestro orgullo es demasiado grande a la hora de la corrección.

Incluso es frecuente que alguno pida a su amigo, superior o formador que le corrija y, cuando llega el momento, la cara y actitudes no suelen corresponder a la petición. Tememos que entren en nuestra intimidad.

Sin embargo, con frecuencia, los demás conocen nuestros defectos mejor que nosotros porque se ve mejor a la distancia que metidos dentro.

Como se suele decir: “los árboles no dejan ver el bosque”. Esto no obstante, preferimos tapar dentro lo que todos conocen desde fuera.

Hoy Jesús en el Evangelio nos habla de la corrección.

“Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano”.

Esta es la primera parte que desgraciadamente no tenemos muy en cuenta y con facilidad pecamos contra la caridad con habladurías y chismes en vez de ir directamente al hermano.

Jesús continúa:

“Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos”.

También esto que es una norma de prudencia, fácilmente nos lo saltamos en la vida práctica.

Finalmente añade Jesús:

“Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano”.

Si no acepta la corrección de la comunidad poco nos queda, ya que no podemos forzar su libertad. Y, hablando de la corrección, recordemos el capítulo 12 de la carta a los Hebreos:

“Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos”.

Poco más adelante nos dice también que si nuestros padres no nos corrigen es porque no nos consideran verdaderos hijos suyos.

Recordemos también los Proverbios (12,1):

“Quien ama la reprensión ama el saber, quien odia la corrección se embrutece”.

Sabemos que precisamente en la pedagogía de Dios la corrección es importante ya que Dios educa a su pueblo elevándolo al orden de su propia santidad, orientándolo mediante las correcciones.

Hoy Ezequiel nos invita a corregir al prójimo haciéndonos un serio aviso para todos, que somos muy fáciles para excusarnos, como si no tuviéramos responsabilidad para con los demás.

Dice Dios: “si yo digo al malvado: ¡malvado, eres reo de muerte! Y tú no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado tu vida”.

San Pablo nos enseña que todo es amor. Nos ha dicho: “a nadie le debáis nada más que amor porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley”.

Y termina diciendo: “Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera”.

Colocadas estas palabras en el contexto litúrgico de hoy hemos de considerar que también la corrección es ayudar al hermano.

Es parte de la “revolución del amor” que nos está pidiendo el Papa Francisco.

Volviendo al Evangelio del día, nos encontramos con otros dos puntos que trata Jesús y que debemos guardar para nuestra reflexión semanal.

El primero se refiere al poder de perdonar:

“Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Estas palabras nos invitan a reflexionar sobre el tema y pensar cómo actuamos, por una parte para corregir a los demás y por otra para aceptar las correcciones ya que en realidad uno no sabe si es más difícil corregir o ser corregido.

Las últimas palabras de Jesús son un gran regalo para nuestra vida espiritual puesto que nos da una verdadera receta para que sean eficaces nuestras peticiones:

“Os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Pienso en este momento de una manera muy especial en los matrimonios cristianos que han recibido la bendición del sacramento. Quizá no se dan cuenta de lo eficaz que es su oración cuando viven en comunión espiritual entre ellos.

Qué tesoro podemos tener rezando en esta unidad que pide Jesús.

José Ignacio Alemany Grau, obispo.

 
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