Analisis.

Apoyanos con un clik1.

Di no a la pornografía. Un video impactador.



Get the Flash Player to see this player.

time2online Joomla Extensions: Simple Video Flash Player Module
Temas actuales.
Carta de una hija a su padre adicto a la pornografía. PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 6
MaloBueno 
Reflexiones - Temas actuales.

 

 

Carta de una hija a su padre adicto a la pornografía.

"Es justo que sepas lo que tu adicción a la pornografía ha hecho en mi vida"

Autor: Mauricio Artieda
Fuente: catholic-link.com

Carta abierta de una hija

Me pareció un texto conmovedor que puede ser adecuado para ayudar a muchos papás a comprender que el vicio de la pornografía está, poco a poco, destruyéndolos a ellos y a todas las personas que tienen alrededor. El artículo original (en ingles) lo pueden encontrar aquí. El texto es auténtico. El nombre de la persona que lo escribe no aparece por razones obvias.

Querido Papá:

Antes que nada quiero que sepas que te amo y que te perdono por lo que esto ha hecho en mi vida. También quiero que sepas qué es exactamente lo que tu adicción a la pornografía ha hecho en mi vida. Es probable que creas que esto te ha afectado sólo a ti, o también tu relación con mi Mamá, pero es justo que sepas que también ha tenido un profundo impacto en mí y en todos mis hermanos.

Encontré tus videos pornográficos en algún lugar de tu computadora cuando tenía alrededor de doce años, justo cuando empezaba a volverme una mujer. En primer lugar me pareció muy hipócrita de tu parte que trataras de enseñarme qué cosas sí y qué cosas no valía la pena ver en términos de videos, películas y televisión cuando tú regularmente entretenías tu mente con esa basura. Tus consejos sobre el cuidado que debía tener con las cosas que veía simplemente no tenían ningún significado para mí.

Debido a tu pornografía caí en la cuenta de que mi madre no era la única mujer a la que mirabas. Cuando salíamos juntos desarrollé una gran sensibilidad para darme cuenta de cuándo activabas una mirada sensual por otras mujeres, carteles o cosas. Esto me enseñó que todos los hombres tienen un lado indecente en el cual no se puede confiar. Aprendí a sospechar, e incluso a despreciar a los hombres por el modo lascivo en el que percibían a las mujeres.

Recuerdo que trataste de hablar conmigo sobre la modestia, sobre cómo mi modo de vestir afecta a las personas en mi entorno y sobre la importancia de valorarme por mi interior. Tus acciones, sin embargo, me decían que sólo sería verdaderamente hermosa y aceptada si me veía como las mujeres de las portadas de revistas o las de tus videos pornográficos. Tus discursos no servían para otra cosa que para enojarme profundamente.

Cuando crecí estas ideas se hicieron más fuertes gracias a la cultura en la que vivimos. Todo a mi alrededor gritaba que la belleza es una cosa que sólo puede ser alcanzada si te ves y actúas como “Ellas”. También aprendí a confiar cada vez menos en ti porque nada de lo que decías era coherente con lo que hacías. Ya en esa epoca vivía preocupada de la posibilidad de no poder encontrar nunca un hombre que me aceptase y amase por lo que soy y no por mi cara bonita.

Cuando invitaba amigas a la casa me preguntaba cómo las veías. Si para ti eran mis amigas y nada más, o si también a ellas las imaginabas en tus fantasías. Ninguna hija debería jamás preguntarse algo así sobre su padre.

Conocí a un hombre. Una de las primeras cosas que le pregunté fue si él también miraba pornografía. Le estoy muy agradecida a Dios porque esa práctica nunca ha tocado su vida significativamente. Sin embargo, todavía tenemos peleas por las profundas raíces que tiene en mi corazón la desconfianza hacia los hombres. Sí, a pesar de todos los años que han pasado, tu pornografía también ha afectado la relación que actualmente tengo con mi esposo.

Si pudiera decirte sólo una cosa sobre este tema, te diría lo siguiente: la pornografía no sólo afectó tu vida sino que afectó la vida de todos los que estábamos a tu alrededor de maneras que nunca podrás imaginar. Hasta el día de hoy me afecta gracias también al peso que esta tiene en nuestra sociedad. Tengo miedo del día en que tenga que hablar con mi pequeño hijo sobre la pornografía y sus potentes e insaciables alcances; cuando tenga que decirle cómo la adicción al porno, como la mayoría de los pecados, no sólo afecta a uno mismo.

Como ya lo dije, te he perdonado. Y estoy profundamente agradecida por el trabajo que Dios ha hecho en mi vida en este campo. Es un area donde aún me toca luchar de vez en cuando, pero me sobrepasa la gratitud hacia la ayuda que Dios y mi esposo me han ofrecido. Rezo porque tú hayas superado este vicio y para que todos los hombres que lo consideran inofensivo abran sus ojos a la verdad.

Con amor, tu hija

(El autor prefirió no revelar su nombre)

Uno nunca sabe, pero si después de leer esto aún quedase alguna persona que piensa que su vicio no puede afectar a nadie porque él esconde muy bien el material que utiliza, vale la pena terminar con un gran y rotundo: ¡No seas idiota! En primer lugar por una razón espiritual: ¡Se te ve en los ojos y en el corazón! en el modo cómo tratas y miras a las personas que te rodean, especialmente a las mujeres. En segundo lugar por una razón práctica: las conversaciones más divertidas que tienen muchos adolescentes cuyos padres ven pornografía trata sobre lo ingenuos y ciegos que son estos para darse cuenta que los lugares misteriosos, claves indescifrables, contraseñas inenarrables, archivos ocultos y escondrijos top-secret donde guardan este material, ya fueron descubiertos hace mucho tiempo. La moraleja es muy sencilla, si no puedes ir a Marte a ver pornografia, entonces no lo hagas, porque tus hijos lo sabrán tarde o temprano.

Photo Credit: citx via Compfight cc

 
¿Por qué Yo? ¿ Por qué a mi? PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 2
MaloBueno 
Reflexiones - Temas actuales.


¿Por qué Yo? ¿ Por qué a mi?

Autor: Mercedes Vallenilla.
Fuente: psicologiacatolicaintegral.com

Cuando te llega una enfermedad, te cambia la vida. Y te cambia más la vida, cuando hasta ese momento, no habías vivido ninguna aparente dificultad.

Desde pequeña, fui una deportista nata. Comencé a jugar tenis desde los 6 años de edad. Entrenaba 5 días a la semana. Corría todos los días. Los talentos recibidos me hacían sentir que lo tenía todo en la vida. Esto me hacía pensar que nunca nada me sucedería. Que todo lo que poseía aquí en la tierra sería eterno: mis aptitudes deportivas, mi posición social, mi condición física, mi belleza corporal, mi liderazgo humano.

A raíz del nacimiento de mi primer hijo se desarrollo una enfermedad catalogada como rara. A partir de allí, pasé a ser una persona oficialmente enferma. Hasta ese momento, solo había tenido una cirugía de pequeña y una fractura de dedo. Pensé - como todos- que las enfermedades y las malas noticias solo eran para los vecinos y que a mi nunca me pasaría nada. Siempre veía el sufrimiento ajeno, tan ajeno de mi. Era como escuchar una realidad demasiado lejana. Creo que llegue a mirar a aquellas personas que la vivían hasta con un cierto desprecio porque en cierto modo pensaba erróneamente que ellos se lo habían buscado o que habían dejado de hacer algo o haber hecho algo mal para estar en una situación tan desventajosa.

Y es que quizás esta es la manera como percibimos a los que sufren. Un poco como “quejunbrosos pesimistas”. Muchas veces, si estamos sanos nos cansamos de escucharlos. O decimos frases como “ésta viene otra vez a contar lo que le pasa” o “ay, ésta siempre con sus tragedias”. Y es que así es el mundo en que vivimos y en cierto modo es la consecuencia directa de tener la huella del pecado original en nuestra alma que nos ha hecho insensibles y hasta cierto punto un poco egoístas pues no queremos que nadie empañe nuestra felicidad con sus sufrimientos.

Los que hemos sufrido un hecho traumático en la vida como la pérdida de un hijo o un accidente en la familia, una noticia devastadora, un quiebre económico o una enfermedad terminal o como es mi caso, una enfermedad que no se cura y que he padecido por muchos años, aprendemos de golpe lo que significa sufrir. Pero solo cambiamos de parecer, cuando el sufrimiento un día toca a la puerta y es entonces cuando comprendemos a cabalidad lo que significa sufrir. Sentimos que nadie nos comprende y que no podemos explicar con palabras lo que siente el interior. Frases como “estoy contigo”, “te encomiendo”, “lo que necesites”, “no te preguntes por qué, solo para qué” nos caen pesadas y nos hacen sentir que no tienen sentido.

En esos momentos es cuando te das cuenta que absolutamente todo por lo que te desgastabas día a día, incluso lo material, no vale la pena ante el valor de la vida. Comprendes que lo único que cuenta es el amor de los que te rodean. El amor que fuiste capaz de dar -en mi caso- en nombre de aquel que me dio la vida de forma gratuita. Quizás comienzas a negociar con Dios para que te de un respiro nuevo de vida, para que te de un poco más de tiempo. Ver la graduación de los hijos, la boda, quizás los nietos nacer. Prometes enmendar tu propia vida. Ser mejor persona. Corregir aquello incomodo que se ha acomodado dentro de ti. Le pides a Dios un tiempito más a cambio de un poco de vida. Unos cuántos años mas.

Este gran golpe de la vida resulto ser lo mejor que me ha pasado por las grandes enseñanzas que me ha dejado. He aprendido a ser mejor persona, a darme a los demás, a valorar lo que tengo, en vez de pensar en lo que no tengo. He aprendido a dar gracias por los minutos de vida. A decirle a la gente que me rodea, que los amo. He aprendido que el valor de tu propia vida, esta solo en la capacidad de amar que tengas en tu interior. Y como el dolor que Dios permite en nuestra vida, solo esta orientado a ensancharnos el corazón para poder amar más y amar mejor. Pero sobre todo, para amar como Dios nos ama.

Todo en la vida es don y gratuidad del Señor. Es normal que nos cueste sobrellevar el dolor. En mi caso, no aprendí “todo de una vez”, sino paso a paso, poco a poco a pesar de mi propia profesión que me brindaba las herramientas intrínsecas para poder sobrellevarlo de manera adecuada.

A nivel psicoemocional el sufrimiento puede causar estragos sino lo afrontamos con fe. Y a la larga, puede causar estragos en la propia fe. Pues aunque la tengamos, aprender a vivir sin aquello tan valioso que perdimos de repente un día como un hijo o el mismo don de la salud, requiere de mucha fe, pero también de que pongamos mucho esfuerzo personal en comprometernos con soluciones integrales y de fondo, tanto espirituales, como humanas para que podamos responder en unidad de mente y alma a esa nueva realidad de vida.

Las crisis personales es como si Dios desordenara toda la casa para establecer un nuevo orden superior de vivir y de amar. Pero para volverla a acomodar, se necesita tomar una decisión personal y optar por salir adelante. Y si es necesario, pedir ayuda. Hay que romper el silencio interior donde podemos sumirnos por el dolor y buscar ayuda de personas que nos faciliten ver las cosas con objetividad: un sacerdote amigo, el párroco, la señora catequista, una mejor amiga. La compañera del ministerio o del trabajo. Un psicólogo.

También es importante tener mucha paciencia en el sufrimiento. En mi caso, es lo que virtud que mi enfermedad más me ha pedido practicar. Tener paciencia para aprender a sufrir y tener paciencia para sobrellevar el sufrimiento mientras aprendemos. Tenemos que hacer todo lo que tengamos que hacer; es decir, poner los medios para salir adelante y no acomodarnos en un rol de víctimas de Dios, de la propia vida, o de las circunstancias.

Es muy importante dialogar con frecuencia en familia de cómo el sufrimiento está afectando a cada miembro. La familia esta llamada a “jalar juntos y a jalar parejo”. Como los alpinistas, tomados de la cuerda escalando juntos la montaña con la certeza de que no vamos escalando solos, sino con la fuerza que nos dan los sacramentos y además, con el amor en familia que nos sostiene y nos nutre el alma. Hay que saber pedir disculpas y dialogar cuando la situación se pone tensa y las necesidades apremian. No debemos esperar siempre a reaccionar de manera equilibrada, sino a comprendernos cuando fallamos y a apoyarnos para seguir luchando. Ver que nos motiva interiormente e intentar hacerlo cuando nos sentimos solos, sin fuerzas. Observar y cuidar mucho nuestras razones objetivas y llenas de sentido común, pues estas pueden sostener un estado emocional inadecuado y hacernos sentir tal cual pensamos. Y a la vez, comportarnos tal cual nos sentimos. Tener claro nuestros puntos débiles, pues por allí puede colarse el mal.

El sufrimiento es un misterio teologal que no está allí para ser entendido por la razón, sino aceptado con fe en el corazón. Y esta capacidad de aceptar este misterio no se logra únicamente con un esfuerzo personal o por la misma sabiduría que hayamos acumulado con nuestros conocimientos profesionales o teologales, sino solo por la gracia que es dada al alma por Dios para acogerlo. Y Dios Padre que es un Dios bueno y misericordioso, si ve que estamos siendo fieles a una gracia, nos multiplicará las siguiente de una manera exponencial, pues ve confianza en sus designios y ve amor en nuestro corazón para acoger su voluntad.

Para que esto se pueda dar, necesitamos no ser soberbios intelectuales que pretendan solo con los conocimientos o solo a punta de razones generadas en el intelecto poder explicar algo que no esta reservado para responder a ello. Y aquí es donde podemos introducirnos en un hueco oscuro de desamor y frustración personal. Lo que llamo, un túnel sin sentido. Es como caer en un pozo profundo. Un abismo intentando buscar razones que expliquen ¿ por qué yo?, ¿ por qué esto me paso a mi?

La gracia hacé milagros. Es la que sana. Cura. Lava las heridas. El, nuestro Cristo el Buen Pastor quiere sanarnos pero solo si lo dejamos. Pues como dijo San Agustín  “aquel que te creo sin ti, no puede salvarte sin ti” Aquel que te creo sin ti, no puede sanarte sin ti. El respeta nuestra libertad pero requiere de nuestra colaboración para lograrlo. La libertad es la que debe abrir el cerrojo interior para que la gracia entre y nos transforme por dentro el corazón, para tenerlo preparado con el mejor traje de fiesta para el día que nos toque llegar al cielo.

La enfermedad que he padecido desde hace 19 años ha sido la gran bendición de mi vida. El día que parta a la casa del Padre, solo quiero ser recordada por el amor que en nombre del Señor pude entregar a los demás. Si estás sufriendo, Jesús, el Buen Pastor, esta esperando para sanarte y darte la fortaleza para continuar. No te quedes sentado. Levántate. Busca y lo encontrarás. Y si el sufrimiento no ha tocado a tu puerta, da gracias al Señor y ayuda de alguna forma a quien padece y sufre a tu lado. No esperes a perder lo que mas valor tiene, para darte cuenta cuánto importaba. No te preguntes más ¿ Por qué yo? ¿Por qué a mi?

Mercedes Vallenilla de Gutiérrez

Psicología Católica Integral

psicologiacatolicaintegral.com

@mvallenilla1

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 
¿Te sientes hijo amado de Dios o pieza intercambiable de la máquina? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

¿Te sientes hijo amado de Dios o pieza intercambiable de la máquina?

Padre Carlos Padilla
http://www.aleteia.org

Sólo podemos construir confiando en Dios, pero a veces nos cuesta ver su amor, palpar su misericordia: lo decimos, no lo vivimos.

Los grandes logros de la humanidad suelen tener comienzos pequeños. Muchos genios en la historia del hombre tuvieron inicios humildes, vivieron pobremente, incluso no fueron valorados en vida. En la historia de la Iglesia siempre ha sido así. Pequeños comienzos, instrumentos débiles. Para que se pueda ver claramente la mano de Dios moviendo los hilos.

Grandes basílicas muchas veces comenzaron siendo pequeñas capillas. Como la basílica de la Natividad en Belén, donde Jesús nació. Una pobre cueva.

Lo pequeño es el origen de lo grande. Jesús oculto en Nazaret, antes de comenzar los milagros. Jesús muerto como un malhechor, en la cruz, antes de que se rasgara el velo del templo. Jesús oculto en el pan y el vino, para desconcertar a los hombres que buscan lo que se ve, lo que tiene poder.

Muchos hombres frágiles siguieron las huellas de Jesús. Se hicieron vulnerables como Él. Entregaron su vida conociendo su fragilidad. Sembraron la semilla de la eternidad en tierra fecunda. Siempre ha habido hombres que creyeron por su fe en lo que nadie aún veía. Supieron que Dios les pedía dar un salto de audacia y, desconfiando de sus fuerzas, lo dieron. Tuvieron miedo a perderlo todo pero siguieron su camino, fueron fieles a él.

En la vida siempre tenemos que contar con el miedo. Una persona rezaba: «Me da miedo perder lo que tengo, quedar sin raíces, vacío sin ti. Me da miedo perder el sentido, no amar tus pisadas, no ser fiel a ti. Y no logro creer que detrás de las olas estás Tú, diciéndome: - Ven a mí, confía, ven a mí, sobre las aguas. Deja tantos miedos, tantas dudas, vacíate. Me da miedo no hallar la salida, caer en mis sombras, la oscuridad sin ti. Me da miedo no estar a la altura, no tocar las cumbres, no escuchar tu voz».

Hay tantos miedos en el camino de la vida…Sólo podemos construir el templo de nuestra vida desde Dios, confiando en Él. Pero a veces nos cuesta ver su amor, palpar su misericordia. Lo decimos, no lo vivimos.

Decía el Padre José Kentenich: « ¡Cuán masificados estamos! No sé, si yo les preguntara: ¿creen ustedes verdaderamente que Dios los quiere?, y si ustedes me dijeran: - Yo lo creo. Entonces yo les diría que yo no creo que ustedes lo crean. Así somos. Lo decimos, bueno, pero en términos generales nos sentimos, sin embargo, como una pieza intercambiable de la máquina, junto a los demás»[1].

Es verdad. Nos da miedo soltar las riendas y dejar que la vida la lleve Dios. Pensamos: ¿Nos ama tanto? No nos lo acabamos de creer, no nos hemos convertido aún. Nos olvidamos de lo importante: Dios sí nos ama.

Y porque nos ama es posible emprender el camino y construir. Las grandes obras tienen pequeños comienzos. Pero todo comienza siempre con una decisión firme por amor a Dios. Así fue la historia de san Francisco de Asís. La pequeña porciúncula en Asís, esa pequeña capilla, es el germen de toda la Familia Franciscana. Allí comenzó todo. Ahora la pequeña capilla casi se pierde en la majestuosidad de la Basílica que la alberga. Lo pequeño origen de lo grande.

Francisco comenzó solo este camino. Muchos siguieron sus pasos porque creyeron en él. Se fiaron de su vida. Sus palabras se hacían carne y vivía aquello de lo que hablaba. La semilla comenzó a dar fruto. El fuego ardía en su pecho, el amor y su mirada tenía la fuerza de un ciclón. El fuego se extendió rápidamente. Tocó a muchos hombres. Tocó a Clara. Era un hombre pequeño y pobre enviado a restaurar la Iglesia. Un hombre vacío de sí mismo y lleno de Dios.

Una misión ingente sobre débiles hombros sólo se puede llevar a cabo desde la confianza y la humildad. Sólo así se puede construir una gran obra. Porque es el poder de Dios el que lo hace.

[1] J. Kentenich, Terciado 1952

 
¿Las almas de los niños abortados van al Cielo? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

¿Las almas de los niños abortados van al Cielo?

Autor: San Juan Pablo II.
Fuente:

El Papa san Juan Pablo II y la Comisión Teológica Internacional han afrontado la cuestión.

Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no los afectará ningún tormento. A los ojos de los insensatos parecían muertos; su partida de este mundo fue considerada una desgracia y su alejamiento de nosotros, una completa destrucción; pero ellos están en paz (Libro de la Sabiduría 3, 1-3)

Siempre he pensado que tenía un ejército de almas de niños no nacidos que me apoyaban en mi trabajo, intercediendo por mi ante Dios. Les rezo siempre para obtener las gracias que necesito para llevar a cabo este trabajo de llevar las almas a Cristo y a la curación. Al inicio sentía sólo la presencia de mi hijo, pero dado que han pasado años sé que detrás de este trabajo hay millones de almas – un ejército entero – que interceden y rezan constantemente por la curación y la reconciliación de sus familias.

Muchos de ahora los conozco de nombre. Rezo también ante las clínicas donde sé que han muerto. Ya no hablo de “niños que murieron aquí, sino de “Chris, el bebé de Sally”, o de “Mary, la niña de Tom”. Hay un vínculo personal tanto con el niño como con los padres.

Muchos hablan del status de las almas de los niños abortados. Algunos piensan que no hay posibilidades de que se encuentren en el cielo porque no están bautizados, pero como sucede con los Santos Inocentes, yo creo que el suyo ha sido un Bautismo de sangre y que Nuestros Salvador Misericordioso y Su Madre los abrazan en el momento de su muerte.

El Papa San Juan Pablo II dice, a los que han perdido un niño por el aborto, en la Evangelium vitae: “Comprenderéis que nada se ha perdido definitivamente y podréis también pedir perdón por vuestro hijo, que ahora vive en el Señor” (n. 99 en el texto original).

Recuerdo la primera vez que escuché estas palabras, “nada se ha perdido definitivamente”. Suscitaron en mi la esperanza de volverme a encontrar un día con mi hijo. Estamos hechos para el cielo, para la vida eterna con el Señor. Nuestro tiempo aquí es limitado, y gracias a Su misericordia podemos reconciliarnos con Él y con nuestros hijos.

Años después, el Vaticano ha cambiado la frase al número 99 de la Evangelium vitae –la que había dado tanto consuelo a las mujeres que lloraban la pérdida de un hijo no bautizado por espontaneo, nacimiento de un niño muerto o aborto. Parece que los teólogos pensaban que Juan Pablo II había ido demasiado lejos declarando que los niños no bautizados vivían en el Señor, lo que implicaba que estaban en el cielo.

Esta frase ha sido sustituida por una que habla de la misericordia de Dios y deja abierta la posibilidad de que los niños no bautizados puedan estar con el Señor: “Al mismo Padre y a su misericordia podéis confiar con esperanza a vuestro hijo”. No es poco esperar en la misericordia del Padre, obviamente, pero el pensamiento de la posibilidad de la separación eterna del propio niño es más de lo que muchas madres pueden soportar.

Gracias a Dios, en 2007 el papa Benedicto XVI aprobó una declaración de la Comisión Teológica Internacional titulada “La esperanza de la salvación para los niños que mueren sin Bautismo”. Aunque la nota n. 98 aprueba el lenguaje revisado de la Evangelium vitae, la “esperanza de la salvación” presenta numerosas razones, tomadas de la Escritura y de la Tradición, por las cuales es razonable esperar que estos niños vivan “en el Señor”. Más allá del hecho de que la Iglesia reverencia a los Santos Inocentes, los evangelios de Mateo y de Marcos están llenos de pasajes en los que Jesús habla amorosamente de los niños inocentes:

“Dejad a los niños, y no les impidáis que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos” (Mt 19, 14; cfr. Lc 18, 15-16); “El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí” (Mc 9, 37); “Os aseguro que si no cambiáis o no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 18, 3); “Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos” (Mt 18, 4); “si alguien escandaliza a uno de estos pequeños que creen en mí, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo hundieran en el fondo del mar” (Mt 18, 6); “Cuidaos de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque os aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial” (Mt 18, 10).

Además de eso, afirman (1) que la gracia de Dios está disponible a todos y  (2) que Dios no nos pide hacer imposibles:

(Dios no ató su poder a los sacramentos, y por eso puede conferir el efecto de los sacramentos sin los sacramentos)[109]. Dios puede por tanto dar la gracia del Bautismo sin que el sacramento sea administrado, un hecho que debería ser especialmente recordado cuando la administración del Bautismo fuera imposible (La esperanza de la salvación para los niños que mueren sin Bautismo”, n. 82)

Obviamente, esto no hace que el aborto esté bien. El aborto nunca es un derecho o un bien, sino que revela la increíble misericordia de un Dios que ha muerto por nosotros, un Dios que nos permite reclamar lo que está perdido por el pecado, a la luz de Su perdón y Su misericordia.

Los niños que sufren cuando mueren pueden ser asimilados a Cristo sufriente, y cuando mueren de muerte violenta se puede decir que han sido bautizados con su propia sangre.

“El Bautismo para la salvación puede ser recibido in re o in voto” (n. 94). Cuando el sacramento del Bautismo es conferido a un niño, “la Iglesia profesa su fe e intercede con poder por el niño, realizando ese acto de fe del que el niño es incapaz”; “si un niño no bautizado es incapaz de un votum baptismi, entonces en virtud de los mismos vínculos de comunión, la Iglesia puede quizás interceder por el niño y expresar en su nombre un votum baptismi eficaz ante Dios” (n. 98).

Creo que un día encontraré a mi hijo Joshua y a todos los demás niños a cuyos padres he tenido la bendición de conocer a través de este trabajo. Visto que somos abrazados por el amor  y la misericordia de Dios, creo que aprenderemos qué fundamentales han sido las oraciones y las intercesiones de nuestros hijos para unir las almas a Dios, un Dios que saca el bien de todas las cosas, incluso de los pecados más terribles, si se lo permitimos. Dios, cuyo deseo es reconciliarnos con Él, nos permitirá abrazar a nuestros hijos y vivir juntos por toda la eternidad alabándolo por Su misericordia.

Theresa Bonopartis es directora del programa de curación post-aborto Lumina y colabora en el desarrollo del modelo de ministerio post-aborto Entering Canaan.

 
Una carta abierta a Dios. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

Una carta abierta a Dios.

Autor: Omar A. Jiménez Castro.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Mi querido Padre: desde hace tiempo quería escribirte pero a veces se me hace difícil expresar con palabras aunque sé que conoces lo que voy a decir antes que hable, no es de menos, sabes lo que sientes mi corazón. No sé desde cuando nos conocemos, porque desde antes que naciera ya me conocías, pero yo tardé un poco para saber de Tí y cuando lo hice Tú habías decidido amarme y yo  amarte con locura desde aquel momento.

Nos habremos encontrado en más de una ocasión. Perdón, aclaro, me has encontrado en más de una ocasión porque sé que tú vas primero a mi encuentro.

No tengo recuerdo cuando fue mi primer encuentro contigo, Pero debió de ser de algunos de esos encuentros en donde mis padres me enseñaban que había alguien superior y te llamabas Dios; Padre de todo ser humano. Luego ya con mayor edad te experimenté en esos momentos íntimos entre oración en donde tú te manifestaste en mi vida.

Descubrí que estás siempre a mi lado. Para luego encontrarte contigo y descubrir que a veces siento que no estás a mi lado. como yo humanamente quisiera, pero si estás a mi lado.
Luego supe que seguirte no es para sentirte sino el saber aunque no te sienta y eso se logra con la fe.

Con el pasar de los años, mi Padre, te puse a prueba cuando te dije que fueras mi padre mientras mi padre humano no estaba. Te puedo decir que lo lograste a cabildada (en abundancia) y de muy buena manera.

Me enseñaron mi PADRE, a verte en un crucifijo colgado que era el reflejo de cuánto me amas.
Aunque después en mi caminar contigo descubrí que era el reflejo de mi vida. Debía de morir para que tu vivieras en cuando tu vivieras yo podría ser quien soy.

Crecí creyendo que tú castigabas a diestra y siniestra por mis grandes pecados. Luego me enseñaste en tu palabra que eres un PADRE de AMOR y que por más que peque y me arrepienta profundamente en el sacramento de la confesión, tú mi PADRE, me recibes de nuevo.

Crecí creyendo que tú nunca me buscabas y que sencillamente yo te tenía que buscar.
Yo puedo decir mi PADRE que las veces que he tenido una experiencia intima contigo no he sido yo el que te ha buscado sino tú viniste a mi encuentro.

Para serte sincero nunca he podido entenderte. Te soy sincero mi PADRE, porque cuando situaciones en las que he vivido han sido muy duras yo hubiera querido que nunca pasaran pero la permitiste para luego con el pasar del tiempo me diera cuenta por qué sucedieron, me diste la oportunidad de un aprendizaje y vaya qué importante fue.

Me dejaste que cayera al suelo de mi realidad para dejarme saber el orgullo insano que tengo dentro de mí que no me permite ver abajo. Lo que soy, lo débil que soy y cuanto necesito de ti.

Me dejaste caer en la pobreza para sentir lo que se sufre cuando falta lo necesario para comer y sentir así como sufren mis hermanos cuando no hay un plato de comida en su mesa. Y ser agradecido y bendecir siempre los alimentos.

Y con esas experiencias me hiciste grande, fuerte, creyendo cada vez más en vos, al punto que me elegiste para una Misión evangélica de llevar tu Palabra al mundo en especial a los jóvenes a través de la Internet. Sabes de las dificultades que surgieron y como Tú con tu Divina Providencia, tuviste la oportuna intervención para superar esas dificultades.

Tú sabes que te amo mucho. A veces amo otras personas o cosas más que a ti, pero tú sabes mi PADRE, que si quito todo eso te amo más a ti que a todo lo demás.

Soy consciente que no te puedo amar con la misma intensidad que me amas, pero mi Dios no dejes de hacerme sentir esa locura de amor que para mi vida es aliento a mi alma.

Para terminar mi PADRE, es que lo que soy es porque tú eres. Y si existo es por ti.

Y de esta reflexión que he puesto en palabras para difundir tu amor, es sólo para darte las más profundas, GRACIAS.

Aclaración al lector: Esta carta la escribí y tiene con ver con mi experiencia con Dios. A veces nos pasa que nos cuesta expresar todo lo que siente nuestro corazón con la gente cercana y se nos hace más difícil con Dios nuestro PADRE. Al leer este escrito de mi propia vida, te invito a expresarte con tu PADRE por medio de la oración ya sea escrita o espontánea, que salga del corazón.  Él te espera allí, en tu corazón.

 

 

 
<< Inicio < Prev 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Próximo > Fin >>

Página 5 de 25

Busca un tema de tu interes:

Encuesta

Te gusta el nuevo site