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Temas actuales.
Cuando las almas del Purgatorio vuelven de entre los muertos. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

Cuando las almas del Purgatorio vuelven de entre los muertos.

Autor: Susan Wills.
Fuente:

Sí, a veces lo hacen. ¿Deberíamos estar aterrorizados o agradecidos?

A día de hoy no oímos hablar mucho del Purgatorio, y es una pena porque la mayor parte de nosotros tendrá mucha suerte si va allí en lugar de acabar directamente en el Infierno. Y en el caso de que alguno se lamente del hecho de que Dios es malo o moralista porque manda a la gente al Infierno, debería recordar que depende completamente de nosotros, habiendo usado el don del libre albedrío para decir a Dios “No”.

¡Qué (terrible pero maravilloso) don sería si una noche nos despertara la presencia de un familiar o un amigo difunto que nos pide oraciones y sacrificios, y celebrar misas para salir del Purgatorio! Y sobre todo si ese alma sufriente dejara un signo permanente de manera que  – a la luz del día y para siempre desde ese momento – pudiéramos saber que esta visita no fue una pesadilla provocada por el vino o por comer algo extraño en la cena.

En la parábola de Jesús del hombre rico y de Lázaro (Lc 16:19-31), el rico epulón desde el Infierno reza al padre Abraham para que envíe “a alguien entre los muertos” para decir a sus hermanos que se arrepientan. Abraham replica: “Si no escuchan a Moisés y los Profetas, tampoco harán caso de uno que resucite de entre los muertos”. La referencia, obviamente, era a la resurrección de Jesús, pero en su gran misericordia, el Señor ha mandado a muchos emisarios de entre los muertos a los vivos, y estos han dejado numerosas pruebas detrás.

Por “pruebas” no me refiero a los testimonios escritos de santos sobre el Purgatorio o el Infierno – de santos Margarita María Alacoque, Gertrudis, Brígida de Suecia, Juan María Vianney, María Faustina, Catalina de Siena, Catalina de Génova y otros, y de videntes como los niños de Fátima o Kibeho, Medjugorje o Garabandal. Las pruebas concretas reales están recogidas en una pequeña habitación fuera de la sacristía de una iglesia de Roma, el Sacro Cuore di Gesù in Prati (llamada también Sacro Cuore del Suffragio). Esta iglesia neogótica, terminada en 1917, está en las orillas del Tíber, a diez minutos de la plaza de San Pedro. Es única porque es la única iglesia de estilo gótico de Roma y porque acoge el Pequeño Museo del Purgatorio.

La misión de la Orden del Sagrado Corazón, fundada en 1854 en Francia, era rezar y ofrecer misas por el descanso de las almas del Purgatorio. Su capilla en Roma, dedicada a Nuestra Señora del Rosario, fue destruida por un incendio el 15 de septiembre de 1897. Después del incendio, el sacerdote al que se había confiado la capilla, padre Victor Jouët, se quedó sin palabras viendo la imagen de un rostro sufriente de la que parecía un alma del Purgatorio en uno de los muros quemados. Pío X le permitió viajar por toda Europa recogiendo reliquias que atestiguaran las visitas de las almas del Purgatorio.

Una reliquia en el museo muestra una sección de madera de un escritorio perteneciente a la venerable madre Isabella Fornari, abadesa del Monasterio de las Clarisas Pobres de San Francisco en Todi. Madre Isabella fue visitada por el abad precedente, el difunto padre Panzini, de la orden de los Benedictinos Olivetanos en Mantua el 1 de noviembre de 1731. Para mostrarle que estaba sufriendo en el Purgatorio, el abad puso la mano izquierda “llameante” en el escritorio, dejando una huella quemada, y grabó una cruz sobre la madera con su índice ardiente. Posó también la mano sobre la manda del hábito de la abadesa, quemando el tejido y llegando hasta el brazo hasta el punto de hacerlo sangrar. La abadesa refirió lo sucedido a su confesor, el sacerdote de la Santa Cruz Isidoro Gazata, quien le pidió que cortara las partes del hábito y donara el pequeño escritorio. Quedó claro que todo tenía origen sobrenatural.

En 1815 Marguerite Demmerlé, que vivía en la diócesis francesa de Metz, fue visitada por un alma que se identificó como su suegra, muerta de parto treinta años antes, y le pidió que fuera en peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Mariental y que celebrara dos misas por ella. Marguerite le pidió un signo, y el alma puso su mano en el libro que Marguerite estaba leyendo - “La imitación de Cristo” -, dejando la huella en la página abierta. La suegra volvió a aparecerse después de la peregrinación y de las misas para darle las gracias y decirle que había sido liberada del Purgatorio.

En 1875 Luisa Le Sénèchal, muerta dos años antes, se apareció a su marido Luis en su casa de Ducey, en Francia. Pidiendo sus oraciones, dejó signos quemados de sus cinco dedos sobre el gorro de dormir como prueba concreta para su hija de la petición de decir misas por el descanso de su alma.

En el Pequeño Museo del Purgatorio se pueden ver una docena de objetos de este tipo.

Estos ejemplos no tienen intención de aterrorizar, y se pueden encontrar muchos más en los libros escritos por el jesuita francés del siglo XIX, padre F.X. Schouppe, por ejemplo en “Purgatorio explicado”. El jesuita escribía:

Dándonos una advertencia de este tipo, Dios nos muestra una gran misericordia. Nos exhorta del modo más eficaz a asistir a las pobres almas sufrientes y a estar atentos en lo que respecta a nosotros.

Aunque la Iglesia no afirma conocer la naturaleza del sufrimiento de las almas del Purgatorio, los comentarios del papa emérito Benedicto XVI y los escritos de Santa Catalina de Génova (1447-1510), sobre todo su “Tratado del Purgatorio”, son instructivos. La Santa describió el Purgatorio no como un lugar envuelto en llamas, sino más bien como un estado en el que las almas experimentan el tormento de las llamas interiores reconociendo su pecaminosidad frente a la perfección de la santidad de Dios y a Su amor por ellos.

 
La última lección de Benedicto XVI. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

La última lección de Benedicto XVI.

Autor: Luis-Fernando Valdés López.
Fuente: www.columnafeyrazon.blogspot.com

Ya son dos años que Benedicto XVI salió de la escena pública de la Iglesia católica. Desde entonces han sido pocas sus apariciones, pero su retiro ha hecho brillar más que nunca sus enseñanzas. ¿Cuáles son las más recientes lecciones de Joseph Ratzinger?

El entonces joven profesor Ratzinger. Jubilado,
el Papa emérito nos da sus mejores lecciones.
La vida de Joseph Ratzinger ha sido apasionante. De la mano de su vocación al sacerdocio y a la docencia de la Teología, el hoy Papa emérito ha sido protagonista de los sucesos recientes más importantes de la vida de la Iglesia: el Concilio Vaticano II, el pontificado de Juan Pablo II y luego su elección y renuncia como Papa.

A dos años de su retiro, resulta más fácil comprender que las mejores enseñanzas del Papa emérito no están plasmadas en sus centenares de artículos y decenas de libros, ni tampoco en sus magníficas homilías y catequesis, sino en su propia vida.

El prestigio intelectual del Pontífice emérito ha sido reconocido desde que él era un joven profesor universitario. Y de igual manera, ya desde sus tiempos de colaborador de Juan Pablo II tenía fama de ser un hombre sabio, es decir, lleno de conocimientos que sirven para guiar la propia vida. Pero ahora es su existencia misma la que brilla.

Centremos la atención en el episodio de su renuncia al Pontificado romano, porque ahí se muestra nítidamente una gran lección para la vida, llena de sabiduría, que sólo puede enseñar una persona humilde, convencida de que lo mejor para ella es aceptar la verdad de sus límites.

Aquel 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI anunció su renuncia y explicó que lo hacía “siendo conocedor de la gravedad de este acto, pero también sabiendo que no estoy preparado para desempeñar el ministerio petrino con la fuerza que este requiere.” [Noticia y video]

En otras palabras, el Papa alemán reconocía así que su incapacidad para atender la problemática eclesial. Y es admirable que dio prioridad al bien de toda la Iglesia que a su prestigio personal.

Esta decisión no era nada fácil, puesto que su predecesor, san Juan Pablo II, expresamente decidió no renunciar, sino permanecer hasta el final; además, habían pasado siete siglos desde el último Pontífice que había renunciado. Pero desafío a la historia para beneficiar a la Iglesia.

Junto con su renuncia al cargo máximo de la Iglesia católica, Benedicto XVI expresamente anunció su retiro de toda actividad pública, para no causar ni confusión ni división en la Iglesia. Y afirmó que su actual misión es apoyar al Papa Francisco: “Hoy veo como mi única y última tarea sostener su Pontificado en la oración”. [Ver]

Ha sido el Papa Francisco, quien lo ha puesto de nuevo ante los reflectores, pues lo ha invitado a diversas ceremonias, para significar la unidad. Además, el Pontífice argentino ha dicho que es estupendo que Benedicto viva en el Vaticano, porque “es como tener un abuelo sabio en casa”. [Ver]

Desde hace un par de años, el Papa emérito no es noticia… ¡y ésa es la gran noticia! Benedicto nos enseña así cómo llevar sabiamente el final de una vida intensa. El Profesor Ratzinger nos da la última gran lección: entender cuándo acaban nuestras fuerzas y cuándo debemos dar paso a quien nos relevará. Esto es un gran legado para nuestra cultura, plagada por la ambición de poder.

Como dijimos en su momento, Benedicto posiblemente pasará a la historia como el “Papa sabio” que supo entender que la Iglesia de hoy necesita un Pontífice con salud física –y no sólo espiritual–; y también como un Papa que, por amor a su grey, no permitió que su vejez perjudicara la dirección del Pueblo de Dios.

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¿Papa Francisco versus familias numerosas? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

¿Papa Francisco versus familias numerosas?

Autor: Andrés Beltramo Álvarez (Italia)
Fuente: periodismocatolico.com

Recuerdo una anécdota. Bueno, más de una. Pero una viene al caso con respecto a un debate de estas últimas horas. ¿El protagonista? Benedicto XVI. ¿El momento? Su viaje papal a Brasil, en mayo de 2007. ¿Las circunstancias? Debate intenso en México por la aprobación de la primera ley del aborto en la capital del país y una advertencia en la revista de la arquidiócesis de ese lugar con “graves sanciones canónicas” a los políticos que votaron esa normativa. ¿El caso? Una pregunta con doble intención realizada por un periodista y el pontífice que cayó en la trampa. ¿El resultado? La prensa tuvo su titular: “El Papa excomulgó a los políticos que aprobaron el aborto”. Una noticia que en realidad nunca existió, porque Ratzinger nunca declaró la excomunión de nadie. Aunque la polémica posterior, esa sí fue muy verdadera.

¿Por qué sacar a colación ahora aquel episodio? Por dos razones. Una: Para recordar que la prensa tiene mecanismos propios, falibles y fácilmente sujetos a la distorsión. Dos: Para no olvidar la importancia de comprender, en su totalidad y sin retaceos, el sentido último de ciertas afirmaciones. Máxime si estas son pronunciadas por el vicario de Cristo.

Ya lo escribí en otras ocasiones: El Papa es uno de los personajes sobre la tierra cuyas palabras están más sujetas a la instrumentalización. Sin importar quien ocupe el puesto. Ocurrió con Benedicto XVI, en el ejemplo citado y muchos otros. Pasó con Juan Pablo II en diversas ocasiones. También antes. No debería ser una sorpresa, entonces, que suceda con Francisco. Ahora bien, con este último ocurre un fenómeno sugestivo e inquietante a la vez. Él habla con libertad personal y franqueza, sin filtros ni censuras mentales. Lo hace muy a menudo. La medida de sus intervenciones es directamente proporcional a la cantidad de sus reuniones, públicas y privadas. Como es un pontífice activo y dinámico, sus encuentros cotidianos son francamente numerosos.

A final de cuentas, y él mismo lo ha dicho, conduce su vida como una persona normal, dentro de la normalidad que un pontificado puede permitir. Si advierte una necesidad, habla. Si le piden su opinión, responde. Si lo van a visitar, dedica unas palabras. Esa vocación de normalidad me parece estimulante, pero comporta un hecho objetivo: Ninguna de sus declaraciones y ninguno de sus gestos puede ser sometido a un control previo. Como ocurre en cualquier persona normal. Nadie espera que todas y cada una de las cosas que surjan de la boca de un Papa sean magisterio de la Iglesia. Ni que a cada momento, en cada instante, el pontífice vaya confirmando en la fe con sus frases y sus silencio.

Puede gustarnos o no, pero a estas alturas del pontificado resulta claro que Francisco es un Papa “ocurrente”. Tiene una chispa especial. No rehuye a hacer chistes y comentarios que pueden dejar atónitos a los interlocutores. Lo digo por experiencia personal. Insisto: Esto puede gustar o no. No pocos se sienten incómodos con su forma de ser, algunos directamente se manifiestan disgustados. Un disgusto que pronto (e injustificadamente) se ha convertido en desconfianza y también en preocupación, cuando no en crítica abierta.

Pero a veces esa desconfianza parte de lecturas parciales o directamente distorsionadas de lo que dice el Papa. Como ocurrió con el ejemplo del “puñetazo”, la madre y el tema de la libertad de expresión. Ahora el episodio parece repetirse, con un pasaje de la conversación con los periodistas que sostuvo Francisco en su viaje de Filipinas a Roma, ayer lunes. Él habló 56 minutos, sobre numerosos temas. Como siempre recomendamos leer todas sus respuestas (aquí).

El comentario en cuestión se refiere a la paternidad responsable y a los hijos en una familia católica. Aquí abajo comparto tanto la pregunta como la respuesta. Me remito sólo a un par de anotaciones al margen. Primero: Por cómo algunos medios manejaron la noticia y por la reacción de diversos fieles, quedó flotando la idea de una crítica, casi una burla, del Papa a las familias numerosas. Pero si se lee la declaración completa, resulta evidente que no es así.

Encontré al menos un diario italiano que tituló: “La familia según Francisco, tres hijos por pareja”. Como si el pontífice hubiese prescrito a los católicos no procrear más de esa cantidad de bebés, cuando en realidad dijo exactamente lo contrario. Ante una pregunta con trampa, que intentaba clasificar a los hijos como la causa de la pobreza en las familias, respondió constatando lo obvio: que la población crece sólo a partir del tercer hijo, porque tener dos equivale a un crecimiento cero, fenómeno que tiene efectos negativos sobre la sustentabilidad de la economía a largo plazo.

Segundo apunte: La frase de la polémica. “Existe quien cree que para ser buenos católicos debemos ser como conejos, ¿no?”. Personalmente creo la frase utilizada fue poco feliz, ciertamente desafortunada, producto del diálogo de corrido. Pero en el contexto no me parece ni un insulto, ni una crítica a las familias numerosas, ni un menosprecio hacia los hijos. En todo caso fue una crítica a quienes vínculan, casi obligatoria y hasta ideológicamente, la “calidad” del propio catolicismo a la cantidad de pequeños que integran sus respectivas familias. Conozco más de uno de ellos. E incluso algún venerando movimiento de la Iglesia que incurre en este error.

No obstante, en la misma entrevista (que, repito, es mejor leer completa) el Papa alabó a su predecesor, Pablo VI, y su encíclica “Humanae Vitae”, que suscribió la negativa de la Iglesia a los métodos anticonceptivos artificales. Y fue muy claro al recordar que Montini redactó ese texto, sobre todo, para oponerse a la mentalidad “neo-malthusiana”. Es decir, a una corriente social que pretendía, desde el poder, reducir la población a través del drástico descenso en el número de nuevos nacimientos. Mentalidad que, evidentemente Bergoglio no apoya, más bien todo lo contrario. Baste sólo recordar la reciente audiencia que brindó cientos de familias numerosas de Italia y de Europa.

¿A qué vino, entonces, la reprensión de Francisco a una mujer que iba por su octavo embarazo luego de siete cesáreas? Queda claro que no intentaba ridiculizar a quienes tienen muhos hijos. El centro de su reto no fueron los pequeños, ni la familia, sino los riesgos (concretos) que pueden conllevar los embarazos sucesivos. Y la obligación para los esposos, también, de ejercer una paternidad responsable en esos casos extremos. A veces, por paradójico que pueda resultar, se llega a ejercer la parternidad responsable no teniendo hijos. Por eso el Papa recomendó directamente a cada pareja encontrar el camino consultando con el propio pastor.

El tema es delicado, porque se trata de lo más sagrado que el ser humano puede tener: la familia. Quien quiera puede sentirse molesto con la frase de los conejos, incluso después de haber leído completas las declaraciones de Francisco. Está en todo su derecho. Pero tampoco me parece lícito estar a la caza de cada dicho del pontífice para alimentar la desconfianza mencionada arriba. Desconfianza que, en realidad, puede esconder un insano deseo por tomar cotidiana distancia del vicario de Cristo.

A BORDO DEL AVION PAPAL

La apertura a la vida es condición para el sacramento del matrimonio. Pablo VI estudió esto: cómo hacer para ayudar, muchos casos, muchos problemas… muchos problemas que tocan el amor de la familia. Pero había algo más, el rechazo de Pablo VI (en la encíclica ‘Humanae vitae’, que decía no a la anticoncepción, ndr) no se relacionaba solo con casos personales: les dijo a los confesores que fueran comprensivos y misericordiosos. Él veía el neo-malthusianismo  universal que buscaba un control de los nacimientos por parte de las potencias: menos del uno por ciento de los nacimientos en Italia, lo mismo en España. Esto no significa que el cristiano deba tener hijos en serie. Regañé a una mujer que se encontraba en el octavo embarazo y había tenido siete cesáreas: ‘¿Quiere dejar huérfanos a sus hijos? No hay que tentar a Dios…’ Pero, quería decir que Pablo VI era un profeta.

Usted ha hablado de tantos niños y de su alegría, pero según los sondeos la mayoría de los filipinos piensa que el crecimiento enorme de la población sea una de las razones de la pobreza en el país. Normalmente una mujer da a la luz más de tres hijos. La posición de la Iglesia sobre la anticoncepción es una de las cosas con las cuales mucha gente no está de acuerdo con la Iglesia.

Yo creo que el número de tres hijos por familia que usted menciona, según lo que dicen los técnicos, es el número importante para mantener la población. Cuando baja por debajo de este límite, ocurre el otro extremo, lo que ocurre en Itala donde en el 2024 -he escuchado, no se si es verdad- no habrá dinero para pagar a los pensionados… La palabra clave para responder, que usa la Iglesia y que uso también yo, es la de paternidad responsable y cada persona, en el diálogo con su pastor, busca cómo hacer esta paternidad. El ejemplo que he mencionado hace un momento de esa mujer que esperaba el octavo hijo y tenía siete nacidos por cesárea, esta es una irresponsabilidad: “No, pero yo confío en Dios…”, decía. Si, Dios te da los medios, pero perdóname eh, existe quien cree que para ser buenos católicos debemos ser como conejos, ¿no? Paternidad responsable: por esto en la Iglesia existen grupos matrimoniales, los expertos en estas cuestiones y existen los pastores, y yo conozco tantas y tantas vías de salida lícitas, que han ayudado para esto. Y otra cosa: para la gente pobre un hijo es un tesoro, es verdad que se debe ser también prudentes, pero el hijo es un tesoro. Paternidad responsable pero también mirar con generosidad a aquel papá o a aquella mamá que ve en el hijo o en la hija un tesoro.

http://archivo.e-consulta.com/blogs/sacroyprofano/

 
Charlie Hebdo o la gloria del vacío. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Temas actuales.

Charlie Hebdo o la gloria del vacío.

Autor: Francisco Septién Urquiza (México).
Fuente: periodismocastolico.com

Hace una semana poca gente fuera de Francia sabía de la existencia del semanario francés Charlie Hebdo, a pesar de ser un medio polémico que ya había sufrido un atentado terrorista. Hoy, millones de personas alrededor del mundo se han sumado a la campaña Je suis Charlie; campaña ambigua, como lo son todas las campañas donde se conoce la forma y desconoce el fondo. Hace una semana este periódico vendía, con dificultad, menos de treinta mil ejemplares. Hoy, el tiraje es de tres millones de ejemplares: ¡cien veces más que la semana anterior! Nada nuevo, una muestra más del poder de la masa para imponer tendencias vacías.

Los actores de Hollywood, los políticos, los escritores, los intelectuales, los periodistas, los deportistas: “Todos son Charlie”, todos quieren demostrar que tienen un corazón que se duele ante la desgracia humana; todos quieren ser noticia. Una vez más nada nuevo, una muestra más de que las tragedias son utilizadas para impulsar intereses particulares.

Una marcha histórica en Paris reunió a más de cuarenta Jefes de Estado y de Gobierno, acompañados por casi dos millones de personas, para repudiar el homicidio de 17 personas —entre ellos ocho “periodistas”— a manos de terroristas. Las primeras planas, de los periódicos de todo el mundo, dieron una amplia cobertura a la noticia. Mientras tanto, en Nigeria, murieron, a manos también de terroristas, 2,000 civiles el pasado fin de semana. Ningún Jefe de Estado o de Gobierno acudió a manifestarse en contra de esta masacre y la cobertura de los medios ha sido más bien testimonial —con honorables excepciones—. Tampoco es algo nuevo, la vida de un rico vale más que la de un pobre.

En la superficie, los fenómenos descritos repiten patrones de egoísmo milenarios, en el fondo la cosa se oscurece más de lo habitual. El homicidio siempre es un acto negativo en sí mismo, sin justificación alguna. Sin embargo, un homicidio por sí mismo no debe enaltecer los actos de su víctima. Decir Je suis Charlie, llevado a su verdadero significado, es decir: soy una persona que disfruta ridiculizando lo más sagrado de mis semejantes, para demostrarles su inferioridad mental; por esto quiero sacrificar mi vida y ser un héroe. Esto sí es algo nuevo. Anteriormente solo los enfermos mentales —como el personaje de los “Demonios” de Dostoievsky, Alexei Nilych Kirillov— estaban dispuestos a sacrificar su vida por enaltecer la nada.

Las palabras que Bernard Holtrop —uno de los caricaturistas del semanario— dijo en alusión a las declaraciones de repudio por los atentados, son la síntesis perfecta de este nuevo fenómeno: “Tenemos muchos nuevos amigos: el Papa, la reina Isabel II… [Nosotros] vomitamos sobre toda esta gente que ahora dice que son nuestros amigos”. ¿Es posible ser más ingrato e inhumano ante la muestra de apoyo, en una tragedia en la que acaban de morir tus amigos? ¿Es posible llevar el absurdo y la humillación hasta el extremo de menospreciar a tus semejantes, ante los ojos de la desgracia?

La libertad de expresión es un pilar fundamental de la democracia y de los derechos fundamentales. La censura es un acto siempre negativo. De esto no hay duda. Lo delicado es que la cultura es la responsable de generar la expresión. Sin cultura, la libertad de expresión se desvincula de su esencia. Je suis Charlie es una muestra de la complejidad existencial que vive el mundo, que carga de significado el derecho a blasfemar y desprestigia la virtud de pensar.

(Desde Madrid)

 
¿PARA QUÉ ORO? ¡Dios nunca me hace caso cuando rezo PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Temas actuales.

 

¿PARA QUÉ ORO? ¡Dios nunca me hace caso cuando rezo!

Autor: Diana R. García B.
Fuente: elobservadorenlinea.com

Consideraciones para alcanzar la oración que sí funciona.

«Oren en todo tiempo... Perseveren en sus oraciones sin desanimarse nunca» (Ef 6, 18)

«No tengo ganas de orar, ¿para qué hacerlo si a mí Dios no me escucha nunca?»; «Dicen que Dios sí me oye, pero de nada me sirve porque igual no atiende a mis súplicas»; «Yo, cuando rezo, sólo pido cosas buenas, cosas que no van en contra de la voluntad de Dios; ¿entonces por qué a otros sí les hace caso y a mí no?»; «Dicen que Dios me ama; si es así, ¿por qué dejó que se muriera mi papá después de tanto que rezamos para que se curara?».

¿Todo cuanto pidan en la oración...?

Expresiones como las anteriores todos las hemos escuchado; incluso alguna vez nosotros mismos, cristianos, las hemos esgrimido en momentos de desaliento. Y es que no hay nada más doloroso que descubrir la —aparente— ineficacia de la oración, que choca tan abiertamente con lo prometido por Dios mismo en las Sagradas Escrituras. San Alfonso María de Ligorio da un rápido resumen de dichas promesas bíblicas en su libro El gran medio de la oración:

«Invócame en el día de la tribulación... Llámame y Yo te libraré... Llámame y Yo te oiré ... Pedid y se os dará... Buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá.. Cosas buenas dará mi Padre que está en los cielos a aquel que se las pida... Todo aquel que pide, recibe... Lo que queráis, pedidlo, y se os dará. Todo cuanto pidieren, lo hará mi Padre por ellos. Todo cuanto pidáis en la oración, creed que lo recibiréis y se hará sin falta. Si alguno pidiereis en mi nombre, os lo concederá».

La teoría del instructivo incompleto

Y aquí empieza uno a hacer interpretaciones para salvar su fe: «Seguramente Jesucristo quiso decir otra cosa y los apóstoles lo malentendieron»; «como los evangelistas sólo pusieron por escrito una pequeña parte de la enseñanza de Cristo [cfr. Jn 21, 25], tal vez no anotaron todo lo que el Señor les enseñó acerca de la oración, y por eso ésta casi nunca nos funciona, porque no nos llegaron las instrucciones completas». Conclusiones así nos ayudan a no arrojar la toalla, a no condenar a Dios, a seguir creyendo o a intentar seguir creyendo.

Pero, por desgracia, el sentimiento de fracaso, la sensación de haber sido burlados por las sentencias bíblicas, puede llevar —y de hecho ha llevado a muchos en todas las épocas— a la abierta enemistad con el Altísimo, o a dudar seriamente de su existencia.

La teoría del Dios ficticio

Escribe el ingeniero Alfonso Aguiló en su libro ¿Es razonable ser creyente? (Ediciones Palabra) este ejemplo de una mujer decepcionada:

«Me siento engañada. Me habían dicho que Dios era bueno y protegía y amaba a los buenos, que la oración era omnipotente, que Dios concedía todo lo que se le pedía... Empiezo a pensar que detrás de ese nombre, Dios, no hay nada. Que es todo una gigantesca fábula. Que me han engañado como a una tonta desde que nací».

Y volvemos a lo mismo: si se supone que Dios es no sólamente todopoderoso, sino que nos ama tanto como verdadero Padre, ¿cómo es que no atiende las súplicas de sus hijos? Es más, ¿quién fue el... sinvergüenza al que se le ocurrió escribir en la Biblia, como salidas de la boca de Jesús, las siguientes palabras?: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca halla, y al que llama se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!» (Mt 7, 7-11). Como la fórmula bíblica no funciona, luego entonces Dios es sólo una ilusión.

La teoría del Dios a mi servicio

El mismo Alfonso Aguiló hace notar de inmediato, tras el ejemplo de la frustrada mujer, que la actitud con la que muchos suelen recurrir a la oración es la más inapropiada, comenzando por el hecho de que nunca o casi nunca rezan sino cuando tienen una necesidad, «y si no reciben rápidamente un consuelo a su medida, tacharán a Dios de ser sordo a sus peticiones. ‘Son ese tipo de personas —decía Martín Descalzo— que tienen a Dios como un aviador su paracaídas: para los casos de emergencia, pero esperando no tener que usarlo jamás’». Ésta sería, pues, una lamentable pero muy común visión utilitarista de Dios, es decir: Dios debe estar a mi servicio y no yo al servicio de Él; Dios es bueno si hace lo que le pido; Dios no me ama o no existe si no me cumple aquello por lo que le recé.

Pedir no es malo

Lo anterior no significa que orar para pedir sea malo, pero sí es una llamada de atención en el sentido de que orar es mucho más que sólo estar solicitando favores.

El Catecismo de la Iglesia Católica hace notar que ciertamente la petición es la forma de oración «más habitual, por ser la más espontánea» (n. 2629). Pero también recuerda que hay muchos otros modos de orar; por ejemplo, la oración de acción de gracias, con la que se reconoce que todo bien recibido es obra de la mano de Dios; la oración de alabanza, en la que se le da gloria Dios no por lo que hace sino por lo que es, y la oración de adoración, en la que, al reconocer que Dios es Dios, se ejerce una sumisión voluntaria a Él.

Obviamente, Dios quiere que le pidamos. Por eso, cuando los discípulos le suplicaron: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11, 1), Jesús les enseñó el Padrenuestro, una oración compuesta por un saludo y siete peticiones (Mt 6, 9-13).

Pedirle a Dios es un modo de glorificarlo pues así se reconoce que es el verdadero y único Señor de la historia, capaz de cambiar los acontecimientos y hasta de pasar por alto las leyes de la naturaleza. De igual modo, la oración de petición puede constituir un acto de humildad, pues hace evidente que el que reza no es autosuficiente sino una siemple criatura, necesitada de la bondad divina.

La promesa de ser escuchados es para todos

Como explica el mismo Catecismo en su número 2565, «la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo». Visto así, quien se acuerda de Dios sólo cuando tiene una necesidad, obviamente no es una persona que mantiene con una relación correcta con el Señor.

Sin embargo, aun cuando alguien no se acuerde nunca de hablar con Dios sino cuando tiene una súplica que hacerle, esta oración tiene su importancia en el sentido de que «la petición ya es un retorno hacia Él» (CIC, n. 2629).

Más aún, la promesa de que «todo el que pide recibe; el que busca halla, y al que llama se le abrirá» (Mt 7, 8) la hizo Cristo sin excluir a nadie, porque en Dios no hay exclusión de personas. Todo el que pide con fe recibe, no importa si no es cristiano, si es un protestante o si es un católico muy pecador.

Hay a quienes el sentimiento de indignidad les impide acercarse a la oración. Jesucristo habló de esto a sor Josefa Menéndez , religiosa española de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, a quien el Señor le concedió revelaciones privadas desde 1921 hasta su muerte, en 1923. El Señor le dijo: «Estas almas no me conocen; no han comprendido lo que es mi divino Corazón…porque precisamente sus miserias y sus faltas son las que inclinan hacia ellas mi Bondad. Si reconocen su impotencia y debilidad, si se humillan y vienen a Mí llenas de confianza, me glorifican mucho más que antes de haber caído».

Los pecadores también deben orar

Escribre san Alfonso María de Ligorio en su tratado El gran medio de la oración:

«No faltará alguno que dirá por ventura: soy pecador y por tanto no puedo rezar, porque leí en las Sagradas Escrituras: ‘Dios no oye a los pecadores’. Mas nos ataja santo Tomás de Aquino.... [diciendo] que eso sólo se puede decir del pecador, en cuanto es pecador, esto es, cuando pide al Señor medios para seguir pecando, como si se pidiese al Cielo ayuda para vengarse de su enemigo o para llevar adelante alguna mala intención. Y otro tanto puede decirse del pecador que pide al Señor la gracia de la salvación sin deseo de salir del estado de pecado en que se encuentra».

En tales casos, «sus oraciones no pueden ser oídas de Dios, porque son temerarias y abominables. ¿Qué mayor temeridad la de un vasallo que se atreve a pedir una gracia a su rey, a quien no tan sólo ofendió mil veces, sino que está resuelto a seguir ofendiéndole en lo venidero? Así entenderemos por qué razón el Espíritu Santo llama detestable y odiosa la oración de aquel que por una parte reza a Dios y por otra parte cierra los oídos para no oír y obedecer la voz del mismo Dios. Lo leemos en el Libro Sagrado de los Proverbios: ‘Quien cierre sus oídos para no escuchar la ley, execrada será de Dios su oración’. A estos desatinados pecadores les dirige el Señor aquellas palabras del profeta Isaías: Por eso, ‘cuando levantareis las manos hacia Mí, Yo apartaré mi vista de vosotros, y cuantas más oraciones me hiciereis, tanto menos os escucharé’...

«Hay pecadores que han caído por fragilidad o por empuje de una fuerte pasión y son ellos los primeros en gemir... y en desear que llegue por fin la hora de romper aquellas cadenas y salir de tan mísera esclavitud. Piden ayuda al Señor, y si esta oración fuere constante, Dios ciertamente los oirá... Lo que la amistad no consigue, dice el Crisóstomo, obtiénese por la oración... San Agustín razona muy bien cuando dice que si Dios no oyera a los pecadores, inútil hubiera sido la oración de aquel humilde publicano que le decía: ‘Señor, tened piedad de mí, pobre pecador’. Sin embargo, expresamente nos dice el Evangelio que fue oída su oración y que ‘salió del templo justificado’.

«Mas ninguno estudió esta cuestión como el Doctor Angélico, y él no duda en afirmar que es oído el pecador, cuando reza; y trae la razón que, aunque su oración no sea meritoria, tiene la fuerza misteriosa de la impetración, ya que ésta no se apoya en la justicia, sino en la bondad de Dios».

Condiciones para que la oración sí «funcione»

Es, pues, un hecho indiscutible —que jamás debemos olvidar— que Dios siempre escucha. Es más, como dice el presbítero español Franciso Fernández Carvajal en su libro Hablar con Dios (Ediciones Palabra), «Jesús nos oye siempre, también cuando parece que calla. Quizá es entonces cuando más atentamente nos escucha; quiere que le pidamos confiadamente, sin desánimo, con fe».

Entonces —volvemos al principio—, ¿por qué no vemos resultados en la oración? ¿Por qué seguimos sintiéndonos frustrados a la hora de pedirle algo a Dios? ¿Por qué, por qué? Definitivamente porque fallamos en alguna de las cuatro grandes condiciones que el Señor nos ha enseñado como necesarias para que la oración «funcione»: tener fe al pedir, ser perseverantes en nuestro rezo, pedir cosas buenas y hacerlo con humildad. ¿Realmente las cumplimos cabalmente? ¿No será que nos rendimos fácilmente si no vemos resultados inmediatos? ¿Acaso confiamos al cien por ciento en que Dios nos va a atender? Y, de las cosas que pedimos, ¿no será que no son tan «buenas» como pretendemos o, mejor todavía, no será que Dios tiene pensado para nosotros algo aún mejor?

 
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