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Caminando con Jesús
El anonimato de Dios. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Caminando con Jesús

El anonimato de Dios.

Autor:
Luís Alemán
Fuente: feadulta.com/es/

Lo irritante, lo bello, lo agotador de Dios es su terco anonimato. Dios va siempre de incógnito. "A Dios nadie lo ha visto". (Jesús) Incluso cuando el astronauta salió de la atmósfera del planeta, volvió diciendo que no había visto a Dios.

En cambio -los que tenemos fe- vivimos soportando o gozando su presencia. Pero una presencia anónima. Tan anónima que resulta comprensible que muchos publiquen la posibilidad de que ese anonimato sea sinónimo de gran estafa. Tan anónimo es Dios que muchos no lo detectan, ni les interesa. A otros que, alguna vez creyeron en Él, su anonimato les llegó a cansar hasta el abandono.

A otros creyentes, la omnipresencia de Dios será anónima, pero palpable, sensible, vital, imprescindible. ¿Son los creyentes más listos? ¿Han estudiado más? No. Simplemente tienen fe. La fe es un ojo especial que ve una realidad. No crea una realidad. Quien tiene esa visión, debe alabar a Dios día y noche, debe cuidar con mimo, audacia y sin miedo esa luz de la fe. Porque podrían venir tiempos en los que las cataratas nublaran la pupila de su visión.

El anonimato es propio de Dios. Dios fue siempre de incógnito en la historia. Su presencia cuanto más real más oculta. "Resulta que Dios estaba aquí, y yo no me dí cuenta".(Jacob)

Ocurre que los que se arrogan su representación entre los hombres, caminan en dirección contraria. Buscan ser conocidos, reconocidos, descubiertos, respetados por la "marca" que representan.

Intuyo que a Dios le conviene más el anonimato. Prefiero un Dios de incógnito al que no se descubre ni entre los átomos ni entre las galaxias ni en los agujeros negros. Cada vez me gusta menos el Dios con trompetas y estandartes. Puede que a Dios le estorben hasta las catedrales, sus representantes y los hombres "vestidos" de Dios.

Nuestra fe dice que Dios se hizo presente. No en un Templo. No en un Sumo Pontífice. No en un monte. Se hizo presente "de incógnito" en la plenitud humana. Parece que Dios no busca ser adorado ni reconocido, sino vivificar, transformar y plenificar.

No es un problema actual. En el Antiguo Testamento conviven las dos corrientes. Hay devotos que desearían, al estilo de ben Laden, que Yahvé o Alá elimine a los impíos y ateos. Pero también hubo profetas que descubrieron que el templo de Yahvé es la justicia y el derecho.


Un devoto

Salmo 82 (83)

2 ¡Oh Dios, no estés en silencio,

no estés mudo e inmóvil, oh Dios!

3 Mira a tus enemigos alborotados,

los que te odian levantan la cabeza.

4 Urden intrigas contra tu pueblo,

conspiran contra tus protegidos;



14.Conviértelos, Dios mío, en hojarasca,

en paja que arrebata el vendaval.

15 Como fuego que abrasa la maleza,

como llama que devora montañas,

16 persíguelos así con tu tormenta,

llénalos de terror con tu huracán.

17 Cubre sus rostros de ignominia

para que busquen tu nombre, Yahvé.

18 ¡Avergonzados y aterrados para siempre,

queden confundidos y perezcan,

19 para que sepan que tu nombre es Yahvé,

Altísimo sobre toda la tierra!


 
El Padrenuestro: ¿hay que pedirle a Dios? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Caminando con Jesús

El Padrenuestro: ¿hay que pedirle a Dios?

Autor:
Enrique Martínez Lozano)
Fuente:

Podría decirse que, en gran medida, la oración se ha identificado habitualmente con la petición. Aunque las tradiciones religiosas hayan conocido otras formas –alabanza o gratitud-, en el imaginario colectivo, orar aparecía como sinónimo de pedir a Dios algún bien.

La oración de petición cuajó fácilmente desde la consciencia –en ocasiones, dramática- de la propia necesidad, y desde la proyección de la imagen de un Dios que aparecía –tampoco es casualidad- como "Padre Todopoderoso", en el que, finalmente, iban a encontrar respuesta cumplida los sueños infantiles de omnipotencia, que nos acompañan a los humanos desde la niñez.

Ese parecido con nuestros sueños infantiles debería habernos hecho sospechar de este tipo de oración, en el que inadvertidamente se podía fabricar un dios a nuestra medida..., convencidos de que fuera el Dios verdadero.

El resultado no podía ser otro que el que fue: la oración de petición se convertiría en una eficaz "fábrica de ateos". Y no solo porque, con mucha frecuencia, la petición quedara sin respuesta y el orante no entendiera su frustración, sino por la misma imagen de Dios que daba por supuesta.

En efecto, esa forma de oración "colaba", de un modo sutil, la idea de que Dios podría ser mejor de lo que es. ¿Por qué no lo era? Solo cabían dos razones: o no estaba enterado de la situación o tenía el corazón endurecido. Es decir, pareciera como si orante estuviera más informado o fuera más sensible a las necesidades humanas. En definitiva, era fácil terminar pensando que Dios no era mejor que nosotros.

Recuerdo aún con cierta pena el comentario de un niño a quien su mamá, desde el día mismo en que el gobierno norteamericano desató la guerra contra Irak, le dijo que cada noche pedirían a Dios para que concediera la paz a la zona. Tras algunas semanas, el niño me decía con tristeza: "Dios no debe ser muy bueno. Hace días que le pedimos la paz... y no la quiere dar".

Me parece claro que la oración de petición encierra tres intuiciones válidas: 1) la consciencia de la propia fragilidad, 2) la consciencia de que podemos "alcanzar" a los otros desde nuestro corazón, 3) la certeza de que el Fondo de lo real (Dios) es bondadoso.

Pero, aun siendo ciertas, habría que encontrar un modo de "traducirlas" a nuestro "idioma cultural" para evitar aquella deformación del rostro de Dios. Y eso no se soluciona aludiendo a la literalidad del texto que leemos hoy ("Jesús nos insta a pedir a Dios"), sino captando la sabiduría que ese texto contiene más allá del literalismo.

Desde una perspectiva no-dual, todo está en todo y, en su dimensión más profunda, todo está bien. Por eso Jesús habla con verdad: "Quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre". Eso ya es así. ¿Qué es lo que recibimos o hallamos?, ¿qué se nos abre? La Plenitud de lo que somos. Por eso también, la conclusión es tajante: "Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden".

Es muy significativo que, en el texto paralelo de Mateo (7,11), se diga: "Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan". La diferencia no es menor: la única "cosa buena" es el Espíritu. Y eso es algo que ya tenemos –más exactamente, somos- todos. Pedir cualquier otra cosa no es eficaz, porque no sirve sino para engordar el ego.
Ahora bien, cuando deseamos de corazón el Espíritu y estamos dispuestos a desapropiarnos del ego, caemos en la cuenta de que somos ya lo que nuestro corazón anhelaba. No hay ninguna distancia entre lo que somos y lo que anhelamos, excepto la ignorancia que nos impide verlo.

Y desde esa identidad profunda, la "intercesión" funciona: somos una gran Red, y todo repercute en todo. Por eso, la "oración" siempre llega a las personas por quienes oramos.

Enrique Martínez Lozano

 
Para recordar el cielo. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Caminando con Jesús

 

Para recordar el cielo.

Autor:
P. Fernando Pascual.
Fuente: www.autorescatolicos.org

El cielo es, para muchos, un lugar lejano, misterioso, desconocido. Por eso la vida avanza
entre sus prisas y sus pausas, sus penas y sus alegrías, sus miedos y sus esperanzas, sus
victorias y sus derrotas.

Todo lo vemos y lo pensamos como parte de este mundo, desde el tiempo terrestre. Hay un
pasado más o menos conocido. Hay un presente más o menos “controlado”. Hay un futuro
que avanza entre seguridades, miedos y sorpresas.

Lo que exista tras la muerte queda entre tinieblas. Un velo nos separa del otro lado de la
frontera. Parecería como si todo acabase en el mundo que está ante nuestros ojos.
Sin embargo, algo nos dice que no todo termina tras la muerte. El anhelo de justicia, el deseo
de un premio para los buenos, el amor que no se contenta con la aniquilación de un ser
querido, nos lanzan a pensar en la otra vida.

Surge entonces la pregunta: ¿cómo es lo que está al otro lado de la frontera? ¿Qué ocurre a
los que parten? ¿Existe un Dios bueno que castiga al perverso y que premia al honrado?
Son preguntas a las que necesitamos responder. No sólo con teorías, sino con la vida: el
presente adquiere un valor especial si habrá un juicio, un cielo y un infierno tras la muerte.
Tomamos el Evangelio. Cristo habló de una fiesta, un banquete, un hogar que nos espera.
Con sus palabras y sus ejemplos explicó que tenemos que llegar a la otra orilla preparados,
con aceite en las lámparas y con obras de amor hacia los más necesitados.

En los mil vericuetos de la existencia necesitamos recordar el cielo. Es el lugar donde
realizaremos plenamente la vocación al amor. Es la patria donde un Padre nos espera. Es el
hogar en el que María, como Madre, intercede por sus hijos.

Tenemos una cita importante, decisiva, tras la muerte. Allí el Amor lo es todo para quien
acogió la misericordia y vivió según las palabras del Maestro. Necesitamos recordarlo, para
que una luz intensa guíe nuestros pasos y estemos así listos para entrar en el eterno banquete
de bodas del Cordero.

 
Cuando olvidamos a Jesús PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Caminando con Jesús

Cuando olvidamos a Jesús

Autor:
Claudio De Castro.
Fuente: periodismocatolico.com

Una vez leí que, en ocasiones  “olvidamos a Jesús, por las cosas de Jesús”.

Nos dedicamos a la Iglesia, a dar clases de Catecismo,  pregonamos el Evangelio,  participamos en las festividades religiosas, pero no llevamos a Jesús con nosotros.

No damos ejemplo, porque hemos dejado a Jesús en el camino, o,  caminando junto a Él no le reconocemos.

Es un riesgo que corremos y caemos con mucha facilidad, casi sin darnos cuenta. Descuidamos la oración y lo fundamental de nuestra fe, que es vivirla.

Justo ayer en un almacén me encontré con un compañero del colegio. “Muy bonito lo que escribes”, me dijo, “imagino que vas a la Misa diaria”.   La respuesta fue: “Solía ir a diario y algo ocurrió en el camino”.

Un amigo sacerdote me escribió una vez: “Debemos recobrar la ilusión primera”.

Me he propuesto volver a tenerlo presente en mi vida, con mayor intensidad. Vivir en Su presencia cotidiana.

Volver a las buenas prácticas, la misa diaria, la oración, la confesión frecuente, recordar que Jesús vive en los demás.

De nada me sirven estas palabras, si no las vivo.

Es común escuchar comentarios como éste: “Va a Misa y mira cómo se comporta de mal”.  Es en esos momentos cuando “olvidamos a Jesús, por las cosas de Jesús”.

Nos toca volver al principio y:

1)      Amar a Dios con todo el corazón

2)      Vivir en su presencia amorosa

3)      Retomar la oración

4)      Amar al prójimo, en verdad

¿Cómo recuperar a Jesús en nuestras vidas? Ya lo sabes y es muy sencillo: “Amando, perdonando, orando, teniendo caridad con los demás…  viviendo el Evangelio”.

No te desanimes…  Tú puedes.

Hagamos lo nuestro, lo que está a nuestro alcance.

Dios hará lo demás.

 
El Corazón palpita de amor! PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Caminando con Jesús

 

El Corazón palpita de amor!

Autor:
Mons. Rodrigo Aguilar Martínez
Fuente: homiliasparalossencillos.blogspot.com/

Con el título de este mensaje no pienso en artistas famosos y que los medios de comunicación aclamen con frenesí. Pienso en las fiestas que celebramos en los días siguientes: el viernes la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y el sábado la fiesta del Corazón Inmaculado de María.

El Corazón de Jesús lleva al Corazón de María y éste al de Jesús. Y en esa relación palpitante de amor es acogido nuestro corazón.

No se trata de celebraciones dulzonas y sentimentales, sino la verdad del amor rigurosamente humano y gozosamente divino.

Jesús es el Amor divino que se hace hombre, para rescatar a éste y que sea divinizado por medio de la paradoja de la Cruz y la Resurrección. María es la primera y la que más entra en este proceso de humillación y elevación.

El Corazón de María acogió en la fe las palabras de Dios llevadas por el arcángel Gabriel, luego acogió en su seno a la Palabra de Dios hecha carne gracias al “sí” pleno con que se entregó.

María concibió a Jesús de manera sobrenatural, pero lo gestó de manera natural: fueron nueve meses en que los Corazones de la Madre y del Hijo palpitaron en sinfonía de amor, sinfonía que continuó en el alumbramiento y la educación del Niño y que fue teniendo sus diversos momentos musicales, expresándose en la donación del uno al otro, de ambos a todos, pasando por el despojo de la pasión y la muerte, por el gozo de la resurrección y ascensión-asunción. Ambos corazones están junto a Dios Padre, ahí esperándonos, pero también de ahí acudiendo a nosotros para acompañarnos en nuestro camino, de modo que igualmente nuestro corazón palpite de amor al ritmo de la vida que Dios permita o proyecte a cada uno y a todos.

¡No podemos dejar de celebrar llenos de gratitud, fe, esperanza y amor estas Fiestas del Sagrado Corazón de Jesús y el Corazón Inmaculado de María!

¡Y que toda manifestación humana de amor –de toda vida y a lo largo de toda la vida- encuentre en los Corazones de Jesús y de María su fuente y su meta! ¡De esta manera la vida tendrá sentido y consistencia!

+ Rodrigo Aguilar Martínez

Obispo de Tehuacán

 
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