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Caminando con Jesús
Cómo ser manso sin ser menso... ser humilde sin ser humillado. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Caminando con Jesús

 

Cómo ser manso sin ser menso... ser humilde sin ser humillado.

Autor: Padre José Genaro Pérez
Fuente: Con aportes de Corazones.org

Humildad es entender que todo persona y toda creatura es un maestro del cual tengo algo que aprender

La Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide) 3, del 19 al 21 y del 30 al 31, nos dice:

"Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te amarán más que al hombre dadivoso. Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas y hallarás gracia ante el Señor, porque sólo él es poderoso y sólo los humildes le dan gloria.

No hay remedio para el hombre orgulloso, porque ya está arraigado en la maldad. El hombre prudente medita en su corazón las sentencias de los otros, y su gran anhelo es saber escuchar."

Humildad no es:

En muchas ocasiones la palabra humildad se ha utilizado de manera inadecuada. Pasa algo parecido con la palabra amor, hay que empezar diciendo lo que no es:

1. La humildad no es una carencia, es una actitud: Se oye decir con frecuencia: Él viene de una familia muy humilde. Quizás quisieron decir “pobre”. Hay gente pobre que no es humilde y gente rica o poderosa que sí lo es.

2. Humildad no es humillación: Conviene ser humildes con todos, pero humillación sólo ante Dios, Es decir, arrodillados sólo ante el Señor (Para que al nombre de Jesús, toda rodilla se doble...Filipenses 2,10)

3. Humildad es ser manso, pero no menso: “Sean mansos como palomas y astutos como serpientes.” Mateo 10,16

4. Humildad no es un asunto de poses románticas, piadosas o religiosas externas, es un compromiso de cercanía con los hermanos

5. Humildad no es resignación: Dice el padre Ignacio Larrañaga: "La resignación no es cristiana sino estoica, lo cristiano es la esperanza". No estamos obligados a resignarnos por ejemplo a lo que contradice la voluntad de Dios. Jesús fue humilde con todos menos con los abusadores y los prepotentes. Jesús respondió a quien lo golpeó en la mejilla: "Si he hablado mal muéstrame en qué, si he hablado bien ¿por qué me pegas?"(Juan 18,23).También respondió a quienes querían asustarlo con la muerte: “En ese momento, unos fariseos vinieron a decirle: “Márchate porque Herodes quiere matarte” Jesús contestó: Vayan a decirle a ese zorro. Mira que hoy y mañana, arrojo demonios, hago curaciones y al tercer día llego a mi término (Lucas 13,31-32)

Ahora entonces, si podemos definir lo que es la humildad

Humildad es:

1. Cuentan Santa Teresa que preguntó al Señor, por qué él era tan amigo de la humildad, él le respondió: Porque yo soy la suma verdad, y"Humildad es andar en la Verdad" Ser lo que se es ante Dios y ante el mundo, sin máscaras ni poses

2. Humildad es el reconocimiento de un ser superior al hombre

“Todo aquel que está seriamente comprometido con el cultivo de la ciencia, llega a convencerse de que en las leyes del universo está manifiesto un espíritu infinitamente superior al hombre, y ante el cual, nosotros con nuestros poderes debemos sentirnos humildes.” Albert Einstein

3. Humildad es entender que todo persona y toda creatura es un maestro del cual tengo algo que aprender

4. Humildad es dejar que la vida te enseñe, su diaria lección de 24 horas

5. Humilde es el Señor Jesús, quien siendo de condición divina se hizo hombre en el seno de una mujer del pueblo (Fiipenses 2)

6. Humilde es el jefe que teniendo un puesto de poder, trata a sus empleados como amigos

7. Humilde es Francisco, que no ha perdido su esencia de párroco del pueblo aún siendo Papa

8. El mayor valor de un hombre es su dignidad en la derrota y su humildad en la victoria

9. Es algo extraño la humildad, en el momento mismo en que crees tenerla, la has perdido

10. Humildad no es pensar menos de ti mismo, es pensar menos en ti mismo

11. La humildad abre de nuevo las puertas que la soberbia cerró

12. Para ser humilde se necesita grandeza. Ernesto Sábato

Dios se deleita en los humildes y derrama en ellos sus gracias y dones con abundancia bien recibida. El humilde se convierte en la buena tierra que da fruto al recibir la semilla divina.

La falta de humildad se muestra en la susceptibilidad, la persona quiere ser el centro de la atención en las conversaciones, le molesta en extremo que a otra la aprecien más que a ella, se siente desplazada si no la atienden. La falta de humildad hace hablar mucho por el gusto de oirse y que los demás le oigan, siempre tiene algo que decir, que corregir, Todo esto es creerse el centro del universo. La imaginación anda a mil por hora, evitan que su alma crezca.

la humildad nos hace reconocer en primer lugar los propios errores y las propias miserias. Estamos en condiciones entonces de ver con comprensión los defectos de los demás y de poder prestarles ayuda. También estamos en condiciones de quererles y aceptarlos con esas deficiencias.

La Virgen, Nuestra Señora y Madre, Esclava del Señor, nos enseñará a entender que servir a los demás es una de las formas de encontrar la alegría en esta vida y uno de los caminos más cortos para encontrar a Jesús. Para eso hemos de pedirle que nos haga verdaderamente humildes, invoquemos siempre su auxilio.


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¿Cómo mantener encendida la llama de la fe?. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Caminando con Jesús

 

¿Cómo mantener encendida la llama de la fe?.

Autor:
Fuente: www.aleteia.org

Sin fe es imposible agradar a Dios

“Sin la fe es imposible agradarle” (Heb 11,6).

La Iglesia enseña que la fe es la virtud (teologal), “dada por Dios”, que nos lleva a creer en Dios y en todo lo que nos dijo y reveló, y que la Santa Iglesia nos propone para creer. Por la fe, “el hombre libremente se entrega todo a Dios”. El cristiano busca conocer y hacer la voluntad de Dios, ya que “el justo vivirá por la fe” (Rm 1, 17) y “sin la fe es imposible agradarle” (Heb 11,6). La fe en Dios nos lleva a volvernos a Él como nuestro origen y nuestro fin, y no preferir ni sustituirlo a Él por nada.

La fe es como una llama que necesita de combustible para mantenerse encendida. Es como una planta que necesita de agua todo el día, sol y adobo, para crecer cada día.

Para que la fe viva y crezca es necesario una vida de oración diaria, de intimidad con Dios, de amistad con el “divino Amigo”, compartiendo con Él todos los sufrimientos y alegrías”.

La fe se vuelve fuerte cuando meditamos sus Palabras y obedecemos lo que Él ordena, sin miedo y sin disimulo. “Depongamos, pues, toda carga inútil, y en especial las amarras del pecado, para correr hasta el final la prueba que nos espera, fijos los ojos en Jesús, que organiza esta carrera de la fe y la premia al final (Heb 12, 1-2).

Nuestra fe se fortalece cuando lo recibimos en la Eucaristía donde Él se da en el Pan para ser “alimento y remedio” para nuestra vida. Él dijo que quien come de su Carne y bebe de su Sangre “permanece en Él”, “vivirá por Él” y será resucitado en el último día.

La fe crece y se fortalece cuando se ama a Dios y al prójimo, pues la fe viva “actúa por la caridad” (GI 5,6). “La fe sin obras está muerta” (Tg 2,26); sin la esperanza y el amor la fe no une plenamente el cristiano a Cristo y no hace de él un miembro vivo de su Cuerpo.

La fe no es sólo algo individual, sino colectivo, es de la Iglesia. Muchos flaquean en la fe porque viven en “su” fe; pobre y débil. Tenemos que vivir en la fe “de la Iglesia”, todo lo que ella recibió de Cristo y nos enseña. Jesús le dijo a la Iglesia: “El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí” (Lc 10,16). Sólo tiene fe inquebrantable aquel que cree y vive lo que enseña la Santa Iglesia, Esposa del Señor, pues ella es Su “brazo extendido en nuestra historia”. La Iglesia nunca tuvo crisis de fe.

¿Qué puede apagar nuestra fe? Nuestros pecados. Entonces, luchar contra los pecados es el mejor medio para mantener encendida la fe. Una vida tibia (relajamiento espiritual), mata la fe. Dar importancia a la confesión, sin demora, siempre que el pecado asalte nuestra alma. Nada de auto piedad y falso orgullo, corramos de prisa al sacerdote de aquel que derramó su Sangre para perdonarnos en cualquier momento. No permitamos que la hierba dañina del pecado mate la planta de la fe en el jardín del alma.

Para mantener encendida la fe es necesario renovar cada día nuestra confianza en Dios, abandonar la vida en sus manos como el niño que se abandona en los brazos de la madre y no se preocupa. Vivir en la fe significa conocer la grandeza y la majestad de Dios, y entonces, vivir en acción de gracias por todo lo que somos y que recibimos de Él.

¿Y qué tienes que no hayas recibido? (1Cor 4,7). “¿Cómo retribuiré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (SI 116, 12).
Vivir en la fe significa confiar en Dios en cualquier circunstancia, incluso en la adversidad. Como decía Santa Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta. ¡Sólo Dios basta!”. “Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman” (Rom 8,28).

La fe exige también dar testimonio de Cristo. “Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos. Y al que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos”. (Mt 10, 32-33).

Cuanto más se ejercita la fe, más crece en nosotros y se fortalece; cuanto menos la ejercitemos, más se volverá raquítica.

 
Dejar ir. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Caminando con Jesús

 

Dejar ir.

Autor: Mercedes Vallenilla   
Autor: Natalia Telles

Si ya has pasado por ese segundo de tu vida en el cual sientes que te han hundido en un hoyo negro, en el que surge un millón de preguntas sin respuestas, en el que un vacío interno te invade y un nudo se te forma en el corazón porque tu futuro se nubló… Probablemente enterraste a alguien. Enterrar a alguien no solo físicamente, después de su fallecimiento. Pero también puede ser emocionalmente, cuando una persona se va sin avisar, ya no es parte de tu caminar o con el fin de una relación. Historias hay miles pero el sentimiento es el mismo. Duele tanto porque parecía que ese Ser era tu propia definición de estabilidad emocional o de felicidad. Parece que tu vida no podrá seguir sin la suya dentro de ella. Su ausencia te dio un giro inesperado. Pero uno lucha por mantener viva la memoria o los recuerdos con esa persona tan amada y así no sentir su ausencia.

Si ya has pasado por ese segundo de tu vida en el cual sientes que te han hundido en un hoyo negro, en el que surge un millón de preguntas sin respuestas, en el que un vacío interno te invade y un nudo se te forma en el corazón porque tu futuro se nubló… Probablemente enterraste a alguien. Enterrar a alguien no solo físicamente, después de su fallecimiento. Pero también puede ser emocionalmente, cuando una persona se va sin avisar, ya no es parte de tu caminar o con el fin de una relación. Historias hay miles pero el sentimiento es el mismo. Duele tanto porque parecía que ese Ser era tu propia definición de estabilidad emocional o de felicidad. Parece que tu vida no podrá seguir sin la suya dentro de ella. Su ausencia te dio un giro inesperado. Pero uno lucha por mantener viva la memoria o los recuerdos con esa persona tan amada y así no sentir su ausencia.

Hace exactamente ocho años, pasé por ése momento cuando me enteré que mi papi había fallecido. Durante años intenté “devolverlo a la vida” a través de fotos o escribiéndole en un diario para contarle que había pasado de grado, que se convertiría en Abuelo o lo orgulloso que se sintiera al ver a mi mami. En mis oraciones le pedía al Señor con toda la Fe que una niña puede tener “aunque sea un segundo más para besarle y decirle cuanto lo amo”. Después de varios años, cuando Dios no me concedía ese anhelo, me di cuenta que había dejado de vivir mi propia vida por tratar de devolverle la suya, una vida ya vivida. Y en ese momento que volví a ver hacia atrás, comprendí que el sol siguió saliendo cada madrugada y que así como unas vidas se iban, otras venían; que así como unas morían, otras nacían. Y fue cuando Dios me dijo: “Déjalo ir”

Los días continúan a su ritmo y uno pierde el tiempo en cosas que ya no tienen solución. Es triste cuando una persona se va pero es aún más triste cuando parece que con él, se ha llevado la existencia de los que más lo amaban. Pues es cierto que no se es la misma persona cuando pasa algo así. Pero es aún más cierto que así como la ausencia de esa persona le dio un giro inesperado a tu vida y un vacío inexplicable a tu corazón, la presencia de Dios (si se lo permites) te dará un giro completamente positivo y llenará hasta el rincón más profundo de tu corazón con Su Amor eterno.

“Cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir” (Romanos 12:2). Dejar ir a una persona no es fácil. Personalmente, me parece de las decisiones más difíciles que alguien puede tomar ya que al decidirlo parece que estamos aceptando su partida no solo de cuerpo sino en espíritu. Pero superar no es olvidar y por mucho que pasen los años todos aquellos recuerdos no se extinguen. La ausencia de una persona deja un vacío muy difícil de llenar. Por eso, la decisión de dejarlo ir solo se toma con Dios de tu mano ya que Él es el único capaz de llenar completamente ese hueco y deshacer con ternura el nudo que se te formo en el corazón. Ánimos, tú también “déjalo ir”, levántate y comienza a vivir.

“No temas, que yo te he libertado; yo te llame por tu nombre, tu eres mío. Si tienes que pasar por el agua, yo estaré contigo, si tienes que cruzar ríos, no te ahogaras; si tienes que pasar por el fuego, no te quemarás, las llamas no arderán en ti. Pues yo soy tu Señor, tu salvador, el Dios Santo de Israel. Yo te he adquirido; he dado como precio de rescate a Egipto, a Etiopía y a Sabá, porque te aprecio, eres de gran valor y yo te amo. Para tenerte a ti y para salvar tu vida entrego hombres y naciones. No tengas miedo, pues yo estoy contigo. Desde oriente y occidente haré volver a tu gente para reunirla.” (Isaías 43: 1-5)

 
Tres puertas para conocer a Jesús. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Caminando con Jesús

Tres puertas para conocer a Jesús.

Autor: Papa Francisco.
Fuente: radiovaticana.va

No basta estudiar para conocer a Jesús, así como no bastan las ideas. Hay que rezarle con el corazón, celebrarlo con alegría como hace la Iglesia y leer más a menudo el Evangelio para saber cómo imitarlo. Lo destacó el Papa Francisco, en su homilía de la Misa en la capilla de la Casa de Santa Marta, explicando que las tres puertas que hay que abrir para conocer a Jesús son pues la oración, la celebración y la imitación.

Recordando las palabras de Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», conocer a Jesús es el trabajo más importante de nuestra vida. Pensemos en cómo podemos conocer mejor a Jesús... Alguien dirá: ‘estudiando, padre. ¡Se debe estudiar tanto!’. Y es verdad, debemos estudiar el catecismo, es verdad. Pero sólo el estudio no basta para conocer a Jesús. Algunos tienen esa fantasía, La de pensar que con las ideas, sólo las ideas, nos llevarán al conocimiento de Jesús. También entre los primeros cristianos, algunos pensaban así. Hasta que quedaron atrapados en sus pensamientos:

¡Las ideas solas no dan vida y el que va por ese camino de ideas solas acaba en un laberinto y no sale más! Por ello, desde el comienzo de la Iglesia hay herejías. Y las herejías son esto: intentar comprender sólo con nuestra mente y con nuestra luz quién es Jesús. Un gran escritor inglés decía que la herejía es una idea enloquecida. ¡Así es! Cuando las ideas están solas se vuelven locas ¡ése no es el camino!»

Para conocer a Jesús es necesario abrir tres puertas.

Primera puerta: rezar a Jesús. Sabed que el estudio sin oración no sirve. Rezar a Jesús para conocerlo mejor. Los grandes teólogos hacen teología de rodillas. ¡Rezar a Jesús! Y con el estudio, con la oración nos acercamos un poco... Pero sin oración nunca conoceremos a Jesús. ¡Nunca! ¡Nunca!

Segunda puerta: celebrar a Jesús. No basta la oración, es necesaria la alegría de la celebración. Celebrar a Jesús en sus Sacramentos, porque allí nos da la vida, nos da la fuerza, nos da el alimento, nos da el consuelo, nos da la alianza, nos da la misión. Sin la celebración de los sacramentos, no llegamos a conocer a Jesús. Esto es propio de la Iglesia: la celebración.

Tercera puerta: imitar a Jesús. Tomar el Evangelio: qué ha hecho Él, como era su vida, qué nos ha dicho, qué nos ha enseñado e intentar imitarlo".

Entrar por estas tres puertas, significa entrar en el misterio de Jesús. Sólo si somos capaces de entrar en su misterio, podemos conocer a Jesús. Pero no debemos "tener miedo" de entrar en el misterio de Jesús. Esto significa rezar, celebrar e imitar. Y así encontraremos el camino para ir a la verdad y a la vida.

Podemos hoy, durante el día, pensar en cómo va la puerta de la oración en mi vida: ¡pero la oración del corazón, no es la del papagayo! Esa de corazón, ¿cómo va? ¿Como va la celebración cristiana en mi vida? ¿Y cómo va la imitación de Jesús en mi vida? ¿Cómo debo imitarlo? ¡Realmente no te acuerdas! ¡Porque el libro del Evangelio está lleno de polvo, porque nunca se abre. Toma el libro del Evangelio, ¡ábrelo y encontrarás cómo imitar a Jesús! Pensemos en estas tres puertas y cómo están en nuestra vida y nos hará bien a todos.

 
Dios no juega a los dados. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Caminando con Jesús

 

Dios no juega a los dados.

Autor: Juan Rafael -Johnny- Pacheco.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

La verdad sea dicha--decía aquel buen hombre. Estoy pasando por una mala racha tan terrible que me costará darme tres baños con hojas de tuatúa, hierbabuena y rompesaragüey para quitármela de arriba.

¿De qué estaría hablando? ¿De la suerte? ¿Del azar? ¿De la casualidad? ¿De la chepa? ¿O sería del destino, de la mala estrella, del infortunio o de la desventura? ¡Explícamelo! Gente así es la que sigue creyendo que va a llover no moja y sale sin el paragüas…

Leí en tiempos atrás un relato de Adhemar Cuéllar acerca del buhonero que ofrecía amuletos para la suerte. Estaba cerca el fin de año y el negocio de la suerte estaba bueno, ya que siempre es mucha la gente que se prepara para comer sus doce uvas al canto de la medianoche para que la suerte le acompañe cada mes del nuevo año, o a recibir el año con muchos pesos en las manos y mejor aún si son dólares… o euros. El negocio de las que leen la taza y la baraja y los curanderos de patio andaba por las nubes.

--¡Amuletos para la suerte! ¡Prepárese para el nuevo año, protéjase, que las cosas no vienen buenas! ¡Tome sus precauciones, compre su amuleto para la suerte!

Y como sucede en todos los cuentos, el hombre aquel de la mala racha se acerca al vendedor preguntándole para qué servían los amuletos. La respuesta no se hace esperar: ¡Para la suerte!

Dicho y hecho, negocio cerrado. Pero que pasa. En la esquina el infeliz da un resbalón que por poco lo mata un carro. Llega todo herido y sucio a su trabajo y lo reciben con su carta de cesantía. Al salir, su automóvil se lo habían robado. De regreso, a pie y vuelto loco y sin idea, una motocicleta lo atropella.  Furioso, va de vuelta donde estaba aquel vendedor a reclamarle por todo lo que le había pasado.

--Un momento, amigo-le dice el vendedor tranquilamente. Usted me preguntó que para qué servía el amuleto y yo le dije claramente que para la suerte. Eso fue cuanto le dije.

En resumen, uno más que cae en el gancho de que la suerte existe.

Desear buena suerte, afirma Cuéllar, no es digno de un cristiano. Lo que tenemos que desear es que Dios bendiga a cuantos nos encontremos. Y ahora, con el fin de año ya cayéndonos arriba, recordar que para que este nuevo año sea bendecido y lleno del amor de Dios debemos orar todos los días. Eso no es un invento, ni se necesita tuatúa ni rompesaraguey ni hierbabuena. Dios siempre está con su línea desocupada esperando un timbrazo de nosotros. Si no puedes alcanzar el cielo por la internet, intenta por la oración, recordando que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman. (Rm 8,28).

Dejemos de lado todo aquello de la buena y de la mala suerte. El propio Albert Einstein --¿lo conocen?-afirma que el azar no existe, que Dios no juega a los dados.

Bendiciones y paz.

Para comunicarse con el autor escribir a:
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