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Familia.
“Amigos con derechos”, derecho a la inestabilidad… PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.

 

“Amigos con derechos”, derecho a la inestabilidad…

Autor:
Vicky Arana (México).
Fuente: www.periodismocatolico.com

“Amigos con derechos” es un término atractivo que justifica el desinterés, el miedo, la inseguridad, la comodidad, la sensualidad desordenada y la falta de compromiso de quienes no saben ser amigos.

La amistad no es un derecho sino un don personal y, puesto que nadie da lo que no posee, el primer requisito para “ser” amigo consiste en dominarse a uno mismo, es decir; tener la capacidad de renunciar a un bien aparentemente conveniente, para elegir aquel que represente un beneficio superior -aunque implique un esfuerzo mayor-.

La amistad entre un hombre y una mujer puede volcarse fácilmente interesada cuando alguno de los involucrados se enamora de su amigo(a). Si el interés es recíproco, la amistad trascenderá en un provechoso noviazgo. Si el interés no es mutuo pero la amistad es sincera, los amigos optarán por un heroico distanciamiento (desprendimiento transitorio) que posibilite estabilizar el vulnerable estado emocional de quien se encuentra enamorado para continuar su relación sin expectaciones que no puedan ser cubiertas.

Cuando alguno de los involucrados -o ambos- no quieren-querer al otro (exista o no un interés mutuo); el enamorado se verá incapacitado de encausar positivamente sus emociones, y ambos o alguno de ellos, se beneficiarán de la fragilidad emocional que el enamoramiento encierra para nutrir el ego. Así, la relación de los implicados -incapacitados para dominarse y darse- involucionará en una <<amistad con derechos>> desbordada en una sensualidad desordenada que inquieta el corazón, nublando la razón, para contentarse con las migajas que el placer ofrece.

Ser “amigo con derechos” es injusto para ti y para él/ella; si te encuentres en esa situación, purifica tu vínculo afectivo y permite que el AMOR enderece lo torcido de tu relación y la encamine “derecho” a la alegría que el verdadero amor promete.

Jóvenes en acción

Virginia Arana Ruiz (Miembro de OBCIFA)

 
Hacia una verdadera perspectiva de familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

Hacia una verdadera perspectiva de familia.

Autor: Jorge
Enrique Mújica
Fuente: Análisis y actualidad.

Una obra de arte, por ejemplo una pintura, puede ser apreciada y valorada desde diferentes puntos de vista. Si nos encontráramos delante de la «Mona Lisa», ese famoso cuadro de Leonardo Da Vinci donde aparece una enigmática mujer sonriente, ¿qué nos dirían de ella un decorador, un historiador, un arqueólogo, un coleccionista o un poeta?

El decorador seguramente hablaría del lugar más conveniente para colocar el cuadro; el historiador tal vez se inclinaría a tocar el contexto histórico en que se realizó la pintura; el arqueólogo se centraría en el análisis material del cuadro: dataría su origen, el tipo de pigmentos utilizados, la naturaleza de la tela, etc.; el coleccionista concentraría su atención en el valor económico de la pintura y procedería a buscar el modo de adquirirla; el poeta, por último, echaría a volar su mente y corazón para tratar de penetrar los sentimientos que movieron a Leonardo a plasmar en arte hecho pintura el busto de esa mujer.

Del decorador al poeta, cada uno seccionó un aspecto de la «Mona Lisa» sin quedarse con una perspectiva de conjunto; algo ciertamente útil pero no siempre válido. Y es que para valorar una obra de arte se considera cada aspecto pero destacando el lazo de verdad indivisible que une a unos respecto a otros. Una obra de arte se valora desde una visión de conjunto.

Algo semejante viene sucediendo, y cada vez más notablemente, con la familia. Algunas visiones se reducen a estancarse en tal o cual aspecto haciéndolo aparecer como esencial, absoluto y verdadero cuando en realidad no es así. La deforman. Hay algunos que afirman que la familia, tal y como hasta ahora todavía la reconocemos, no es más que un escalón en la inmensa escalerilla de una sociedad en evolución. El hombre, según esta visión, al ir «evolucionando» con la tecnología y la ciencia, va necesitando menos de la familia hasta que llegará a un punto en que le resultará innecesaria. Otros ven a la familia como un instrumento del cual valerse para hacer esto o aquello y después desecharla o cambiarla según convenga o sea más útil (como un pincel puede servir para pintar un óleo o una acuarela pero luego, ya usado, se puede tirar). Algunos más ven en la familia un mero producto del cual se pueden sacar muchos beneficios individuales.

Todas esas visiones parten de la utilidad. Sin embargo, no todo lo útil es válido (el pincel es útil también para picar los ojos pero no es que por ello el artista vaya andar por ahí picando los ojos de todo aquel con el que se tope).

Para desentrañar la esencia de las cosas, ir hacia una verdadera y global visión de la familia, no debería bastar la admiración de tal o cual aspecto de la «Mona Lisa» sino considerarlos todos en conjunto, evaluar su verdad, formarse un juicio: no permanecer en las ramas de los árboles sino ir a la raíz. Si interrogáramos a la naturaleza sobre la familia nos recordaría que todo ser humano tiene su origen en una. Es en ella donde todo hombre o mujer recibe las primeras nociones del bien y del mal y donde aprende a ser una persona que necesita relacionarse con otros.

En la familia el hombre reconoce que es un ser social. Sin entrar en detalles, el hecho de que haya familias desunidas es algo antinatural si bien la frecuencia de saber que existen numerosos casos ha ido haciendo parecer esas situaciones como «normales».

¿Y es que una visión errada de la familia tiene sus consecuencias negativas en la vida diaria? Ciertamente. ¿Cómo ayudarse entonces para construirse una verdadera perspectiva de la familia y reconocer el mal que se quiere hacer pasar por bien? Una verdadera perspectiva de la familia debe ser tanto teórica como práctica; debe comprender y atender.

Para comprender qué es la familia y cuál es su verdadera importancia no podemos quedarnos en ideologías que resaltan mucho el aspecto emotivo y sentimental de «nuevos –y falsos– modelos familiares» (por ejemplo con la proyección de videos e imágenes con música «enternecedora» y «atontadora» de fondo) pero que no ofrecen argumentos racionales y con un mínimo de rigor lógico para justificar lo que defienden.

Una verdadera perspectiva de la familia, en el plano de la ideas, defiende el valor de la persona y reivindica la figura del matrimonio. Una verdadera perspectiva de la familia, en el plano de la acción, suscita políticas sociales y económicas que la defiendan y promueve la participación de la sociedad civil. Una verdadera perspectiva de la familia une el diálogo ideas-acción fomentando el conocimiento de un conjunto coherente y eficaz.

Defender a la persona es defender a la familia y en consecuencia a toda la sociedad. El ser humano es un ser social: necesita a los demás y los demás le necesitan. Frente a la pretensión individualista de las ideologías que buscan hacer pasar al hombre como un ser autosuficiente, egoísta y desligado de los otros, la familia recuerda que la persona humana desde que nace lo hace en el grupo esencial que funda toda sociedad: la familia misma. Para hacerse una verdadera perspectiva de la «Mona Lisa» es necesario apreciar cada color (la persona humana). Un color necesita del otro y así todos juntos (en familia) dan el toque de belleza al conjunto (sociedad).

Ningún color podría decirle a otro que no es necesario; es gracias a la diversidad de colores que se experimenta cierto atractivo hacia la pintura. Si todo el cuadro fuese verde, ¿lo apreciaríamos del mismo modo?

La familia, además, está indisolublemente unida a la realidad del único matrimonio posible: el de un hombre con una mujer. En el matrimonio, hombre y mujer encuentran su papel de cara a la sociedad y ese papel es a la vez transmitido a los hijos. El hecho de que cada vez con mayor frecuencia se hable de «otras formas de matrimonio» o de uniones equiparadas a éste, no es más que la confirmación de una incorrecta visión de la familia y la carencia de bases racionales sólidas que amparen como válida, lícita y justa, no únicamente útil, la unión entre personas del mismo sexo. La misma naturaleza nos lo dice: de la unión de un hombre y una mujer se da origen a nuevas vidas; de la unión entre personas del mismo sexo, no. O lo que es lo mismo: uno más una igual a matrimonio; uno más uno igual a dos. Reconocer la relación intrínseca matrimonio-familia es reconocer la relación del pintor con su pintura.

Considerar de modo racional dos aspectos a valorar cuando hablamos del matrimonio (el valor de la persona y del matrimonio) sería insuficientes si no fuéramos al plano de las acciones. Las dos acciones más importantes dependen de dos instituciones: el Estado y la sociedad civil.

El Estado debe fomentar políticas sociales y económicas que faciliten el surgimiento de más y más familias. El hecho de que, de modo general, cada vez menos se casen y, de entre los casados, las familias no sean numerosas, parece ser una respuesta lógica a casas pequeñas, salarios bajos, faltas de prestaciones para la mujer embaraza… Y es que con salarios bajos y precios tan elevados no es que den muchas ganas de tener demasiados hijos, ¿cómo mantenerlos después? Además, las casas o departamentos que se construyen ahora son tan pequeños, tan reducidos, que de tener un hijo más, ¿dónde meterlo? Por si fuera poco, para las mujeres que trabajan su embarazo puede conllevar, injusta e ilícitamente, el despido.

Una sana política económica o social debe tener al hombre al centro; si no es así podrá aparentar que sí lo tiene cuando en realidad no sucede. Cuando, por ejemplo, se quiere luchar contra la pobreza, no se debe ir al individuo sino a la familia. La pobreza debe ser interpretada desde la familia pues no es un hombre pobre y sin empleo sino una familia pobre y sin alimentos. Ciertamente, ni con esto último ni con todo lo anterior, nos colocamos ante hechos consumados imposibles de cambiar. Se puede mejorar y mucho. De ahí que sea importante, al momento de ejercer el derecho al voto, conocer las iniciativas y programas de tal partido o tal candidato en materia familiar. Tener buenas políticas sociales y económicas es como si el Estado aplicara programas que ayudasen a los artistas a obtener los medios necesarios para producir sus pinturas y fomentase la aparición de medios educativos y culturales (libros, video, revistas, etc.) que ayudasen a los que no alcanzan aún a apreciar el arte, a hacerlo.

La sociedad civil también tiene su papel. Delante se le pone un reto. Es ella misma la que debe fortalecer espacios que hagan ver la belleza de la familia. Si bien es verdad que las denuncias suelen ser necesarias pues con ellas se manifiesta el desacuerdo frente a los ataques sistemáticos, no es que sólo la denuncia y la confrontación basten; es verdad, despiertan a más de uno y le hacen recapacitar, pero ¡hay que hacer notar la belleza de la familia! Nada más eficaz. Hacer ver la belleza de la familia es salir en familia al parque, a comer, a la Iglesia; hacer ver la belleza de la familia es dialogar, compartir las experiencias al final de la jornada, es escuchar al otro; hacer ver la belleza de la familia es ocuparse del otro, donarse en el servicio hacia el otro, es comprender al otro; hacer ver la belleza es transmitir los valores de la amistad, de la atención, de la cercanía, de la confianza, del respeto; ¡hacer ver la belleza de la familia está al alcance de toda persona creativa y con un mínimo de espíritu de iniciativa!

Ciertamente en este empeño juegan un papel importante los medios de comunicación. Los medios son los vehículos masivos por los que se puede seguir atacando a la familia o por los que se le puede reivindicar. La programación anti-familia es fácil de reconocer (novelas, programas, «realitys shows», entrevistas, películas, etc.); y si sabemos que más bien daña, ¿entonces para que verla? Entretiene, sí, pero sin irlo percibiendo puede ir logrando que se entre en comunión con las ideas que lleva en el fondo. Además hay una amplia gama de programación que nos da la posibilidad de elegir cosas de provecho. Si sabemos que el alcohol perjudica, entonces para qué tomarlo; si sabemos que el agua natural nos beneficia, entonces habrá que beberla.

El diálogo entre las ideas que comprenden los fundamentos de la familia y la acción que atiende sus necesidades debería conllevar a un efecto: una rearticulación de los derechos humanos. Y es que si de verdad el hombre está en el centro (ya dijimos que no es lo mismo tener a la persona -abierta a los otros- que al individuo -cerrado a los demás-) todo apuntará a que la institución familiar debe reconocerse jurídicamente, con leyes, protegerse y defenderla. La familia no es el resultado de un consenso de opiniones ni nace a partir de decretos de un Estado. Ni los grupos ni el Estado deben suplir los deberes de la familia y sí promoverla y apoyarla. El Estado tiene razón de ser gracias a la familia.

La «Mona Lisa» es una obra de arte considerada patrimonio de la humanidad y por eso se conserva con las mayores atenciones y cuidados en una de las mejores salas de exposición del museo del Louvre, en París. La familia también es una obra de arte, ¿en qué lugar la estamos colocando o dejando que la coloquen en la gran sala del mundo?

 
¡Celebremos la Pascua en familia! PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

 

¡Celebremos la Pascua en familia!

Fuente:
CENTRO DE ESPIRITUALIDAD SANTA MARÍA (CESM)
Autor: Equipo de liturgia

Pascua es la gran fiesta de los cristianos.

Todos los sufrimientos vividos durante la Pasión de Jesús, no son nada en comparación de las fiestas Pascuales, en las que celebramos el sentido más profundo de nuestras vidas, el misterio de la vida eterna, que se hace presente en nuestra lo cotidiano.

No hay capacidad que alcance a comprender la maravilla de lo que celebramos. Y entonces, la liturgia, por medio de algunos signos sensibles (comprensibles para nuestros sentidos) nos ayuda a comprender el misterio de la vida que se hace fiesta en cada Pascua.

¿Qué se necesita para poder comprender y celebrar la Pascua?
* Disponerse para hacer fiesta, recrear un espacio importante para celebrar.
* Abrir los ojos y despertar todos los sentidos para mirar, ver, escuchar,  tocar, gustar y oler el misterio de la Vida que se hace presente y real en los signos de la luz que ilumina, del agua que empapa y limpia, del pan que alimenta, del vino que alegra, del aceite que marca y sella.
* Prepararse para "lo más importante", para la fiesta que se celebra durante 8 días seguidos (octava de Pascua), porque con uno solo no alcanza.

¿Cómo celebramos en familia cualquier fiesta importante?
El cumpleaños de los hijos, el aniversarios, un casamiento...  ¿Por qué no invertimos el mismo tiempo, dedicación y recursos para celebrar la gran fiesta de la Pascua? ¿Por qué contentarnos sólo con repartir huevitos decorados?

Es tiempo de preparar una gran fiesta de Pascua en familia para que realmente todos los signos y gestos durante los 8 días de la octava de Pascua, sean signos de fiesta, que ayuden a todos a comprender el misterio profundo que se celebra.

¡A celebrar!, a contagiarnos la alegría de la vida que se hace plena por el misterio de la Pascua. Que no nos gane el apuro o la rutina. Detengamos el tiempo para celebrar el misterio que está más allá de todo tiempo.
Son las fiestas pascuales, son las fiestas de la vida, es el misterio de la eternidad presente en nuestras historias.  Es Jesús resucitado que sale a nuestro encuentro y quiere festejar su vida con nosotros.

 
Lo positivo de vivir la fe en la familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

 

Lo positivo de vivir la fe en la familia.

Autor:
Fuente:
www.feyfamilia.com

Si los padres van a la iglesia: triunfan en el trabajo, con sus hijos y les va mucho mejor en la vida en general.

Los niños se comportan mejor, estudian con mejor disposición y tienen más habilidades sociales si ambos padres son practicantes

Un estudio realizado por un sociólogo de la Universidad Estatal de Mississipi, John Bartkowski, sobre los efectos de la religión en el desarrollo de los niños, da cuenta que los hijos de padres creyentes tiene mejor autocontrol, comportamiento y cooperación con sus compañeros.

El estudio, que se publicará íntegro en la revista Social Science Research, fue comentado previamente en LiveScience.com.

La investigación se basa en entrevistas a padres y profesores de más de 16 mil niños para calificar el autocontrol, el comportamiento y la cooperación. Después se evaluó con qué frecuencia los padres iban a la iglesia, hablaban de religión con sus hijos o discutían por temas religiosos en casa.

Por lo resultados obtenidos, el sociólogo Bartkowski, concluye en los beneficios de la práctica religiosa en los miembros de la familia:

1) Las redes religiosas de relación social apoyan a los padres, mejoran sus habilidades como padres, y los niños ven que los mensajes de los padres son reforzados por otros adultos.

2) Las comunidades religiosas tienden a promover valores de sacrificio y familia, que "podrían ser muy, muy importantes al definir cómo los padres se relacionan con los hijos y cómo los niños se desarrollan como respuesta".

3) Las comunidades religiosas aportan al ser padre una significación sacra.

En contraparte, se evidenció además, que si los padres discuten en casa por razones religiosas perjudica a los hijos, que no se benefician de los resultados estadísticos positivos de otros niños.

La investigación además, presenta algunas limitaciones como el hecho de distinguir entre denominaciones ni religiones —no sabemos si los niños judíos o pentecostales se portan mejor que los católicos o los evangélicos liberales— por ejemplo.

Entre las reflexiones que hace John Bartkowski, también es posible que los padres con niños buenos puedan ser ambos asiduos a la práctica religiosa precisamente porque sus niños se comportan bien; mientras que "el culto en una congregación es una opción menos viable si piensan que sus hijos se comportan pobremente", reflexiona Bartowski.

 
Oración para vivir la Cuaresma en familia. PDF Imprimir E-mail
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Oración para vivir la Cuaresma en familia.

Autor:
Rosa María Aranda 
Fuente: www.lafamiliacristiana.com.mx

Oración para vivir la Cuaresma en familia.

Prepara una bandeja con tierra, asemejando al desierto. Coloca sobre ella una fotografía de los miembros de tu familia, simbolizando que van a entrar al desierto. Y reunidos recen:

TODOS: Buen Jesús, que te retiraste cuarenta días al desierto para preparar tu misión entre nosotros, permítenos que tu ejemplo sea nuestra guía durante esta Cuaresma para que, al igual que tú, nos retiremos de las distracciones que nos alejan de ti, de nosotros mismos y de los demás; permítenos vivir esta Cuaresma en familia, como un verdadero proceso de conversión a ti y tu mensaje.

Envía tu Espíritu Santo sobre nosotros para descubrir que debemos vivir con amor y alegría cada momento de nuestra vida. Aunque los problemas hagan que desfa­llezcamos, enséñanos a sentirte presente junto a nosotros y a tomar fuerzas de tu Evangelio para vivir como tú nos has enseñado, en amor, en alegría y en paz.

Deseamos vivir cada uno de estos días en preparación para tu Pascua, que es signo de li­bertad. Te pedimos nos ayudes a vivir tu Pascua de tal forma que nos liberemos de todo aquello que nos ata y podamos así vivir en la libertad de buscar, aceptar y promover todo lo que es bue­no. Queremos morir junto a ti al pecado que nos esclaviza y resucitar contigo a una vida nueva.

Ahora todos se toman de las manos y hacen el siguiente compromiso cuaresmal:

TODOS: Padre nuestro, que estás en el cielo, durante esta Cuaresma transforma nuestro egoísmo en gene­rosidad; por nuestra parte nos comprometemos a transfor­mar la oscuridad y el dolor en vida y ale­gría, ayudándonos a nosotros mismos reconociendo que hemos pecado, que no hemos actuado siempre de forma co­rrecta, ayudando a quienes nos necesi­tan y regalando una sonrisa y un abrazo a quienes sufren. Por Jesucristo, nuestro hermano y salvador. Amén.

Para terminar todos se dan un abrazo y se di­cen: “Felicidades por tu compromiso cuaresmal”. Como recordatorio de este compromiso coloquen la bandeja que preparaste en un lugar visible de la casa.

 
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