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Familia.
¡Celebremos la Pascua en familia! PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.

 

¡Celebremos la Pascua en familia!

Fuente:
Centro de Espiritualidad Santa María. (CESM)
Autor: Equipo de liturgia

Pascua es la gran fiesta de los cristianos.

Todos los sufrimientos vividos durante la Pasión de Jesús, no son nada en comparación de las fiestas Pascuales, en las que celebramos el sentido más profundo de nuestras vidas, el misterio de la vida eterna, que se hace presente en nuestra lo cotidiano.

No hay capacidad que alcance a comprender la maravilla de lo que celebramos. Y entonces, la liturgia, por medio de algunos signos sensibles (comprensibles para nuestros sentidos) nos ayuda a comprender el misterio de la vida que se hace fiesta en cada Pascua.

¿Qué se necesita para poder comprender y celebrar la Pascua?
* Disponerse para hacer fiesta, recrear un espacio importante para celebrar.

* Abrir los ojos y despertar todos los sentidos para mirar, ver, escuchar,  tocar, gustar y oler el misterio de la Vida que se hace presente y real en los signos de la luz que ilumina, del agua que empapa y limpia, del pan que alimenta, del vino que alegra, del aceite que marca y sella.

* Prepararse para "lo más importante", para la fiesta que se celebra durante 8 días seguidos (octava de Pascua), porque con uno solo no alcanza.

¿Cómo celebramos en familia cualquier fiesta importante?
El cumpleaños de los hijos, el aniversarios, un casamiento...  ¿Por qué no invertimos el mismo tiempo, dedicación y recursos para celebrar la gran fiesta de la Pascua? ¿Por qué contentarnos sólo con repartir huevitos decorados?

Es tiempo de preparar una gran fiesta de Pascua en familia para que realmente todos los signos y gestos durante los 8 días de la octava de Pascua, sean signos de fiesta, que ayuden a todos a comprender el misterio profundo que se celebra.

¡A celebrar!, a contagiarnos la alegría de la vida que se hace plena por el misterio de la Pascua. Que no nos gane el apuro o la rutina. Detengamos el tiempo para celebrar el misterio que está más allá de todo tiempo.

Son las fiestas pascuales, son las fiestas de la vida, es el misterio de la eternidad presente en nuestras historias.  Es Jesús resucitado que sale a nuestro encuentro y quiere festejar su vida con nosotros.

 
Consejos para vivir la Cuaresma en Familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

Consejos para vivir la Cuaresma en Familia.

Autor:
Fuente:
www.apostolesdelapalabra.org

La vida familiar puede ser descrita como el día a día de numerosas actividades que civilizan nuestras pequeñas barbaries, las cuales terminamos de pulir en nuestro propio camino de conversión. Hacemos que nuestros hábitos, costumbres y prácticas de nuestra vida cristiana sean comprensibles y enseñables a los pequeños, sin hacer que estas enseñanzas sean aburridas o superficiales.

Los siguientes consejos para practicar la Cuaresma responden a este desafío. Hemos decidido empezar con el ayuno, indicando cuál es su objetivo, y luego sugiriendo algunas formas de hacer provechoso este período de 40 días de oración, penitencia y ejercicios espirituales en preparación para la celebración de la Pascua.
Existen dos tipos de ayuno:

1) Ayuno corporal o externo

Incluye la abstinencia de algunas comidas, bebidas y otras diversiones como la música, las fiestas, los juegos de azar, etc. sobre todo en los días cercanos al triduo pascual.
En una sociedad hedonista, atravesada por una cultura de muerte como la nuestra, se hace necesario la práctica del ayuno, la cual debería empezar por la familia.

Prácticas corporales
- Tomar menos de las comidas que más te gustan y más de aquellas que te disgustan.
- No comer nada entre comidas.
- No utilizar condimentos en la comida.
- No utilizar edulcorantes en las bebidas.
- Evitar escuchar música en la radio todo el día.
- Evitar la televisión y los videos; en vez de ello, leer la Pasión de Cristo en la Biblia o el Misal.
- Rezar un rosario extra.

2) Ayuno espiritual o interno
Consiste en la abstinencia de todo pecado mortal. San Juan Crisóstomo enseñó que el valor del ayuno consiste no tanto en la abstinencia de comida; sino en la abstinencia de prácticas pecaminosas. Y San Basilio el Grande explicó que alejarse de toda maldad significa mantener nuestra boca cerrada, controlar nuestra ira, eliminar nuestros deseos malos y evitar todo chisme, mentira y blasfema. En la abstenerse de todas estas cosas descansa el verdadero valor del ayuno.

Prácticas internas
- No conversar más de lo necesario; en vez de ello, di algunas pequeñas jaculatorias durante el día.
- Ejercitar la paciencia en todas las cosas.
- No hacer ninguna queja.
- Controlar la ira; en vez de ello, se sugiere salir al encuentro de la persona que ha provocado la molestia.
- Evitar el chisme.
- Cuando alguien le pida hacer algo extra, hágalo con alegría y buena disposición.
- Habla en buen tono a todos cada día.
- Evita utilizar el teléfono o el celular.
- Siempre di la verdad en todas las circunstancias de tu vida.
- Evitar la vanidad y el egoísmo.

La práctica de las virtudes y las buenas obras debe ser otro de nuestros propósitos en la Semana Santa. Los Padres de la Iglesia insistieron que durante la Cuaresma se debe ser fiel a los servicios propios de este tiempo litúrgico y asistir a la Misa diariamente.
Con el paso del tiempo, nuestra disciplina por el ayuno ha sufrido numerosos y radicales cambios. Hoy en día, desafortunadamente, la observancia de la Cuaresma se ha convertido en mero formalismo, reducido a la abstinencia en ciertos días, sin ninguna preocupación en el crecimiento espiritual o en el propósito de tener una coherencia de vida.
Es urgente retornar a las raíces del espíritu de esta gran fiesta tan requerida en estos tiempos en que el mundo es presa de la cultura material y superficial.

Prácticas espirituales
(Virtudes y buenas obras)
- Practicar la humildad hoy en día en todas nuestras acciones.
- Ser generoso; ayudar a alguien que lo necesite.
- Observar todas las formas posibles de ser solidario durante el día.
- Hacer el trabajo que necesita ser hecho sin que alguien te lo pida.
- No seas ocioso todo el día. Siempre haz algo por los demás o por tu propio crecimiento espiritual.
- Sal al encuentro para ayudar a las personas o conversa con alguien que esta en dificultad.
- Se voluntario en un trabajo solidario.
- Visita a alguien que está enfermo.

Sigue estas recomendaciones y te prepararás debidamente para celebrar la Pascua.

 
Cuaresma vivida en familia. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.

Cuaresma vivida en familia.

Autor:
Mons. Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán (México)
Fuente: periodismocatolico.com/

La familia ha sido definida como “Iglesia doméstica”, o sea Iglesia en casa. Con frecuencia la fe es vivida por nosotros en resonancia de la atmósfera familiar. La familia favorece o dificulta la práctica de la fe. Invito a que contrarrestemos lo segundo con lo primero. O sea que la familia no dificulte sino que favorezca el ejercicio de la fe. De hecho la fe se transmite, se educa y se arraiga cuando la familia cultiva su relación sin descuidar la relación de todos con Dios. Esto a base de muchos momentos ordinarios y extraordinarios de la vida familiar.

Todo tiempo es oportuno para que la familia eduque en la fe. Y no sólo educan los papás a los hijos, sino que los hijos, incluso los pequeños, pueden también educar a los adultos.

La Cuaresma es un tiempo formidable para revisar su relación familiar desde Dios y para con Dios. Las obras de penitencia son para fomentar la relación con Dios y con los demás de casa y fuera de casa.

Dios es el Padre Bueno que nos ha dado a su Hijo, Quien, dejándose conducir por el Espíritu Santo, ha muerto en la cruz para darnos vida. Cristo, en concreto, es nuestro Camino para ir al Padre, con la ayuda del Espíritu Santo.

Las obras de penitencia nos unen más a la cruz de Cristo. ¡Y atención! Cada obra de penitencia tiene un aspecto que implica muerte, pero también otro que implica vida, resurrección: la penitencia en cuanto renuncia, sacrificio, nos hace morir a nuestros defectos, egoísmos, pecados; pero también la penitencia nos hace crecer en virtudes concretas, que son manifestaciones de resurrección, de nueva vida.

En familia podemos dialogar esos aspectos de muerte al egoísmo y de vida nueva por las virtudes. Los adultos, que educamos a los pequeños, también somos educados por los pequeños con sus respuestas tan espontáneas, centradas e iluminadoras.

Y brotará el fruto por excelencia: que mejorando nuestra relación con Dios, mejoramos nuestra relación con los demás, en casa y más allá de la casa.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 
¿Continúan los matrimonios en el cielo? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

 

¿Continúan los matrimonios en el cielo?

Autor:
A Fengue y Gin.
Fuente:

¿Continúan los matrimonios cuando estemos en el cielo? El padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, --llamado el predicador del Papa—, al hablar de la existencia en el cielo afirma que la vida no termina, “se transforma”.

A seguidas, aborda un tema que interesa a todos los casados. La muerte del cónyuge, que marca el final legal de un matrimonio, ¿indica también el final total de toda unión? ¿Queda algo en el cielo del vínculo que unió tan estrechamente a dos personas en la tierra, o en cambio todo se olvidará al cruzar el umbral de la vida eterna?

Prosigue el Padre Cantalamessa recordando aquel día en que presentaron a Jesús el excepcional caso de una mujer que había sido sucesivamente esposa de siete hermanos, que aparece en Marcos 12, 38-44, y le preguntaron de quién sería mujer tras la resurrección de los muertos. Jesús respondió: «Cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas maridos, sino que serán como ángeles en los cielos» (Marcos 12, 25). Interpretando de manera errónea esta frase de Cristo, algunos han sostenido que el matrimonio no tiene ninguna continuidad en el cielo. Pero con esta frase Jesús lo que rechaza es la idea caricaturesca del más allá, como si fuera una sencilla continuación de las relaciones terrenas entre los cónyuges; no excluye que ellos puedan reencontrar, en Dios, el vínculo que les unió en la tierra.

De acuerdo con esta perspectiva, el matrimonio no termina del todo con la muerte, sino que es transfigurado, espiritualizado, sustraído a todos aquellos límites que marcan la vida en la tierra, como, por lo demás, no se olvidan los vínculos existentes entre padres e hijos, o entre amigos. En un prefacio de difuntos, la liturgia proclama: «La vida no termina, sino que se transforma». También el matrimonio, que es parte de la vida, es transfigurado, no suprimido.

Pero ¿qué decir a quienes tuvieron una experiencia negativa, de incomprensión y de sufrimiento, en el matrimonio terreno? ¿No es para ellos motivo de temor, en vez de consuelo, la idea de que el vínculo no se rompa ni con la muerte?   

No, porque en el paso del tiempo a la eternidad el bien permanece, el mal cae. El amor que les unió, tal vez hasta por poco tiempo, permanece; los defectos, las incomprensiones, los sufrimientos que se infligieron recíprocamente caen. Es más, este sufrimiento, aceptado con fe, se convertirá en gloria. Muchísimos cónyuges experimentarán sólo cuando se reúnan «en Dios» el amor verdadero entre sí y, con él, el gozo y la plenitud de la unión que no disfrutaron en la tierra.        

En Dios todo se entenderá, todo se excusará, todo se perdonará.

Se dirá: ¿Y los que estuvieron legítimamente casados con varias personas? ¿Por ejemplo, los viudos y las viudas que se vuelven a casar? También para ellos debemos repetir lo mismo: lo que hubo de amor y donación auténtica con cada uno de los esposos o de las esposas que se tuvieron, siendo objetivamente un «bien» y viniendo de Dios, no se suprimirá. Allá arriba ya no habrá rivalidad en el amor o celos. Estas cosas no pertenecen al amor verdadero, sino a la limitación intrínseca de la criatura, concluye el predicador del Papa.

Entonces, aclarado queda el tema: la vida no termina, se transforma.

Bendiciones y paz.

 
¿Continúan los matrimonios en el cielo? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

 

¿Continúan los matrimonios en el cielo?

Autor:
A Fengue y Gin.
Fuente:

¿Continúan los matrimonios cuando estemos en el cielo? El padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, --llamado el predicador del Papa—, al hablar de la existencia en el cielo afirma que la vida no termina, “se transforma”.

A seguidas, aborda un tema que interesa a todos los casados. La muerte del cónyuge, que marca el final legal de un matrimonio, ¿indica también el final total de toda unión? ¿Queda algo en el cielo del vínculo que unió tan estrechamente a dos personas en la tierra, o en cambio todo se olvidará al cruzar el umbral de la vida eterna?

Prosigue el Padre Cantalamessa recordando aquel día en que presentaron a Jesús el excepcional caso de una mujer que había sido sucesivamente esposa de siete hermanos, que aparece en Marcos 12, 38-44, y le preguntaron de quién sería mujer tras la resurrección de los muertos. Jesús respondió: «Cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas maridos, sino que serán como ángeles en los cielos» (Marcos 12, 25). Interpretando de manera errónea esta frase de Cristo, algunos han sostenido que el matrimonio no tiene ninguna continuidad en el cielo. Pero con esta frase Jesús lo que rechaza es la idea caricaturesca del más allá, como si fuera una sencilla continuación de las relaciones terrenas entre los cónyuges; no excluye que ellos puedan reencontrar, en Dios, el vínculo que les unió en la tierra.

De acuerdo con esta perspectiva, el matrimonio no termina del todo con la muerte, sino que es transfigurado, espiritualizado, sustraído a todos aquellos límites que marcan la vida en la tierra, como, por lo demás, no se olvidan los vínculos existentes entre padres e hijos, o entre amigos. En un prefacio de difuntos, la liturgia proclama: «La vida no termina, sino que se transforma». También el matrimonio, que es parte de la vida, es transfigurado, no suprimido.

Pero ¿qué decir a quienes tuvieron una experiencia negativa, de incomprensión y de sufrimiento, en el matrimonio terreno? ¿No es para ellos motivo de temor, en vez de consuelo, la idea de que el vínculo no se rompa ni con la muerte?   

No, porque en el paso del tiempo a la eternidad el bien permanece, el mal cae. El amor que les unió, tal vez hasta por poco tiempo, permanece; los defectos, las incomprensiones, los sufrimientos que se infligieron recíprocamente caen. Es más, este sufrimiento, aceptado con fe, se convertirá en gloria. Muchísimos cónyuges experimentarán sólo cuando se reúnan «en Dios» el amor verdadero entre sí y, con él, el gozo y la plenitud de la unión que no disfrutaron en la tierra.        

En Dios todo se entenderá, todo se excusará, todo se perdonará.

Se dirá: ¿Y los que estuvieron legítimamente casados con varias personas? ¿Por ejemplo, los viudos y las viudas que se vuelven a casar? También para ellos debemos repetir lo mismo: lo que hubo de amor y donación auténtica con cada uno de los esposos o de las esposas que se tuvieron, siendo objetivamente un «bien» y viniendo de Dios, no se suprimirá. Allá arriba ya no habrá rivalidad en el amor o celos. Estas cosas no pertenecen al amor verdadero, sino a la limitación intrínseca de la criatura, concluye el predicador del Papa.

Entonces, aclarado queda el tema: la vida no termina, se transforma.

Bendiciones y paz.

 
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