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Familia.
La espiritualidad en la familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

La espiritualidad en la familia.

Autor: Padre Pedro Hernández Lomana, C.M.F.   
Fuente: www.mensajespanyvida.org

La verdad es que este es un tema que visto desde una objetividad clara, parece evidente a nuestra motivación familiar, y sin embargo nunca, hasta hoy, hemos tratado, ni dicho nada, sobre él. Cierto es, que tal vez deberíamos haber empezado con él, o que en todo caso se sobreentiende en una familia cristiana, pero en fin, de cualquier manera, hoy sí, queremos meternos a fondo con el tema.

Pareciera la cosa más natural, si de la familia cristiana hablamos. No parece propio de esta familia, que empiece a funcionar como tal, sin que al mismo tiempo no esté impregnada de una fuerte espiritualidad, que diera, la tónica del vivir de cada día, y que además amasara la fuerza de ser tal familia, y de gozar la feliz alegría pertinente a ese modo de vivir. Bien puede ser, que hoy, también se nos haya caído este valor, sin darnos, incluso, cuenta de la importancia de su posesión, como orientadora de toda nuestra acción, y animadora del ser familiar

Digamos, que la espiritualidad es un don y un arte, que el Espíritu nos concede para que respondamos en nuestras propias visiones diarias, y en nuestro hacer responsable, con un compromiso constante. Es un don, evidente, de la bondad de nuestro Dios y su Espíritu, que diariamente vamos haciendo nuestro, en la medida en que porque le apreciamos y vivimos desde su modo de ser, más y mas nos ajustamos a los motivos que tiene ese maravilloso precepto de “amaros” que Él nos dio, y esa necesidad intrínseca de ser nosotros mismos en todo lo que vivimos y expresamos desde esa su condición realizadora. Es evidente que solo desde Dios vamos a poder expresar lo mejor de nosotros mismos, sin perder el encanto de lo nuestro, de lo personal, de lo cristiano. Como toda gracia, es también, en nuestro ser, para crecer, porque es la vida de Dios en nosotros, tratando de orientar todo lo que para nosotros supone valor, y conciencia de positiva maduración en esta vida espiritual. Por supuesto, que en cada uno de nosotros, hay muchas cosas muy positivas, que no estamos, a ratos, anuentes a considerar, y vivimos, en muchos casos, como si no tuviéramos absolutamente ninguna condición de valoración positiva de nuestra personalidad. Tal vez a nuestro lado viva con nosotros alguien a quien no le interesa valorar postizamente nuestras cualidades. No dudes que las tienes, y defiéndelas, desde un diálogo constructivo y responsable, en familia.

Crecer, es un verbo difícil hoy, por lo que a su afinación se refiere, no creemos en eso, y pocos nos damos a la labor de actuar esa positiva condición que maduraría nuestro ser. Sin embargo, dejadme que os diga, que es lo más natural dentro del orden humano. Crecemos evidente en estatura física, a veces, o más comúnmente, también crecemos en estudios, podemos hasta terminar nuestras carreras. Menos frecuente es crecer en el espíritu, y en la espiritualidad que nos cambiara en positivos, y nos hiciera hombres de bien. La gracia es de Dios, El nos la da, lo mismo, la espiritualidad es un don de Dios, es gracia de Dios, que se nos ofrece para actuar en nosotros y potenciar nuestro ser según nuestras capacidades y nuestra voluntad de respuesta. Una vez que tengamos el gusto por lo bueno, como consecuencia de nuestro aprecio a lo que El hace en nosotros, imponiendo ese estilo de sencillez y humildad en todo lo que hacemos, la espiritualidad iría armonizando lo mejor nuestro, que no ha de ser poco, al sentirnos servidores de los demás, tanto más de los que viven con nosotros, y ofrecerles nuestro don también, como aliciente constante de superación y elegante responsabilidad constructiva. Qué importante es esto para nuestras familias, y cómo me gustaría que supieran apreciar, en su vivencia este don de la espiritualidad que tan generosamente Dios no da.

Decimos también que es un arte. Precisamente lo que caracteriza a un artista, es su abundante vida interna, su capacidad de vivir internamente su propia existencia, y la relativa fuerza de sus intuiciones, que se abren un camino evidente, a través de la expresión, a la creatividad. El cristiano es artista por naturaleza, que desde dentro modela su corazón y, en contacto con el espíritu mueve esa imaginación y la hace fecunda en las mil y una oportunidades, que el hogar o la oficina ofrecen, para suavizar los ambientes con su toque de calor y elegancia, configurando un modo de ser particularmente agradable, que impresiona y conmueve, dándonos la mano, y llevándonos al cambio humano, que necesitamos. La espiritualidad se expresa así, con toda la fuerza de Dios en nosotros. Todo esto, nos debe hacer ver desde las exigencias interiores de nuestra ser personal, la relevancia de lo que el Espíritu nos ofrece, y que, en nuestra vida, pide una espiritualidad fuerte y contundente, que armonice el medio en que nos desenvolvemos, y trasforme todo empeño por hacer del hogar un espacio sagrado. Es como si por dentro tuviéramos un calentador que fuera ablandando, no solo nuestras ideas, sino todo el ser nuestro, en orden a conformarlo como una caracterización de lo divino en nosotros. Eso además nos haría experimentar la dulzura del bien, hecho que nos lleva a una vivencia de felicidad sin nombre, que es fruto de nuestra apego a lo que el Señor exige y pide, al activar nuestro mundo interno, y hacerlo creador de valores familiares, entre otras cosas.

Nuestra espiritualidad se nos da, para que respondamos con un compromiso constante. Dos palabritas que hoy se nos ofrecen como verdaderamente oportunas. El compromiso tampoco se estila hoy, sin embargo, la vida, nuestra vida, está llena de momentos comprometidos, a los que deberíamos saber dar una respuesta adecuada, desde nuestra responsabilidad de personas en Dios. Pero sobre todo es importante cumplir con el Señor. Amén,... es una palabra típica y muy nuestra. Pocos sabemos que está ligada a una raíz hebraica que significa e implica firmeza, solidez, seguridad. Decir amén es proclamar que se tiene por verdadero lo que se acaba de decir, con miras a ratificar una proposición o a unirse a una plegaria. La palabra amén compromete mostrando nuestro conformidad con alguien. Y si uno se compromete con Dios, es que tiene confianza en su palabra y se remite a su poder y a su bondad; esta adhesión total es al mismo tiempo bendición de aquel al que uno se somete (Neh 8,6); es una oración segura de ser escuchada (Tob 8,8; Jdt 8,8). Ya veis como el compromiso tiene una aseveración afirmativa segura. Y nosotros debemos, al querer vivir nuestra espiritualidad, intentar que siempre ella sea el toque mejor de nuestra personalidad, dando seguridad, incluso, desde nuestro hacer, a los que nos rodean, para que ella vaya configurando, a su manera, el ser de nuestro hogar.

Es indiscutible el poder armonizador que el Espíritu nos ofrece, en principio para nosotros mismos, pero también para todos los que viven con nosotros. Desde luego, la espiritualidad es una condición muy personal de cada uno de nosotros, y que además de transformar nuestro ser en hombres de capacidad de respuesta segura, introduce la comunión familiar, como el hecho más notable entre los comformantes de un hogar. Ahí hay confianza y sobre todo gozo pleno de sabernos abarcados por ese espíritu fuerte, decidido, que siempre refiere nuestra personalidad. Por eso, no temamos los compromisos que el cambio a la felicidad exijan nuestros hogares. Claro, en principio todo debe ser hecho con el respeto que el hogar demanda. Allí la ternura, la escucha, la palabra y la compasión, deben privar como el más rico tesoro en posesión de todos; ello irá formando día a día, el hábito de hogar sano, que tanto se agradece hoy, como el calor natural en el que uno sueña, cuando la frialdad y los malos recuerdos, tan abundantes en nuestra cultura claramente dispersiva de nuestros mejores valores, que nos hacen vivir y hasta soñar, la experiencia confortante y cálida de nuestro hogar.

Seamos pues constantes en la práctica y vivencia de nuestra espiritualidad personal y matrimonial hogareña. Es claro que podemos hacerlo, recurriendo a nuestra constante apreciación de lo que el esfuerzo por mantenernos en Dios, en la apreciación de su gracia, supone de positivo, y de afirmación de nuestros mejores valores humanos. Es cierto que somos flojos y que podemos caer, pero es más cierto y más humano, que no debemos recurrir a esta situación, si de veras queremos el cambio que propicia esta espiritualidad para el hombre. Cuando el hombre busca y quiere su bien, sabe que debe esforzarse. Eso es humano, y no lo es tanto, el decaimiento despersonalizado que nos envuelve, cuando nos negamos a roturar nuestro campo, para que crezca con holgura el amor. Precisamente S. Pablo en su carta a los (Corintios, 3 15-4. 1,3-8) nos dice: “El Señor de que se habla es el Espíritu; y donde hay Espíritu del Señor hay libertad. Y nosotros todos, que llevamos la cara descubierta, reflejamos la gloria del Señor, y nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente; así es como actúa el Señor que es Espíritu. Por eso, encargados de este ministerio por misericordia de Dios, no nos acobardamos”.

Qué mejores palabras podríamos haber encontrado para señalar la necesaria coherencia de la constancia alegre, a la hora de poner en marcha nuestro hogar, porque sentimos que estamos encargados por el Señor, de todo eso que en nuestro hogar debemos cambiar, para transformarlo en un rincón de nuestra fina espiritualidad, desde la que demos la mano, a todos los que en él se cobijan.

 
Tres maneras de trabajar el perdón en familia: PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

 

Tres maneras de trabajar el perdón en familia: me perdono, me perdonas y te perdono.

Autor:
Fuente: iglesiasdomesticas.com

El Evangelio de Mateo nos trae la gran respuesta que Jesús le dio a Pedro cuando éste le pregunta cuántas veces se debe perdonar al hermano, ya que la ley de los judíos daba una cantidad limitada de tres veces. Pedro, queriendo ser mucho más generoso, lo multiplicó por dos y le agregó uno más, creyendo que la respuesta de siete veces iba a ser la misma del Maestro.

Cuál sería la sorpresa de Pedro al escuchar de Jesús que debemos de perdonar hasta setenta veces siete, es decir: SIEMPRE. Por ello le cuenta la parábola del rey que ajustó cuentas con sus empleados, perdonando a uno de ellos todo lo que le debía; pero éste, al no hacer lo mismo con uno de sus compañeros, fue llamado nuevamente por el rey para ser recriminado por lo que no hizo: PERDONAR, y fue llevado a la cárcel para que pagara todo lo que debía. (Leer Mateo 18,  21-35)

Padres, la manera de enseñar a la familia el tema del perdón es a través de nuestro ejemplo; es decir, por medio del testimonio que nosotros demos interna (me perdono) y externamente (me perdonas y te perdono) en el hogar. Estas tres maneras de perdonar van de la mano, puesto que uno da de acuerdo lo que tiene en el corazón.

Para ello, los invitamos que analicen su vida personal a través de una serie de preguntas que les ayudarán a evaluar su relación con el perdón:

Preguntas clave en una familia
Me perdono: ¿Haz cometido errores en tu vida? ¿Cuáles? ¿Sigues repitiendo esos errores? ¿Quisieras cambiar esos errores por oportunidades? ¿Quieres perdonarte? ¿Te comprometes a no volverlos hacer?

Me perdonas: ¿Haz ofendido a alguien con tu actitud o con tus acciones? ¿Le has pedido perdón? ¿Quisieras pedirle perdón nuevamente o por primera vez a él o ella? ¿Te comprometes a cambiar esa actitud o manera de ser que no te deja crecer como persona?

Te perdono: ¿Te han pedido perdón? ¿Cuál fue tu reacción? ¿Perdonaste de verdad? ¿Quieres perdonarlo de verdad? ¿Estás dispuesto a decirle a él o ella que los perdonaste de corazón?

Padres, éstas tres maneras de trabajar el perdón, pueden ayudarnos a crear fuertes lazos de amistad en la comunidad y amor en la familia. Recuerden que el perdón no solamente se enseña sino que también se practica, y que mejor que desde el hogar.

Lo interesante del perdón es que es setenta veces siete, es decir: SIEMPRE; no siete veces como supuso Pedro, o tres como creían los judíos. Todavía estamos a tiempo, ¡comencemos ya!

Para más información visite la página: www.iglesiasdomesticas.com

 
¿Sabías que la Biblia te dice cómo amar a tu esposa? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

 

¿Sabías que la Biblia te dice cómo amar a tu esposa?

Autor: Siame.
Fuente: www.religionenlibertad.com

10 consejos muy claros, directos y prácticos
Piensa en lo solo que estarías sin ella. Adán estuvo solo y no fue bueno para él, así que Dios le dio una esposa. Tienes una compañera para toda la vida, ¡qué bendición! Agradécele a Dios y reza por ella a diario.

Los esposos tienen la responsabilidad de amar y honrar a sus esposas. ¿Te gustaría ser un esposo que ama a su esposa así como Cristo amó a la Iglesia?, entonces sigue estos consejos:

1. “Ama a tu esposa así como Cristo amó a la Iglesia”. (Efesios 5, 25)
El amor de Cristo por la Iglesia es ilimitado, nada lo detiene; Él dio su vida por la Iglesia. Bajo la autoridad de Dios, ama a tu esposa como si le dieras tu vida a Dios.

2. “Ama a tu esposa de la misma forma en que amas tu vida.” (Efesios 5, 28-33).
Cuida las necesidades y el bienestar de tu esposa. Siente su dolor y enfermedad, y regocíjate en su salud como si fuera tu propia vida. Sus necesidades espirituales, físicas, emocionales o económicas deben merecer tu esfuerzo absoluto. Sólo de esta manera puedes amarla y proveerla, así como lo haces con tu propia persona.

3. “Sé considerado, comprensivo..." (I Pedro 3, 7a)
Para ser considerado, debes renunciar a ti mismo. Cuando ella necesite levantar cosas pesadas, ¡hazlo tú! Si necesita tiempo ¡dáselo! Ayuda a tu esposa con toda tu energía, muéstrale tu amor con toda consideración. Reza y pide a Dios la gracia para ver en qué ocasiones actúas desconsideradamente, y corrige tu comportamiento.

4. “No seas cruel con tu esposa.” (Colosenses 3, 19)
Cuando una esposa es sensible, las respuestas crueles, tu enojo, los tonos de voz de irritación e impaciencia la afectarán profundamente. Actúa y dirígete siempre a ella con amabilidad y respeto. Recuerda que tu esposa es un regalo precioso que Dios te ha dado.

5. “Honra tu matrimonio; mantenlo puro siendo honesto en todas las formas.” (Hebreos 13, 4)
Jesús dice: “las miradas lujuriosas son adulterio.”(Mateo 5, 28). Mantén tu matrimonio puro entrenando a tu corazón y ojos para que sean fieles a tu esposa. ¡Tu matrimonio cosechará grandes beneficios si lo haces! Agradécele al Señor la belleza y apréciala, pero mantén tus ojos, alegría, mente y corazón en tu esposa.

6 . “No te dejes seducir por otras mujeres.” (Proverbios 5, 20)
Encontrar atractivas a otras mujeres y mirarlas, deteriorará la visión que tienes de tu esposa. Estarás menos satisfecho con ella, y ella se sentirá menos especial para ti. Ningún hombre puede crear el hábito de mirar a otras mujeres sin que su mujer lo note. Cuando le pides a Dios la gracia de mirar atractiva solamente a tu mujer, ella también lo notará y se sentirá como la reina del mundo y tú te enamorarás más de tu mujer.

7. "Llama a tu esposa ‘bendita’ y elógiala." (Proverbios 31, 28-29)
Dile que es especial y que es mejor que cualquier otra mujer en la tierra. No menciones sólo su belleza física, sino cuánto la valoras como persona. Mira cómo se goza tu esposa mientras le llenas los oídos de elogios. ¡Ella anhela esas palabras y quiere oírlas de ti!

8. “Sé agradecido por tu esposa y date cuenta del favor que has recibido de Dios.” (Proverbios 18, 22)
Piensa en lo solo que estarías sin ella. Adán estuvo solo y no fue bueno para él, así que Dios le dio una esposa. Tienes una compañera para toda la vida, ¡qué bendición! Agradécele a Dios y reza por ella a diario.

9 .“Sé una sola carne con tu esposa en todos los sentidos.” (Mateo 19, 5)
Disfruta la vida con ella. Apresúrate para llegar a casa con ella cuando sales del trabajo. Piensa en ella durante el día, llámala a diario. Aprended a llegar a acuerdos como pareja. Invertid tiempo en hablar y compartir los eventos del día. Muestra un interés genuino, escuchando atentamente, prestando una total atención y mirando a los ojos. Sed como si fueseis uno solo.

10. Honra a tu esposa “como coheredera de la gracia... para que sus oraciones no encuentren obstáculo” (1Pe 3, 7b)
En el Sacramento del Matrimonio, tú y tu esposa recibisteis la misma gracia; cultívala: ora con ella, asistid juntos a Misa y a visitar el Santísimo Sacramento, rezad el Rosario; edificad vuestro Matrimonio cimentados en Jesús y de la mano de María.

 
La importancia de María en la familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.


La importancia de María en la familia.

Autor:
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
Fuente: caminando-con-maria.org


Estamos siendo testigo de una de las situaciones más tristes del ser humano, la peor pesadilla y la mas dolorosa, esta es la agonía del matrimonio, y lo más increíble son las soluciones que le estamos dando, que lo único que hace es aumentar la pena y el sufrimiento angustioso de todos sus miembros.

Si fuéramos capaces de mirar como ha tratado Dios a la familia, y seguir ese modelo familiar en forma consecuente, podríamos recuperar la salud del matrimonio y ser testigo del fin de la angustia y el temor de muchos hombres, mujeres y niños. Cuando Dios preparó el plan de salvación de los hombres, nos envío a su hijo y lo hizo como parte de una familia y como hijo de María.

En efecto, Jesús podría haber aparecido de otra forma, haber sido encontrado como un niño abandonado, haber sido adoptado por los esposos José y María, o haber llegado como un peregrino, pero Dios no lo quiso así, el nació como todos, de una mujer. Además nació en el mismo pueblo que pecó contra Dios, para confirmar el carácter de Redentor para recuperar y salvar a los hombres.

Dios le otorgo un gran valor a la familia, Jesús nace de una mujer, es alimentado y cuidado en el seno de ella, y creció como lo hacen muchos niños, con amor familiar entregado por sus padres, la Virgen Maria y San José, y no puede ser de otra forma, porque el ambiente más apropiado para el crecimiento, formación y desarrollo emocional de un niño es la familia y especialmente con una vida ordenada, fiel, de mutua preocupación y cuidado, e intenso amor.

Las escuelas entregan la instrucción educacional de un niño, pero los ejemplos de cómo vivir en el amor se aprenden en la familia, con respeto de los padres a los hijos y estos a sus padres, que son nuestro prójimo mas inmediato, entonces como consecuencia aprendemos a cumplir los mandatos de Dios, como honrar padre y madre, no matar dando luz a todo ser que se esta concibiendo, no deseando la mujer del prójimo con ejemplos de fidelidad conyugal, amando al prójimo como a nosotros mismos, actitudes básicas que demuestran que entendemos que lo primero es amar a Dios sobre todas las cosas.

En efecto, en la familia nace y reside el más apropiado sitio para aprender todos los buenos valores con los cuales ha de vivir alguien que ama a Dios, entonces la organización social de los hombres tiene su sitio mas importante en la familia, allí el amor enseña la diferencia de lo bueno y lo malo con lo cual se enfrentará el hombre en el ambiente externo, en una unión matrimonial fuerte se implanta desde muy temprana edad firmemente los valores con los cuales los hombres aprenderán a convivir en forma armoniosa en la sociedad.

La pérdida progresiva de las cualidades morales va produciendo la agonía de la familia, la ausencia de interés por la vida familiar, va debilitando cada vez más esta institución del matrimonio que viene de Dios, adoptando de esta forma una actitud irreverente, a lo cual no podemos ser permisivos.

Entonces así como el padre, la madre cumple el mas importante papel de su vida al participar en la familia, por ella se desarrolla y se forma un niño, entregándole no solo las necesidades básicas, también las del amor, que es la fuente de vida de todo ser. Es así como Dios pensó como debía formarse su Hijo, es así como también le entregó a la mujer un don especial, la maternidad, pero no solo para engendrar, sino que para formar, educar, cuidar y participar activamente en la primera etapa de vida de sus hijos.

Dios eligió a una mujer que con su actitud nos demostró que efectivamente era digna de ser Madre de Dios, y con esto nos damos cuenta como para Dios todos somos importantes, y que para El no es preferente el nivel socio-económico de sus hijos, y así la mujer que da a luz al Hijo de Dios, es sencilla y simple, pero muy importante para EL, así lo explica San Lucas  [Lc, 1,28-29-30-31] Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo. Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús.

Así, quedo fuera de toda duda que María fue favorecida y muy importante para Dios y luego para todo el mundo, y ella desde que recibió la visita del ángel en la anunciación, demostró su amor y fidelidad al Padre. Pureza e inocencia de corazón quedo a la vista del ángel Gabriel, es así como María dijo al ángel: « ¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?» [Lc 1,34] y el ángel le contesto: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. María, dispuesta a totalmente a Dios, responde: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho». [Lc 1,38], de esta forma María nos enseñó su fe y su obediencia.

María nos muestra su humildad, su respeto y amor a Dios, con su obediencia, y lo hizo a través de toda su vida, y acompaño a su Hijo con lealtad y amor en todos los momentos, allí estuvo ella al pie de la cruz, hasta el último segundo, a pesar de que muchos ya habían abandonado a su Hijo. María participó en el plan de Dios para nuestra salvación al ser Madre de Jesús,  porque no ver en ella entonces la ayuda necesaria para la salvación de los males de la familia, como esposa y madre modelo, acompañado de un ejemplo de esposo, San José, también ejemplo de padre con su hijo.

Sobran meritos para confiar en María la ayuda que necesitamos en nuestra familia, ella asumió perfectamente el papel de madre y esposa, y lo continuó dando este ejemplo a través de toda su vida terrenal.

Cuando nace Jesús, José esposo de María,  esta presente, dando un gran valor a la presencia directa del esposo en el parto de sus mujer, así muchos están hoy en el parto de sus hijos, me parece una actitud gratificante para todo matrimonio. “Fueron apresuradamente y hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre”. [Lc 2,16]

Los esposos Maria y José están siempre unidos, cuando su hijo corre peligro por la medida de Herodes de asesinar a los niños, José le da protección a su familia y huye a Egipto y cuando muere Herodes, él los trae de regreso a Nazaret, cuando hay que cumplir con lo dispuesto en las leyes, lo hacen juntos; “ Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor”  [Lc 2, 22]

En efecto, la preocupación por la familia, la vida unida de los padres de Jesús esta presente en los Evangelios, “Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. [Lc 2, 41]. Lo triste de hoy día, es que los padres salen a actividades que pueden compartir, separados del resto de la familia, no cultivando la riqueza de la vida en común, de la grata compañía de los seres queridos, no dando continuidad a esa forma de ser durante el noviazgo, cuando queremos involucrar a nuestra pareja en todo y no queremos estar en ningún instante separado.  “Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser” [Lc 2, 22]

La preocupación por los hijos decae cada vez más, ellos salen y no hay preocupación por saber lo que hacen, entonces luego nos encontramos con sorpresas sobre lo que aprenden fuera de casa que no siempre es de buena orientación, cuantos niños se ven abandonados en las calles, cuantos padres no saben lo que sus hijos hacen, parece que muchos y esta irresponsabilidad esta trayendo graves consecuencias en la formación, y lo peor es que los hijos al ver que a sus padres no les importa ni lo que piensan, toman actitudes rebeldes difíciles de controlar. Nuevamente los padre de Jesús nos muestra que ellos se sienten angustiado si no saben de su hijo, cuanto Jesús se queda en el templo asombrando a los maestro de la Ley, sus padres lo andaban buscando, le hicieron saber su preocupación; “Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos». [Lc 2, 48].

La tarea de María como madre, fue siempre abnegada, generosa, nunca pensando en si misma, dio a luz, amamanto, alimento crió y acompañó a Jesús por tres décadas, y cuando su Hijo partió a la casa del Padre, su presencia fue de gran relevancia, y ella asume un nuevo papel de importancia, ser nuestra Madre; “Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.».[Jn 19, 25-27]

Entonces María es hecha nuestra Madre espiritual, esposa ejemplar, ejemplo de vida familiar, y como madre nuestra, ella nos cuida y esta con nosotros sus hijos de la misma forma como lo hizo con Jesús, y esta dispuesta y siempre lista para oír nuestras súplicas, cada una de nuestras peticiones y elevarlas a su Hijo, y Jesús esta dispuesto a acoger lo que le pida su madre. En las bodas de Cana, sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿por qué te metes en mis asuntos? Aún no ha llegado mi hora».Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga». Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno. Jesús dijo: «Llenen de agua esos recipientes». Y los llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, les dijo, y llévenle al mayordomo». Y ellos se lo llevaron. [Jn 2, 3-8].

«Hagan lo que él les diga», [Jn 2, 4],  es lo que debemos recibir de María, esto es sigan las enseñanzas de Jesús, hagamos lo que nos dice Cristo en los Evangelios, es la respuesta inmediata, y es la forma mas segura de caminar por buenos caminos, y así ella nos indica cual es la salvación que necesitamos, buscamos, María no muestra y nos pide ir al Hijo y él nos lleva al Padre.

Toda buena madre es buena esposa, dos requisito importantes en la familia, y Maria nos enseña, y además es el medio para llevarnos a Jesús, el cuidó a su hijo y nos cuidará a nosotros, así Maria adquiere gran importancia en nuestras vidas, especialmente en nuestra vida familiar y la debemos tener en cuenta. No podemos ir a venerar a nuestra Madre, si estamos por otra parte siendo permisivos con la crianza de nuestros hijos, no podemos ir a María si estamos alentando la separación de los esposos, no podemos ir a ella, y no tomarla como modelo de vida familiar, pero si podemos recurrir para pedir su intersección por nuestra necesidades, especialmente las que María Santísima conoce muy bien,  como debe ser una familia.

Recemos a la Virgen María, y pidámosle por la recuperación de la vida familiar, y por la unidad de la familia, nos traerá mucha paz y amor a nuestros corazones.

María, madre mía, eres dueña de mi corazón

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 
5 Ingredientes que no deben faltar en el matrimonio. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.


5 Ingredientes que no deben faltar en el matrimonio.

Autor:
Fuente:
LaFamilia.info

El matrimonio tiene mucho que ver con el arte de cocinar. Se seleccionan los mejores ingredientes, se prepara cuidadosamente y se realiza un proceso de cocción. Luego se prueba y se plantean mejoras para que la próxima versión sea superior. Así debe ser el matrimonio, un proceso en permanente construcción para lograr un estupendo resultado, dando siempre lo mejor de cada uno. Y estos cinco ingredientes que no deben faltar:

1. El buen humor

Si bien es importante llevar una vida ordenada y con cierta estructura, igualmente es primordial ser flexible ante las circunstancias desfavorables que hacen parte de la naturalidad de la vida. Una sonrisa en medio de un ambiente tenso, puede despejar la hostilidad y cambiar el rumbo de una situación que seguramente no iba a desembocar en un buen final.

Francisco M. González en un artículo publicado por The Family Watch anota lo siguiente: “¡Cuántas amargas discusiones de pareja se evitarían si ante un malentendido, una presunción equivocada, el error inevitable o el despiste habitual, en lugar de la “chispa incendiaria” saltara la carcajada o la sonrisa franca y natural! En el fondo, el optimismo y el buen humor en el matrimonio creo que indican, también, madurez, imaginación y no tomarse por la tremenda lo que no tiene tanta importancia.”

2. La creatividad


En entregas anteriores se ha tratado el tema de la rutina y el peligro que ella representa para el matrimonio (Ver Erradicar la monotonía: reto en el matrimonio). No es de extrañar pues, que los quehaceres de la vida diaria desplacen los espacios que los cónyuges están llamados a compartir juntos, ¡gran error! Por ello se convierte en una tarea apremiante, el buscar alternativas que rompan la monotonía e inviten a la re-conexión de la pareja.

3. La comunicación


Se especula que la mayoría de las crisis matrimoniales tienen el mismo origen: falta de comunicación. No hay nada que una buena plática no pueda solucionar, el diálogo es una herramienta básica de toda relación humana y en especial cuando se trata de la conyugal.

Los esposos han de adoptar la comunicación como su aliada, su compañera y así llegar a conocer al cónyuge de manera tan profunda, que dicho conocimiento puede evitar situaciones que causen disgusto. Una pareja que se comunica, es una pareja que se reconoce, que identifica las fortalezas y debilidades del otro y sabe además encontrar un apoyo en los momentos de dificultad. La comunicación genera lazos de confianza e intimidad que fortalecen la relación. Un diálogo sincero, sereno, amoroso y respetuoso hace maravillas, incluso en ciertos casos, puede ayudar más que cualquier terapia.

4. El respeto


Una relación de respeto, es una relación fiel, sincera, amorosa. La autora Sheila Morataya Fleishman habla con relación a este tema y expone: “¿Recuerdas la primera vez que tuvieron una pelea y preferiste guardar silencio? O por lo menos ¿no alzaste la voz? Lo hiciste por respeto, ¿verdad? (…) La actitud `respeto´ hacia lo que el cónyuge es, decide, hace y opina es básica para que la relación de pareja no sufra heridas que con los años si no se cuidan pueden volverse en verdaderas llagas que jamás podrán cerrarse. El famoso filósofo Dietrich Von Hildebrand llamaba al respeto `la madre de todas las virtudes´, e insistía en que el respeto es la clave para una vida feliz y desde luego para un matrimonio feliz.”

Las faltas de respeto resquebrajan el amor e impiden además el desarrollo humano; desterrar estas negativas conductas, se convierten en una de las búsquedas incesantes del matrimonio.

5. La confianza

Todo aquello que se basa en la confianza, tiene un éxito casi que seguro. El confiar en el cónyuge, es decir, confiar en su amor, en sus capacidades, en sus promesas… es un acto que provee solidez a la relación. Depositar en el otro la confianza, es un acto de amor, es más, el matrimonio en sí mismo, es una demostración maravillosa de confianza, se entrega al otro lo mejor de sí para formar uno solo.

No olvidemos estos cinco ingredientes que están de lado del matrimonio, se encuentran al alcance de los esposos para servirles, ayudarlos y mantenerlos fortalecidos.

 
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