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Familia.
25 Actos de Navidad en familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

25 Actos de Navidad en familia.

Autor:
Sheila Morataya-FleishmanTe
Fuente: www.encuentra.com

Damos 25 sencillas sugerencias prácticas para que esta Navidad sea verdaderamente cristiana.

Navidad. Se acerca nuevamente la época más esperada del año. Y es que el mes de Diciembre se nos presenta para tener una disposición orientada a todo lo bueno, a todo lo que construye, a todo lo que da alegría. Cristo y su nacimiento es la razón de tu alegría.

  • 1- Comienza tu día con una oración reflexionando en el sentido del tiempo de adviento que es la preparación inmediata para la celebración de la Navidad.
  • 2- Haz un propósito pequeño que te lleve a pensar en los demás.
  • 3- Escribe un mensaje de navidad a una persona de la que estés alejado.
  • 4- Deja una carta de Navidad debajo de la almohada de tus hijos pequeños.
  • 5- Piensa qué persona pobre o necesitada requiere un detalle de cariño tuyo.
  • 6- Si tienes una empleada de servicio no esperes la Navidad para darle un regalo. Dile ahora mismo cuánto aprecias el trabajo que hace por ti.
  • 7- Incluye en tu lista de regalos a tu parroquia, una comunidad de religiosas, un asilo de ancianos y tu empleada de servicio. Haz algo especial para ellos junto con tus hijos pequeños.
  • 8- Si trabajas y en tu empresa se hará una fiesta, escoge unas estampas con el nacimiento y escribe en ellas “No te olvides de Jesús esta Navidad”, y regálalas el día de la fiesta a todos los que puedas.
  • 9- ¿Tuviste un año difícil con un empleado, un amigo o tus hijos? Sería bueno que pidieras perdón e hicieras las paces.
  • 10- ¿Hay en tu corazón alguna espina contra alguien que no te apreció, te hirió o te ignoró? Sería maravilloso recomenzar.
  • 11- Háblales a tus hijos pequeños de lo que es el perdón y busca si ellos guardan algún sentimiento contra alguien para que con amor de niño perdonen.
  • 12- Háblales a tus hijos adolescentes del perdón, profundiza en las formas en que puede deformar la personalidad y dañar las relaciones. Motívalos a la acción de perdonar.
  • 13- Invita a un amigo que esté solo a un lugar bonito a almorzar.
  • 14- Hornea galletas de navidad para cada uno de tus vecinos, llévalas junto a tus hijos.
  • 15- Procura en estos días enfocar más tu atención al regalo de la paz que a los regalos materiales que tienes que dar.
  • 16- Vigila de cerca no excederte en las comidas.
  • 17- Trata de vivir la pobreza material cuando vayas de compras.
  • 18- Procura controlar la vista al caminar por los centros comerciales.
  • 19- Apégate a un presupuesto.
  • 20- Compra regalos que contengan el significado de la navidad en lo posible.
  • 21- Haz una lista de los defectos de carácter que no quieres que te dominen.
  • 22- Tómate un tiempo para apreciar más a tu familia y evoca momentos felices.
  • 23- Además del árbol de navidad elabora un pesebre o nacimiento (Belén).
  • 24- Lee en familia el pasaje del nacimiento de Jesús que aparece en el Evangelio de San Lucas.
  • 25- Si alguien de tu familia no vive su fe como debiera, no le obligues ni te enojes. La mejor forma de hacer apostolado es con tu comportamiento.


¡Felices fiestas!




 
Vivir el Adviento en familia. PDF Imprimir E-mail
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MaloBueno 
Reflexiones - Familia.

 

Vivir el Adviento en familia.

Autor: Beatriz Montes Ferrer

Fuente: www.caminayven.com

Vivir el Adviento en familia«El Adviento es un tiempo de preparación para el nacimiento de Jesús», contestaba un niño a su catequista ante la pregunta sobre el significado de esta palabra.

«Pero, ¿qué tenemos que hacer para prepararnos?», continuaba cuestionando ella, a lo que su alumno respondió, un poco de memoria por lo ya escuchado varias veces en otras catequesis recibidas en la parroquia: «portarnos bien, ser obedientes, ayudar, no pelearnos…»

Esta escena se repite cada año en muchas parroquias, colegios… Los niños conocen bien la respuesta, sí, el que viene es Jesús, nació en Belén y esto lo celebramos los cristianos en la fiesta de la Navidad… pero, entonces, los que no son cristianos ¿qué están celebrando?.

La alegría que desprenden los rostros de los niños cuando ven las calles de su ciudad llenas de luces, los escaparates repletos de adornos, es realmente contagiosa. Todo es un estallido de colores, suena música navideña por cada rincón, hasta parece que las personas que te saludan lo hacen con más ilusión. En la televisión los anuncios te invitan a comprar ese magnifico perfume que sería ideal para atraer más a tu pareja, ese último ipad, ipod o juego para la consola que ha salido nuevo, una tablet porque hay que estar a lo último y un sin fin de juguetes que a los niños vuelven locos.

Es tiempo de hacer regalos a los seres más queridos y de organizar comidas de empresas para convivir de “otra forma” con los compañeros de trabajo (pero sin el cónyuge, por favor), es momento de reconciliarse con los familiares o amigos más alejados, de preparar la cena de Noche Buena… hay que darse prisa por hacer las compras necesarias para que todo quede perfecto. ¡Ah! y que no se olvide un buen vino y champán.

Así es como muchas personas se preparan en Adviento para acoger y celebrar el acontecimiento que ha revolucionado el mundo, el más importante para el ser humano: «Dios mismo no ha querido ser un Dios lejano, sino que se ha hecho hombre, nacido de una mujer que dijo sí a la  voluntad del Altísimo».

Es maravilloso todo esto de los adornos, los villancicos y las reuniones familiares, pero lo que los cristianos no podemos nunca olvidar es el verdadero sentido de esta fiesta y es nuestra responsabilidad como adultos, padres, educadores, religiosos… saber transmitírselo a nuestros pequeños, los más vulnerables ante este bombardeo materialista y que serán los hombres y mujeres que en un futuro intervendrán de una manera u otra en el desarrollo de esta sociedad.

La familia es sin duda el lugar idóneo para que ellos vean algo diferente a lo que tienen a su alrededor, para que reciban el don de la fe como el mejor regalo que cada año les pueden hacer los Reyes Magos. Es el corazón el que, en primer lugar, tanto los niños como los adultos debemos estar dispuestos a preparar. Para ello los padres deben aprovechar cualquier ocasión para recordarles que ahí dentro es donde nacerá Jesús, y es por ello que debe encontrar un pesebre limpio de pecados, sin rencillas con los hermanos, sin mentiras, un corazón muy grande para amar a todos.

Por supuesto la casa debe de prepararse también, pues es una gran fiesta, y como tal, merece que se engalane como la ocasión se merece: con los mejores adornos que tengamos, incluso se pueden divertir mucho si los fabrican ellos mismos. Es una ocasión idónea para ir explicando a los niños el significado y origen de éstos: la corona de Adviento con sus hojas de pino, las 4 velas, cada Domingo se puede reunir la familia en torno a ella, hacer una oración y encender una vela, aunque ya en la misa se vea nuevamente realizado por el sacerdote. También podemos ir preparando el árbol de Navidad con sus distintos elementos, y por supuesto, el portal de Belén que no puede faltar en un hogar cristiano. Esto les encanta: poner ovejitas, el río, los pastorcillos… aprovechando para contarles relatos, leerles textos bíblicos y de esta manera ir introduciéndoles en el verdadero significado de la fiesta que estamos esperando (sin el niño Jesús, claro, pues aún no ha nacido).

Rezar en familia es algo muy enriquecedor y necesario siempre, pero sobre todo en estas fechas. Ayuda a todos a disponer el corazón compartiendo también experiencias, dudas, aprovechando para reconciliarse unos con otros y haciéndoles ver a los pequeños (y no tan pequeños) que la familia se mantiene unida gracias al amor de Jesucristo que está en medio de ella, pues cada uno tiene sus debilidades y pecados y es por lo que este mundo necesita  de Jesús que pronto nacerá. Proponer también algún pequeño sacrificio como el no ver determinados dibujos de la tele para ofrecerlo por los más necesitados, ser más amable con los hermanos, ayudar más en casa, esforzarse en los estudios… les ayuda a mantener el interior en una constante alerta ante el acontecimiento que se avecina.

No podemos olvidarnos de la Virgen Maria, es ella la que espera con más ansias e ilusión a que nazca Jesús, pues es su hijo, al que lleva en su seno… rezarle un rosario con los hijos es algo que seguro le agradaría mucho. Si los niños son aún pequeños, se les puede iniciar con “los misterios gozosos” muy propios de  este tiempo litúrgico.

También se pueden conseguir cuentos propios de este tiempo, tanto en librerías como en páginas web.

La fe es sin duda el mejor regalo que se puede dar, pero ¿saben acaso qué es eso? Pues los más pequeños seguramente no, pero lo repetirán una y otra vez como lo más normal del mundo si lo escuchan al resto de su familia, ya lo entenderán, ya sabrán qué es; y los mayorcitos, estarán cada vez más capacitados para ir descubriendo, con ayuda de los adultos, qué es eso para su vida, esa confianza en el Señor.

A los niños se les han de decir las cosas claras para que no vivan en la ignorancia, pues de otra manera llegarán a creer que el Adviento es lo que en muchos colegios o amigos pueden oír: diversión, ir pensando en los muchos regalos que se van a pedir y comer muchos dulces. Inculcarles algo contrario a lo que viven casi diariamente, el materialismo y consumismo que nos rodea, parece tarea difícil, pero no imposible. Sólo educándoles en la precariedad en este sentido, en no desear más que lo necesario, en saber compartir con los más desfavorecidos y acercarles en la medida de lo posible a esa otra realidad, les podremos ayudar a vivir la vida y en concreto, el Adviento, de una manera diferente (bueno, y también soportando muchas quejas, cabreos y comparaciones con lo que otros sí tienen y ellos aún no).

Muchos niños ya no hacen carta a los Reyes Magos, pues se impone una vez más lo de fuera que lo propio de nuestras raíces; y Papa Noel y Santa Claus han ganado mucho terreno. Es importante que sepan el origen de unos y otros, sin menospreciar las costumbres de los países de donde proceden pero sí haciéndoles ver que, en definitiva, Papa Noel no fue al portal a ver al niño Jesús a llevarle regalos, principalmente, porque no existió (San Nicolás sí fue real). Que no pierdan nunca la ilusión y la fe en los Reyes Magos es algo fantástico, que se crean que realmente lo que se les pide tienen el poder de concederlo. Yo aún les escribo una carta todos los años y nunca me han fallado…

La familia es el lugar donde se transmiten la fe y los valores cristianos. No debemos dejar esta tarea sólo a educadores o catequistas, sino que ha de haber una armonía entre ambos, pues si en casa no se vive con alegría esa experiencia de que Jesús viene a traernos la salvación y la felicidad, no creamos que le va a dejar mucha huella lo que escuche en clase de religión (hora y media a la semana), pues el ambiente de alrededor seguramente lo acabe cegando. Es tarea y responsabilidad de todos pero, principalmente, de los padres y todos aquellos familiares que juntos hacen una magnífica Iglesia doméstica.

Muchas son las cosas que en familia se pueden hacer para un tiempo de preparación, de sólo hay que tener siempre presente a Jesús, a María, su madre y madre nuestra y mucha, mucha ilusión.

¡Feliz Adviento!

 
10 propuestas para VIVIR el ADVIENTO en FAMILIA. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

10 propuestas para VIVIR el ADVIENTO en FAMILIA.

Autor:
Fuente:
blogfamiliasinvencibles.blogspot.com

Desde Comunidade Caná, os hacemos 10 PROPUESTAS para vivir el ADVIENTO en nuestras FAMILIAS:

  • 1. Construir un Calendario de Adviento (empieza el día 1 y acaba el día 23 de diciembre).
  • 2. Poner el Nacimiento en casa, con algo personal hecho por nosotros (unas ovejitas de plastilina, estrellas para el fondo,  palmeras…) y participando todos en algo, aunque sea dar una idea.
  • 3. Poner la Corona de Adviento y cada Domingo encender una vela -al volver de la Eucaristía- y bendecir la mesa.
  • 4. Rezar cada noche el Padrenuestro, Avemaría y Gloria pidiendo por nuestra familia.
  • 5. Hacer sin protestar algo que nos cuesta.
  • 6. Ser más amables y cariñosos unos con otros.
  • 7. Leer en la Biblia los capítulos de la infancia de Jesús (Lucas 1 y 2).
  • 8. Tener en cuenta a los abuelos, contarles estas propuestas y dejar que nos ayuden.
  • 9. Bendecir la mesa de manera especial  la cena de Nochebuena y la comida de Navidad.
  • 10. Disfrutar de la vida familiar, hacer algo juntos: un paseo, una película. Os recomendamos la película Maktub.

 

 
El adviento y la familia PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

 

El adviento y la familia

Autor:
Fuente:
www.mensajespanyvida.org

Ciertamente el adviento es una época corta, generalmente un mes, en el que sin darnos cuenta nos sentimos movidos, por lo que el medio, la sociedad, nos presenta. Y, por supuesto, se nos anticipa lo suficiente, para hacernos sentir mucho mejor, dicen. Es un medio que parece caliente, amable, pacífico como el que realmente ofrece el titular de su navidad. Y ciertamente, la navidad, así escrita, aparece, incluso en nuestros periódicos, más de lo que quisiéramos, y con contenidos diferentes del todo a su significado original. Se trata, por supuesto, de hacer una navidad comercial, y en eso están empeñados, muchos de los que no tienen la más mínima idea de lo que es Cristo y el Cristianismo, y otros que la tienen, pero prefieren el dinero, a lo que Cristo desempeña, porque es claro, que El nos dijo, que su tema es el amor. Por supuesto, también es cierto, me refiero al verdadero cristiano, que a nadie le agrada que usen su nombre sin el valor y respeto que él tiene, y que ha venido engrandeciendo, incluso, a través de siglos, la historia más digna de la humanidad.
Pero ¿no os dáis cuenta de que nos han robado, del todo, el Adviento, como antes lo han hecho de la Navidad? Y no me negaréis que este, es un momento fuerte dentro de los que sentimos querer los caminos que la Iglesia nos da, para nuestro mejor ser, y crear sobre todo, una conciencia de que estamos madurando en las ideales de Cristo, atacando todo aquello que no es válido a la construcción del Reino de Dios entre nosotros.

Veamos: antes de la venida de Cristo, la Iglesia nos pone cuatro domingos, generalmente, para preparar su llegada. Cuando hablamos de su venida, hay dos aspectos importantes, muy importantes, y que necesitan verdadera solución, los dos. Primeramente nos preparamos, para su segunda venida que no sabemos cuando va a ser, pero que, ciertamente, al menos para cada uno de nosotros, ello sucede cuando morimos. Así de sencillo. Para alentarnos y movernos, viene ese mundo apocalíptico que es difícil de entender, y que quiere presentarnos el momento de la real venida segunda del Señor. En él se complican el mundo, cielo y las estrellas. Jesús es Dios, y ciertamente va a venir, cuando le parezca oportuno, de una manera majestuosa, como rey, porque nadie podrá interpelarle, y en la que va poner cada persona y cosa, en su sitio. De esto, no hay duda.

Pero además, y aquí nos viene, en la Navidad, celebramos el nacimiento histórico de Cristo. Felizmente, los evangelistas nos han dado datos que, en general, nos entregan una idea de cómo y por qué vino Jesús al mundo. Nosotros somos deficientes, -es decir, nos caemos con frecuencia-, e históricos, y necesitamos por ello, recordar los momentos más importantes de nuestra vida para recoger su mejor sentido, y renovar su valor. Es evidente que como históricos, y religiosos, celebramos días que tienen que ver con lo uno y con lo otro. Así celebramos el dia histórico de la independencia de nuestra patria. Y también celebramos los históricos religiosos. Somos conscientes de que estos, los religiosos, son más coherentes y trascendentes que todos los demás. En concreto con nuestra Navidad nos pasa así, y por ello lo celebramos desde momentos inmemorables, y con calor siempre muy divino y humano. Porque el mensaje que se nos da es válido para toda la humanidad, pues toda la humanidad necesita dar respuesta a su salvación eterna, y toda la humanidad es consciente, de que cada año, hay que vivir las experiencias maravillosas, que nos presenta la fe, por sus consecuencias para nosotros, en lo que se refiere a nuestra eternidad.

El adviento prepara entonces todos estos detalles que tienen que ver con nuestra maduración humana, nuestra puesta a punto, en orden a vivir en la seguridad de que estamos siguiendo los delineamientos que Cristo nos da. Para ello es necesario ganar cada día para que el Reino de Dios venga. El Reino de Dios es Justicia, amor, y paz.

Este es el momento de perfilar sin duda tantos detalles rotos o deshilachados de nuestro hogar. De mirarnos hacia dentro, y ver qué podemos perfeccionar en orden a celebrar una Navidad, verdaderamente feliz. Por ello el adviento debe ser un momento de austeridad personal y familiar. Austeridad que pone el acento en tantas cosas de menor importancia que durante el año nos han tenido fuera de sintonía con el hogar. Ellas son generalmente materiales, medios, que es claro necesita el hogar, pero que en la medida en que la armonía que, en la relación se necesita, se descompone el fluido que la alimenta, entonces todo se viene abajo, y las tensiones mutuas descomponen el resto de lo que necesitamos para vivir en paz.

El consumismo es una evidente consecuencia de esta actitud de buscar el dinero por encima de todo. Queremos creer, al principio, que sin, tantas cosas que necesitamos, la felicidad va a ser un intento imposible. Pero no tardamos mucho tiempo en convencernos de que eso, no nos da la felicidad verdadera. Porque advertimos que los valores superiores dejan de alimentarnos,...el diálogo, el amor, la ternura, la escucha... y otros, y empezamos a sufrir cuando las atenciones humanas desaparecen, casi del todo. La inseguridad, entonces, en el amor, es un tormento difícilmente pensable. Por ello, qué bueno, que el adviento nos pueda dar un poco de aire nuevo para encontramos de verdad a nosotros mismos. Para, en un sabroso diálogo abierto, que propician estos tiempos, encontremos en la austeridad, las claves de un nuevo caminar, que nos hace ver, como no necesarias, tantas cosas que hasta ahora creíamos. Y es que la austeridad pone en claro, lo importante, frente a lo accesorio, idea que tanto mueve, por ejemplo, el segundo domingo de adviento.

Al mismo tiempo la liturgia de estos días, hace hincapié en la vigilancia. Parece mentira que siendo tan débiles, nos olvidemos tan pronto de la coherencia del trabajo paciente para vencer los vicios o tendencias negativas que llenan nuestro ser personal. No es fácil comprender a un hombre que no tiene en cuenta que sus tendencias ofenden. Evidente, que no le importa que, al vivir en comunidad, esa actitud moleste, y ello indica, por cierto, falta de cortesía al principio, pero no mucho más tarde, la actitud se identifica con el desinterés por los valores del hogar, y entonces lo que había de hogar se difumina.

Ahora, en adviento, debemos cuidar el trabajo paciente para dominar estas tendencias negativas. Es claro, que con un día de trabajo o esfuerzo por el control de nosotros mismos, no hacemos nada. Necesitamos tiempo, meses si queréis, por eso qué buenas las cuatro semanas de adviento, para ir dominando la fiera que tenemos dentro. Lo bueno es que, si queremos los dos esta superación, nos ayudaremos mutuamente a que estas tendencias se vayan poco a poco agachando, desapareciendo, y en la confianza que este esfuerzo, y el buen ánimo consiguiente ofrecen, superando.

Pero la vigilancia nos va a seguir haciendo falta en adelante. Nunca, en una buena reflexión, debemos olvidar que la maduración humana exige este esfuerzo continuado, y que el adviento lo asegura, si tenemos un ápice de cristianismo, y alguna ilusión por vivir las maravillas de un hogar sano.

Por otra parte, la preparación del pesebre, nos ayudan a vivir la experiencia familiar en un verdadero mundo de amor y corresponsabilidad. De ahí la importancia de este tema. Y todo ello nos llevará, apuesto, a que la Navidad sea para nosotros, no solo fuente de alegría, sino sobre todo fuente de felicidad encontrada al aire del nacimiento de este niño, que se hizo carne para salvarnos, y que nos motivó a la lucha, de verdad, contra nuestra comodidad destructiva. El abrazo, y el desearnos felicidad, el día primero del año, al tomar las uvas, debe ser el síntoma de nuestra comunión en Dios, de nuestro amor de familia, que no se contenta con menos, que la felicidad eterna. Feliz Navidad, mis queridos lectores.

 
Casarse ¿Cuántas veces? PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.

Casarse ¿Cuántas veces?

Autor:
Anónimo
Fuente: veritasmedios.org

Mis amigos separados no se cansan de preguntar cómo logré estar casado 30 años con la misma mujer.

Los jóvenes son los que hacen las preguntas correctas, o sea, quieren conocer el secreto para mantener un matrimonio por tanto tiempo. Nadie enseña eso en las escuelas.

No soy un especialista en el ramo, como todos saben, pero dicho esto, mi respuesta es más o menos la siguiente: Hoy en día el divorcio es inevitable. Nadie aguanta convivir con la misma persona por una eternidad. Yo, en realidad ya estoy en mi tercer matrimonio… la única diferencia es que me casé tres veces con la misma mujer.

Mi esposa, si no me engañó, está en su quinto matrimonio, porque ella pensó en agarrar las maletas más veces que yo. El secreto del matrimonio no es la armonía eterna. Después de los inevitables encontronazos, la solución es ponderar, calmarse y comenzar de nuevo con la misma mujer. El secreto en el fondo, es renovar el matrimonio y no buscar uno nuevo. Renovar el verdadero amor. Eso exige algunos cuidados y preocupaciones que son olvidados en el día a día de la pareja.

De tiempo en tiempo es necesario volver a enamorar, volver a cortejar, seducir y dejarse seducir.

¿Hace cuánto tiempo ustedes no salen a bailar? ¿Hace cuánto tiempo no intentas conquistarla o conquistarlo como si tu pareja fuera un pretendiente en potencia? ¿Hace cuánto tiempo no hacen una luna de miel juntos?

Imagínate que estás con una nueva conquista. Si fuera una relación nueva, seguramente frecuentarías lugares nuevos y desconocidos, cambiarías tu “look”, el corte de cabello, el maquillaje. Pero todo eso puede hacerse sin que te separes de tu esposo o de tu esposa.

Vamos a ser honestos: nadie aguanta la misma mujer o el mismo hombre por treinta años con la misma ropa, el mismo labial, con los mismos amigos, con los mismos chistes –al menos que sean muy graciosos en verdad!

Muchas veces no es tu esposa que se está poniendo fastidiosa y vieja; eres tú.
No existe esa tal "estabilidad del matrimonio" ni ésta debería ser anhelada.
Una buena estrategia para salvar un matrimonio no es mantener una "relación estable", mas sí saber cambiar juntos. Todo cónyuge necesita evolucionar, estudiar, especializarse, interesarse por cosas que jamás habría pensado hacer al principio del matrimonio. Tú haces eso constantemente en el trabajo, ¿por qué no hacerlo en la propia familia? Es lo que tus hijos hacen desde que vinieron al mundo. Por lo tanto, descubran la nueva mujer o el nuevo hombre que vive a su lado, en vez de salir por ahí intentando descubrir un nuevo par. Tengo la seguridad de que sus hijos los respetarán por la decisión de mantenerse juntos y aprenderán la importante lección de cómo crecer y evolucionar unidos, a pesar de los inconvenientes.

Peleas y discusiones siempre ocurrirán: por eso, de vez en cuando, es necesario casarse de nuevo, pero intente hacerlo siempre con el mismo par.

¡¡¡Mucho éxito!!!

 
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