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Familia.
El matrimonio: entre crisis y belleza. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.

 

El matrimonio: entre crisis y belleza.

Autor:
Don Anderson Alves
Fuente: Zenit.org

El problema actual no es la crisis de los matrimonios, sino la crisis de la fe que aleja al hombre y la mujer de Dios haciéndoles olvidar que son criaturas que se realizan solo donándose gratuitamente.

Últimamente se habla mucho de matrimonio. Parece que es un derecho de todos y, al mismo tiempo, uno tiene la impresión de que se sabe cada vez menos qué es realmente. Son muchos los matrimonios que se rompen y aún más el número de personas que no consiguen tomar la decisión de casarse.

La Palabra de Dios habla mucho también del matrimonio en el contexto de la revelación del amor de Dios hacia la familia humana. Jesús enseña que el matrimonio es algo santo, un gesto por el cual un hombre y una mujer se hacen una sola cosa, para toda la vida (Mt 19). Y Él siempre acogía y bendecía a los niños, fruto natural del matrimonio. Dios se muestra entonces como el que ama y bendice las familias, de hecho, ha querido que el hombre viniese al mundo por medio de las familias y Él mismo se ha hecho hombre en medio de una familia humana. Dios que es grande e omnipotente se ha hecho niño en Jesús, viviendo durante treinta años "sometido" a sus padres.

El Evangelio nos habla sin duda de la santidad e indisolubilidad del matrimonio. Dios dice que los que se casan se convierten en una sola carne de forma que nada puede separarlos. Pero estas palabras, para nosotros hombres de este siglo, son una fuente de cierto desaliento y confusión y parecen fuera de lugar. Sabemos bien que más del 40% de los matrimonios se interrumpe y muchos sostienen que sea un derecho separar lo que Dios ha unido. Esto es un verdadero drama actual, que causa dolor y sufrimiento, especialmente a los niños. El matrimonio parece ser una elección de un grupo reducido o algo de poco valor. En esta situación, los niños son cada vez más raros, casi desaparecen de nuestra sociedad.

Sin embargo si el hombre se mira a sí mismo, se da cuenta de poseer en sí un gran deseo de amar a otra persona totalmente, de ser feliz y hacer feliz a otra persona. Tenemos un deseo de donarnos integralmente porque sabemos que el amor o es total o no existe. El amor pide la eternidad, la perfección del don. Pero ¿por qué tenemos este gran deseo? ¿Y por qué parece imposible cumplirlo en nuestros días?

Este gran deseo existe porque nuestra misma vida es un don, un don de Dios. Nosotros no nos pertenecemos, no venimos de nosotros mismos, sino del amor de otros. Dios nos ha creado, nos ha dado la vida gratuitamente, sin pedir nada, y esto viene por medio del amor de nuestros padres. Por este motivo el hombre solo puede realizarse cuando se dona, donando de nuevo a Dios y a los otros los dones recibidos de Dios.

Uno de los modos - aún si no es el único - del hombre de donarse totalmente a Dios y a los otros es el matrimonio, en el cual un hombre y una mujer se convierten en una sola cosa. Los esposos amándose, aman en realidad a Dios, hacen de su vida un don recíproco, encuentran un camino para la felicidad y pueden colaborar con Dios en el poder único de dar la vida. El amor verdadero es absoluto, pide la totalidad del tiempo, la apertura a la vida, el querer donarse siempre. El amor tiene una lógica propia.

Quien ama verdaderamente busca donarse totalmente y el amor cuando es donado, no se pierde, no se gasta, pero crece y produce sus frutos. El amor se destruye solamente cuando una persona se casa para hacerse feliz a sí misma, no descubriendo sin embargo que solo hay un camino para la felicidad plena: buscar hacer feliz al otro.

Dios, además, ha querido que el matrimonio fuera un sacramento, un signo sagrado que da a los hombres la capacidad de donarse los unos a los otros, en un amor total y fecundo para toda la vida. "Nuestro Salvador se dirigió a aquella boda (de Caná) para santificar el principio de la generación humana [1].  Y el sacramento supone la igualdad de la dignidad de la hombre y la mujer y su complementariedad en lo que tienen de diferente, que es mucho. El libro del Génesis dice que Adán, después de la creación, vio todos los animales y no encontró ninguno con el que identificarse, que fuese similar a él. Entonces el texto bíblico usa una imagen poética bellísima: la mujer fue creada a partir de la costilla del hombre. Esta imagen significa que la mujer es igual al hombre en dignidad. Ella no se ha hecho del pie de Adán porque sea inferior a él, ni Dios ha quitado del cerebro del hombre para hacer a la mujer. Dios ha quitado al hombre una costilla que es la parte del cuerpo que más cerca está de su corazón. Por eso Adán cuando Adán vio a Eva gritó de júbilo: " ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre" (Gen. 2, 22-23).

El beato Juan Pablo II, comentando estos textos decía que Dios ha creado todas las cosas con un orden, iniciando con las cosas más sencillas como la luz, el agua, la tierra y terminando con las cosas más complejas: primero el hombre y después la mujer. La mujer es la criatura más "perfecta" del Universo. Por este motivo los hombres no entienden nunca las mujeres y por eso el diablo quiso tentar en primer lugar a la mujer: él sabía que una vez destruida la mujer, toda la creación y la sociedad se estropearía. Y hoy utiliza la misma estrategia: destruir la figura de la mujer para poner en crisis toda la sociedad.

Hombres y mujeres son similares, unidos por su corazón; pero para ser fieles el uno al otro necesitan a Dios, de la gracia de Dios, que se celebra por primera vez en el sacramento y que debe crecer cotidianamente en la oración común y en la participación común a los sacramentos. El verdadero problema actual no es la crisis en los matrimonios, sino más bien la crisis de la fe; que se aleja de Dios y se olvida que el hombre es una criatura y solo se realiza donándose gratuitamente. Para hacer esto necesitamos pedir al Señor que las familias cristianas sepan descubrir en Dios su fuerza y que los jóvenes no tengan miedo de realizar el plan que Dios tiene para ellos.
*
NOTA
[1] San Cirillo De Alejandría, In Ioannem commentarius, 2, 1 [PG 73 223].
Traducido del italiano por Rocío Lancho García

 
¡Jóvenes abandonen los ídolos! PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.




¡Jóvenes abandonen los ídolos!

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.diosbendice.org

La reciente finalizada Jornada (28) Mundial de la Juventud realizada en Brasil y con la participación del Papa Francisco, quien de manera alegre se presente, en primer lugar para tener contacto con los miles y miles de jóvenes allí presentes; en segundo lugar, por el crecimiento de las sectas neo-pentecostales y, en tercer lugar, por la fuerza del laicismo, muy unido al secularismo hedonista donde hay una indiferencia para lo de Dios.

Pero, lo mejor de todo, fue y será la presencia de un Sacerdote – Papa Francisco con ese olor oveja que exige a todos y cada uno de los sacerdotes. Oveja implica humildad, servicio y desprendimiento. Y en esas ovejas tenemos a los jóvenes, a los cuales los llama “luceros de la esperanza”, es decir, a estar cerca de Dios y abandonar los “ídolos que se colocan al lado de Dios: dinero, éxito y placer”

El Papa quiere, que desde los jóvenes, reforcemos los valores de la fe cristiana. Pues sin Cristo no hay luz, ni esperanza y llenos de alegría. De ahí que invita, desde los pies de la Santísima Virgen de Aparecida, nos invita a no perder la esperanza. Una esperanza que no se debe dejar a un lado, pues en su presencia mantenemos la alegría. Y por eso, el Papa hace un llamado a los padres y educadores para que transmitan a los jóvenes los valores que los hagan artífices de un mundo más justo, solidario y fraterno.

El Papa supo unir Aparecida Virgen y Santuario con otro santuario particular del sufrimiento humano, como es el Hospital San Francisco de Asís que atiende a personas sin esperanza que han caído en el alcoholismo y la drogadicción. Y hablando de San Francisco de Asís supo decir que abandonando toda riqueza se hace pobre entre los pobres. El conoce la mayor riqueza en el seguimiento de Cristo y ese servir a los demás. Ese Francisco pobre descubre su vocación al abrazar a un leproso. Que bello cuando el Papa, nos habla, pero de manera especial a los jóvenes, para que entendamos que al ayudar a un hermano estaremos abrazando la carne de Cristo que sufre.

Hace un llamado, muy serio, a dejar a un lado tanto egoísmo que sepultan la vida y aplauden la muerte donde la danza del dinero baila parejo. Sin dejar por fuera el consumo de drogas donde el narcotráfico se hace fuerte y violenta trayendo a tristeza y mucha tristeza.

El Papa insiste en mirar a los demás con ojos de amor en Cristo y así expresar cercanía, afecto, amor. Es una lucha de todos los días que requiere de una profunda convicción donde no estamos solos, no somos islas, sino comunidad de hermanos que se necesitan entre todos. Sin olvidar que todos podemos caer, pero también levantarse. Ojalá, con la fuerza en Dios, podamos reconocer nuestras debilidades y al asumirlas miremos a los demás con los ojos de la bondad. Aunque hay muchos que se niegan a ser ayudados. Que no permiten la mano amiga que conduce a la solución de tantos problemas.

En el papa una mirada de esperanza y una oración confiada en que Dios sigue actuando. Pero eso sí, sin la decisión particular nada se podrá hacer. Firmemente dice el Papa: “Tú eres el protagonista de la subida, ésta es la condición indispensable. Encontrarás la mano tendida de quien te quiere ayudar, pero nadie puede subir por ti”

Son muchos los que están solos en esas difíciles situaciones. Todo porque no quieren ser ayudados. Y creo, de forma muy particular, que esa soledad frustrante, fracasada y dejada tirada como trapo viejo, no es otra cosa que la ausencia de fe y de esperanza. Fe, bien definida en Hebreos 11,1 La fe es como aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver. Y la esperanza, donde el Papa desde en el hospital San Francisco de Brasil dice: “Quisiera repetirles a todos ustedes: No se dejen robar la esperanza. Pero también quiero decir: No robemos la esperanza, más aún, hagámonos todos portadores de esperanza”

El Papa unido con todos los jóvenes del mundo, vino a orar, abrazar y hablar con la fuerza de un Dios tan joven que seguirá siendo fiel compañero en los caminos de la vida. Por eso, su visita, es más que una visita, es poder entrar en el corazón de todos para ensancharlos y así escuchar su llamada para lo justo y lo bueno. Sin olvidar que hay que mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios y vivir con alegría.

Para finalizar, poso la guinda en la torta, 1. Hagan lío, salgan a la calle. 2. Cuiden los extremos de la sociedad (juventud y ancianos) 3. No licuen la fe.
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Se gradúa María Fernanda. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

Se gradúa María Fernanda.

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.diosbendice.org

No hay nada más hermoso que observar a una pareja de esposos, en este caso, Luis Fernando y Liliana, tan felices con dos retoños y uno de ellos a graduarse de la Etapa Inicial a Primer grado, todo un acontecimiento. Y lo más bello es el ambiente cristiano y lleno del amor de Dios, que junto al Colegio “Las Carmelitas” van educando a sus hijas.

Escenarios
Pero qué triste observar en un gran número de hogares la falta de Dios en ese compromiso matrimonial que invita a la educación, al respeto y a la vida en la responsabilidad de verdaderos hijos de Dios.

El gran mal del divorcio, de la bebida, de la droga, de los placeres y un sinnúmero actos diabólicas van destruyendo lo que Dios, desde el principio bendijo.

Iluminación
1.    La familia es una institución creada por Dios: ¿Cómo lo sabemos, lo dice la escritura Marcos 10,6-9 Creados, hombre y mujer, para ser una sola carne. No es simple institución social que evolucionó poco a poco. No han leído Génesis, 2,22-24; Otros, piensan que el Matrimonio fue inventado por los hombres, por eso, no es necesario casarse. La familia es la primera institución creada por Dios. Y para que no se debilite esta institución hay que volver a Dios y a su Palabra.

2.    Dios estableció el orden de la familia: Orden significa jerarquía. En 1 de Corintios 11,3 leemos que Dios estableció al hombre como cabeza sobre la mujer en la familia. No es sumisión, esclavitud o algo parecido. Aquí no es ser uno más que el otro. Todos sometidos a Dios. La sumisión al otro agrada a Dios. Los hijos agradan al Señor cuando obedecen a sus padres y los tratan amorosamente (Col. 3,20). Nada de inventos, el orden en la familia fue establecido por Dios mientras dure el hombre sobre la tierra.

3.    Andar en armoní¬a con el Creador produce paz y gozo. Una familia feliz es el resultado de dos factores: 1) Los miembros saben convivir entre sí, sin egoí¬smo; 2) Practican a diario las reglas para la familia dadas por Dios en la Biblia. Dios sabe cómo la familia debe funcionar mejor. Oigamos a 1 de Reyes 2,3 “Permanece fiel a Yahvé, tu Dios, anda por sus caminos, observa sus leyes, sus mandamientos, sus ordenanzas y sus preceptos, tales como están escritos en la ley de Moisés. De ese modo te irá  bien en todo lo que hagas” de ahí que el matrimonio pueda ser la experiencia más feliz, más infeliz o más irregular de la vida.  Pero el andar en armonía con Dios produce paz y gozo. Tal vez su cónyuge no es lo que usted quisiera que fuere, pero si usted ama a Dios y confía en su amor y protección, eso le traerá paz y gozo. No necesita tomar tranquilizantes o fármacos, lo que necesita es andar en armonía con Dios de quien recibirá fuerzas y sabiduría para la vida. Salmo 119

Deberes

Este Año de la Fe nos invita a renovar el compromiso matrimonial, no tanto para el disfrute de los esposos, sino para el bien de los hijos, que en definitiva, recibirán la fuerza del amor o el desorden de la des unión.

Es, pues un deber de todo matrimonio asegurar la educación de sus hijos y de forma especial con el ejemplo. Ese ejemplo lleva impreso el sello del cumplimiento en los Mandamientos “Si me aman, guardarán mis mandamientos (Juan. 14,15)

Entonces la familia que ama a Dios vive en comunión con Jesucristo y en obediencia a su Palabra. Por lo tanto, los que obedecen la Palabra de Dios están demostrando su amor por Cristo. Es decir, la familia que practica los principios bíblicos es una familia Dios.

Que alegría conocer esa clase de hogares y poder, junto a ellos, darle gracias a Dios por el triunfo de María Fernanda que en armonía con Emilis reciben la bendición de Dios en el amor de sus padres.


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“Amigos con derechos”, derecho a la inestabilidad… PDF Imprimir E-mail
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“Amigos con derechos”, derecho a la inestabilidad…

Autor:
Vicky Arana (México).
Fuente: www.periodismocatolico.com

“Amigos con derechos” es un término atractivo que justifica el desinterés, el miedo, la inseguridad, la comodidad, la sensualidad desordenada y la falta de compromiso de quienes no saben ser amigos.

La amistad no es un derecho sino un don personal y, puesto que nadie da lo que no posee, el primer requisito para “ser” amigo consiste en dominarse a uno mismo, es decir; tener la capacidad de renunciar a un bien aparentemente conveniente, para elegir aquel que represente un beneficio superior -aunque implique un esfuerzo mayor-.

La amistad entre un hombre y una mujer puede volcarse fácilmente interesada cuando alguno de los involucrados se enamora de su amigo(a). Si el interés es recíproco, la amistad trascenderá en un provechoso noviazgo. Si el interés no es mutuo pero la amistad es sincera, los amigos optarán por un heroico distanciamiento (desprendimiento transitorio) que posibilite estabilizar el vulnerable estado emocional de quien se encuentra enamorado para continuar su relación sin expectaciones que no puedan ser cubiertas.

Cuando alguno de los involucrados -o ambos- no quieren-querer al otro (exista o no un interés mutuo); el enamorado se verá incapacitado de encausar positivamente sus emociones, y ambos o alguno de ellos, se beneficiarán de la fragilidad emocional que el enamoramiento encierra para nutrir el ego. Así, la relación de los implicados -incapacitados para dominarse y darse- involucionará en una <<amistad con derechos>> desbordada en una sensualidad desordenada que inquieta el corazón, nublando la razón, para contentarse con las migajas que el placer ofrece.

Ser “amigo con derechos” es injusto para ti y para él/ella; si te encuentres en esa situación, purifica tu vínculo afectivo y permite que el AMOR enderece lo torcido de tu relación y la encamine “derecho” a la alegría que el verdadero amor promete.

Jóvenes en acción

Virginia Arana Ruiz (Miembro de OBCIFA)

 
Hacia una verdadera perspectiva de familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

Hacia una verdadera perspectiva de familia.

Autor: Jorge
Enrique Mújica
Fuente: Análisis y actualidad.

Una obra de arte, por ejemplo una pintura, puede ser apreciada y valorada desde diferentes puntos de vista. Si nos encontráramos delante de la «Mona Lisa», ese famoso cuadro de Leonardo Da Vinci donde aparece una enigmática mujer sonriente, ¿qué nos dirían de ella un decorador, un historiador, un arqueólogo, un coleccionista o un poeta?

El decorador seguramente hablaría del lugar más conveniente para colocar el cuadro; el historiador tal vez se inclinaría a tocar el contexto histórico en que se realizó la pintura; el arqueólogo se centraría en el análisis material del cuadro: dataría su origen, el tipo de pigmentos utilizados, la naturaleza de la tela, etc.; el coleccionista concentraría su atención en el valor económico de la pintura y procedería a buscar el modo de adquirirla; el poeta, por último, echaría a volar su mente y corazón para tratar de penetrar los sentimientos que movieron a Leonardo a plasmar en arte hecho pintura el busto de esa mujer.

Del decorador al poeta, cada uno seccionó un aspecto de la «Mona Lisa» sin quedarse con una perspectiva de conjunto; algo ciertamente útil pero no siempre válido. Y es que para valorar una obra de arte se considera cada aspecto pero destacando el lazo de verdad indivisible que une a unos respecto a otros. Una obra de arte se valora desde una visión de conjunto.

Algo semejante viene sucediendo, y cada vez más notablemente, con la familia. Algunas visiones se reducen a estancarse en tal o cual aspecto haciéndolo aparecer como esencial, absoluto y verdadero cuando en realidad no es así. La deforman. Hay algunos que afirman que la familia, tal y como hasta ahora todavía la reconocemos, no es más que un escalón en la inmensa escalerilla de una sociedad en evolución. El hombre, según esta visión, al ir «evolucionando» con la tecnología y la ciencia, va necesitando menos de la familia hasta que llegará a un punto en que le resultará innecesaria. Otros ven a la familia como un instrumento del cual valerse para hacer esto o aquello y después desecharla o cambiarla según convenga o sea más útil (como un pincel puede servir para pintar un óleo o una acuarela pero luego, ya usado, se puede tirar). Algunos más ven en la familia un mero producto del cual se pueden sacar muchos beneficios individuales.

Todas esas visiones parten de la utilidad. Sin embargo, no todo lo útil es válido (el pincel es útil también para picar los ojos pero no es que por ello el artista vaya andar por ahí picando los ojos de todo aquel con el que se tope).

Para desentrañar la esencia de las cosas, ir hacia una verdadera y global visión de la familia, no debería bastar la admiración de tal o cual aspecto de la «Mona Lisa» sino considerarlos todos en conjunto, evaluar su verdad, formarse un juicio: no permanecer en las ramas de los árboles sino ir a la raíz. Si interrogáramos a la naturaleza sobre la familia nos recordaría que todo ser humano tiene su origen en una. Es en ella donde todo hombre o mujer recibe las primeras nociones del bien y del mal y donde aprende a ser una persona que necesita relacionarse con otros.

En la familia el hombre reconoce que es un ser social. Sin entrar en detalles, el hecho de que haya familias desunidas es algo antinatural si bien la frecuencia de saber que existen numerosos casos ha ido haciendo parecer esas situaciones como «normales».

¿Y es que una visión errada de la familia tiene sus consecuencias negativas en la vida diaria? Ciertamente. ¿Cómo ayudarse entonces para construirse una verdadera perspectiva de la familia y reconocer el mal que se quiere hacer pasar por bien? Una verdadera perspectiva de la familia debe ser tanto teórica como práctica; debe comprender y atender.

Para comprender qué es la familia y cuál es su verdadera importancia no podemos quedarnos en ideologías que resaltan mucho el aspecto emotivo y sentimental de «nuevos –y falsos– modelos familiares» (por ejemplo con la proyección de videos e imágenes con música «enternecedora» y «atontadora» de fondo) pero que no ofrecen argumentos racionales y con un mínimo de rigor lógico para justificar lo que defienden.

Una verdadera perspectiva de la familia, en el plano de la ideas, defiende el valor de la persona y reivindica la figura del matrimonio. Una verdadera perspectiva de la familia, en el plano de la acción, suscita políticas sociales y económicas que la defiendan y promueve la participación de la sociedad civil. Una verdadera perspectiva de la familia une el diálogo ideas-acción fomentando el conocimiento de un conjunto coherente y eficaz.

Defender a la persona es defender a la familia y en consecuencia a toda la sociedad. El ser humano es un ser social: necesita a los demás y los demás le necesitan. Frente a la pretensión individualista de las ideologías que buscan hacer pasar al hombre como un ser autosuficiente, egoísta y desligado de los otros, la familia recuerda que la persona humana desde que nace lo hace en el grupo esencial que funda toda sociedad: la familia misma. Para hacerse una verdadera perspectiva de la «Mona Lisa» es necesario apreciar cada color (la persona humana). Un color necesita del otro y así todos juntos (en familia) dan el toque de belleza al conjunto (sociedad).

Ningún color podría decirle a otro que no es necesario; es gracias a la diversidad de colores que se experimenta cierto atractivo hacia la pintura. Si todo el cuadro fuese verde, ¿lo apreciaríamos del mismo modo?

La familia, además, está indisolublemente unida a la realidad del único matrimonio posible: el de un hombre con una mujer. En el matrimonio, hombre y mujer encuentran su papel de cara a la sociedad y ese papel es a la vez transmitido a los hijos. El hecho de que cada vez con mayor frecuencia se hable de «otras formas de matrimonio» o de uniones equiparadas a éste, no es más que la confirmación de una incorrecta visión de la familia y la carencia de bases racionales sólidas que amparen como válida, lícita y justa, no únicamente útil, la unión entre personas del mismo sexo. La misma naturaleza nos lo dice: de la unión de un hombre y una mujer se da origen a nuevas vidas; de la unión entre personas del mismo sexo, no. O lo que es lo mismo: uno más una igual a matrimonio; uno más uno igual a dos. Reconocer la relación intrínseca matrimonio-familia es reconocer la relación del pintor con su pintura.

Considerar de modo racional dos aspectos a valorar cuando hablamos del matrimonio (el valor de la persona y del matrimonio) sería insuficientes si no fuéramos al plano de las acciones. Las dos acciones más importantes dependen de dos instituciones: el Estado y la sociedad civil.

El Estado debe fomentar políticas sociales y económicas que faciliten el surgimiento de más y más familias. El hecho de que, de modo general, cada vez menos se casen y, de entre los casados, las familias no sean numerosas, parece ser una respuesta lógica a casas pequeñas, salarios bajos, faltas de prestaciones para la mujer embaraza… Y es que con salarios bajos y precios tan elevados no es que den muchas ganas de tener demasiados hijos, ¿cómo mantenerlos después? Además, las casas o departamentos que se construyen ahora son tan pequeños, tan reducidos, que de tener un hijo más, ¿dónde meterlo? Por si fuera poco, para las mujeres que trabajan su embarazo puede conllevar, injusta e ilícitamente, el despido.

Una sana política económica o social debe tener al hombre al centro; si no es así podrá aparentar que sí lo tiene cuando en realidad no sucede. Cuando, por ejemplo, se quiere luchar contra la pobreza, no se debe ir al individuo sino a la familia. La pobreza debe ser interpretada desde la familia pues no es un hombre pobre y sin empleo sino una familia pobre y sin alimentos. Ciertamente, ni con esto último ni con todo lo anterior, nos colocamos ante hechos consumados imposibles de cambiar. Se puede mejorar y mucho. De ahí que sea importante, al momento de ejercer el derecho al voto, conocer las iniciativas y programas de tal partido o tal candidato en materia familiar. Tener buenas políticas sociales y económicas es como si el Estado aplicara programas que ayudasen a los artistas a obtener los medios necesarios para producir sus pinturas y fomentase la aparición de medios educativos y culturales (libros, video, revistas, etc.) que ayudasen a los que no alcanzan aún a apreciar el arte, a hacerlo.

La sociedad civil también tiene su papel. Delante se le pone un reto. Es ella misma la que debe fortalecer espacios que hagan ver la belleza de la familia. Si bien es verdad que las denuncias suelen ser necesarias pues con ellas se manifiesta el desacuerdo frente a los ataques sistemáticos, no es que sólo la denuncia y la confrontación basten; es verdad, despiertan a más de uno y le hacen recapacitar, pero ¡hay que hacer notar la belleza de la familia! Nada más eficaz. Hacer ver la belleza de la familia es salir en familia al parque, a comer, a la Iglesia; hacer ver la belleza de la familia es dialogar, compartir las experiencias al final de la jornada, es escuchar al otro; hacer ver la belleza de la familia es ocuparse del otro, donarse en el servicio hacia el otro, es comprender al otro; hacer ver la belleza es transmitir los valores de la amistad, de la atención, de la cercanía, de la confianza, del respeto; ¡hacer ver la belleza de la familia está al alcance de toda persona creativa y con un mínimo de espíritu de iniciativa!

Ciertamente en este empeño juegan un papel importante los medios de comunicación. Los medios son los vehículos masivos por los que se puede seguir atacando a la familia o por los que se le puede reivindicar. La programación anti-familia es fácil de reconocer (novelas, programas, «realitys shows», entrevistas, películas, etc.); y si sabemos que más bien daña, ¿entonces para que verla? Entretiene, sí, pero sin irlo percibiendo puede ir logrando que se entre en comunión con las ideas que lleva en el fondo. Además hay una amplia gama de programación que nos da la posibilidad de elegir cosas de provecho. Si sabemos que el alcohol perjudica, entonces para qué tomarlo; si sabemos que el agua natural nos beneficia, entonces habrá que beberla.

El diálogo entre las ideas que comprenden los fundamentos de la familia y la acción que atiende sus necesidades debería conllevar a un efecto: una rearticulación de los derechos humanos. Y es que si de verdad el hombre está en el centro (ya dijimos que no es lo mismo tener a la persona -abierta a los otros- que al individuo -cerrado a los demás-) todo apuntará a que la institución familiar debe reconocerse jurídicamente, con leyes, protegerse y defenderla. La familia no es el resultado de un consenso de opiniones ni nace a partir de decretos de un Estado. Ni los grupos ni el Estado deben suplir los deberes de la familia y sí promoverla y apoyarla. El Estado tiene razón de ser gracias a la familia.

La «Mona Lisa» es una obra de arte considerada patrimonio de la humanidad y por eso se conserva con las mayores atenciones y cuidados en una de las mejores salas de exposición del museo del Louvre, en París. La familia también es una obra de arte, ¿en qué lugar la estamos colocando o dejando que la coloquen en la gran sala del mundo?

 
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