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Familia.
Mi vecino es mi hermano y familiar mas cercano. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.

Mi vecino es mi hermano y familiar mas cercano.

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.mensajespanyvida.org/diosbendice.org

En cierta ocasión, un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos.

- "¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año?" preguntó el reportero.
- "Verá usted, señor," dijo el agricultor.

- "El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembrío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz, debo ayudar a que mi vecino también lo haga".
Lo mismo es con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el éxito, deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos.

Nuestras madres siempre guardaban sus secretos de cocina y muy difícilmente los daban a conocer. Hoy en día se guardan muchos secretos y otros tantos se revelan. Todo esto pasa por los famosos espacios televisivos donde aparecen los llamados brujos, curiosos, leedores de tabaco, cartas, tarot y demás aparejos para completar la faena del engaño y la sintonía.
Al hablar de secretos no hay uno mejor que el de la vida. Una vida bendecida por Dios en aquellos días de la creación donde de un soplo lleno de amor se enamoró de dos seres hechos a imagen y semejanza de Dios. Que dos tan parecidos, tan llenos de la nueva vida y enviados a reconducir, proteger, desarrollar la creación entera. Adán y Eva hijos del amor para entregar amor.

Ahora bien, esa vida nacida del amor de Dios, es la que tú y yo poseemos y tenemos la responsabilidad de cuidar y llevar por el camino del progreso y la paz. Esa vida tiene necesidad de ayuda mutua donde el coraje y la fortaleza serán eficaces para el largo trayecto.
Por eso se necesita:

•    valorar a los demás.
•    Dar a conocer lo mejor que se tiene para el servicio común.
•    Todos somos miembros de una sociedad.
•    Sociedad donde todos son importantes.

Recuerdo a aquel anciano que estaba sembrando una semilla de mango y unos jovencitos se burlaban diciéndolo: que jamás la vería crecer y mucho menos comer su fruto. Ante esto él respondió: eso es verdad. Pero he comido tanto mango sembrado por otros que por agradecimiento debo, por lo menos, sembrar esta semilla. Nuestra sociedad tan materialista y consumista necesita ver al otro como hermano y no como un adversario lleno de resentimientos, rencores y mal carácter que solo aspira tener para vencer.

Hemos sido reeducados para la competencia desleal y traicionera donde se debe ganar a como de lugar, sin importarle la dignidad de la persona humana y menos el valor de la vida como don de Dios para ponerla al servicio de los demás. Hay una búsqueda exagerada al éxito donde esa competencia desleal es el camino seguro para lograr todo. Hoy en día se debe buscar lo contrario como lo dice la historia anterior contada por el reportero. La sociedad ha perdido el manual de la hermandad y del optimismo donde sus objetivos es ayudar sin mirar a quien, valorar a todos por igual y celebrar el éxito de los demás como el suyo propio.

Somos muchos los que por situaciones de conflictos “pendejos” hemos olvidado los 10, 15 y hasta 20 años de amistad y compadrazgo. Hoy en día es muy común observar a vecinos enfrentados y sometidos a situaciones de enemistades por colores o posturas políticas donde se nos olvida todo el bien que nos hemos brindado en esos momentos tan difíciles. Pareciera que el sentimiento y memoria son tan frágiles que por momentos olvidamos los principios de amistad, convivencia y respeto.

Existe un rompimiento exagerado con todo el que no comulga con mis ideales o pensamientos. Por eso es normal observar rivalidades y enfrentamientos que producen rupturas y silencios que se convierten en el doloroso crecimiento del odio y la rabia. Existen vecinos que no se hablan y se distanciaron por causas políticas u ofensas por estar enfrentados a una tendencia política o doctrinaria. Esto se interpreta como una práctica muy peligrosa porque al igual que las sombras por la noche van creciendo y van cerrando la puerta del diálogo y las soluciones. Aquí cabe decir que la vecindad es necesaria para la subsistencia y en ella vive el pulso de la vida misma.
Cuando alguien está bien, todos estamos bien.

 
La Familia en Crisis. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.

La Familia en Crisis.

Autor:
Ada Mireya Espinosa
Fuente: www.conoze.com/

La familia es la comunidad de los padres e hijos, basada en lazos de sangre y amor, que se convierte en la célula básica de la sociedad. Hoy, la familia, por desgracia, pasa por momentos muy difíciles. «El hogar familiar, en muchos casos, no es un lugar que irradia calor, donde todos se sienten a gusto, sino que es un lugar  de tensiones, de silencios odiosos, de palabras hirientes y, muchas veces, lamentablemente, escenario de agresiones físicas».

El respeto, la obediencia y la solidaridad fraterna han saltado por los aires. En estos tiempos se pretende anular el esquema tradicional de familia con la presentación de lo que se ha dado en llamar «nuevos modelos de familia». Se ataca a la familia, se quiere destruir a la familia, se quiere sustituir a la familia; porque parece que hay un empeño en degradar los valores éticos y morales que no son del agrado de algunos.

Para muchos, la familia tradicional está en proceso de extinción. Parece que existen signos evidentes de crisis: divorcios a gran escala, separaciones, hijos extra matrimoniales, adulterios, aumento de las parejas de hecho, etcétera.

Hoy nos encontramos invadidos por la idea de progreso. El progreso es bueno cuando contribuye a que la vida sea más humana, más digna, que el hombre sea moralmente mejor, más responsable, más dado a los demás y con mayor profundidad espiritual. Pero la idea de progreso ha llegado hasta la familia, que se considera anticuada y hay que modernizarla.

En nombre del progreso se pretende presentar el matrimonio permanente como un ideal prácticamente imposible de vivir. Esto ha dado lugar a que un hombre y una mujer rompan su matrimonio por el menor motivo. Igualmente, a que un hombre y una mujer se unan sin más, sentimentalmente, porque el amor no necesita ataduras y porque es más fácil romper una vinculación sentimental que una jurídica. Por la misma razón, a satisfacer los propios instintos sexuales tan simplemente como beberse un vaso de agua.

Creo, sinceramente, que es un concepto muy pobre de familia el creer que con el divorcio, el aborto y los métodos anticonceptivos la familia progresa. Ya se ve que no cuenta para nada el fomentar el amor entre sus miembros, ni la elevación espiritual, ni la mejora cultural, ni la educación de los hijos, ni la vivienda confortable, ni una base económica sólida y estable. «La familia —según Juan Pablo II — es el campo de batalla en el que se desarrolla la lucha fundamental por la dignidad del hombre en el mundo actual».

Erróneamente Se considera progreso el rechazo y el olvido de Dios…. El creer que nada es pecado y así vivir libremente sin normas ni principios morales. «A menudo el hombre vive como si Dios no existiese e incluso pretende ocupar su puesto, rechazando las leyes divinas y los principios morales el hombre atenta contra la familia, intenta callar la voz de Dios y borrarlo de la conciencia de los pueblos... y así hace su aparición la cultura de la muerte, que es injusticia, discriminación, explotación, engaño y violencia.

Se considera progreso ciertos programas de televisión que buscan una provocación directa de los instintos. Entre esos programas están los violentos, los eróticos y pornográficos, esas historias de amores y desamores, engaños, adulterios, etcétera.

Cuando de tele se trata hay que decir que se ha perdido la vergüenza y el pudor. Hoy se valora la ordinariez. Al presentar un programa no se tiene en cuenta la buena educación, ni la elegancia, ni el buen estilo, porque se cree que eso no conduce a nada.

En nombre de la libertad, nos quieren hacer creer que todo vale, que lo malo es bueno. Se va creando ambiente, porque saben que el ambiente contamina. El ambiente, los medios de comunicación, todo lo que nos rodea, es como un lavado de cerebro que borra principios que van cayendo en el olvido. Y esto se ha ampliado a la vida familiar, a las relaciones sexuales, al respeto a los demás, al respeto a la vida. Pero claro, como el vacío no existe, se llena de egoísmo, de crueldad, de falta de responsabilidad, de frivolidad. Y ojo, que la moralidad es como una carcoma para el individuo y para la convivencia social. Ahí está la propia historia recordándonos que la degradación moral y humana llevó a imperios poderosos hasta su degradación.

Entonces, ¿dónde están las raíces del mal? En la degradación del nivel moral. En la exaltación del vicio. En la ridiculización de toda clase de virtudes. En los ataques a la familia. En el olvido de Dios.

Vivimos en un mundo donde a la mentira se le llama diplomacia, a la explotación del hombre se le llama negocio, a la irresponsabilidad se le llama tolerancia, a la falta de respeto se le llama sinceridad, lo frecuente se interpreta como normal y lo normal se interpreta como moral.
La misión principal de la familia es la transmisión de la vida y la educación de los hijos, siendo una institución imprescindible en la sociedad. Una familia sana es el fundamento de una sociedad libre y justa. Es la hora de la familia. Si dejamos morir a la familia, si permitimos tan sólo que se debilite, estamos poniendo en juego la supervivencia de toda la sociedad. «El hombre —ha dicho Juan Pablo II — no tiene otro camino hacia la humanidad más que a través de la familia. 

Preparado por: Ada Mireya Espinosa

 
El matrimonio: entre crisis y belleza. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.

 

El matrimonio: entre crisis y belleza.

Autor:
Don Anderson Alves
Fuente: Zenit.org

El problema actual no es la crisis de los matrimonios, sino la crisis de la fe que aleja al hombre y la mujer de Dios haciéndoles olvidar que son criaturas que se realizan solo donándose gratuitamente.

Últimamente se habla mucho de matrimonio. Parece que es un derecho de todos y, al mismo tiempo, uno tiene la impresión de que se sabe cada vez menos qué es realmente. Son muchos los matrimonios que se rompen y aún más el número de personas que no consiguen tomar la decisión de casarse.

La Palabra de Dios habla mucho también del matrimonio en el contexto de la revelación del amor de Dios hacia la familia humana. Jesús enseña que el matrimonio es algo santo, un gesto por el cual un hombre y una mujer se hacen una sola cosa, para toda la vida (Mt 19). Y Él siempre acogía y bendecía a los niños, fruto natural del matrimonio. Dios se muestra entonces como el que ama y bendice las familias, de hecho, ha querido que el hombre viniese al mundo por medio de las familias y Él mismo se ha hecho hombre en medio de una familia humana. Dios que es grande e omnipotente se ha hecho niño en Jesús, viviendo durante treinta años "sometido" a sus padres.

El Evangelio nos habla sin duda de la santidad e indisolubilidad del matrimonio. Dios dice que los que se casan se convierten en una sola carne de forma que nada puede separarlos. Pero estas palabras, para nosotros hombres de este siglo, son una fuente de cierto desaliento y confusión y parecen fuera de lugar. Sabemos bien que más del 40% de los matrimonios se interrumpe y muchos sostienen que sea un derecho separar lo que Dios ha unido. Esto es un verdadero drama actual, que causa dolor y sufrimiento, especialmente a los niños. El matrimonio parece ser una elección de un grupo reducido o algo de poco valor. En esta situación, los niños son cada vez más raros, casi desaparecen de nuestra sociedad.

Sin embargo si el hombre se mira a sí mismo, se da cuenta de poseer en sí un gran deseo de amar a otra persona totalmente, de ser feliz y hacer feliz a otra persona. Tenemos un deseo de donarnos integralmente porque sabemos que el amor o es total o no existe. El amor pide la eternidad, la perfección del don. Pero ¿por qué tenemos este gran deseo? ¿Y por qué parece imposible cumplirlo en nuestros días?

Este gran deseo existe porque nuestra misma vida es un don, un don de Dios. Nosotros no nos pertenecemos, no venimos de nosotros mismos, sino del amor de otros. Dios nos ha creado, nos ha dado la vida gratuitamente, sin pedir nada, y esto viene por medio del amor de nuestros padres. Por este motivo el hombre solo puede realizarse cuando se dona, donando de nuevo a Dios y a los otros los dones recibidos de Dios.

Uno de los modos - aún si no es el único - del hombre de donarse totalmente a Dios y a los otros es el matrimonio, en el cual un hombre y una mujer se convierten en una sola cosa. Los esposos amándose, aman en realidad a Dios, hacen de su vida un don recíproco, encuentran un camino para la felicidad y pueden colaborar con Dios en el poder único de dar la vida. El amor verdadero es absoluto, pide la totalidad del tiempo, la apertura a la vida, el querer donarse siempre. El amor tiene una lógica propia.

Quien ama verdaderamente busca donarse totalmente y el amor cuando es donado, no se pierde, no se gasta, pero crece y produce sus frutos. El amor se destruye solamente cuando una persona se casa para hacerse feliz a sí misma, no descubriendo sin embargo que solo hay un camino para la felicidad plena: buscar hacer feliz al otro.

Dios, además, ha querido que el matrimonio fuera un sacramento, un signo sagrado que da a los hombres la capacidad de donarse los unos a los otros, en un amor total y fecundo para toda la vida. "Nuestro Salvador se dirigió a aquella boda (de Caná) para santificar el principio de la generación humana [1].  Y el sacramento supone la igualdad de la dignidad de la hombre y la mujer y su complementariedad en lo que tienen de diferente, que es mucho. El libro del Génesis dice que Adán, después de la creación, vio todos los animales y no encontró ninguno con el que identificarse, que fuese similar a él. Entonces el texto bíblico usa una imagen poética bellísima: la mujer fue creada a partir de la costilla del hombre. Esta imagen significa que la mujer es igual al hombre en dignidad. Ella no se ha hecho del pie de Adán porque sea inferior a él, ni Dios ha quitado del cerebro del hombre para hacer a la mujer. Dios ha quitado al hombre una costilla que es la parte del cuerpo que más cerca está de su corazón. Por eso Adán cuando Adán vio a Eva gritó de júbilo: " ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre" (Gen. 2, 22-23).

El beato Juan Pablo II, comentando estos textos decía que Dios ha creado todas las cosas con un orden, iniciando con las cosas más sencillas como la luz, el agua, la tierra y terminando con las cosas más complejas: primero el hombre y después la mujer. La mujer es la criatura más "perfecta" del Universo. Por este motivo los hombres no entienden nunca las mujeres y por eso el diablo quiso tentar en primer lugar a la mujer: él sabía que una vez destruida la mujer, toda la creación y la sociedad se estropearía. Y hoy utiliza la misma estrategia: destruir la figura de la mujer para poner en crisis toda la sociedad.

Hombres y mujeres son similares, unidos por su corazón; pero para ser fieles el uno al otro necesitan a Dios, de la gracia de Dios, que se celebra por primera vez en el sacramento y que debe crecer cotidianamente en la oración común y en la participación común a los sacramentos. El verdadero problema actual no es la crisis en los matrimonios, sino más bien la crisis de la fe; que se aleja de Dios y se olvida que el hombre es una criatura y solo se realiza donándose gratuitamente. Para hacer esto necesitamos pedir al Señor que las familias cristianas sepan descubrir en Dios su fuerza y que los jóvenes no tengan miedo de realizar el plan que Dios tiene para ellos.
*
NOTA
[1] San Cirillo De Alejandría, In Ioannem commentarius, 2, 1 [PG 73 223].
Traducido del italiano por Rocío Lancho García

 
¡Jóvenes abandonen los ídolos! PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Familia.




¡Jóvenes abandonen los ídolos!

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.diosbendice.org

La reciente finalizada Jornada (28) Mundial de la Juventud realizada en Brasil y con la participación del Papa Francisco, quien de manera alegre se presente, en primer lugar para tener contacto con los miles y miles de jóvenes allí presentes; en segundo lugar, por el crecimiento de las sectas neo-pentecostales y, en tercer lugar, por la fuerza del laicismo, muy unido al secularismo hedonista donde hay una indiferencia para lo de Dios.

Pero, lo mejor de todo, fue y será la presencia de un Sacerdote – Papa Francisco con ese olor oveja que exige a todos y cada uno de los sacerdotes. Oveja implica humildad, servicio y desprendimiento. Y en esas ovejas tenemos a los jóvenes, a los cuales los llama “luceros de la esperanza”, es decir, a estar cerca de Dios y abandonar los “ídolos que se colocan al lado de Dios: dinero, éxito y placer”

El Papa quiere, que desde los jóvenes, reforcemos los valores de la fe cristiana. Pues sin Cristo no hay luz, ni esperanza y llenos de alegría. De ahí que invita, desde los pies de la Santísima Virgen de Aparecida, nos invita a no perder la esperanza. Una esperanza que no se debe dejar a un lado, pues en su presencia mantenemos la alegría. Y por eso, el Papa hace un llamado a los padres y educadores para que transmitan a los jóvenes los valores que los hagan artífices de un mundo más justo, solidario y fraterno.

El Papa supo unir Aparecida Virgen y Santuario con otro santuario particular del sufrimiento humano, como es el Hospital San Francisco de Asís que atiende a personas sin esperanza que han caído en el alcoholismo y la drogadicción. Y hablando de San Francisco de Asís supo decir que abandonando toda riqueza se hace pobre entre los pobres. El conoce la mayor riqueza en el seguimiento de Cristo y ese servir a los demás. Ese Francisco pobre descubre su vocación al abrazar a un leproso. Que bello cuando el Papa, nos habla, pero de manera especial a los jóvenes, para que entendamos que al ayudar a un hermano estaremos abrazando la carne de Cristo que sufre.

Hace un llamado, muy serio, a dejar a un lado tanto egoísmo que sepultan la vida y aplauden la muerte donde la danza del dinero baila parejo. Sin dejar por fuera el consumo de drogas donde el narcotráfico se hace fuerte y violenta trayendo a tristeza y mucha tristeza.

El Papa insiste en mirar a los demás con ojos de amor en Cristo y así expresar cercanía, afecto, amor. Es una lucha de todos los días que requiere de una profunda convicción donde no estamos solos, no somos islas, sino comunidad de hermanos que se necesitan entre todos. Sin olvidar que todos podemos caer, pero también levantarse. Ojalá, con la fuerza en Dios, podamos reconocer nuestras debilidades y al asumirlas miremos a los demás con los ojos de la bondad. Aunque hay muchos que se niegan a ser ayudados. Que no permiten la mano amiga que conduce a la solución de tantos problemas.

En el papa una mirada de esperanza y una oración confiada en que Dios sigue actuando. Pero eso sí, sin la decisión particular nada se podrá hacer. Firmemente dice el Papa: “Tú eres el protagonista de la subida, ésta es la condición indispensable. Encontrarás la mano tendida de quien te quiere ayudar, pero nadie puede subir por ti”

Son muchos los que están solos en esas difíciles situaciones. Todo porque no quieren ser ayudados. Y creo, de forma muy particular, que esa soledad frustrante, fracasada y dejada tirada como trapo viejo, no es otra cosa que la ausencia de fe y de esperanza. Fe, bien definida en Hebreos 11,1 La fe es como aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver. Y la esperanza, donde el Papa desde en el hospital San Francisco de Brasil dice: “Quisiera repetirles a todos ustedes: No se dejen robar la esperanza. Pero también quiero decir: No robemos la esperanza, más aún, hagámonos todos portadores de esperanza”

El Papa unido con todos los jóvenes del mundo, vino a orar, abrazar y hablar con la fuerza de un Dios tan joven que seguirá siendo fiel compañero en los caminos de la vida. Por eso, su visita, es más que una visita, es poder entrar en el corazón de todos para ensancharlos y así escuchar su llamada para lo justo y lo bueno. Sin olvidar que hay que mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios y vivir con alegría.

Para finalizar, poso la guinda en la torta, 1. Hagan lío, salgan a la calle. 2. Cuiden los extremos de la sociedad (juventud y ancianos) 3. No licuen la fe.
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Se gradúa María Fernanda. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

Se gradúa María Fernanda.

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.diosbendice.org

No hay nada más hermoso que observar a una pareja de esposos, en este caso, Luis Fernando y Liliana, tan felices con dos retoños y uno de ellos a graduarse de la Etapa Inicial a Primer grado, todo un acontecimiento. Y lo más bello es el ambiente cristiano y lleno del amor de Dios, que junto al Colegio “Las Carmelitas” van educando a sus hijas.

Escenarios
Pero qué triste observar en un gran número de hogares la falta de Dios en ese compromiso matrimonial que invita a la educación, al respeto y a la vida en la responsabilidad de verdaderos hijos de Dios.

El gran mal del divorcio, de la bebida, de la droga, de los placeres y un sinnúmero actos diabólicas van destruyendo lo que Dios, desde el principio bendijo.

Iluminación
1.    La familia es una institución creada por Dios: ¿Cómo lo sabemos, lo dice la escritura Marcos 10,6-9 Creados, hombre y mujer, para ser una sola carne. No es simple institución social que evolucionó poco a poco. No han leído Génesis, 2,22-24; Otros, piensan que el Matrimonio fue inventado por los hombres, por eso, no es necesario casarse. La familia es la primera institución creada por Dios. Y para que no se debilite esta institución hay que volver a Dios y a su Palabra.

2.    Dios estableció el orden de la familia: Orden significa jerarquía. En 1 de Corintios 11,3 leemos que Dios estableció al hombre como cabeza sobre la mujer en la familia. No es sumisión, esclavitud o algo parecido. Aquí no es ser uno más que el otro. Todos sometidos a Dios. La sumisión al otro agrada a Dios. Los hijos agradan al Señor cuando obedecen a sus padres y los tratan amorosamente (Col. 3,20). Nada de inventos, el orden en la familia fue establecido por Dios mientras dure el hombre sobre la tierra.

3.    Andar en armoní¬a con el Creador produce paz y gozo. Una familia feliz es el resultado de dos factores: 1) Los miembros saben convivir entre sí, sin egoí¬smo; 2) Practican a diario las reglas para la familia dadas por Dios en la Biblia. Dios sabe cómo la familia debe funcionar mejor. Oigamos a 1 de Reyes 2,3 “Permanece fiel a Yahvé, tu Dios, anda por sus caminos, observa sus leyes, sus mandamientos, sus ordenanzas y sus preceptos, tales como están escritos en la ley de Moisés. De ese modo te irá  bien en todo lo que hagas” de ahí que el matrimonio pueda ser la experiencia más feliz, más infeliz o más irregular de la vida.  Pero el andar en armonía con Dios produce paz y gozo. Tal vez su cónyuge no es lo que usted quisiera que fuere, pero si usted ama a Dios y confía en su amor y protección, eso le traerá paz y gozo. No necesita tomar tranquilizantes o fármacos, lo que necesita es andar en armonía con Dios de quien recibirá fuerzas y sabiduría para la vida. Salmo 119

Deberes

Este Año de la Fe nos invita a renovar el compromiso matrimonial, no tanto para el disfrute de los esposos, sino para el bien de los hijos, que en definitiva, recibirán la fuerza del amor o el desorden de la des unión.

Es, pues un deber de todo matrimonio asegurar la educación de sus hijos y de forma especial con el ejemplo. Ese ejemplo lleva impreso el sello del cumplimiento en los Mandamientos “Si me aman, guardarán mis mandamientos (Juan. 14,15)

Entonces la familia que ama a Dios vive en comunión con Jesucristo y en obediencia a su Palabra. Por lo tanto, los que obedecen la Palabra de Dios están demostrando su amor por Cristo. Es decir, la familia que practica los principios bíblicos es una familia Dios.

Que alegría conocer esa clase de hogares y poder, junto a ellos, darle gracias a Dios por el triunfo de María Fernanda que en armonía con Emilis reciben la bendición de Dios en el amor de sus padres.


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