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Sacramentos.
El sentido de la Cuaresma. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Sacramentos.

El sentido de la Cuaresma.

Autor:
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www.comayala.es

1.      Cuando se plantea la cuestión de qué significa la cuaresma para la gente, si es que significa algo, suele aparecer la observancia (generalmente ligera) de algunas prácticas, como el ayuno, la abstinencia y la ceniza. Frecuentemente, no se le ve el sentido. Sin embargo, más antes que ahora, el asunto crea problemas de conciencia. Tales situaciones hacen actual la pregunta de Jesús: ¿También vosotros estáis sin entender? (Mc 7,18).

2.      De suyo, el ayuno consiste en privarse de todo alimento y de toda bebida durante uno o varios días. Por tanto, lo que nos encontramos son ayunos menores, mitigados por frugales colaciones, de las que se dice que no rompen el ayuno. Así, en la interpretación oficial, el ayuno supone hacer una sola comida al día, pero se puede hacer un sencillo desayuno y otra sencilla comida, además de la principal. La abstinencia se refiere a no comer carne, u otro alimento determinado por la conferencia episcopal (CDC, c. 1251).

3.      En las grandes religiones (por diversos motivos: ascesis, purificación, luto, oración, limosna) el ayuno ocupa un puesto importante. En el Islam es el medio por excelencia de experimentar la trascendencia divina. En el judaísmo se observa un gran ayuno el día de la expiación (Hch 27,9). Su práctica es condición de pertenencia al pueblo de Dios (Lv 23,29). Se ayuna para que Dios lo vea (Is 58,3-5). Los judíos piadosos lo hacen por devoción personal (Lc 2,37); algunos, dos veces por semana (l8,12). Hay quienes ayunan para ser vistos por los hombres (Mt 6,16-18). En los Hechos de los Apóstoles se mencionan celebraciones acompañadas de ayuno y oración (Hch 13,2-3;14,23).

4.      El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) recuerda el mandamiento de "ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia": "asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas; contribuyen a hacernos adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón" (n. 2043). ¿Y cuándo lo manda la Iglesia? En general, "son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma" (CDC, c. 1250). Son días de abstinencia todos los viernes del año, a no ser que coincidan con una solemnidad. Son días de abstinencia y ayuno el miércoles de ceniza y el viernes santo (c. 1251). ). "La ley de la abstinencia obliga a quienes han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve" (c. 1252). No obstante, "la conferencia episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad" (c. 1253).

5.   ¿Cuál es la posición de Jesús? Los evangelios dicen que Jesús ayunó en el desierto, antes de comenzar su misión (Mt 4,2). Como Moisés (Ex 24,18) y como Elías (1 R 19,8), pasa cuarenta días, buscando la voluntad de Dios. Sin embargo, como práctica piadosa, Jesús no parece dar al ayuno demasiada importancia. En cierta ocasión, los fariseos y los letrados le dijeron: ¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan? Jesús les contestó: ¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Y añadió: Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo en pellejos nuevos (Mc 2,18-22). La práctica de la ceniza no aparece recomendada en el Evangelio. Al contrario: Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara (Mt 6,18). 

6.      En otra ocasión, los fariseos y escribas le preguntan: ¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen sin lavarse las manos?. Les dice Jesús: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. Dejando de lado el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres. Llamó otra vez a la gente y les dijo: Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino que lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.

7.      Ya en casa, sus discípulos le preguntan sobre la parábola. El les dice: ¿También vosotros estáis sin entender? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado? -así declaraba puros todos los alimentos-. Y decía: Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre (Mc 7,5-23). ¿Entendido?

8.      Así pues, lo que importa es la conversión. Se lee el primer viernes de cuaresma: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados... El ayuno que yo quiero es éste, dice el Señor: Abrir las prisiones injustas..., dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne (Is 58, 6-7).

9.      La cuaresma es tiempo de conversión. Según los casos, será inicial, fundamental o permanente. En los primeros siglos se distingue entre primera conversión (proceso bautismal) y segunda conversión (proceso penitencial). El Concilio Vaticano II invita a recuperar el doble carácter (bautismal y penitencial) del tiempo cuaresmal y a usar "con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal" (restaurando, según las circunstancias, "ciertos elementos de la tradición anterior"), "dígase lo mismo de los elementos penitenciales" (SC 109).

10.  Desde el final del siglo IV, la estructura de la cuaresma es la de los cuarenta días. En ella se situaba la etapa final del catecumenado, de purificación o iluminación, que servía de preparación próxima al bautismo. Era tiempo de discernimiento (escrutinios), de superación de resistencias (exorcismos), de catequesis (entregas del Credo y del Padre Nuestro). Todo ello se realizaba en contexto comunitario, a la escucha de la Palabra y en ambiente de oración. Desde el siglo VI, al menos a gran escala, desaparece el catecumenado, el marco en el que se situaba la cuaresma y en el que puede volver a situarse. En cualquier caso, la cuaresma es tiempo de conversión, centrado en el misterio pascual de Cristo. En la liturgia dominical encontramos: una cuaresma bautismal (ciclo A), una cuaresma centrada en Cristo (ciclo B) y una cuaresma penitencial (ciclo C).

·        Para la reflexión personal y de grupo:

o     ¿De qué hay que ayunar?

o     La cuaresma recupera su marco

o     recupera elementos bautismales

o     recupera elementos penitenciales


 
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Reflexiones - Sacramentos.

¿Qué gracia nos da el Señor con su Bautismo?

Autor:
Fuente:

www.feyfamilia.com

Con el bautismo todo cristiano encuentra a Jesús de manera personal: es insertado en el misterio de su muerte y de su resurrección, y recibe una vida nueva

El día de hoy los católicos celebramos la Fiesta del Bautismo del Señor. Con esta festividad concluye el tiempo navideño y se nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre la importancia de este sacramento en nuestra vida cristiana.

¿Cómo fue el Bautismo del Señor?

El comienzo de la vida pública de Jesús es su bautismo por Juan en el Jordán. Juan proclamaba «un bautismo de conversión para el perdón de los pecados», (Lc 3, 3). Una multitud de pecadores... viene a hacerse bautizar por él.

Entonces aparece Jesús. El Bautista duda. Jesús insiste y recibe el bautismo. Entonces el Espíritu Santo, en forma de paloma, viene sobre Jesús, y la voz del Cielo proclama que Él es «mi Hijo amado». Es la manifestación («Epifanía») de Jesús como Mesías de Israel e Hijo de Dios.

Jesús se manifiesta como el «Cristo», el Hijo unigénito, objeto de la predilección del Padre. Y así comienza su vida pública. Esta «manifestación» del Señor sigue a la de Nochebuena en la humildad del pesebre y al encuentro con los Magos, que en el Niño adoran al Rey anunciado por las antiguas Escrituras.

¿Qué significa ésto en la vida de Jesús?

Según explica el Catecismo de la Iglesia Católica el Bautismo de Jesús es «la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente». «Se deja contar entre los pecadores; es ya «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», (Jn 1, 29); anticipa ya el “bautismo” de su muerte sangrienta. Viene ya a “cumplir toda justicia”, (Mt 3, 15), es decir, se somete enteramente a la voluntad de su Padre: por amor acepta el bautismo de muerte para la remisión de nuestros pecados».

«A esta aceptación responde la voz del Padre que pone toda su complacencia en su Hijo. El Espíritu que Jesús posee en plenitud desde su concepción viene a “posarse” sobre Él. De Él manará este Espíritu para toda la humanidad. En su bautismo, “se abrieron los cielos”, (Mt 3, 16) que el pecado de Adán había cerrado».
¿Por qué bautizamos a los niños?

El Bautismo es un sacramento necesario en la vida cristiana. A pesar de ello hay quienes se oponen al bautismo infantil argumentando que la fe es necesaria para recibir el bautismo y como los pequeños no pueden tener fe concientemente, no deben entonces ser bautizados.

Pero resulta que la fe y la vida de la gracia de los que no tienen aún uso de razón depende de sus padres. «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia», (Hch 16, 29-31), respondió San Pablo al carcelero que preguntó qué debía hacer para salvarse.

De allí que en la ceremonia del Bautismo católico, el sacerdote pregunta a los padres del niño: «¿Qué pides de la Iglesia para tu hijo?» Y ellos responden: «la Fe».

Además el Bautismo no sirve solamente para quitar el pecado, sino que otorga al bautizado la gracia santificante (la vida de Dios) y lo introduce formalmente a la Iglesia de Cristo.

El Bautismo se administra a los niños no como la imposición de una fe, simplemente se les da las "herramientas" para que comiencen a comprender y vivir la fe. Se nos da desde pequeños la oportunidad de pertenecer a la Iglesia y hacernos partícipes de los dones que administra con la autoridad del mismo Señor Jesús.

¿Si no tenía pecado por qué se bautiza?

El Bautismo de Juan, que recibió Jesús, era de penitencia y disponía a recibir la remisión de los pecados. Sin embargo, Jesús sabía bien que no tenía necesidad de ese Bautismo, siendo perfectamente inocente, semejante a nosotros en todo menos en el pecado.

En realidad, sometiéndose a este Bautismo, Jesús lo recibe no para su propia purificación, sino como signo de solidaridad redentora con los pecadores. En ese momento Cristo obtiene una efusión especial del Espíritu, que desciende en forma de paloma. Este descenso es preludio del don del Espíritu Santo, que se comunicará en el Bautismo de los cristianos.

Además, una voz celestial proclama: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco», (Mc 1, 11). Es el Padre quien reconoce a su propio Hijo y manifiesta el vínculo de Amor que los une. Puede decirse que para cada persona bautizada resuena aún la voz del Padre: «Tú eres mi hijo amado».

¿Qué significa este acontecimiento para nosotros?

En el acontecimiento extraordinario del Bautismo del Señor vemos a Jesús como el «Hijo amado del Padre» al que todos debemos recurrir. Con el bautismo todo cristiano encuentra a Jesús de manera personal: es insertado en el misterio de su muerte y de su resurrección, y recibe una vida nueva, que es la misma vida de Dios. ¡Qué gran don y qué gran responsabilidad!

¿Qué celebra la Iglesia en este día?

El significado del Bautismo del Señor es múltiple y variado, pues mira no sólo al hecho en sí, sino también a su trascendencia para nosotros.

El Bautismo de Jesús es revelación de la condición mesiánica del Siervo del Señor, sobre el que va a reposar el Espíritu Santo y que ha sido ungido con vistas a su misión redentora. Ese Siervo, con su mansedumbre, demostrada en su manera de actuar, es «luz de las naciones». «Cristo es iluminado, dejémonos iluminar junto a él», dice San Gregorio Nacianceno comentando la escena.


¿Cómo debemos vivir nuestro bautismo?

El Bautismo es el primero de los llamados “sacramentos de iniciación cristiana” (junto a la Confirmación y la Eucaristía). Fue instituido por Jesucristo al inicio de su vida pública, cuando recibe el Bautismo de manos de Juan el Bautista en el río Jordán.

Precisamente la Iglesia recuerda cada año este hecho en la Fiesta del Bautismo del Señor que celebramos hoy día. Es un sacramento necesario para nuestra Salvación, como lo es la Iglesia misma, porque esa es la voluntad del Señor.

¿Por qué es importante?

El Bautismo es importante porque es el fundamento de toda vida cristiana, «el pórtico de la vida en el espíritu», como lo llama el Catecismo Católico que además enseña que por él «somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión».

Este sacramento, al lavarnos del pecado original, infunde en nuestra alma la gracia santificante y nos hace miembros de la Iglesia, hijos de Dios y herederos del Cielo. Se recibe una sola vez porque imprimen en al alma un sello que no se borra jamás y compromete al cristiano en un proyecto de vida que tendrá que hacer concreto cada día, a fin de vivir la plenitud de la existencia.

¿Por qué decimos que es un don?

Aunque el Bautismo se recibe sólo una vez, implica todo un proyecto de vida, porque su gracia permanece siempre en el cristiano y constituye la fuente de la vida cristiana cotidiana por los siguientes motivos:

.:Nos hace capaces de creer en Dios, de esperar en Él y de amarlo.

.:Se nos abre la puerta de la reconciliación con Dios, punto de partida para vivir la reconciliación con nosotros mismos y nuestros semejantes.

.:Hace al hombre más conciente de su vocación a la santidad, a vivir a plenitud cada día en sus propias actividades.

.:Nos permite descubrir y vivir el Plan de Amor que Dios tiene para cada uno de nosotros.

.:La acción del Espíritu Santo permite en nosotros reafirmar nuestra vocación cristiana y salir al encuentro de nuestros hermanos.

.:Por el Bautismo, cada persona puede colaborar con la gracia de Dios para perseverar en la vida cristiana y hacer que ésta sea fructífera y fecunda.

.:Es un don siempre presente que nos permite superar las vicisitudes de la vida cotidiana, imitar el ejemplo del Señor Jesús, y así poder tener sus mismos sentimientos, pensamientos y acciones.

 
Ultimo día del año. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Sacramentos.

Ultimo día del año.

Autor:
Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.
Fuente: Meditando la Vida.

"Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados Hijos de Dios" (Mt 5,9).

Ultimo día del año 2012.

Cuando comenzó el año, todos saludamos, deseándonos "feliz año nuevo". Sería momento oportuno, el constatar si realmente nuestro augurio de felicidad se ha echo real a través de los 365 días de este año que termina.

Seguramente este año habrá sido una trama de alegrías y de tristezas, de éxitos y de fracasos, de lágrimas y de risas, de problemas y de planes.

Pero en resumen: ¿fue un año feliz?

Creo que es difícil que nos inclinemos por una respuesta afirmativa, si pensamos en tantas guerras y desastres, tantos atentados y violencias, tantos crimines e injusticias, tantas hambres y opresiones, tantos odios y rencores, tantos perseguidores y perseguidos, tantos vencedores y vencidos; y por otro lado, tan poco amor a los hombres, tan poca humildad, tan poco deseo de busca; el bien de los demás, de aliviar el dolor del que sufre, la necesidad del que no tiene lo indispensable; y es que no puede haber felicidad, s si no hay paz, y no puede darse la paz, si no vivimos en la justicia.

Mañana volveremos a desear un feliz año nuevo a nuestros familiares y amigos, pero temo que todo ello se reduzca a meras palabras y no sinceros deseos, pues solamente desea felicidad con verdaderos y eficaces deseos de aquel que pone de su parte lo que está a su alcance, para que se realice la justicia en todo y con todos; pues solamente habrá paz, y habiendo paz, se ponen las condiciones para que exista la felicidad.

Vive la justicia contigo mismo, con tus familiares, con tus compañeros de trabajo o dependientes.

Vive en paz con tu conciencia, en paz con tu esposa, con tus hijos y tus familiares, en paz con todos los hombres.

Paz, paz, paz.........

Lo que el mundo necesita es paz; pero primero tiene que comprender que por eso su casa tiene comenzar. Sólo así tienes derecho a saludar mañana a los tuyos, deseándoles un feliz año nuevo; solamente así te harás acreedor a la bienaventuranzas del Evangelio: "Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios."

Los libros de esta colección puedes comprarlos haciendo clic aquí:
www.editorialclaretiana.com.ar

 
La sagrada familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Sacramentos.

La sagrada familia.

Autor:
José Ignacio Alemany Grau, obispo
Fuente: homiliasparalossencillos.blogspot.com/

En nuestro comentario de hoy vamos a seguir algunas de las reflexiones de Benedicto XVI en “La infancia de Jesús”.

El Evangelio que corresponde al ciclo C nos presenta a Jesús en el templo a los doce años.

Cuenta san Lucas que “los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua”.

Esto nos indica que la “familia de Jesús era piadosa y observaba la ley”.

En efecto, la ley de Moisés (la Torá) pedía que todo israelita se presentara en el templo tres veces al año: pascua, la fiesta de las semanas y la fiesta de las tiendas.

Para los niños la obligación comenzaba al cumplir trece años. Sin embargo, las normas pedían que se fueran acostumbrando, poco a poco a cumplir los mandamientos, lo cual explica que Jesús fuera en peregrinación a los doce años.

Pues bien. Jesús, al cumplir los doce años, va con sus padres pero no regresa con ellos sino que se queda en el templo durante tres días.

Esto no supone descuido por parte de sus padres sino más bien indica que dejaban al hijo decidir libremente el ir con los de su edad y sus amigos durante el camino. Por la noche, sin embargo, se juntaban con sus padres.

Este permanecer Jesús tres días en el templo lo relaciona Benedicto XVI con los tres días entre la cruz y la resurrección dejando ver cómo toda la vida de Jesucristo va en una misma dirección redentora.

Esto constituirá para María uno de los momentos de sufrimiento profetizados por el anciano Simeón, como la espada que traspasaría su alma.

Cuando María angustiada le pregunta a Jesús “hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”, la respuesta de Jesús indica que lo que ha hecho es simplemente cumplir el plan de su Padre verdadero que es Dios.

Benedicto XVI nos presenta así la respuesta de Jesús: “estoy precisamente donde está mi puesto, con el Padre, en su casa”.

Dos aspectos resalta el Papa en esta respuesta. Jesús corrige la frase de María dejando de lado a san José y advirtiendo “yo estoy en el Padre”. Por tanto, mi padre no es José sino Dios mismo.

Por otra parte, Jesús habla de un deber al que se atiene el como hijo. El niño debe estar con el padre.

Él no está en el templo por rebeldía para con sus padres (como pretenden algunos) sino justamente como quien obedece, con la misma obediencia que le llevará a la cruz y a la resurrección.

De esta manera tenemos en la Sagrada Familia, María, José y Jesús, grandes modelos para nuestras familias cristianas.

El padre, José, hombre serio, aceptando siempre con humildad y fe el plan que Dios le había trazado al pedirle que fuera padre adoptivo de Jesús.

La Madre, María, desahogando así su corazón pero aceptando y meditando siempre con fe.

Por dos veces en el mismo capítulo Lucas nos dice que “María guardaba estas cosas meditándolas en su corazón”.

Y Jesús, viviendo el plan que su Padre Dios le había trazado, por una parte como Dios y Redentor, y por otra como un niño más: “bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad… y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”.

En la primera lectura de hoy la Iglesia nos habla de la familia de Ana y Elcaná que tuvieron milagrosamente un hijo, el gran profeta Samuel, y que lo presentaron al sacerdote Elí para que sirviera en el templo de Dios.

Se trata, por tanto, de una familia muy religiosa que nos sirve de modelo también en este domingo de la Sagrada Familia.

Por su parte, san Juan, en la carta primera, nos hace ver que nosotros pertenecemos también a la gran familia de los hijos de Dios. Ése es el regalo que nos ha hecho el amor del Padre para “llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!”.

Que hermosos ejemplos tenemos en el día de la Sagrada Familia para vivir la verdadera piedad: el hogar de Ana, el hogar de Nazaret y el hogar trinitario en el que la misericordia de Dios nos ha hecho penetrar como verdaderos hijos.

Así podremos aprender qué grande es el hogar cristiano y cómo debemos vivir en él, hoy más que nunca, cuando la sociedad busca de tantas formas destruir no sólo la familia cristiana sino toda familia.

El martes, octava de Navidad, primer día del año, la Iglesia celebra la solemnidad de Santa María Madre de Dios.

Que Ella fortalezca nuestros hogares para que en ellos haya siempre fidelidad, amor y la felicidad por la que siempre suspiramos.

Que Ella nos traiga también a todos, amigos lectores, un año nuevo lleno de paz, recordando el mensaje del Papa para este día: “bienaventurados los que busca la paz”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo.

 
Nuestra Señora de Guadalupe. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Sacramentos.


Nuestra Señora de Guadalupe.

Autor: P. Eliecer Salesmán,
Fuente: Fuente: Año Mariano

Un sábado de 1531 el Indio Juan Diego iba hacia la cuidad de Méjico a oír la misa y asistir a la clase de catecismo, cuando al pasar por el Cerro de Tepeyac oyó una vez que le decía: "Juanito, Juan Diego". Y vio una Señora de soberana belleza que le decía" Yo soy la Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo que en este sitio se me construya un templo para que desde aquí demostrar mi amor y protección a todos los que me invocan y en Mí confíen. Vas donde el Sr. Obispo y les cuenta esto.

Juan Diego fue donde le Sr. Obispo pero este no creyó que fuera cierto lo que el Indio le decía. Este volvió al Tepeyac y le dijo a la Virgen: "Señora mía, he cumplido tu encargo pero el Señor Obispo no lo tomó por cierto. Creyó que era un invención mía. Te ruego que encargues este mensaje a uno de los señores principales porque yo yo soy un pobre hombrecillo, el último de todos".

La Santísima Virgen le rogó que volviera otra vez donde el Obispo a pedirle que en aquel sitio le levantara un templo. Juan Diego volvió pero el prelado le dijo que para saber si era cierto todo esto se necesitaba un milagro o prodigio.

El Lunes Juan Diego se fue por otro camino para no encontrarse con la Virgen porque iba a buscar un sacerdote para confesar a su tío que estaba agonizando. Pero la Madre de Dios se le apareció por el camino, le mandó al cerro de Tepeyac a recoger rosas y llevarlas al obispo y le aseguro que su tío quedaba curado. El Indio subió al cerro y se quedo admirado al ver tantas rosas en pleno invierno, cuando no se consigue ni siquiera una, y las echó en su poncho ruana blanca y se fue a la ciudad. La Santísima Virgen le dijo:"Esta es la señal que pides para saber si es cierto el mensaje de la Madre de Dios", y desenvolviendo su blanca manta cayeron por el suelo multitud de hermosas rosas  y en la tela apareció dibujada la imagen de la Santísima Virgen María de Guadalupe.

El Señor Obispo y todos sus acompañantes cayeron de rodillas y la tela con la preciosa imagen fue llevada a la Iglesia Mayor. Desde entonces la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe ha recibido continua veneración y ante ella han sido tantos milagros y prodigios que se han obrado que no queda sino repetir la frase de la Santa Biblia: "La mano de Dios esta aquí". El Sumo Pontífice ha declarado a la Virgen de Guadalupe "Emperatriz de América", y su fiesta se celebra el 12 de diciembre.

Practica: Elevare una oración por el continente Americano tan expuesto a los ataques del materialismo y tan necesitado de quien ore y se sacrifique para que las almas se salven y se libren de la eterna condenación. "Que reines Corazón de Jesús en todo el continente". Amen.

Fuente: Año Mariano (P. Eliecer Salesmán, pp. 311, 312)



 
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