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Pascua.
Pascua: tiempo de esperanza. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Pascua.

Pascua: tiempo de esperanza.

Autor:
Benedicto XVI
Fuente:

La resurrección de Jesús es nuestra esperanza. Cristo resucitó para que nosotros, aunque destinados a la muerte, no nos desesperemos pensando que con la muerte acaba la vida; Cristo ha resucitado para darnos la esperanza de una vida eterna.

Una de las preguntas que más angustian al hombre es: ¿qué hay después de la muerte? La resurrección de Jesús nos responde a este enigma.

Desde la mañana de Pascua, una nueva primavera de esperanza llena el mundo. No marca simplemente un momento de la historia, sino el inicio de una condición nueva: Jesús resucitó no porque su recuerdo permanezca vivo en el corazón de sus discípulos, sino porque Él mismo vive en nosotros y podemos gustar la vida eterna.

Por tanto, la resurrección no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su "pascua", su "paso", que ha abierto una "nueva vía" entre la tierra y el Cielo. No es un mito ni un sueño, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús, hijo de María, que fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba.

Con la Pascua, Cristo ha extirpado la raíz del mal, pero necesita hombres y mujeres que lo ayuden siempre y en todo lugar a afianzar su victoria con sus mismas armas: las armas de la justicia y de la verdad, de la misericordia, del perdón y del amor.

La resurrección de Jesús ilumina con esperanza al mundo. Con una esperanza capaz de avivar el deseo del bien.

 
Miremos al Crucificado con los ojos de… PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.



Miremos al Crucificado con los ojos de…

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Cada quien mira lo que le conviene o lo que le gusta. Pero esta vez les invito a que miremos con ojos de otros que al mirar les produjo sorpresa y hasta cambio.

Al mirar al Crucificado no nos quedaremos en la muerte, pero si en lo maravilloso del regalo que Jesucristo nos entregó a todos.

  1. Desde los ojos de los líderes religiosos: sacerdotes, ancianos y escribas vivían muy preocupados por la predicación de Jesús. Ellos olfateaban que se venía un cambio “Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación” (Jn 11. 48) En su mirada una verdad podían perder su prestigio, su poder y la solución era desaparecer a Jesús.
  2. La gran multitud: la gran masa del pueblo había visto los milagros de Jesús, pero les preocupaba eso de destruir el templo (Juan 2,19-21) Pero los principales sacerdotes le metieron casquillo y le incitaron a que soltara a Barrabás y condenase Pilato a Jesús (Marcos 15,11).Eran ojos de un pueblo adormecido por una compra fraudulenta. Ojos que fueron engañados y por so pidieron la muerte.
  3. Soldados: quienes azotaron a Jesús. Le hicieron burlas llamándolo rey de los judíos. Lo coronaron y con vestidos de púrpura para clavarlo en la cruz. Ojos de cumplimiento a órdenes de arriba. Cumplidores de un mandato y punto.
  4. Centurión: era el jefe de unos soldados que ejecutaban órdenes del César. Todo para preservar la paz. Ojos también de cumplimiento pero con una mirara en un prisionero diferente a todos. No había maldecido y por eso al final tiene que expresar: “¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!” (Marcos15,39)
  5. María Magdalena: aquella mujer perdonada, levantada y devuelta a la vida renovada. Siempre de lejos miraba en silencio. Tenía miedo y va a sepulcro llenarlo de aromas y se convierte en al testigo oficial de la nueva vida.
  6. Otras mujeres: las que ayudaron a Jesús. Lloraban. Consolaban a la Virgen María. Eran testigos de aquel duro momento. Ofrecen agua, secan su rostro. Siguieron en el camino. Una mirada de dolor y a la vez de clemencia para con el reo.
  7. El discípulo más joven. Juan: se había quedado a lado de María y es allí donde recibe un mandato y a la vez un regalo. “Mujer, he ahí tu hijo… [y a Juan] he ahí a tu madre” Los ojos de Juan son de admiración y a la vez de confusión. Casi no entiende. Simplemente la recibe. Más adelante podrá mirar esto como un acto de perdón y compasión.
  8. Un ladrón: mejor dos. Uno que se burla (Mateo 27,44) Son ojos de resentimiento. De aprovechamiento para descargar lo que lleva por dentro. Y otro ladrón. Aquel tocado por Dios y abrió sus ojos para reconocerlo como Dios y Señor.  “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (v. 42) Mirada de bondad y de aceptación. Es verdad he pecado, pero ayúdame.
  9. Otros dos. Nicodemo y José de Arimatea: los dos ayudaron. Los dos sintieron ternura, dolor delante de lo que sucedía a Jesús. Sus ojos se llenaron de compasión. Pidieron el cuerpo de Jesús para darle sepultura.

Ahora nosotros… Los que ahora estamos aquí y tenemos que, aunque no queramos, mirar al crucificado y de seguro, nos dice:

No es la cruz la que mata es la mirada indiferente ante el dolor del otro.
No son los clavos los que rompen es la mirada complaciente que permite que se haga el daño a otros.

No es la corona de espinas que hace sangrar son las zancadillas que nos clocamos para detener avance del otro.

No es el traje púrpura que tapó de bulas el cuerpo de Cristo, sino tanta apariencia para no quemarnos ni un hilo de nuestros trajes de adulancia e hipocresía.

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla        @padrerivas
http://padremarcelorivassanchez.blogspot.com/

 
El Espíritu Santo Está. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

 

El Espíritu Santo Está.

Autor:
José Ignacio Alemany Grau, obispo.
Fuente: www.homiliasparalossencillos.blogspot.com

“El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: “de sus entrañas manaran ríos de agua viva”.

Es el mismo san Juan quien explica que Jesús “dijo esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en Él”.

Y hay algo más interesante en la explicación, como Jesús no había sido glorificado con su resurrección y ascensión, todavía no se había dado el Espíritu a los suyos.

Pues sí, amigos, muchas veces prometió Jesús el Espíritu Santo y al fin llegó. Y llegó el día de Pentecostés cuando estaban todos reunidos en el mismo lugar. Hoy lo celebramos:

Un fuerte ruido, como de viento recio, unas llamas de fuego, y el alboroto del don de lenguas fueron los signos externos con que el Espíritu Santo manifestó su presencia.

El fruto fue grande.

Aquellos cobardes comenzaron a evangelizar con valentía, predicando que las autoridades del pueblo habían matado a Jesús pero Dios cumplió su promesa resucitándolo. Ellos eran testigos.

Desde entonces, de una manera especial, el Espíritu sigue actuando en la Iglesia de Jesús.

Él la lleva de la mano hacia la Parusía.

Es Él quien la embellece y purifica a diario.

Si examinamos la Escritura nos damos cuenta de cómo fue el Espíritu quien condujo al mismo Jesús: lo encarnó, lo llevó al desierto, a Galilea y, finalmente, a Jerusalén, donde debía ser crucificado. El mismo Espíritu lo resucitó.

También condujo a María a la fecundidad virginal y la fue transformando en la amada de Dios.

Siempre abierta, como una esclava, para hacer la voluntad del Padre.

En la liturgia de hoy vemos cómo también transformó a los apóstoles.

Los llenó de dones y valentía hasta el punto de conducirlos hasta el martirio. Es Él mismo el que ilumina también hoy a la Iglesia, es decir, a cada uno de los que formamos parte del cuerpo místico de Cristo, haciéndonos hijos de Dios. Por eso podemos llamar Abbá, Padre, al mismo Dios.

Y si queremos saber lo que hace continuamente el Espíritu Santo, nos lo dice el Vaticano II en este Año de la Fe:

“Con la fuerza del Evangelio rejuvenece la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo. En efecto, el Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesús ven. Y así toda la Iglesia aparece (según dicen los santos padres) como “un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

En el Evangelio de hoy Jesús nos dice “si me amáis guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros”.

Es preciso tener esto en cuenta ya que podemos perder el don más maravilloso que Dios nos ha dado por medio de Jesús.

Y más adelante el Señor continúa: “El Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”.

Es por tanto el Espíritu Santo quien llena nuestra inteligencia “enseñándonos” y nuestro corazón “recordándonos”.

Este día de Pentecostés será una riqueza muy especial para ti, si respondes a estas preguntas u otras que tú mismo te puedes hacer en oración:

¿Conoces la obra del Espíritu Santo en la Iglesia?

¿Sabes que el Espíritu Santo nos hace a todos un cuerpo con Cristo, Él la cabeza y nosotros los miembros?

¿Sabes las maravillas que Dios ha hecho en tu alma, desde el bautismo, por medio del Espíritu Santo?

¿Se lo has agradecido?

Con la Iglesia repitamos hoy estas invocaciones:

“Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles…”

“Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la paz de la tierra”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo.

 
Creemos en Jesús resucitado, para vivirlo en nuestras obras PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

Creemos en Jesús resucitado, para vivirlo en nuestras obras

Autor:
Mons. Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán.
Fuente: www.periodismocatolico.com

Se entretejen diversos aspectos en nuestra vida:

Nos encontramos en los últimos días de la Pascua, celebrando a Jesús resucitado. En la medida en que hemos celebrado la Cuaresma, que nos preparaba a la pasión y muerte de Jesús, ahora con mayor razón celebremos que ha resucitado y vive para siempre.

También nos encontramos en los primeros días del mes de mayo, dedicado a la Virgen María, madre de Cristo Jesús. Ella es la más fiel seguidora y testigo de Jesús muerto y resucitado.

Seguimos celebrando el Año de la Fe. La fe transforma toda realidad humana, para vivirla desde Cristo, con Cristo, por Él y en Él.

Nos unimos a muchos que en estos días han sido bautizados, confirmados, han hecho su Primera Comunión o se han casado en el sacramento del matrimonio. También nos unimos a quienes han muerto y lloramos su partida.

Todo confluye en lo central: vivir nuestra fe, celebrar a Jesús resucitado en compañía de María, su madre y nuestra madre.

Nuestra perspectiva es seguir muriendo a nuestros pecados e imperfecciones y entrar más y más en una vida nueva mediante las virtudes humanas y cristianas: por ejemplo actuar con la verdad, la justicia, la caridad; perdonar de corazón a quien nos difama; ayudar al necesitado; llenarnos de paz y dar paz a quien se siente solo y afligido.

Recuerdo lo que decía santa Teresa de Jesús: “nada te turbe, nada te espante, sólo Dios basta.”

Recuerdo sobre todo lo que nos ha dicho Jesús: “La paz les dejo, la paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden” (Juan 14,27). También nos ha dicho: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.” (Juan 15,9-11).

Estas son palabras muy motivadoras: nos consuelan, nos fortalecen, nos lanzan a dar testimonio de Jesús resucitado, que nos ama y quiere que permanezcamos unidos a Él, para que nuestra alegría sea plena.

Aunque Satanás ande como león rugiente buscando hacernos daño y que, lejos de Cristo, perdamos la paz e incluso hagamos daño, sin embargo Cristo Jesús es nuestra Paz y nuestra Luz y quiere que seamos luz para los demás.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 
Hay que resucitar. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

 

Hay que resucitar.

Autor:
P. Mariano de Blas
Fuente:

Cristo no quedó en la cruz, ni quedó en un sepulcro, al tercer día resucitó, venciendo a la muerte para siempre. Pero Él quisiera que los hombres, todos, por quienes dio su vida, vivieran eternamente como resucitados.

¿Qué significa morir?, ¿Qué significa resucitar? Hoy lo voy a explicar mediante una carta de una muchacha que resucito espiritualmente en uno de esos retiros o ejercicios espirituales que se suelen hacer durante la cuaresma. Aquí la tenemos:
" Al salir de aquí, me voy con una profunda paz espiritual, cosa que realmente me hacia falta, creo que será inolvidable esta experiencia pues Dios me llegó en el preciso momento y he vuelto a creer en Él. Doy gracias a Dios porque es bueno y misericordioso, porque he aprendido en dos días, lo que no había podido aprender en 17 años de vida que tengo. Espero no volver a ser la niña que era antes y creo haberlo logrado. Doy gracias al Señor porque me ha hecho ver que estaba en la basura, y me ha dado la mano y ayudado a levantar y volver a empezar a vivir. Comenzaré una nueva vida, yo se qué me va a costar, me voy a tropezar con miles de obstáculos, me voy a enfrentar nuevamente a un ambiente horrible, pero lucharé por salir a flote. Me siento feliz de haber vuelto a creer, de estar al comienzo del buen camino nuevamente".

La otra carta comienza así: "Antes de ir a aquel retiro, mi vida era horrible, la estaba llevando en tal forma que era en verdad de dar tristeza. Era una niña con solo 16 años, y ya sin alegrías ni ilusiones, ya decepcionada de la vida. Pero era obvio llegó el día en que me sentí asqueada de todo y empecé a sentir un vacío enorme. Algo me hacia falta. Pensé que ese vacío lo llenarían mis amigas, las fiestas, conocer niños nuevos. Acababa de terminar con mi novio. Y así lo hice: salía mucho, conocí miles de niños, pero yo, seguía igual. Antes los estudios me llenaban bastante, pero en esos momentos ni el estudio llenó aquel vacío tan horrible. Era desesperante, nada me gustaba. Llego el día en que Dios me llegó directamente, porque decir que nunca me había buscado, sería una mentira. Me insistió y mucho, pero yo preferí vivir mi vida sin ÉL. Pero como decía, me habló, me hizo ver directamente que ahora tenía de nuevo los dos mismos caminos que antes ya había tenido: con Él o sin Él. Obviamente esta vez lo escogí a Él. Fui a hablar con el padre que dirigía el retiro, y después de insistirle mucho, me dejó ir. Fue el día de mi cumpleaños, es por eso que yo digo que nací a los 17 años. ¡Que día!, increíble, volví a nacer, pero con la conciencia de que tenía mucho que hacer. Y así empezó mi cielo, que hasta ahora sigo viviendo y nadie ha podido convertirlo en un infierno. Es algo maravilloso, porque desde que fui todo es diferente. Cristo me ha dado un ideal por el cual vivir. Antes estudiaba por un MB, ahora estudio por Él; antes me reía pero por tonterías, ahora porque sé que cuento con Él; antes era una niña responsable pero sólo ante mi misma, ahora lo soy ante Dios, ante los demás, ante Cristo. Antes lloraba y ahora también lloro; antes por falta de Cristo y ahora por que lo adoro, es decir de felicidad. Claro, he tenido problemas, pero con Cristo todo lo he podido solucionar. Ahora hasta los problemas los veo como una bendición, porque he aprendido a exigirme. No sé cómo explicarme, sólo me sale decir que es extraordinario: para mi Dios lo es todo, y si a mi me dijeran déjalo, preferiría morirme en ese momento, ya que sin El me perdería, no sabría que hacer, perdería a Cristo y mi felicidad. ¿Por quién lucharía entonces? ¿por mi? ¿para qué?

Esta es una de las lecciones más grandes que he recibido de alguien. Verdaderamente me estremecí por ser esta chica una adolescente, de la cual según los adultos creemos que no saben lo que quieren.

Resucitar espiritualmente es algo tan real como la alegría de vivir, de ser feliz como un niño. Es tener una razón para existir, para sufrir, para amar eternamente.


 
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