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Pascua.
El amor con amor se paga. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

El amor con amor se paga.

Autor: Alfonso Milagro, Los Cinco Minutos de María.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

El cuadro que nos presenta a Jesús en la cima del calvario, queriendo por nosotros, y a pocos metros de la cruz a la Virgen dolorosa, sufriendo también por nosotros, nos marca el rumbo de nuestra vida cristiana.

La vida se nos ha dado por morir por un ideal y ningún ideal es tan ennoblecedor y que merezca tanto vivir y morir por él como Dios; ese Dios que vivió y murió por nosotros y que nos pide que nosotros vivamos y muramos por Él.

Amor con amor se paga; si Dios nos amó infinitamente, justo ese que nosotros lo amemos a Él cuanto seamos capaces de amar.

Al píe de tu crucifijo puedes poner estas dos preguntas: ¿Qué ha hecho Él por mí? ¿Qué debo hacer yo por Él?

"Madre, despierta en nosotros el corazón filial, que duerme en cada hombre, y llévanos a desarrollar la vida del bautismo por el cual fuimos hechos hijos" (Puebla 294).

 
Sonrisas con la Virgen. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

Sonrisas con la Virgen.

Autor:
Pedro García, misionero claretiano

Se ha observado muchas veces dentro de nuestro entorno religioso que las almas amantes de la Virgen María gozan y esparcen una alegría especial. Es un hecho comprobado y que nadie puede negar. La Virgen arrastra a multitudes hacia sus santuarios. Ante su imagen se congregan las gentes con flores, con velas, y rezan y cantan con fervor y entusiasmo inigualable. Y sobre ese ambiente flota un aire de paz y de alegría que no se da en otras partes. ¿Por qué será?... Una respuesta nos sale espontánea de los labios, y no nos equivocamos: ¡Pues, porque están con la Madre!...

Si esta es la razón más poderosa. Entonces, si queremos vivir alegres, y ser además apóstoles de la alegría para desterrar de las almas la tristeza, ¿por qué no contamos más con María?...

Partamos de la realidad familiar. Se trata de un hogar bien constituido. La madre ha sido siempre el corazón de ese hogar y los hijos se han visto siempre también amparados por el calor del corazón más bello que existe. ¿Puede haber allí tristeza?...
Aún podemos avanzar un poco más en nuestra pregunta, y plantear la cuestión de otra manera diferente.

Se trata de un hijo que viene con un fracaso espantoso, del orden que sea. No sabe dónde refugiarse. Pero llega a la casa y se encuentra con la madre que le está esperando. ¿Cabrá allí la desesperación? ¿Dejarán de secarse las lágrimas de los ojos? ¿Volverán los labios a sonreír?...

Todas estas cuestiones están de más. Sabemos de sobra que el amor de una madre no falla nunca. Y al no fallar su amor, al lado de ella la tristeza se hace un imposible.
Esto que nos pasa a todos en el seno del hogar cuando contamos con la bendición de una madre, es también la realidad que se vive en la Iglesia. Dios ha querido que en su Iglesia no falte la madre, para que en esa casa y en ese hogar del cristiano, como es la Iglesia, no sea posible la tristeza, pues se contará en ella con el ser querido que es siempre causa de alegría.

Por eso Cristo, moribundo en la Cruz, declaró la maternidad espiritual de María, nos la dio por Madre, y nosotros la aclamamos gozosos: ¡Madre de la Iglesia!.
Por eso el pueblo cristiano, con ese instinto tan certero que tiene --como que está guiado por el Espíritu Santo-- llama a María Causa de nuestra alegría.

Unos jóvenes ingeniosos, humoristas y cristianos fervientes, hicieron suyo un eslogan publicitario, que aplicaron a María y lo cantaban con ardor:
- Y sonría, sonría, con la protección de la Virgen cada día.
Habían cambiado el nombre de una pasta dentífrica por el nombre más hermoso, el de la Virgen. ¡Bien por la imaginación de nuestros simpáticos muchachos!...

Esos jóvenes cantaban de este modo su ideal y pregonaban por doquier, de todos modos y a cuantos quisieran oírles, su amor a la más bella de las mujeres.

Amar a la Virgen es tener el alma llena de juventud, de ilusiones, de alegría. Un amar que lleva a esparcir siempre en derredor ese optimismo que necesita el mundo.

Amar y hacer amar a la Virgen alegra forzosamente la vida. La mujer es el símbolo más significativo del amor, el ser más querido del amor, el difusor más potente del amor.

Y mujer como María no hay, la mujer más bella salida de la mano de Dios.
María, al dar amor, llenará de alegría, de canciones y de flores el mundo; porque, donde existe el amor, no mueren ni menguan nunca la felicidad, la belleza, el cantar...

Alegría y cantar de los que el mundo moderno está tan necesitado.
Alegría la más sana. Cantar el más puro a la más pura de las mujeres.
Con María, las caras aparecen radiantes, con la sonrisa siempre a flor de labios, como un rayo primaveral.
Ser apóstol de María es ser apóstol de la felicidad.

Llevemos María al que sufre soledad, y le haremos sonreír.
Llevemos María al tímido, y lo convertiremos en decidido y emprendedor.
Llevemos María al triste, y el que padece comenzará a disfrutar.
Llevemos María al anciano, y lo veremos volver a los años felices de la juventud.
Llevemos María al pecador, y veremos cómo el culpable vuelve muy pronto a su Dios.
Llevemos María a nuestro propio hogar, y veremos lo que será nuestra familia con dos madres juntas, que no son rivales celosas, sino dos amigas inseparables.
Llevemos María a nuestros amigos, ¡y sabremos lo que es amarnos con una mujer como Ella en medio del grupo!...

Hemos dicho antes que la piedad cristiana, siempre conducida por el Espíritu Santo, llama a la Virgen: Causa de nuestra alegría.
No puede ser de otra manera. Porque María nos trae y nos da siempre a Jesús, el que es el gozo del Padre, el pasmo de los Angeles, la dicha colmada de los Santos.

Como los jóvenes aquellos, junto con la plegaria, tenemos siempre en los labios el nombre de María, y sabemos decirnos:
- Sonría, sonría, con la protección de la Virgen cada día.....

 
Obediente hasta la cruz. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

Obediente hasta la cruz.

Fuente:
Autor:
P. José Luis Richard

El Evangelio nos dice: Después de que llegaron al lugar llamado Calvario, ahí lo crucificaron... El laconismo no puede ser mayor. Pero ¡cuánto dolor hay detrás de estas palabras! Dolor de la humillación de ser el espectáculo del pueblo, el hazmerreír de la chusma. Dolor del pudor que siente que le arrancan los vestidos y la piel. Dolor de la sien que parece estallarle. Dolor de los clavos que penetran bajo sordos golpes del martillo y taladran hasta abrir hilos de sangre en las manos y en los pies. Dolor al ver a la Madre destrozada por la angustia. Dolor de ver la ingratitud a su amor. Dolor de conocer la esterilidad de su sacrificio en tantas almas...

Quien sufre -y a todo hombre le llega su momento, porque el dolor es la herencia del pecado- puede afrontar su sufrimiento de diversas formas: desesperación, rabia, escepticismo, odio... Otros sencillamente se resignan sin comprender jamás ni el porqué ni el para qué de su sufrimiento. Y Cristo nos deja clara la razón: el dolor por obediencia redentora.

Si miramos sin fe la cruz de Cristo, como si miramos el dolor humano desde un punto de vista meramente natural, sólo hallaremos como respuesta el absurdo.

Pero muy por encima del existencialismo desesperado de la vida, brilla la luz del misterio. Nadie me arrebata mi vida, sino que la entrego yo mismo... Éste es el mandato que recibí de mi Padre (Jn 10, 18). Ahí está la clave para comprender a Cristo crucificado y toda su doctrina y obra. Va al dolor y a la misma muerte con plena conciencia y con la más absoluta libertad. No ofrece una obediencia pasiva y resignada, "porque no hay otra alternativa", sino voluntaria y cumplida con perfección en el detalle: hasta sus últimas consecuencias. Y esto, a pesar de todo el dolor que le desgarra... Se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil 2, 8).

Sólo a la luz de esa obediencia amorosa se comprende la muerte de Cristo. Y porque ha obedecido, dirige la mirada a su Padre con confianza. Ha terminado su obra, ha llegado al final a pesar de todas las dificultades, a pesar de la cruz y de la muerte. Y en sus últimas palabras alcanzamos a percibir que es tal su amor, tanta la paz que invade su ser después de haber consumado la Redención, que el sufrimiento, el dolor y la muerte no tienen ya ningún poder sobre Él: En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu.

Dios está cerca del dolor, sea moral o físico, pues Él en Jesucristo también se quiso identificar con el sufrimiento humano, escogiendo la cruz para salvarnos. Por eso, el sufrimiento nos purifica, nos hace más agradables a Dios, nos educa en la recta apreciación de la vida humana y del sentido de la misma.

 
La crucifixión. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

La crucifixión.

Autor:
desconocido.
Fuente:

Mucho antes de la era Cristiana: se inventó una atroz forma de ejecución considerada maldita, a la que luego se llamo Crucifixión. Originalmente esta tortura, junto con la horca, fueron denominadas "árbol siniestro" y si piensan, como muchos que fue inventada por los romanos exclusivamente para destruir a Cristo, están totalmente equivocados, se cree que su origen es Asiático, específicamente Persa, según arqueólogos e historiadores.

La muerte por Crucifixión era reservada para los criminales mas sucios, crueles y despreciados, un condenado a muerte que pudiese probar que tenia la ciudadanía Romana, disfrutaría del "privilegio" de ser decapitado, ejecución mas digna, rápida y "humanitaria", que la agonía lenta e insoportable de la crucifixión.

Como se ejecutaba: El reo tenía que cargar, amarrado, un leño horizontal (casi siempre un pino) de 190 o 200 cm., llamado "stipes" hasta el lugar de su ejecución. Cuando llegaban, era izado en el "patibulum" (parte vertical de la cruz que podía ser un tronco colocado o un árbol especialmente podado), utilizando cuerdas que pasaban por encima de ese tronco.

Cuando estaba izado se fijaban los troncos, Stipes y Patibulum" (en ese momento era cuando tomaban la forma que hoy llamamos "Cruz"), se clavaban los pies, uno delante del otro con las piernas un poco dobladas,  luego les rompían las piernas a la altura de las rodillas para que no pudieran sostener el cuerpo,  y los brazos los clavaban por las muñecas y se dejaba al crucificado morir lentamente de hambre, sed, insolación, dolor, asfixia, etc.

Las cruces no eran muy altas y los reos mas fuertes podían tardar entre 3 y 5 días en morir. Durante este tiempo los crucificados eran atacados por las alimañas, quienes devoraban sus extremidades inferiores. Con el tiempo en un acto de "misericordia" las cruces fueron hechas más altas.

Los médicos forenses dicen que el cuerpo humano en esta situación sufre una asfixia gradual, y para obtener aire el crucificado debía levantarse a la fuerza sobre los clavos, que al mismo tiempo desgarran la carne y los nervios del antebrazo. Cada esfuerzo para respirar una vez mas representaba para su cuerpo otra caída sobre los brazos, al no poder sostenerse sobre las piernas que estaban rotas. Luego de un rato el reo muere de asfixia.

Los mas grandes historiadores y teólogos de todos los tiempos concuerdan en que la crucifixión de Cristo fue una muy distinta a las acostumbradas. El único muerto en cruz del cual se tiene constancia histórica, que fue azotado, coronado de espinas, golpeado y humillado antes de su crucifixión. 

Los libros de Mateo: 27, Marcos: 15, Lucas: 23, y Juan: 19 relatan cómo fue todo el preámbulo a la muerte de Cristo.  La cruz desde sus orígenes ha sido creada como un símbolo de una muerte considerada maldita y en la antigüedad las cruces eran exhibidas para intimidar al pueblo: y recordarles cuan miserable podía ser su muerte.

¿Por qué las exhiben ahora?, sencillo, para que ahora reflexiones sobre la peor de las muertes, en aquella época y una de las peores de todos los tiempos que incluía asfixia, rotura de huesos, ataque de alimañas, hambre, insolación, desangramiento, entre otras cosas... esa fue la muerte de Jesús Nuestro Salvador

JESÚS ESTA VIVO, TE AMA Y SE INTERESA POR TI... NUNCA LO DUDES.

 
Nada tan necesario como cargar la cruz. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

Nada tan necesario como cargar la cruz.

Autor:
Fuente:
www.mensajespanyvida.org


La cruz es necesaria para nosotros pecadores: Las cruces de esta vida nos ayudan a unirnos a Cristo y no caer en el castigo del infierno que todos merecemos.

No pensemos que estamos seguros de no ir al infierno. Muchos creyéndose buenos estaban seguros de ellos mismos, se han permitido descuidos y quedaron condenados.

¿Pensamos esto cuando sufrimos alguna pena?. Estaríamos contentos de sufrir ahora si tan solo pensáramos en el purgatorio que es un padecer horrible. Muchos van allí por haberse conformado con confesiones a la ligera. Vale la pena padecer ahora y arrancar del demonio el libro de la muerte (Col. 2,14) en el que lleva anotados todos nuestros pecados y el castigo que merecen.

En la otra vida todo se paga hasta el último centavo (Mt. 5,26), hasta la última palabra ociosa (Mt. 12,36). Ese mal pensamiento, esa palabra que se llevó el viento, serán castigados con espantosos tormentos (Heb. 10,31).

No es que a Dios le falte misericordia. Mas bien hay que entender que la misericordia no se consigue sin abrirnos a la cruz. Jesús nos dice: "podéis beber el cáliz? (Mt. 20,22).

Excelente cosa es desear la gloria de Dios. Pero desearla y pedirla sin decidirse a padecerlo todo es una locura y una petición extravagante: "no saben lo que piden" (ibid) En realidad para ser amigos de Dios y para entrar en el Reino "Tenemos que pasar mucho" (Hechos 14,22).

La cruz es necesaria para los hijos de Dios.

Con razón nos gloriamos de ser hijos de Dios, pero también debemos gloriarnos de sufrir con El.

"Han echado en olvido la exhortación que como a hijos se os dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él. Pues a quien ama el Señor, le corrige; y azota a todos los hijos que acoge. Sufrís para corrección vuestra. Como hijos os trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige? Pero si quedan sin corrección, cosa que todos reciben, señal de que son ustedes bastardos y no hijos. Además teníamos a nuestros padres según la carne, que nos corregían, y les respetábamos. ¿No nos someteremos mejor al Padre de los espíritus para vivir? ¡Eso que ellos nos corregían según sus luces y para poco tiempo!; mas el, para provecho nuestro, en orden a hacernos partícipes de su santidad. Cierto que ninguna corrección es de momento agradable, sino penosa; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella". (Hebr. 12,5-11)

La cruz es necesaria para los discípulos de un Cristo crucificado

"Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos y necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios". (1 Cor. 1,22-24).

Jesucristo es el único maestro que predica la cruz. Aquel de ustedes que sepa llevar mejor su cruz -aunque, por otra parte, sea un analfabeto- es mas sabio en Jesucristo que todos los demás. Alégrate pues si eres de poca sabiduría según el mundo; si sabes sufrir con alegría, sabes mas que los que tienen doctorados de las grandes universidades pero no saben sufrir tan bien como tu.(Mat. 11,25)

San Pablo, al bajar del tercer cielo -donde aprendió misterios escondidos a los mismos ángeles-, exclama que no quiere saber nada fuera de Jesucristo crucificado. (1 Cor. 2,2)

La cruz es necesaria para los miembros de Jesucristo.

Somos miembros de Jesucristo, somos su cuerpo. ¡Que honor! ¡Pero qué necesidad tan imperiosa de padecer implica serlo!

¿Si la Cabeza está coronada de espinas (Mt. 27,29), estarán los miembros coronados de rosas?.

¿Si la Cabeza es escarnecida camino al calvario (Mc.14,65), querrán los miembros vivir perfumados?.

¿Si la Cabeza no tiene donde reclinarse (Mt. 8,20), descansaran los miembros entre plumas?. !Eso sería una monstruosidad!. No se hagan ilusiones.

Esos cristianos que veis por todas partes trajeados a la moda, en extremo delicados... no son los verdaderos discípulos de Jesús crucificado. ¡Cuántas caricaturas de cristianos que... mientras hacen con la mano la señal de la cruz, son sus enemigos en el corazón!.

Si Cristo es nuestra cabeza, aceptemos como El la cruz por amor. Pues es necesario que el discípulo sea tratado como el Maestro, los miembros como la cabeza. Y, si el cielo nos ofrece -como a Santa Catalina de Siena- una corona de espinas y otra de rosas, escojamos la de espinas y hundámosla en nuestra cabeza para asemejarnos mas a Jesucristo.

Ver la cruz sabiendo que somos piedras vivas.

Somos piedras vivas del templo. Nos disponemos a ser labrados con el martillo de la cruz para no quedar como piedras toscas, que no sirven. No resistir al Señor que como arquitecto amoroso da golpes de martillo para convertirnos en bellas piedras para su edificio.

Hay que sufrir como los santos.

Jesús crucificado y María a sus pies, su corazón traspasado por una espada. Esta es la cruz. Si aceptamos la apreciación popular de lo que es ser cristiano no seguiremos a Jesús.

Veamos mas bien a los santos. Ellos siguieron el ejemplo de Jesús con heroica fidelidad sin compararse al mundo ni conformarse con la mediocridad espiritual.

Debemos conocer y reflexionar a menudo sobre sus vidas para ver la grandeza del amor a que se nos invita.

Estamos unidos a los santos (la comunión de los santos) en torno a Cristo. Ellos son "una inmensa nube de testigos" (Heb. 12,1).

¿Podemos entonces eximirnos de imitarlos en su amor a la cruz?

Si no sufrimos como santos lo haremos como malditos. No es posible, al final evitar el sufrimiento. Si no sufrimos en el Señor, entonces será sin el consuelo de la gracia, sin la ayuda de Jesús, además tendremos el peso del demonio: la impaciencia, la murmuración y al final el infierno.

Nada tan dulce como la cruz.

Tenemos una fuerte tendencia de conformarnos con `no hacer nada malo' y no disponernos a sufrir por amor a Jesús.

Todos los cristianos creemos en la cruz pero perdemos conciencia de su realidad. Se va quedando en teoría. El mundo nos va haciendo minimizar su actualidad porque la ley del mundo es: evitar el sufrimiento a todo costo.

Nada se puede esperar de cristianos así. Son tierra que no produce.

Si sufrimos por amor a Dios, la cruz se hará mas y mas suave porque la carne tendrá menos dominio sobre nosotros. "La cruz abrazada es la menos pesada" -Sta. Teresa de Ávila.

Nada tan glorioso.

Los santos gozaban en el Espíritu en medio de los tormentos. La alegría de la cruz es mayor que la de prisioneros liberados de la cárcel. Debemos estar alegres en las pruebas, saltar de gozo en la persecución no porque nos guste en la carne sino porque el mismo Dios viene a nosotros. Por eso decía Santa Teresa de Ávila: "O padecer o morir".

El mundo llama a la cruz `locura, infamia, necedad' porque están ciegos y la juzgan humanamente. Pero para nosotros la cruz es la gloria (1 Cor. 1,1-2). San Pedro y Pablo son mas gloriosos por sus calabozos que por haber sido arrebatados en éxtasis.


 
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