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Pascua.
Y tú, ¿dónde vas?. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Pascua.

Y tú, ¿dónde vas?.


Fuente: www.reinadelcielo.org

Autor: www.reinadelcielo.org

 

¿Dónde vas?. Increíblemente, después de una vida junto a Jesús y Su Madre, Pedro necesitó de este empujón final del Señor para animarse a invertir sus pasos, y volver a Roma para entregarse al martirio final. ¿Dónde ibas, Pedro?. ¿Que hubiera sido de tu vida luego, si Jesús no te hubiera marcado el camino?. Pedro, la cabeza de nuestra amada iglesia, nos mostró siempre cómo se lucha contra nuestras propias flaquezas para finalmente triunfar y glorificar a Dios, haciendo Su Voluntad.

 

Y tú, ¿dónde vas?. ¡Seguramente al lugar equivocado!.

 

Buscamos y buscamos satisfacciones en este mundo. Soñamos con algo, y cuando lo alcanzamos, la alegría dura un instante y nuevamente nos sentimos vacíos. Sea un título, un bien material, conocer un lugar, e incluso un hijo o una pareja. Cuando esas cosas están en nuestros sueños nos motivan e impulsan para adelante. Pero cuando finalmente las alcanzamos sentimos una felicidad pasajera, y luego, a buscar otra meta para perseguir. ¡Y eso en el mejor de los casos!. Cuando esos sueños no se hacen realidad, nos frustramos, deprimimos, nos sentimos vacíos, fracasados en la vida.

 

¿Dónde vamos?. Alguien me preguntó hace poco tiempo: ¿Te llena Dios realmente la vida cuando lo descubres?. ¡Allí está el secreto!. Nada tiene sentido sin Dios, sólo Dios le pone sentido a nuestra vida. El detiene nuestra carrera, nuestra búsqueda desenfrenada, y nos dice:

 

Yo soy a quien estabas buscando, sin Mi nada tiene sentido. Ámame, descubre cual es Mi Voluntad respecto de tu misión en la vida, y encontrarás la paz verdadera.

 

En ese momento se acaban las fantasías terrenales, los falsos ídolos que construimos y adoramos: el dinero, el estatus, nuestra posición en la sociedad, nuestra forma de vida. Jesús toma entonces el lugar central dentro nuestro y hace que todo lo demás gire alrededor de Su Voluntad. Si trabajo, deseo hacerlo agradando a Dios, si educo a mis hijos, deseo formarlos en el amor a Dios, si hago un viaje, busco el modo de crecer en mi fe a través de los lugares que visito. En todo descubro la mano de Dios que me pone las oportunidades de crecer en el amor a El a cada instante.

 

Jesús, ese día, se apareció a Pedro con la Cruz sobre su hombro. Ya había resucitado y ascendido a los Cielos. Pedro huía de Roma ante la amenaza de ser arrestado por defender al Señor. Jesús le dijo entonces: “¿dónde vas Pedro?. Si tú te marchas, yo tengo que tomar tu lugar, con mi Cruz a cuestas”. Pedro, sintiéndose morir por ver a Jesús de ese modo, dio media vuelta a sus pasos y volvió a Roma aceptando ser crucificado en nombre de Cristo.

 
¡Nuestros queridos muertos! PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

¡Nuestros queridos muertos!

Autor:
Pedro García, misionero claretiano
Fuente: Catholic.net

No los podemos olvidar delante de Dios, desde el momento que los queremos tanto....

Muchas veces nos hemos preguntado en nuestra América Latina: -¿A qué viene, y cómo se explica, la devoción de nuestros pueblos a los Fieles Difuntos?

No podemos ni queremos establecer comparación con otras culturas no cristianas, que no tienen nuestra esperanza, y que son también muy apegadas al culto de sus muertos. Hablamos de nosotros porque tenemos fe. Sabemos que los que nos precedieron están en el seno de Dios. Y sin embargo, pensamos mucho en ellos, rezamos mucho por ellos, y los muertos están presentes en nuestra familias como lo estuvieron en vida.

No pasa así en otras civilizaciones también cristianas --que se dicen superiores (!)-- y que ante sus muertos se muestran bastante frías...

Hablando, pues, de nosotros, ciertamente que hay dos explicaciones, muy legítimas las dos, y también bastante claras, en este proceder nuestro con los difuntos: el amor familiar y el buen corazón de nuestras gentes.

La primera, el amor familiar, es evidente. Nuestros pueblos conservan, gracias a Dios, un gran apego a la familia. Y es natural que, al llegar este día, sintamos la necesidad de hacer más presentes entre nosotros a los seres queridos que se nos fueron.

La segunda explicación que se da es el buen corazón, que nos hace sentir muy de cerca el dolor de los demás. Y eso de pensar que nuestros difuntos están a lo mejor todavía purificándose en aquel fuego devorador que, según la piedad y la fe cristiana, llamamos Purgatorio, eso nos llega muy al fondo del alma. Y eso es también lo que nos mueve a intensificar nuestros sufragios ante Dios por las almas benditas.

Hablando de esta segunda razón --el buen corazón de nuestros pueblos--, explicaba un prestigioso sacerdote latinoamericano:

- Pasa con los Difuntos como lo que ocurre en nuestros pueblos con el Santo Cristo. Se le tiene una devoción muy especial. Por ejemplo, llega la Semana Santa, y hay que ver las plegarias ante el Señor que sufre y cómo se le acompaña en procesiones penitenciales... Pasa el Sábado Santo con el recuerdo de la Virgen Dolorosa, y dice poco la celebración del Señor que resucita. ¿A qué obedece este fenómeno, a sólo cultura o a un sentimiento muy profundo del corazón?...

Nosotros aceptamos esta realidad: los difuntos nos dicen mucho al corazón, y los recordamos, rogamos por ellos, y los seguiremos encomendando siempre al Señor.

Pero, ¿qué debemos pensar de las penas del Purgatorio, de las cuales queremos aliviar a nuestros queridos difuntos? Aquí deberíamos tener las ideas muy claras. La Iglesia, guiada siempre en su fe por el Espíritu Santo, es quien tiene la palabra. Y lo que nos enseña nuestra fe se puede resumir en dos o tres afirmaciones breves y seguras.

Es cierto que en la Gloria de Dios no puede entrar nada manchado. Quien tenga pecado mortal --que quiere decir esto: de muerte eterna-- no verá jamás a Dios.

¿Y quien no tenga pecado mortal, sino faltas ligeras, apego a las criaturas, amor muy imperfecto a Dios, mezclado con tanto polvo y tantas salpicaduras de fango que se nos apegan siempre?... A la condenación eterna no va el que muere en estas condiciones, pero tampoco puede entrar en un Cielo que no admite la más mínima mancha de culpa.

Para eso está el Purgatorio, que significa eso: lugar de limpieza, de purificación. Lo cual es una gran misericordia de Dios. Si no existiera esa purificación y limpieza, ¿quién entraría en el Cielo, fuera de niños inocentes y de grandes santos que apenas se han manchado con culpa alguna?

San Juan Bautista Vianney, el Párroco de Ars, lo explicaba así en sus catequesis famosas:

- Cuando el hombre muere, se halla de ordinario como un pedazo de hierro cubierto de orín, que necesita pasar por el fuego para limpiarse.

¿Y qué podemos hacer nosotros? Pues, mucho. Al ser cierto que todos los miembros de la Iglesia formamos un solo Cuerpo, y que está establecida entre todos la Comunión de los Santos --es decir, la comunicación de todos nuestros bienes de gracia--, todos podemos rogar los unos por los otros.

Nosotros rogamos por las almas benditas para que Dios les alivie sus penas y las purifique pronto, pronto, y salgan rápido del Purgatorio.

Y esas almas tan queridas de Dios, que tienen del todo segura su salvación, ruegan también por nosotros, para que el Señor nos llene de sus gracias y bendiciones.

Ésta ha sido siempre la fe de la Iglesia Católica.

Esto hacemos cada día cuando en la Misa ofrecemos a Dios la Víctima del Calvario, Nuestro Señor Jesucristo, glorificado ahora en el Cielo, pero que se hace presente en el Altar y sigue ofreciéndose por la salvación de todos: de los vivos para que nos salvemos, y de los difuntos que aún necesitan purificación.

Eso hacemos también con todas nuestras plegarias por los difuntos.

Esto hace la Iglesia especialmente en este día, con una conmemoración que nos llena el alma de dulces recuerdos, de cariños nunca muertos, de esperanza siempre viva...

¡Los Difuntos! ¡Nuestros queridos Difuntos! No los podemos olvidar delante de Dios, desde el momento que los queremos tanto....

Vivir con tanta intensidad la Solemnidad de Todos los Santos, así como también el día de mañana, Conmemoración de los Difuntos. Estos dos días engloban en sí de modo muy especial la fe en la "vida eterna" (últimas palabras del Credo apostólico).

Si bien estos dos días enfocan ante los ojos de nuestra alma lo ineludible de la muerte, dan también al mismo tiempo testimonio de la vida.

El hombre que está "condenado a muerte", según las leyes de la naturaleza, el hombre que vive con la perspectiva de la aniquilación de su cuerpo, este hombre desarrolla su existencia al mismo tiempo con perspectivas de vida futura y está llamado a la gloria.

La Solemnidad de Todos los Santos pone ante los ojos de nuestra fe a los que han alcanzado ya la plenitud de su llamada a la unión con Dios. El día de la Conmemoración de los Difuntos hace converger nuestros pensamientos en quienes, después de dejar este mundo, en la expiación esperan alcanzar la plenitud de amor que requiere la unión con Dios.

Se trata de dos días grandes en la Iglesia que "prolonga su vida" de cierta manera en sus santos y en todos los que se han preparado a esa vida sirviendo a la verdad y al amor.

Por ello los primeros días de noviembre la Iglesia se une de modo especial a su Redentor, que nos ha introducido en la realidad misma de esa vida a través de su Muerte y Resurrección. Al mismo tiempo ha hecho de nosotros "un reino de sacerdotes" para su Padre.

(SS Juan Pablo II, 1 de noviembre 1978. Solemnidad de todos los santos)

 
Salvación: ¿Fe solamente o también obras? PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Pascua.

Salvación: ¿Fe solamente o también obras?


Autor: Jordi RiveroPadre Jordi Rivero

Fuente: www.corazones.org

 

Nos preguntan:

 

La Iglesia Católica enseña que hay que ganar la salvación con las obras, pero San Pablo dice claramente que nos salvamos solo por la fe.

 

Conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado. -Gálatas 2,16

 

¿Como pueden ustedes reconciliar su enseñanza con la Biblia?

 

RESPUESTA

 

La doctrina sobre la salvación, al igual que otras doctrinas cristianas, no se entienden leyendo solo un versículo de la Biblia. Hace falta la luz de toda la Palabra de Dios. Numerosos pasajes que enseñan sobre la salvación. Algunos parecen, a primera vista, contradecirse. Por eso es esencial interpretar la Biblia correctamente, como lo ha enseñado la Iglesia a través de los siglos.

 

Hay que aclarar que la Iglesia católica NO enseña que debemos ganar la salvación con nuestros esfuerzos. La Iglesia SI enseña con San Pablo que somos justificados solo por la fe en Jesucristo. El ganó nuestra salvación con los méritos de su pasión. No podemos meritar las gracias de salvación las cuales recibimos en el bautismo. Ningún trabajo nuestro nos podría salvar. El Concilio de Trento confirmó la doctrina católica: no podemos salvarnos nosotros mismos sino solo por la gracia de Dios. Por favor, hermanos Protestantes, tomen nota. Para un diálogo honesto es necesario no distorsionar la posición ajena.

 

El error está en no saber que la fe es una respuesta a Dios amorosa, perseverante y puesta en práctica.

 

La Iglesia enseña, como San Pablo, que debemos trabajar en nuestra salvación.

 

San Pablo enseña la necesidad y primacía de la fe en referencia a las obras, porque las obras deben corresponder a la fe. Pero S. Pablo enseña también que las obras son otras cosas que son necesarias para salvarse:

 

Así pues, queridos míos, de la misma manera que habéis obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente sino mucho más ahora que estoy ausente, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece.

 

-Filipenses 2,12-13

 

Observe que S. Pablo le escribe a personas que ya tienen fe, han aceptado a Cristo y han recibido el don de salvación. Pero les enseña que deben "trabajar con temor y temblor por vuestra salvación". Ciertamente han recibido la gracia para salvarse y Dios no falla, pero San Pablo está conciente que nosotros si podemos fallar y perder la salvación si no obramos con la obediencia de la fe.

 

Hay que obrar bien (cf. I Corintios 6,9), (Dios) dará a cada cual según sus obras -Romanos 2,6

 

La corona incorruptible no se gana sin trabajo: "¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis!" -I Corintios 9,24. El mismo Pablo, hombre lleno de fe que es, se esfuerza por su salvación: "golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado" (I Corintios 9,27).

 

Santiago: Fe sin obras no salva

 

¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: «Idos en paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta. Y al contrario, alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan. ¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras es estéril? Abraham nuestro padre ¿no alcanzó la justificación por las obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por las obras, la fe alcanzó su perfección? Y alcanzó pleno cumplimiento la Escritura que dice: Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia y fue llamado amigo de Dios.» Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente.

 

-Santiago 2,14-24.

 

"Obras de la ley" (Pablo) vs "obras" (Santiago).

 

San Pablo enseña Gal. 2,16 que nos salvamos por la fe aparte de las obras.

 

Santiago enseña que el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente.

 

¿Se contradicen Pablo y Santiago? No.

 

Entonces hay que entender que ellos se refieren a dos tipos de "obras" diferentes.

 

"Obras" en Pablo Gal 2, 16: Pablo especifica "obras de la ley". Se refiere a las "obras de la ley" requeridas en el Antiguo Testamento, especialmente la circuncisión, que algunos judaizantes querían hacer requisito para los cristianos. Ellos pensaban que estas obras satisfacen a Dios por si mismas y logran la salvación. Pablo confronta este error y enseña que el bautismo (por el que recibimos gratis la fe que salva) remplaza la circuncisión cf. Col. 2,11–12 >>>. Volver a depender en estas obras de la ley sería negar la gratuidad de la salvación ganada Cristo salvador. Pablo enseña que la fe salva aparte de las obras (estas obras de la ley).

 

Pero otros pasajes de Pablo enseñan la necesidad de otro tipo de "obras", ya que la fe es una realidad que se vive y por lo tanto incluye obrar consecuentemente. Pablo enseña una fe que actúa:

 

Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por la caridad. -Gálatas 5,6

 

Que no son justos delante de Dios los que oyen la ley, sino los que la cumplen: ésos serán justificados. -Romanos 2,13

 

"Obras" en Santiago cap 2 son las que se hacen en obediencia a Dios movidos por la fe en Jesucristo. El hombre nuevo del Espíritu se conoce por sus obras. Estas son necesarias como bien explica Santiago.

 

Por lo tanto San Pablo coincide con Santiago. Recordemos que ambas enseñanzas forman parte de una misma Biblia y que ambos predican la enseñanza de Jesús.

 

Jesús enseñó que obrar en obediencia al Padre es necesario para salvarse

 

No todo el que me diga: "Señor, Señor", entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. -Mateo 7,21

 

También es necesario un cambio de vida:

 

"Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos" Mt18,

 

Numerosas enseñanzas de Jesús confirman que la fe necesaria para salvarse requiere una obediencia que produce obras: La parábola de las Diez Vírgenes, Parábola de los talentos, el juicio final (cf. Mt 25) y muchas mas.

 

Para salvarse hay que amar (cf. Gal. 5,14). San Pablo pone la caridad por encima de la fe. "Aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy" I Corintios 13,2, "Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad" (I Corintios 13,13).

 

Lutero fue el gran promotor de la errónea doctrina conocida como "fe solamente". Mientras San Pablo enseñó que no es necesario cumplir con las antiguas leyes rituales tal como la circuncisión, Lutero con su "solo fe" va mas allá y pretende que tampoco es necesario para salvarse ninguna obra. Solo proclamar que se tiene fe basta para Lutero, sin aplicarla a la vida por medio del obrar.

 

Santiago en su carta sabía que algunos querrían interpretar el pasaje de san Pablo como en efecto lo hizo Lutero. Por eso nos dio su enseñanza clarificadora (ver arriba)

 

Lutero tenía sus pasajes favoritos, pero rechazaba las partes de la Biblia que no apoyan sus creencias. Además, El añadió una palabra a Rom 3,28 cuando tradujo la Biblia al alemán. La versión original en griego es: "justificado por la fe" (pistei). La versión de Lutero: "Justificado por la fe solamente". El único versículo en la Biblia donde de verdad dice "fe solamente" es Santiago 2,24, el cual dice "no por la fe solamente". ¡Por eso Lutero quiso eliminar de la Biblia la carta de Santiago!

 

Veamos la relación entre salvación, fe, obediencia y obras según las Escrituras:

 

Cristo nos salva.

 

Recibimos la salvación por la fe en Cristo.

 

La fe incluye responder en obediencia y amor a Cristo.

 

No hay obediencia ni amor a Cristo sin obrar según Cristo mande.

 

Fíjate que las obras no salvan en si mismas. Nos salvamos si tenemos fe en Cristo. Pero no hay fe si no la ponemos en práctica obrando lo que Dios manda. Estas son las obras requeridas para la salvación: No cualquier obra sino las que responden por fe a Dios, cada uno según su vocación. Las obras solo son meritorias si se hacen por amor, movidos por la gracia de Dios, en unión con los méritos de Cristo.

 

Salvación, por los méritos de Cristo = Una fe en Cristo que incluye obediencia, amor y aplicación en obras.

 
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Reflexiones - Pascua.

Y... ¿qué ganan los muertos?

Autor:
P. Clemente González
Fuente: Catholic.net

¿Por qué las misas de difuntos? ¿por qué el luto? ¿de que le sirve al muerto que yo vaya a "verlo" al cementerio?

En este nuevo siglo XXI, que nos ha sido dado conocer, nos damos cuenta de cómo se mezclan cristianismo y paganismo, y no sólo eso, también notamos que el cristianismo comienza a considerarse como un mito antiguo, algo ya pasado de moda que se está superando y que el paganismo es lo actual, lo moderno, lo "adecuado" para nuestra época...

Esta mezcla de cristianismo-paganismo se hace patente en la celebración del día de los difuntos. Cada cultura tiene sus tradiciones y sus costumbres, y los católicos tenemos las propias, que aunque las llevamos a cabo, en ocasiones no estamos tan familiarizados con ellas como lo estamos con fiestas como Halloween. Por esto algunas veces nos preguntamos: ¿por qué las misas de difuntos? ¿por qué el luto? ¿de que le sirve al muerto que yo vaya a "verlo" al cementerio?

Hay celebraciones de naturaleza popular, como las que se realizan en las afueras de los cementerios, que tienen un carácter festivo y suelen ser una forma de mitigar el dolor que implica la pérdida de un ser querido; otro tipo de celebración consiste en la visita individual o colectiva al cementerio para entregar un homenaje póstumo al difunto o sencillamente demostrar el inolvidable cariño hacia su persona.

Las celebraciones de naturaleza religiosa se basan también en la rica experiencia acerca de la muerte que tiene nuestra cultura y en la larguísima tradición de la Iglesia a través de la historia.

Mencionaremos las más comunes y así sabremos el por qué de las mismas y "qué ganan los muertos" con ellas.

Preparación cristiana para la muerte

El cristiano se prepara para la muerte durante la vida, mas cuando en una casa llegan los avisos de la muerte, es obligación grave así como costumbre cristiana y deseo ferviente, tanto por parte de quien muere como de sus deudos, que alguna persona de la familia o vecino cercano se encargue de avisar a la parroquia para que vayan a darle los últimos sacramentos al enfermo o, como suele decirse, el santo óleo o extremaución y en el lenguaje popular, "santolio".

Este sacramento, la Unción de los enfermos, está especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad; se administra en caso de grave enfermedad, antes de una operación importante, o a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan . Se celebra en forma litúrgica y comunitaria, teniendo lugar en familia, en el hospital o en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos. Catecismo de la Iglesia Católica (1499-1523).

Y... ¿qué gana el enfermo con este sacramento?

1. Un don particular del Espíritu Santo que da al enfermo la gracia de consuelo, de paz y de ánimo, renovando en él la fe y confianza en Dios y fortaleciéndolo contra las tentaciones, especialmente de desaliento y angustia ante la muerte. Con esta gracia el Señor, por la fuerza del Espíritu, quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también la del cuerpo, si es voluntad de Dios.

2. El enfermo recibe la fuerza y el don de unirse a la Pasión de Cristo y el sufrimiento recibe un sentido nuevo.

3. Una gracia eclesial en la que la Iglesia , por medio de la comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo, y el enfermo, a su vez, contribuye a la santificación de la Iglesia y el bien de todos los hombres.

4. Una preparación para los que están a punto de salir de esta vida que ofrece un escudo para defenderse en los últimos combates y entrar en la Casa del Padre. Catecismo de la Iglesia Católica (1499-1523).

El viático

La Iglesia ofrece como viático, en el momento del paso hacia la muerte, la Comunión de Cuerpo y la Sangre de Cristo, siendo así la Eucaristía el sacramento de paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre. Catecismo de la Iglesia Católica (1524-1525)

El día de la muerte

El día de la muerte inaugura para el cristiano, al término de su vida sacramental, la plenitud de su nuevo nacimiento comenzado en el bautismo. La Iglesia, que ha llevado al cristiano en su seno durante su peregrinación terrena, lo acompaña al término de su caminar para entregarlo “en las manos del Padre”. La Iglesia lo ofrece a Dios y deposita en la tierra, con esperanza, el germen del cuerpo que resucitará en la gloria. Esta ofrenda se celebra plenamente en el sacrificio eucarístico. Catecismo de la Iglesia Católica (1681-1683). La Eucaristía es el centro de la vida cristiana y en cuanto a sacrificio es ofrecida también en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales.

La agonía: la devoción a la Virgen del Carmen y la práctica del Santo Rosario

Durante la agonía de una persona, cuando ha sido devota de la Virgen del Carmen, el uso del Escapulario de la Virgen, que encierra las promesas de morir en gracia de Dios y salir del purgatorio lo antes posible, y el rezo del Santo Rosario como el medio más conveniente y eficaz para obtener la ayuda maternal de la Virgen, son devociones que ayudarán al enfermo a tener una buena muerte, siempre y cuando él mismo se encuentre sin pecado grave y con disposición para recibir estas gracias, pudiendo ganar la indulgencia plenaria. El Papa Pío XI, en su lecho de muerte, deja como testamento el rezo del Rosario por ser "un Evangelio compendiado y dará a los que lo rezan los ríos de paz de que nos habla la Escritura; es la devoción más hermosa, más rica en gracia y gratísima al corazón de María".

Indulgencias por los difuntos

Todo pecado lleva una culpa y una pena. La culpa se perdona en la confesión. La pena hay que expiarla en esta vida o en la otra. La Iglesia tiene el poder de expiar esta pena por medio de las indulgencias. La indulgencia es parcial o plenaria, según libere en parte o del todo de la pena temporal debida por los pecados. Nadie puede aplicar la indulgencia que adquiere por personas que viven aún, pero pueden aplicarse por los difuntos a modo de sufragio.

La indulgencia plenaria se puede adquirir solamente una vez al día, salvo "In articulo mortis", es decir, que si no hay un sacerdote que pueda administrar los sacramentos y la bendición apostólica con la indulgencia plenaria adjunta, la santa Iglesia concede al moribundo, dispuesto convenientemente, la indulgencia plenaria, con tal de que el interesado, durante su vida, haya recitado habitualmente algunas oraciones.

La religiosidad popular

El sentido religioso de los cristianos, ha encontrado su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental. Estas expresiones prolongan la vida litúrgica de la Iglesia pero no la sustituyen.

Las exequias expresan el carácter pascual de la muerte cristiana y responden a las situaciones y las tradiciones de cada región. En ellas se expresa la comunión eficaz con el difunto por parte de la Iglesia y de la asamblea reunida, a la que se le anuncia la vida eterna.

La visita a los cementerios con la oración, aunque solo sea mental, por los difuntos, y aplicada solamente a las almas del purgatorio, del día 1 al 8 de noviembre, tiene indulgencia plenaria.

Otras prácticas como son la mortaja, el velatorio, el entierro o cremación, y el luto, son costumbres determinadas por la cultura y la sociedad, que llevadas a cabo con un sentido religioso y esclareciéndolas a la luz de la fe, la Iglesia favorece por enriquecer a la vida cristiana.

 
El cielo es tuyo ¿Subes o te quedas? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

El cielo es tuyo ¿Subes o te quedas?


Fuente: Catholic.net

Autor: P. Mariano de Blas LC

 

¿Qué decir a los hombres sobre ella? ¿Qué te dirás a ti mismo? La Ascensión clava nuestra esperanza de forma inviolada en nuestra propia felicidad eterna. Así como Jesús, tu Hijo, el Hijo de José y María, ha subido con su cuerpo eternizado a la patria de los justos, así el mío y el de mis hermanos, el de todos los fieles que se esfuercen, subirá para nunca bajar, para quedarse para siempre allí.

 

La Ascensión, además, es un subir, es un superarse de continuo, un no resignarse al muladar.Subir, siempre subir; querer ser otro, distinto, mejor; mejor en lo humano, mejor en lo intelectual y en lo espiritual. Cuando uno se para, se enferma; cuando uno se para definitivamente, ha comenzado a morir. Se impone la lucha diaria, la tenaz conquista de una meta tras otra, hasta alcanzar la última, la añorada cima de ser santo. Esa es mi meta, esa es mi cima. ¿También la tuya?

 

Al ascender al cielo Jesús no pensaba sólo en su triunfo; quería que todos los hombres subieran con Él a la patria eterna. Había pagado el precio; había escrito el nombre de todos en el cielo, también el tuyo y el mío. El cielo es mío, el cielo es tuyo. ¿Subimos o nos quedamos? ¿Eterno muladar o eterna gloria? Voy a prepararos un lugar. ¡Con qué emoción se lo dijiste! Dios preparando un lugar, tu lugar, en el cielo.

 

Dios creó al hombre, a ti y a mí, para que, al final, viviéramos eternamente felices en la gloria. Si te salvas, Dios consigue su plan, y tú logras tu sueño. Entonces habrá valido la pena vivir...

 

¡Con cuanta ilusión Jesús hubiera llevado a la gloria consigo a sus dos compañeros de suplicio! Pero sólo pudo llevarse a uno. Porque el otro no quiso...

 

Si Cristo pudiese ser infeliz, lloraría eternamente por aquellos que, como a Gestas, no pudo salvar. Jesús lloró sobre Jerusalén, Jesús ha llorado por ti, cuando le has cerrado la puerta de tu alma. Ojalá que esas lágrimas, sumadas a su sangre, logren llevarte al cielo.

 

Si tú le pides con idéntica sinceridad que el buen ladrón: “Acuérdate de mí, Señor, cuando estés en tu Reino”, de seguro escucharás también: ”Estarás conmigo en el Paraíso”. Y así, el que escribió tu nombre en el cielo podrá, por fin, decir: “Misión cumplida”.

 

Dios es amor. El cielo lo grita.

 

Lo ha demostrado mil veces y de mil formas. Te lo ha demostrado a ti; se lo ha demostrado a todos los hombres. Se lo ha probado amándoles sin medida, perdonándoles todo y siempre; regalándoles el cielo, dándoles a su Madre. Si no hemos sabido hacerlo, ya es hora de corresponder al amor. No podemos vivir sin amor. La vida sin Él es un penar continuo, una madeja de infelicidad y amarguras. Amar es la respuesta, es el sentido, amar eternamente al que infinitamente nos ha amado.

 

La ascensión nuestra al cielo será el último peldaño de la escalera; será la etapa final y feliz, sin retorno ni vuelta atrás. Debemos pensar en ella, soñar con ella y poner todos los medios para obtenerla. Todo será muy poco para conquistarla. Después del cielo sólo sigue el cielo. Después del Paraíso ya no hay nada que anhelar o esperar. Todos nuestros anhelos más profundos y entrañables, estarán, por fin, definitivamente cumplidos. Entonces, ¿te interesa el cielo?

 

¿A quién debo una felicidad tan grande? ¿A qué precio me lo ha conseguido. ¿Qué he hecho hasta ahora por el cielo? ¿Qué hago actualmente para asegurarlo? Y, en adelante, ¿qué pienso hacer?

 

Al final de la vida lo único que cuenta es lo hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos. “Yo sé que toda la vida humana se gasta y se consume bien o mal, y no hay posible ahorro. Los años son ésos y no más, y la eternidad es lo que sigue a esta vida. Gastarnos por Dios y por nuestros hermanos en Dios es lo razonable y seguro”.


 
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