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Pascua.
¡Cristo a Resucitado! ¡Alleluya! PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Pascua.

¡Cristo a Resucitado! ¡Alleluya!

Autor:
Omar A. Jiménez Castro.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

"Si creemos que Jesús murió y resucitó, también debemos creer que Dios resucitará y llevará a la gloria de Jesús a los que tienen fe y amor hacia Él" ( I Tes. 4).

Los cristianos de hoy debemos anunciar un Cristo Muerto y Resucitado, Vencedor de la muerte, en este mundo lleno de violencia. Digámoslo con inmensa alegría en nuestra cara, porque ahora con Cristo somos vencedores.

Esa es la misión que se nos ha dado a cada uno de nosotros para combatir el mal y crear un mundo mejor de paz y amor.

¿Que hacemos nosotros para cumplir nuestra misión?. No es sólo obligación del misionero, del sacerdote, del Obispo, sino ahí en tu hogar, en tu comunidad, dando tu testimonio en obras, de que Cristo ha resucitado.

Dice San Pablo "Lles anunciamos una buena noticia: que la promesa hecha a nuestros antiguos padres por Dios, Él la cumplido en nosotros sus hijos, al resucitar a Jesús". (Hech 13,22).

La resurrección de Jesús es la verdad culminante, la más elevada de nuestra fe (638 Catecismo).

Esta no es una noticia que debemos ocultar para nosotros mismos ni para gozo personal sino para que seamos como las mujeres piadosas a comunicar que has tenido un encuentro con Cristo  Resucitado.

Esta noticia debe proclamarse con una inagotable alegría, con exaltación y gozo contagiable por todo el mundo. Que Jesús ha resucitado y que del mismo modo que resucitó, así resucitaremos con Cristo para la eternidad.

Hoy más que nunca debemos anunciarlo en este mundo que tanto le hace falta. Ir como ellas anunciando en todo el mundo esa hermosa noticia de nuestra redención a través de Cristo.

No temas de ahora en adelante acercarte a Dios. Con la muerte de Jesús el cielo se nos acerca, y desde ahora podemos decirle a Dios Padre que ns reciba en él, pues de Él cual vamos a recibir una herencia eterna.

Eres valioso, siempre respétate y quiérete. Dios te ama y no pares de anunciar a Cristo donde puedas ir.

Omar Jimenez.

 
Dejar que Cristo entre en el corazón. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Pascua.

Dejar que Cristo entre en el corazón.

Autor:
P. Cipriano Sánchez
Fuente: www.vivelasemanasanta.com

El tema de la conversión del corazón acompaña la Cuaresma, nuestra preparación para la Pascua.  En este tiempo se nos pide que tengamos una serie de formas externas que muestren lo que hay en nuestro corazón. 

¿Son importantes las formas externas? Sí, pero más los contenidos del corazón y esto es algo que no se ve o se mide fácilmente, pero que es imprescindible en nuestra vida.

¿Cómo se puede medir el amor de un esposo a su esposa? ¿Solamente por las formas externas?  No. Hay que encontrar esa dimensión interior que revela apertura, entrega.

Por ejemplo, la esposa y el esposo entran a todas partes en la casa.  En cambio al huésped, a la visita se le impide entrar en ciertas recámaras, en ciertos lugares.

Así es el corazón arrepentido que busca al Señor esta Cuaresma, que seamos capaces en nuestro interior de abrirnos a Dios, de no permitir que haya todavía cuartos cerrados, a los cuales Él no puede entrar, porque es visita y no esposo.

Al huésped se le puede tener contento simplemente con traerle café y galletas, pero al esposo o a la esposa no se le puede contentar simplemente con una formalidad. Al esposo o la esposa hay que darle el corazón.

 
¿En qué hay que convertirse? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

¿En qué hay que convertirse?

Autor:
José Ignacio García Jiménez s.j.
Fuente:

El tiempo de cuaresma es un momento en el que se nos invita especialmente a la conversión. La conversión es una realidad compleja, es decir, no es fácil concretar en qué consiste.

A veces los temas complejos necesitan de definiciones sencillas, por un lado, para dejar claro que son complejos; y por otro, para poder avanzar en su comprensión; algo así, como empezar poniéndolo fácil para después ir cargando los matices. Una definición sencilla sería: la conversión consiste en girar (dar un giro) a nuestra vida.

Y ahora los matices. Para poder girar es necesario un eje sobre el cual realizar el giro, de otro modo (lo más probable) es iniciar una serie de movimientos deslizantes que básicamente nos dejan peor de cómo estábamos.

Es decir, no giramos, sino que nos vamos desparramando como plastilina, como una masa que no puede recuperar su forma y que abandona el movimiento para entrar en otro estadio cinético: la flotación; como una mancha de chapapote, que unas veces va a la deriva, y otras la lleva la marea.

Y que cree que tiene vida propia porque se expande, pero donde no hay rumbo, ni horizonte. Aquí no hay conversión que valga, sino una desesperante disolución en el océano de la vida, el consumo, las neurosis y demás marejadas de nuestro tiempo global.

Afirmado que necesitamos un eje, esperar que éste no seamos nosotros mismos. Sin duda que es necesario un "yo" sano, armado, capaz de llorar ante lo sublime y de gozar de los placeres de la vida.

Lo que siempre se ha entendido como una persona normal. Pero si el eje somos nosotros mismos entonces no hay giro, sólo contorsionismo (movimiento anómalo del cuerpo o de parte de él, que origina una actitud forzada y a veces grotesca, dice el diccionario de la Academia). Grotesco, ridículo, eso es lo que conseguimos cuando pretendemos cambiarnos a nosotros mismos.

Actitudes forzadas, no interiorizadas, que terminan por desaparecer, o lo que es peor todavía, por enquistarse. Y entonces se convierten en un problema para nosotros, y para los demás. La santidad conseguida por nosotros mismos se convierte en un martirio para los que nos rodean.

La cuaresma nos recuerda que el eje es el Dios de Jesús. Y así, sí es posible girar, porque está fuera de nosotros. Y no es nuestro empeño el que nos cambia, sino su llamada la que nos conmueve, y nos hace virar nuestro rumbo. No son nuestros méritos, sino la confianza que genera su presencia, lo que puede hacer que nos convirtamos. En esta cuaresma hay invitaciones imperiosas para girarnos.

En primer lugar, de nuestro narcisismo agotador. Dios nos llama a escuchar los gemidos de un mundo sufriente para que nos volvamos y nos detengamos: a auxiliar, a compartir. Se nos invita, también, a girarnos hacia el silencio: sobran palabras, mensajes, correos electrónicos, voces... nos llama al desierto.

Para encontrarse con nosotros cara a cara. Se nos invita, una vez más, a girar del consumo, no para ahorrar, sino para generar misericordia. No para gastar con prudencia, sino para compartir, para dar, para vaciarnos.

Se nos invita, también, a girar de la sospecha a la confianza. No podemos ver fantasmas por todas partes, sólo lo negativo, siempre segundas intenciones. Jesús camina sobre las aguas, y no es un fantasma, para recordarnos que la creación está preñada de su presencia.

El reino de Dios está entre nosotros, y no podemos reconocerlo si no lo miramos con los mismos ojos de confianza y misericordia de Dios.

 
¿Quieres vivir la Cuaresma de la Fe? PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Pascua.

¿Quieres vivir la Cuaresma de la Fe?

Autor:
P. Javier Leoz
Fuente:

  • No seas sordo a la Palabra de Dios.


Procura asistir todos los días a la Eucaristía. Si, te resulta difícil,

procura cada día leer un momento la Palabra de Dios.

Es el AÑO DE LA FE.

  • No pienses que, en todo, llevas la razón.


La conversión exige un cambio de corazón, de mente, de actitudes:

humildad. Estás en el AÑO DE LA FE.

  • Reza un poco más.


La meditación es saludable e, incluso, necesaria para el ajetreo

que llevamos. ¿Cuánto hace que no te has retirado en un silencio

prolongado en el interior de una iglesia?

Aliméntate con el AÑO DE LA FE.

  • Confiésate.


Uno, desde dentro, no puede ver la fachada de su propia casa.

El sacramento de la reconciliación te hará ver la grandeza

que Dios ha puesto en ti y la fragilidad que, sin querer

o queriendo, existe en ti. Conviértete en el AÑO DE LA FE.

  • Haz una obra de caridad.


No caviles con los que están en la distancia. A veces, el ayudar

a los que nos quedan lejos, se puede convertir en válvula

de escape para no comprometernos con los que tenemos

cerca. Haz el bien en el AÑO DE LA FE.

  • Ama a la Iglesia.


Nunca como hoy necesita de cristianos y de católicos que arrimen

el hombro. Recuerda la palabra de Jesús: “Rema mar adentro”.

Tus manos son necesarias en el AÑO DE LA FE.

  • Defiende con pasión y con convencimiento.


tus motivaciones religiosas.

Si almuerzas, en el trabajo, o comes en un restaurante

¿sabes que puedes dar testimonio de lo que eres?

¿Cómo? Guardando vigilia: una imagen o un gesto vale más

que mil palabras! Darás testimonio en el AÑO DE LA FE.

  • Vive con más austeridad estos cuarenta días.


Márcate un pequeño programa para que, la Cuaresma,

deje en ti poso abundante. El AÑO DE LA FE necesita

de cristianos con fondo.

  • No caigas en la tentación de pensar


“lo de la Cuaresma es una tontería”.

Cuando no tenemos razones o no queremos entrar

por un camino, buscamos mil excusas.

¿Jesús no se merece un acompañamiento especial

camino del Calvario? ¡Piensa en el AÑO DE LA FE!

  • Si estás enojado con alguien, no lo dudes, pide perdón.


Si no te lo aceptan tu habrás cumplido y, el peso de la conciencia,

no residirá tanto en ti cuanto en aquellos que no ejercieron

la misericordia contigo. ¡Te sentirás muy bien en el AÑO DE LA FE!

  • ¿Tienes rencor contra alguien?


¿Estás decepcionado con alguien por algo? ¡Olvídalo! Da un paso

hacia adelante. Si Dios, siendo como somos, nos perdona.

¿Cómo no vamos a ofrecer en la misma medida, el perdón

y la comprensión a los que nos rodean?

El AÑO DE LA FE es reconciliación.

  • Manifiesta públicamente tu fe.


Promueve, con signos y palabras, lo que dices creer.

Invita a alguien a la Eucaristía. Incluso, si llega la hora del Angelus,

rézalo. Tal vez te miren…lograrás, entre otras cosas,

ser diferente. Serás bienaventurado en el AÑO DE LA FE:

  • No dejes de acudir cada domingo a la Eucaristía.


Sin ella, a muchos cristianos, les ocurre lo mismo que aquel beduino:

“pasaba por una fuente y, mirándola, no quise beber; más adelante

exhausto y sin fuerzas…. me di cuenta de lo necio que fui por haber

despreciado aquel manantial de agua fresca.

Reaviva con la Eucaristía el AÑO DE LA FE.

P. Javier Leoz

 
La Virgen María acompaña a la Iglesia en la espera de Pentecostés. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Pascua.

 

La Virgen María acompaña a la Iglesia en la espera de Pentecostés.

Autor:
Mons. Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán (México)
Fuente: periodismocatolico.com

La presente semana es significativa en el proceso del tiempo pascual: hemos celebrado la ascensión de Jesús resucitado a los cielos y estamos por celebrar la fiesta de Pentecostés, o sea estamos en espera del don del Espíritu Santo, promesa del Padre y de Jesús.

Tras la ascensión de Jesús a los cielos, la comunidad de sus discípulos, por recomendación misma de Jesús, “perseveraba en la oración en compañía de algunas mujeres”, estando presente de manera especial “María, la madre de Jesús” (Hechos 1,14), cumpliendo así ella el encargo que Jesús desde la cruz le había hecho, de atender como madre a Juan, y en él representados todos los discípulos. Como dice el Concilio Vaticano II, “también María imploraba con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación ya la había cubierto a ella con su sombra.” (Lumen Gentium 59).

Por eso nosotros ahora como Iglesia, constituidos como discípulos de Jesús, nos sentimos acompañados por la Virgen María en la espera anhelante del don del Espíritu Santo.

Necesitamos el testimonio de María. Destacamos ahora su relación con el Espíritu Santo, su relación con su Hijo Jesús, su relación con nosotros y, en todo esto, el testimonio de su oración. En efecto, desde que María aparece por primera vez en el evangelio de san Lucas, en ella actúa de manera muy especial el Espíritu Santo, fecundándola al encarnar en su seno el Hijo de Dios hecho hombre; luego el Espíritu Santo condujo y sostuvo a María a lo largo de su misión, “así avanzó también ella en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz” (Lumen Gentium 58). Igualmente valoramos la relación de la Virgen María con la primera comunidad de discípulos de Jesús al perseverar con ellos en la oración, y la constante relación con la Iglesia a lo largo de los siglos, como lo manifiestan sus apariciones en los más diversos lugares y la respuesta devota y fervorosa de los fieles.

La Virgen María nos acompaña y sostiene en la oración para esperar el don del Espíritu Santo. Con ella y como ella podemos ser perseverantes en la oración, humildes y diligentes en la acción. También el Espíritu Santo nos conduce y sostiene para que nuestra vida sea firme, fecunda y entusiasta en el anuncio, la celebración y el servicio de Jesucristo y su evangelio. En la oración, acompañados de la Virgen María, pongamos nuestras necesidades, anhelos y proyectos.

Virgen María: acompáñanos en la oración.

Espíritu Santo: ilumina nuestra mente, enciende nuestro corazón, fortalece nuestra voluntad para creer, celebrar y vivir según Cristo Jesús. Amén.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán


 
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