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Pascua.
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Reflexiones - Pascua.

Miércoles Santo.

"La vergüenza cubrió mi rostro" (Sal 68)

Autor:
Fuente:
www.mensajespanyvida.org

Hace varios años que el filósofo judío Levita me ayudó a caer en la cuenta de lo que significa el rostro humano. Es la parte de nuestro cuerpo que nosotros nunca podemos ver directamente. Y, sin embargo, la parte que los demás ven. Más aún: el rostro es como una concentración de nuestro cuerpo entero para los demás. Son los demás quienes nos dicen: "Te veo hoy con mala cara" o "Tienes buena cara". Nuestro rostro es la ventana por la cual se comunica lo que somos. Comunican nuestros ojos y comunican nuestros labios. Una frente fruncida es señal de preocupación. Unos labios apretados indican rabia. Una sonrisa transmite alegría.

Si el rostro es un concentrado de humanidad, ¡qué fuerza adquieren las palabras del profeta Isaías ("No oculté el rostro a insultos y salivazos") o las del salmo 68 ("La vergüenza cubrió mi rostro")!

Junto al sentido del oído, hoy ponemos a punto también el sentido de la vista para contemplar el rostro de Jesús durante los próximos días. No sé si se parece al rostro diseñado hace poco más de un año por expertos de la BBC a partir del cráneo de un judío del siglo I. Lo que sí sé es que se trata de un mapa en el que están registrados los gozos y sufrimientos de todos los seres humanos.

En vísperas de su muerte, el rostro de Jesús resume la entera trayectoria de su vida terrena: sus largos años de laboratorio Nazareno y sus pocos meses o años de itinerancia misionera por tierras de Galilea y de Jerusalén.

Cómo veían el rostro de Jesús sus discípulos cuando le preguntaban, uno tras otro, incluido Judas, la pregunta del millón: "¿Soy yo acaso, Señor?". ¿Verían preocupación, rabia, frustración, derrota? ¿O verían un rostro luminoso, sobrecargado de amor en cada una de sus millones de células?

"Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro". Esta es la súplica que brota en un día como hoy en el que millones de personas se ponen en camino hacia los lugares donde van a pasar los días del triduo sacro.

¿Se puede vivir el triduo sacro estando de vacaciones? ¿Se ha convertido la Semana Santa en un simple período vacacional, salpicado con algún rito folclórico religioso a modo de relleno para tranquilizar la conciencia? Quizá hoy podemos responder con sencillez. Se puede vivir el triduo sacro en cualquier lugar... con tal de que no tengamos miedo de buscar y contemplar el rostro de Cristo. No importa tanto el lugar cuanto el coraje de dirigir nuestros ojos a ese rostro cubierto de insultos y salivazos y, sin embargo, hermoso, radiante, perdonador. Ese rostro se muestra en la liturgia de la iglesia y se muestra en las personas sufrientes que, sin duda, iremos encontrando. Por mucho derecho que tengamos al descanso, no podemos mirar en otra dirección, porque en el familiar con problemas o en el que nos sirve en un hotel podemos descubrir al Cristo que sigue sufriendo hoy. Volver la espalda a esos rostros tan reales es volver la espalda al Cristo que nos mira.

"Oculi nostri ad Dominum Jesum" canta la liturgia. "Nuestros ojos están vueltos al Señor Jesús". Ojala podamos aguzar la vista para contemplar este rostro en cualquier lugar en el que nos encontremos durante los próximos días.

 
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Reflexiones - Pascua.

Martes Santo.

Todos somos traidores.

Autor:
Gonzalo Fernández, claretian.
Fuente: http://www.mercaba.org

Martes Santo.


En este Martes Santo, el evangelio nos ayuda a profundizar en el polo del resentimiento, que ayer apareció insinuado. Este polo está representado por dos personajes conocidos: Judas (Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado) y, en un grado diferente, Simón Pedro (¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces).

Lo que más me impresiona del relato es comprobar que la traición se fragua en el círculo de los íntimos, de aquellos que han tenido acceso al corazón del Maestro. Me he detenido en estas palabras: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.

Es muy probable que los que os asomáis diariamente o de vez en cuando a esta sección os consideréis seguidores de Jesús. Yo mismo me incluyo en esta categoría, sin saber a ciencia cierta lo que quiero decir cuando afirmo ser uno de los suyos. La Palabra nos va ofreciendo cada día muchas pequeñas luces para ir descubriendo diversos aspectos del seguimiento. Hoy nos confronta con nuestras traiciones.

La palabra "traición" es muy dura. Apenas la usamos en nuestro vocabulario. Hemos buscado eufemismos como debilidad, error, distancia, etc... Pero ninguna de estas palabras tiene la fuerza del término original. Hablar de traición supone hacer referencia a una relación de amor y fidelidad frustrada. Sólo se traiciona lo que se ama. ¿Estaremos nosotros traicionando a Jesús a quien queremos amar?

Lo traicionamos cuando abusamos de promesas que no vienen refrendadas por nuestra vida.

Lo traicionamos cuando, en medio de nuestros intereses, no tenemos tiempo para "perderlo" gratuitamente con él.

Lo traicionamos cuando le hacemos decir cosas que son sólo proyección de nuestros deseos o mezquindades.

Lo traicionamos cuando volvemos la espalda a los "rostros difíciles" en los que él se nos manifiesta.

Lo traicionamos cuando lo convertimos en un objeto más al alcance de nuestros caprichos.

Lo traicionamos cuando damos por supuesta su amistad y no lo buscamos cada día.

Lo traicionamos cuando repetimos mucho su nombre pero no estamos dispuestos a dejarnos transformar por él.

Dejemos que este Martes Santo su mirada nos ayude a descubrir nuestras sombras.

 
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Reflexiones - Pascua.

Semana Santa.

Lunes Santo.

Autor: P. Eduardo Martínez Abad, escolapio.
Fuente:
http://www.mercaba.org

1ª Lectura: Isaías- capítulo 42, versículos del 1 al 7

 

2ª Lectura: Evangelio de San Juan- capítulo 12,versículos del 1 al 11

La Semana Santa, que es Semana Grande, porque los cristianos la queremos hacer Santa, es decir, diferente. Sanctus significa diferente. Pues diferentes queremos ser todos nosotros. Queremos ser mejores, ¿no es verdad? Dar un paso adelante en este caminar hacia lo que puede dar sentido a mi vida y hasta mis fallos, si queréis, decimos, pecados. Ir hacia lo trascendente, hacia Dios.

En este camino encontraremos la verdad y la vida en Jesucristo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Semana, pues, de conversión, de cambio, de metanoia, para acercarnos un poco más a esta meta, a la que todos aspiramos, aunque a veces nos equivoquemos de camino, pero lo que sí es cierto en todos, es que todos buscamos la felicidad, el bien estar, el ser, sea como sea.

"Que si arduos son nuestros caminos, sabemos bien a dónde vamos"

Pero, convertirnos ¿de qué? ¿Qué queremos y qué debemos cambiar en nosotros para hacer santa esta semana, para hacerla grande? ¿Qué es lo más grande que podemos encontrar en el ser humano?

San Pablo nos lo dirá: "ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza y el amor; pero la más grande y excelente de todas es el amor"

¿Deberemos prestar más atención y ayuda a nuestros padres ancianos, a veces, un tanto olvidados? ¿Procuraremos no matar la honra y el buen nombre de mi prójimo, no murmurando, calumniando, diciendo mentiras y perjurando en algunas ocasiones? ¿Controlaremos mejor, con un cierto señorío, nuestra sexualidad y afectividad para hacerla humana, racional y hasta más bella y bonita? ¿Despertaremos nuestra responsabilidad en nuestro compromiso social y evangélico, político y económico, empezando por lo menos importante y más difícil de hacer: sostener con mi dinero la economía de mi parroquia y de mi diócesis? ¿La siento como mía?…

Mirad, todo esto lo hemos debido examinar, pensar e intentar realizar durante la cuaresma. Pero hoy, al comenzar la Gran Semana, debemos dar un salto hacia adelante y mirar hacia lo alto. " Quae sursum sunt quaerite, non quod super terram" "Buscad las cosas de arriba, nos dice San Pablo, pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra"

El paso, que debemos dar hacia adelante en esta Semana Santa, en esta Semana Grande, es, pues, un paso hacia adelante en el AMOR; pero no en cualquier amor, sino en el AMOR de AMISTAD, porque la AMISTAD es la forma perfecta del AMOR, tan perfecta es, que la Iglesia, madre y maestra, pone a la consideración de todos los cristianos del mundo y aun a la de todos los hombres de buena voluntad, y nada menos que durante la Semana Grande de toda la Cristiandad y por dos veces: la negación de la amistad como desastre cósmico, la traición en el amor de amistad. El Martes, la traición de Judas. Y el miércoles, de nuevo, la traición de uno de los doce, llamado Judas, el hijo de Simón Iscariote, para más señas.

Veremos a Jesús, profundamente conmovido y conmocionado, sin casi aliento, por este gran contraste, experimentando en sus sentimientos y en sus amores, pues "seis días antes, tan solo, de la Pascua, fue recibido por amigos de verdad", que no hacen traición y que todo lo dan, todo lo entregan y lo ponen a tu servicio. Esto "fue en Betania".

Lo podemos leer en el texto evangélico de este lunes. Cenó con ellos, que la cena es siempre más romántica, íntima y amorosa, porque brillan los ojos al resplandor de la llama de las velas. Y además, aquel anochecer, en Betania, fue un derroche de amor, de ágape, que es el amor totalmente desinteresado, "al llenarse la estancia del perfume caro", selecto y para tal circunstancia, con que "María ungió sus pies y no encontró mejor paño para enjugarlos que sus propios cabellos".

Ocurría esto, "seis días antes de la Pascua. Jesús llegó a Betania donde vivía Lázaro, que Él había resucitado de entre los muertos".

La proximidad de la Pascua y la presencia de Lázaro, resucitado, son una clave para la buena interpretación de esta escena ocurrida en la última semana de la vida de Jesús. Le invitaron a cenar. Es una cena entre amigos. Marta servía. "Lázaro, símbolo de la resurrección y de la alegría, era uno de los comensales. María escuchaba."

Los amigos son los únicos que nos escuchan. Los demás, solo nos oyen. Imaginemos un poco la escena para ver si esta semana y nuestra vida la hacemos Grande, invitando también nosotros a Cristo para escucharle, como buenos amigos.

Antes de las horas de brutalidad y odio, la hora de la AMISTAD y de la convivencia. Dichoso en esta casa de las afueras de Jerusalén, mientras sus enemigos tenían un conciliábulo de intrigas en la noche.

"María, tomó una libra de perfume, de gran valor. La derramó sobre sus pies, se los secó con sus cabellos y la casa se llenó de la fragancia del perfume". Escena misteriosa y gesto insólito, excesivo, enorme, un derroche. El salario anual de un obrero. Así lo vio y juzgó Judas. No era amigo, no entendía las locuras de la amistad.

María, la orante, la que escucha, ella misma es perfume y crea un clima de paz y hasta de placer. Esas horas de oración parecen pérdida de tiempo, como a Judas le parecía pérdida, derroche, el perfume que derramó sobre los pies de Jesús. Quien no es amigo, no entiende de amores, solo del materialismo y de los intereses sórdidos de la vida, pues a "Judas, ladrón, le gustaba el dinero", como dios de su corazón.

"¿Por qué no se ha vendido este perfume por 300 denarios para dárselo a los pobres?" "Jesús dijo entonces: dejadla; ha guardado este perfume para el día de mi sepultura". El gesto tiene un alcance pascual. María anticipa los cuidados tradicionales, de embalsamamiento, que no podrán darse a su cuerpo, porque cuando vayan a hacerlo, ya habrá resucitado. Esta unción es, pues, símbolo y anunciadora de su triunfo: la RESURRECCIÓN

"Los pobres los tendréis siempre entre vosotros; a mí, no". Su ausencia producirá un gran vacío físico, material. Nosotros seguimos teniendo dificultad para encontrarle en los signos de los sacramentos, en la oración, en la vida de cada día. Aparentemente está ausente, pero presente en los acontecimientos, en el pobre, en el marginado, en el pecador, en esas situaciones límite de nuestra vida. Ahí está.

Y si por amigo de verdad lo tenemos, hagamos locuras, como María, que ella tampoco veía claramente en Cristo al Hijo de Dios.

Enséñanos a encontrarte, Señor Jesús, como buen amigo en los acontecimientos y avatares de la vida. Enséñanos a encontrarte en la Comunidad de tu familia, de la nación, de la sociedad internacional, en la Iglesia, en la Eucaristía, cuando participo en su celebración, como cumbre de toda la vida de la Iglesia y de la Humanidad.

Y que escuchemos muy quedamente en el corazón lo que él nos susurra: "Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer"

 
Una buena cuaresma. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

Una buena cuaresma.

Autor: Padre Javier Leoz
Fuente:
www.mensajespanyvida.org

Contabiliza, no las veces que haces el bien, sino aquello que pudiste llevar a término y se quedó en el simple promesa. Nadie lo hará por ti.

Utiliza la oración, no como una excusa, sino como un crecimiento personal y de encuentro esperado con Dios. Te dará fuerza para
seguir adelante y celebrar la Pascua con intensidad.

Abre tus manos al que te puede necesitar y, no olvides a Dios, para no cansarte y tenerlas siempre abiertas. No te quedes  sólo en la tierra…mira hacia el cielo. Es el mensaje de la cruz.

Rechaza  y aléjate de aquello que te obliga a vivir distante de Dios y  de los que te rodean. No es malo renunciar a algo cuando ello nos puede ayudar a superarnos a nosotros mismos y no caer en errores pasados.

Estate atento a la línea divisoria del bien y del mal, de la vida y de la muerte, de los auténticos valores y de aquellos otros que vienen disfrazados. En el futuro verás que el mundo necesitará de modelos de referencia. Uno de ellos, tal vez, puedas ser tú. No es malo ser tentado....lo malo es ceder.

Sorprende a la gente que te rodea con tu comprensión y por tu austeridad. La cuaresma, entre otras cosas, nos invita a ser más auténticos mirándonos en el espejo de Jesús. La Palabra de Dios te ayudará.

Mide tus palabras, medita tus acciones, valora y alimenta tu fe.
Creer y esperar en Cristo no es lo mismo que ser bautizado. Como, no tiene sentido, ser socio de un club deportivo y no asistir nunca a ningún partido. La Pascua necesita personas que se asomen al sepulcro vacío, vean, crean y den testimonio de ello.

Anda por las sendas de la justicia y de la verdad, de la alegría y de la esperanza. Cuando salgan a tu encuentro pruebas y zancadillas (que vendrán) encontrarás un antídoto eficaz para hacerles frente: la cruz del Señor.

 
El lenguaje de la oración y el desierto. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Pascua.

El lenguaje de la oración y el desierto.

Autor: Fr. Mario Knezovic

En el tiempo de Cuaresma, hemos sido llamados a una oración perseverante, al ayuno, a la penitencia y a  las obras de caridad. Todos esos actos se complementan y se funden en uno: todos son  importantes y surgen uno del otro. El tiempo de  Cuaresma es una marcha por el desierto. Tal desierto  no es una soledad inútil.

El desierto es el lugar de nuestro silencio y del lenguaje de Dios. El desierto  no es un lugar de abandono. Es un lugar de  encuentro. Lo importante es hacer un alto en nuestra  carrera cotidiana. Es importante saber escuchar la palabra justa en el ámbito de los diversos discursos. Un escritor escribió: Tantos discursos -  una sola palabra es la verdadera. Tantos sonidos  - ¿cuál es el verdadero? Tantas calles - uno es el camino verdadero.

El ambiente del desierto debe ser regado con el espíritu de la oración y de ese modo crear un oasis espiritual. Solamente con la oración podremos comprender el tiempo de la soledad y de la prueba. Jesús oró y de de esa forma pudo comprender lo que  el Padre deseaba. La Virgen ora y comprende el plan de Dios. Moisés ora y encuentra el camino - la
liberación. La oración es encuentro. Un encuentro de  Dios con el hombre. Es un encuentro que es motivo de  vida. Por eso Jesús también dice que debemos orar en todo tiempo. La Virgen lo repite a menudo en sus mensajes.

Nuestra oración debe ser humilde y desligada de nuestros planes. En la oración debemos renunciar a  toda soberbia. Siempre hay que tener en mente las instrucciones de Jesús que debemos orar en lo  secreto de nuestro corazón. En la oración recibimos  todo y damos poco. Damos un corazón vacío y Dios nos lo devuelve colmado. Asimismo, en la oración, hay  que saber esperar. El cardenal Michael Faulhaber escribió: "Tengan confianza y paciencia cuando oren,  aun cuando las horas de Dios pasen lentamente". Dios nunca permanece en silencio y quizás nos habla aún  más cuando tenemos la impresión de que no lo escuchamos.
Todos deseamos cambios en nuestro ambiente y en el  mundo. Y esos cambios, al parecer, no acaecen. De  esa forma, nos ponemos impacientes y nos sentimos  presionados por ideas de que el mundo es malvado.  Todos son malos. Sin embargo, aquí hay que tomar el camino inverso.

En verdad, nosotros somos quienes debemos cambiar. Además, es bueno saber que nosotros no podemos cambiar con nuestra propia voluntad. Nosotros podemos y debemos permitir que Dios nos transforme. Dios actúa en la oración y hace de nosotros personas diferentes. Por eso, en el tiempo de Cuaresma y en cualquier otro tempo, no esperemos cambios ajenos, sino más bien los propios. Albert Schweitzer lo expresó de esta forma: "La oración cambia a la gente - y la gente cambia al mundo".

 
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