Analisis.

Apoyanos con un clik1.

Di no a la pornografía. Un video impactador.



Get the Flash Player to see this player.

time2online Joomla Extensions: Simple Video Flash Player Module
Pascua.
La Ascensión del Señor. PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 2
MaloBueno 
Reflexiones - Pascua.

La Ascensión del Señor.

Fuente:
Autor:
Tomas Hill

¡Es el momento en el que Jesús regresó al Cielo con su Padre, después de haber cumplido su misión en la tierra¡

En el Evangelio de San Lucas 24, 50-53 se narra como, después de dar las últimas instrucciones a los Apóstoles, los llevó cerca de Betania y mientras los bendecía, alzando las manos, subió al Cielo. Los Apóstoles lo vieron alejarse hasta que desapareció en una nube.

Con su Ascensión al Cielo, Jesús nos abre las puertas para que podamos seguirle. La Ascensión es para todos los cristianos un símbolo de esperanza, pues sabemos que Cristo está sentado a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros y que un día podremos llegar con Él a gozar de la felicidad eterna. Por esto, celebramos la fiesta con una Misa solemne. Durante la celebración de la Misa, puede haber una procesión solemne, con incienso. El crucifijo se adorna de blanco, se llevan luces y flores.

¿Qué nos enseña la Ascensión?

Debemos luchar por ser perfectos y buenos para poder ir al Cielo con Jesús. Él vivió como todos nosotros su proyecto y lo fue perfeccionando día a día. Su proyecto no terminó con la Muerte, sino que siguió con su Resurrección y su Ascensión.

Con la Ascensión, Jesús alcanza la meta final y es exaltado; se hace Señor y primogénito de sus hermanos. La plenitud sólo se alcanza al final y es un don de Dios.

Jesús ha ascendido al Cielo y nos espera en la meta. Nosotros debemos trabajar para cumplir con nuestra misión en la tierra. Hay que vivir como Él, amar como Él, buscar el Reino de Dios.

Debemos anunciar el Evangelio con la palabra y con la vida.

 
María y la resurrección. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

María y la resurrección.

Autor:
P. Alfonso Milagro.
Fuente: Libro: Los cinco minutos de María, editorial Claretiana.

María presenció la muerte del Hijo de Dios con una fe firme y con la conviccion de que Dios nunca abandona a los que caminan en su presencia. Aquella fe de María sostuvo a los dicipulos del Crucificado,

Tú también debes ser ante el mundo testigo de la resurección del Señor, debes ser el convincente testimonio de que Dios vive y actúa en el mundo a través de tu vida.

Dios vive en ti y tú puedes darlo a conocer al mundo. Si todos lo diéramos a conocer a través de nuestro testimonio de vida, el mundo podría reconocer y comprender que Jesús resucitado vive y está presente entre nosotros.

Como María Santícima, confirma a tus hermanos en la fe y en el amor.

María, enseñanos lo que aprendiste al pie de la cruz: cómo el dolor cristiano es redentor y florece en la esperanza de la resurección a una vida nueva.

 
¡Perdónales! Porque no saben lo que hacen. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

¡Perdónales! Porque no saben lo que hacen.

Autor:
www.churchforum.org
Fuente:

Cae la tarde sobre el Monte Calvario. Tres cruces se levantan de la tierra sosteniendo tres cuerpos. Dos de ellos vivos y el tercero muerto. Se desplomaría al suelo si no estuviera asido con clavos en las manos y en los pies. Ya no habla, ya no respira; está inmóvil, muerto. En lo alto de la Cruz puede leerse: "JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS".

Más de lo que se ha hecho contra ese hombre no se puede hacer, aunque lo intentaran.

Le han coronado de espinas, le han escupido la cara, golpeado su rostro, le han flagelado, clavado en unos maderos, le han llamado embaucador, mentiroso, borracho y amante de la buena mesa. Le han llamado blasfemo y usurpador. Se han reído, le han ido machacando todo su cuerpo y toda su alma hasta convertirlo en un gusano, ante el cual uno se cubre el rostro, porque no se le puede mirar.

Ese hombre nada posee, ha muerto sin nada. Sus vestidos los sortean los soldados, hasta la túnica y sus sandalias son de éllos. No tiene sepulcro dónde reposar y un amigo le prestará el suyo. Él no tiene nada

¡Ah, sí! Tiene una Madre ahí cerca de la Cruz, por cierto que es la mujer más maravillosa que ha pasado por este mundo, pero desde ahora ya no será solamente suya, porque nos ha dicho a cada uno de nosotros: "Ahí tienes a tu Madre". A Ella le ha dicho: "Ahí tienes a tus hijos"; no te asustes de cómo son, los tienes que amar y cuidar como si fuera Yo mismo.

Es impresionante ver con qué autenticidad esta Madre se ha preocupado por todos sus hijos. Aquella Madre del calvario tiene también ese nombre tan cercano, tan nuestro de "Santa María de Guadalupe".

Aquella tarde de Viernes Santo estaba en la colina del Calvario, después vendrá a visitarnos a otra colina, la del Tepeyac. A decirnos que sí, que había aceptado ser nuestra Madre.

Antes de morir, Jesús ha tenido buen cuidado de decir a su Padre: ¡Perdónales, porque no saben lo que hacen! Esta ha sido y sigue siendo su respuesta al odio más negro que se haya visto en esta tierra en contra de alguien. ¡Perdónales, no saben lo que hacen... Perdónales a todos, a Pilatos, a Pedro, a ti y a mí.

Todos los caminos de los hombres pasan delante del Calvario. Tarde o temprano nuestros pasos se detendrán ante ese Hombre Dios caído, derrotado, humillado y muerto.

Eres libre de hacer lo que quieras con Él en este momento. Piensa, sin embargo, que esos ojos muertos hoy, un día te miraran otra vez, y esa boca que hoy ya no habla, hablará en tu favor o en tu contra.

Cristo estuvo colgado tres horas en la Cruz para que todos los presente pudieran pensar las cosas, y tomar su decisión; y algunos, aunque al final, reaccionaron.

Unos que le habían gritado y se habían reído y burlado, regresaron golpeándose el pecho. El centurión a su modo, rezó así: "Este era el Hijo de Dios".

Uno de los ladrones se arrepintió totalmente y le pidió: "Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino", y tuvo tiempo de oír estas palabras de Jesús: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso".

Cristo crucificado sigue expuesto ante ti, a los ojos de tu cara y de tu fe, hasta el último día de tu vida; para que alguna vez, aunque sea ya tarde, puedas decirle también: ‘¡Acuérdate de mi!’. Pero que sea antes de cerrar los ojos definitivamente a este mundo.

"Perdónales padre, perdónales". El que tanto insistió en esta oración, tiene derecho a pedirnos a nosotros: perdona a tu hermano, perdona.

 
Viernes Santo. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

Viernes Santo.

ECCE HOMO.

Autor:
J. LLIGADAS

-Pilato muestra a Jesús, desfigurado, a la gente

"Aquí lo tenéis", dice Pilato mostrando a Jesús a sus acusadores. Nos podemos imaginar la escena. En el exterior del pretorio, están los sacerdotes y la  guardia del templo, y toda la gente que les acompañaba. En el interior, las salas donde Pilato realiza sus funciones de gobernador, y las cárceles donde encierran y torturan a los delincuentes. Jesús está en el interior, y va de un sitio a otro: ahora es interrogado por Pilato, ahora va a parar a manos de los soldados que le desnudan, le azotan y se burlan de él. Y Pilato también va de un lado para otro:es un lío para él, el problema de Jesús, y no  sabe cómo sacárselo de encima; pero aunque no tiene las cosas muy claras, no tiene el más  mínimo remordimiento de dejar a Jesús hecho una llaga viva: no tiene importancia, para él,  el sufrimiento o incluso la muerte de un hombre.

Al final de las idas y venidas, sacan a Jesús del pretorio para que lo vea la gente. Lo  sacan "llevando la corona de espinas y el manto de púrpura", desfigurado y ridículo. "Aquí lo  tenéis".

-Nosotros miramos a Jesús desfigurado y creemos en él

Nosotros, hoy, este Viernes Santo, miramos a ese Jesús que sale del pretorio. En él "no hay aspecto atrayente", no parece tener siquiera "aspecto humano". Es la imagen viva del  fracaso. Pero nosotros nos lo miramos, no podemos apartar los ojos de él, de su rostro. Si  estamos aquí este Viernes Santo es por esto: porque le queremos mirar, porque queremos fijar nuestra mirada en él.

Y esto no lo hacemos simplemente por curiosidad, ni tan sólo por compasión. Lo hacemos por fe. Nosotros creemos en Jesús. Y eso no quiere decir que sólo sabemos cosas sobre él, o que afirmamos las verdades del credo, o que llenamos una serie de preceptos que hemos  aprendido. Decir que tenemos fe en Jesús, decir que creemos en él, quiere decir que  estamos convencidos con todo nuestro corazón que su camino es el único camino, que su  manera de vivir es la única manera de vivir que vale la pena, que en su persona está  presente lo más grande que los hombres podemos desear: Dios.

Y hoy, en su rostro desfigurado y escarnecido que Pilato muestra a la entrada del  pretorio, vemos con mayor claridad que nunca cuál es su camino, cuál es su manera de  vivir, cómo es esta persona que es Dios hecho presente entre nosotros, Dios con nosotros.

-Mirar a Jesús nos llega al corazón y nos obliga

Cada año, la celebración del Viernes Santo remueve nuestras entrañas. Nos las remueve porque, gracias a Dios, seríamos incapaces de quedar tan tranquilos  ante una muerte tan injusta como ésta. No puede ser que alguien que ha amado tanto y que  tanta ilusión ha inyectado en el corazón de tantas personas acabe destrozado de este  modo. Y nosotros, mirando a Jesús, sentimos como nuestro su dolor, y nos duele. Nos remueve las entrañas, también, porque no podemos dejar de pensar en este mundo  nuestro, un mundo en el que un hombre como Jesús estorba y es liquidado. El mundo de la  época de Jesús, el mundo que crucifica a Jesús, es nuestro mismo mundo, marcado por el  mismo mal, por el mismo rechazo de todo lo que rompa la tranquilidad del orden  establecido.

Y finalmente, nos las remueve porque mirar el rostro de Jesús nos obliga a mirarnos a  nosotros mismos, sinceramente, sin posibilidad de escondernos nuestra propia realidad,  nuestros intereses, nuestras perezas, nuestra poca coherencia con la fe en este Jesús que  ama hasta dar la vida.

-Es por gracia, que nos sentimos tocados y obligados por Jesús

Cada año, la celebración del Viernes Santo nos remueve las entrañas. Y eso es una  gracia que Jesús mismo nos hace. Es el fruto de su cruz, de su entrega. Con su muerte, con  su amor sin reservas, Jesús ha abierto un camino de luz en la vida de los hombres. Si lo  miramos a él, si hoy estamos aquí para mirarle, es porque en él, en su amor, hay una luz  que nos atrae irresistiblemente, y nos toca por dentro, y nos llena de deseo de novedad:  nos llena de deseo de fidelidad a él. La sangre y el agua que han salido de su costado  abierto por la lanza, nos han fecundado el corazón y el alma, nos han cambiado. Celebremos, pues, con fe, con amor, con agradecimiento, la muerte de Jesús. Pidámosle  que su luz nos ilumine siempre. Y pidámosle que esta luz llegue a todos los hombres y  mujeres del mundo entero.

 
Jueves Santo. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Pascua.

Jueves Santo.

Jesús lava los pies a sus discípulos.

Fuente:
www.mensajespanyvida.org
Autor: Omar Jiménez.

Los judíos pobres andaban descalzos, y los otros con sandalias. Un gesto de  buena acogida era ordenar a su sirviente que lavase los pies del caminante. A pesar de que dicha costumbre no existía entre los apóstoles, pues no tenían sirvientes, Jesús quiso ser aquella noche el sirviente.

Vamos por pasos. En el tiempo de Jesús los que lavaban los pies eran aquellos esclavos considerados inservibles, porque era un trabajo sucio, indeseable en su tiempo. El Hijo de Dios se hincó ante el ser humano, como un esclavo inservible para lavar los pies de sus discípulos. Dios hecho Hombre se rebaja hasta lo más bajo, al valor de un esclavo.
Ésta no es la primera vez que Dios nos lava los pies. En el momento en que recibimos nuestro bautismo Jesús nos lava y nos recibe como sus hijos amados.

Cuántas veces hemos llegado al confesionario lleno de pecados por nuestro caminar y Él mismo se hinca ante nosotros y nos lava con su sangre y no le importa ensuciarse y usar su sangre, porque para mí y para ti somos importantes. Somos lo que Él más ama.
Hermano o hermana, no tengas miedo de que el Señor le lave tus heridas y te las sane. Podemos reaccionar como Pedro: "Jamás me lavaras los pies (Jn 13,8).

Por que soy muy pecador y no lo merezco. Pero el Señor nos responde: "Si no te lavo los pies no podrás tener parte conmigo." (Jn 13,9). Que grande es Dios, Él nos quiere sanar, Él quiere ser aquel te cure. Cuantas veces hemos experimentado lo hermoso cuando Dios purifica y nos pasa igual que Pedro: "Señor, lavadme, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Sentimos el gozo en nuestro corazón y queremos llenar todo nuestro cuerpo de esa limpieza.

Déjate limpiar, no pongas resistencia. Sabemos que no merecemos que el Señor se hinque y nos lave nuestro corazón en donde nos hemos ensuciado por el caminar de esta vida. Hermanos esto es un regalo, algo precioso de Dios nos ofrece. No seamos como Judas, el cual no dejó que el Señor tocara su corazón porque dejo que primero el diablo entrara en él.

Hermano, Jesús dejó algo clave acerca del servicio en el lavado de los pies. Dice el Señor: "Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy." (Jn 13,13). Pues si yo, siendo el Señor de ustedes, les digo, deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado el ejemplo, y ustedes deben hacerlo como lo he hecho yo.

Si el creador se humilló y sin esperar nada a cambio, lo hizo, está en tí, que lo puedas hacer con tu esposa, esposo o hijos.

Ama a tu pareja tal como Jesús lo hizo, pero sin esperar nada a cambio. Si eso sucediera en las familias todo cambiaria.

Hermano, tú si estas comprometido en algún cargo en el trabajo.
Toma el ejemplo de Jesús. Bien lo decía Jesús, el que quiera servir que sea el último.

Cuántos lideres se aprovechan de los empleados, estudiantes, feligreses para buscar su propio beneficio, así como, lamentablemente.

Jesús no se queda callado después de lavar los pies. Si yo que soy el Señor, como me proclamaron y he lavado sus pies, también deben lavarles los pies a tu prójimo que tienes a cargo. Si quieres ser líder, busca tu paño y comienza a lavar los pies de tus hermanos, principalmente de aquellos que odias y de tus enemigos.

El que quiera ser el mayor en la Iglesia que se rebaje como Cristo para que sea aquel que consuele, ofrezca amor incondicionalmente, perdone y que se rebaje a sí mismo y se entregue a los más necesitados. Y limpie los pies de aquellos que han ensuciado sus pies por lo sucio del camino.

Felices llama Jesús a los que ponen en práctica esta ley del servidor.

 
<< Inicio < Prev 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Próximo > Fin >>

Página 8 de 20

Busca un tema de tu interes:

Encuesta

Te gusta el nuevo site