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Maria
Muchas Marías, una madre de Dios.. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Maria



Muchas Marías, una madre de Dios..

Autor:
Fuente:
www.mensajespanyvida.org

Una niña de once años, hija de un matrimonio amigo, tuvo un hermoso sueño. Ella soñó una escena en la que muchas Virgencitas, representando las distintas advocaciones Marianas, cantaban orando con gran devoción. En el centro de todas ellas, una Virgen María de mayor tamaño, dominaba la escena. La mamá de la niña la ayudó a la mañana siguiente a reconocer las distintas advocaciones, mostrándole imágenes que le permitieron identificar a la Medalla Milagrosa, la Rosa Mística, Fátima, Lourdes, Medjugorje, La Salette, San Nicolás, entre varias otras.

Lo curioso del sueño, es que inicialmente todas las pequeñas imágenes oraban y lloraban, cantando al mismo tiempo (la única que no lloraba es Nuestra Señora del Santo Rosario de San Nicolás). Pero en el momento en que comenzó a orar la imagen de mayor tamaño, la que estaba en el centro, todas las demás se arrodillaron y colocaron en posición de sujeción o de seguimiento a Ella. Cuando me contaron el sueño, me detuve a pensar por un rato en el significado. Y, al menos, se me ocurre una interpretación a ésta hermosa imagen que surgió del sueño de una pequeña niña.

Vivimos tiempos en que las advocaciones Marianas se multiplican, aumentan década a década. La Madrecita del Salvador se ha esparcido por este mundo de un modo especial, remarcando en regiones y sociedades diversas su presencia amorosa y siempre llena del amor Maternal que sólo su Inmaculado Corazón puede dar. En cada lugar, la Llena de Gracia se manifiesta de tal modo de servir de puente a los corazones del pueblo, llevándolos al Amor de Jesús, verdadero objetivo de sus amorosos llamados. María, así, adapta su ropa, su rostro, y hasta los más mínimos detalles de sus gestos, a lo que Ella considera enamorará a más almas. ¡Y vaya si lo logra!.

Pero mucha gente, particularmente los que recién se inician en el sendero de María, se confunden al ver tantas Virgencitas, tantas imágenes distintas. ¿Es siempre la misma Mujer, o son distintas personas?. ¿Acaso son santas que fueron Vírgenes, o es siempre la hermosa Mujercita de Galilea, Mamá del Niño Dios?. Estas dudas aparecen de tanto en tanto. Creo que el sueño de la niña es una respuesta a éste interrogante: todas las advocaciones Marianas, todas las apariciones de María son de la misma Mamá de Jesús. Distintas en su aspecto, en su época, en su nombre, pero son siempre manifestaciones de la amorosa Madre del Rey del Universo.

Sin embargo, otro mensaje también aflora en el sueño de la niña: todas las apariciones, y particularmente todos los mensajes que María entrega a los distintos videntes o instrumentos que Ella utiliza, se corresponden a un Plan Maestro, a un mapa general. Por eso todas las advocaciones se sujetan a la María más grande, cuando ésta empieza a rezar, según el sueño de la niña. Es como un gran rompecabezas, en el que cada aparición es una pieza, pero el cuadro general es siempre María, única, como emisora de todos estos mensajes, por mandato del mismo Dios. Cada mensaje nos va dando un color y una textura que nos permite ir formando éste gigantesco puzzle, en el que las piezas encajan con la perfección de la Divinidad de quien conduce a la Reina del Cielo.

Y finalmente, también veo en este sueño una advertencia y un pedido: algunas personas se vuelven tan devotas de una advocación, que pierden la perspectiva del conjunto, de Dios como centro de todo. Ellos consideran que "su" advocación es la única buena, la única que sirve. Y lo triste no es tanto que olviden a las demás advocaciones Marianas (lo que no es malo en si mismo) sino que comienzan a criticar cualquier cosa que no provenga de la que ellos tanto aman. Se producen discusiones, debates estériles, ataques a la legitimidad de otros mensajes y mensajeros de María. ¡Es una especie de nacionalismo Mariano!. Evidentemente se cae en un grave error, y la Virgen nos lo grafica claramente: cuando la María central ora, las demás advocaciones se ponen de rodillas y se sujetan a Ella. ¡No se puede perder de vista el origen único de todo lo que viene de Dios, no se lo puede dividir!. La Virgen nos pide unión, no división, amor, no agresión, tolerancia, no sectarismos.

Volviendo al sueño de nuestra amiguita, es hermoso pensar la escena: esas distintas imágenes de la Virgen orando y cantándole al Trono de Dios. Y de repente, todas giran, se ponen de rodillas y se concentran en seguir el rezo de una María central, la Omnipotencia Suplicante. Imagino los sonidos, las voces, los cantos, y los rostros de tantas imágenes por nosotros conocidas. Y, finalmente, todo culmina en una unidad y armonía absolutas, todo se sujeta a un único mensaje.

Creo que algún día el hombre llegará a un punto en que todos los mensajes de María, de todas sus advocaciones, se volverán iridiscentemente transparentes para nosotros, en que comprenderemos la integralidad del mensaje, todo lo que sabemos cobrará luz propia y tendrá un sentido pleno. Seguramente, ese día, diremos: ¡cómo no me di cuenta antes, si estuvo siempre frente a mis ojos!. Dios, ese día, nos revelará una parte importante de Su Plan, el que por ahora nos va dejando ver de a capítulos. Cada evento tiene su momento, para Dios. Cada pieza en el rompecabezas debe surgir en el punto exacto de madurez. Lo que sabemos, por ahora, es que las piezas que nos han sido reveladas se han incrementado mucho en las ultimas décadas. ¡Pongamos atención al tablero general, entonces!.

 
El misterio de la mujer nueva. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Maria

 

El misterio de la mujer nueva.

Autor:
Antonio Orozco
Fuente: www.churchforum.org

En mayo estalla la vida, la flor, la luz. En las plazas de la antigua Roma, y ante la puerta de los hogares, se plantaban árboles recién cortados, ornados de flores y cintas: «mayos» se llamaban, y salpicaban de colores y aromas ciudades y aldeas. En España, se festejaba a Nuestra Señora de Mayo, ya en el siglo XV.

Una Virgen plena de juventud y gracia, Madre de un Niño-Dios, es siempre como una primavera en sazón. En aquel entonces se plantaba un «mayo», y las flores eran para coronar de triunfo a la Reina del Universo.

Todo tiempo es propicio para honrar a la Señora. Pero mayo es el mayor mes mariano. Por eso es "el mes en que descienden hasta nosotros los dones más generosos y abundantes de la divina misericordia" [1].

¡Cómo quiere Dios a su Madre! ¡Cómo quiere que la queramos! Desea que en todas partes de la Tierra se alce un conmovedor espectáculo de fe y amor, de modo que desde el corazón de los cristianos suba el más ferviente y afectuoso homenaje de su oración y veneración [2]. Es justo, es necesario, es buenísimo; Dios lo quiere y el Espíritu Santo ha inspirado a la piedad popular expresiones sumamente delicadas de veneración y afecto a nuestra Madre (...) La tradición cristiana nos insta a ofrecer flores, «ramilletes» y piadosos propósitos a la «Toda-hermosa» y «Toda-santa» [3].

La Iglesia contempla gozosa a María como el fruto más acabado de la Redención, como una purísima imagen que ella misma ansía y espera ser [4]. Canta sin rubor el o felix culpa! por la primera mujer, que no supo, que no quiso ser fiel a su gran misión y, soberbia, introdujo en el mundo la reata de tragedias que afligen a la humanidad desde aquellos albores de su historia.

Al Redentor precede una mujer: la Mujer Nueva; ideal hecho belleza femenina real, esmaltada de toda calidad humana y llena de toda la gracia divina. Un Arcángel, enviado de Dios, lo dice: "¡Alégrate, llena de gracia!...". Se enciende el rostro de María, manzana hermosísima arrebolada, no como aquélla del paraíso perdido, bella corteza con pulpa de muerte. Estamos en los momentos de supremo lirismo en la tierra. «Si pudiéramos ver a la Virgen en aquel instante, veríamos el mayor esplendor de la gracia en una naturaleza humana. Tanta, que sus reflejos siempre duran, y los vemos aún más o menos en el rostro de toda mujer...» [5].

Ha sucedido una feliz casualidad: al poco de leer tales palabras, nos topamos con las de Juan Pablo II donde afirma que la Virgen es la «Mujer nueva». En Ella Dios ha revelado los rasgos de un amor maternal, la dignidad del hombre llamado a la comunión con la Trinidad [6]. Es Hija, Madre y Esposa de Dios: el esplendor de la mujer toca así el vértice de lo humano [7], y todas encuentran en Ella la expresión perfecta de lo más sustantivo de su esencia: belleza, encanto, pureza, fecundidad. María es plenamente Madre (¡de Dios!) y estrictamente Virgen, antes del parto, en el parto y después del parto [8], tanto en el aspecto material como en el espiritual. El milagro, para Dios, es sumamente fácil, pero también constituye una palabra de contenido inmenso; un mensaje que debe descifrarse con amorosa humildad.

Cuando nace de mujer, Dios glorifica la maternidad; al querer virgen a su Madre, glorifica aún más la virginidad; y satanás bufa de rabia, y furioso de ira ansía en vano devorar a quien le aplastará la cabeza: Ipsa conteret caput! [9].


Feminismo bueno

Dice el Papa: "No se puede pensar en María, mujer, esposa, madre, sin advertir el influjo saludable que su figura femenina y materna debe tener en el corazón de la mujer". Importa mucho que la mujer no resista la suave acción mariana: se perdería a sí misma, se esfumaría la esencia de su esencia; se corrompería en la frivolidad o la angustia, y corrompería todo en su entorno: familia, sociedad, iglesia. Por eso a todos concierne la defensa de su auténtica imagen, a semejanza de la Mujer Nueva. Por eso es muy de agradecer la maravillosa, justísima y profunda Carta Apostólica del Santo Padre Juan Pablo II, Mulieris dignitatem.

Cada mujer debe mirarse en la Virgen como en el espejo de su dignidad y de su vocación [10]; debe reflejar su modelo único: la Virgen de Nazaret y de Belén, de Caná y del Calvario [11]. Debe navegar contra viento y marea hacia la plenitud de su esencia específica. Así, al ser ella misma, será posible y fácil la bellísima sugerencia del Papa: "si cada mujer puede mirarse en la Virgen como en un espejo de su dignidad y de su vocación, cada cristiano tendría que ser capaz de reconocer en el rostro de una niña, de una joven, de una madre, de una anciana, algo del misterio mismo de Aquella que es la Mujer nueva" [12].

Esto es feminismo esencial, fecundo. Esto es cristianismo: el único humanismo auténtico, el único feminismo verdadero, que descubre en la mujer su más sabrosa sustancia: el misterio mariano.


El misterio mariano

¿Cómo describirlo en breve? María es Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo. Esto es lo que -salvando distancias y diversidad de modos- está llamada a ser toda mujer.

Que cada una ha de comprenderse hija de Dios Padre, es cosa sabida. En la filiación divina, que es participación en la vida íntima del Padre, radica la insuperable nobleza, el señorío indiscutible. Ninguna hija de Dios es inferior a otra o a otro. La diversidad innegable e intraicionable, en modo alguno es inferioridad. No caben envidias ni contiendas de ningún tipo.

Más insólito es ver en cada mujer cristiana a la madre de Dios Hijo. Sin embargo, los antiguos Padres de la Iglesia enseñaban sin inconveniente que -en resumen- el alma pura concibe al Verbo [13]. San Ambrosio hace unas consideraciones que a primera vista resultan atrevidas, pero que tienen un sentido espiritual claro para la vida del cristiano. "Según la carne, una sola es la Madre de Cristo; según la fe, Cristo es fruto de todos nosotros [14]". ¿Y qué no acontecerá en el alma femenina que viva esa realidad teológica, mística, de tan altos y espléndidos vuelos, así como de tan tiernas y recias resonancias?

Finalmente, la mujer cristiana es esposa del Espíritu Santo. Con melodía de rimas y acentos más líricos, suenan para ella las palabras de Dios a Israel, a la Iglesia: "El que te hizo te tomará por esposa" [15]. También a ti el Espíritu Santo te cubrirá con su sombra y serás madre de Cristo por la fe y el amor.

Hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo, esposa de Dios Espíritu Santo: es el misterio escondido en cada mujer; vocación, llamada divina que zumba imperiosa y vibra en cada fibra del corazón femenino, reclamando ser escuchada, asumida, vivida libre y gozosamente, y ser descubierta por la mirada de sus semejantes.

Toda mujer ha de ser un espejo de su Madre Virgen. Y todos hemos de mirar mucho, con mucha atención, a María, para llenarnos de su luz, para verlas siempre -niña, joven, madre o anciana- con resplandores marianos; y admirar en cada una la hermosa y venerable huella de la maternidad o los destellos espirituales de la virginidad; y, siempre, de la santa pureza, el esplendor, rico en matices, que emerge de un amplio corazón copioso en altos valores, asomados en el rostro transparente de un alma auténtica de mujer.

Alguien ha escrito con algún apresuramiento: «Vosotras mujeres, cuando sois bonitas, estáis dispensadas de ser buenas; cuando sois buenas no necesitáis ser bonitas; y cuando sois bonitas y buenas, no hay sino adoraros de rodillas como a un trasunto de la Divinidad en la tierra» [16]. Habría que rectificar lo primero y lo segundo, superar lo epidérmico, sin subestimar la apariencia, alcanzar el ser y la esencia. ¿Acaso la mujer puede ser -no sólo «estar»- hermosa sin ser buena? Y si es buena, siempre es hermosa y todo lo hermosea. En cada una se ven los rasgos que iluminan el semblante de Santa María: amor de Dios encendido; amor abnegado a todas las almas; luz de la mirada limpia, mar alto y profundo, cielo terso y sol radiante; la sencilla elegancia, siempre femenina, del atuendo bien aderezado, con gracia, modestia y pudor; sensibilidad para todo lo noble y bello, alma de artista y de poeta. Y "lo que le es propio y que sólo ella puede dar: su delicada ternura, su generosidad incansable, su amor por lo concreto, su agudeza de ingenio, su capacidad de intuición, su piedad profunda y sencilla, su tenacidad..." [17].

Y su fortaleza. ¡Qué poco de la mujer sabía Hamlet cuando exclamaba: «¡Fragilidad, tu nombre es mujer!». ¡Él sí que era frágil!. Si todas, o un buen puñado, se pusieran -con esfuerzo, claro es- a la altura de su dignidad, con respuesta cabal a la llamada divina? El mundo sería casi un paraíso, porque la mujer es el corazón del mundo.


Despertar a las dormidas

Pedimos ahora a la Virgen Madre que muestre sus ojos misericordiosos y despierte a las dormidas; que vista con el encanto del pudor y la elegancia a las que aún no hayan descubierto el valor de esas virtudes básicas; que las mueva a respetarse y nos obliguen a respetarlas y venerarlas; que las ilumine con la mágica luz de su misterio.


Un gozo incesante

Es gozoso andar diciendo en silencio, al ver a una mujer: "Dios te salve, María, hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo... ¡Más que tú, sólo Dios!"... [18]. Protege, cuida, mima, a esa niña, a esa joven, a esa madre, a esa anciana, que te me ha recordado con el encanto de su luz mariana.

Jamás nos acostumbraremos a ver -jamás "miraremos"- a la mujer que se ha perdido a sí misma, o que la han echado a perder, pisoteando su dignidad, su vergüenza, su esencia, y se ha convertido, o la han convertido en «objeto», en «cosa», quizá en carne para pasto de buitres, en mercancía puesta a precio de ciertos cines, kioskos, televisiones y demás prostíbulos. Nos llenaremos de ira santa: irascimini et nolite peccare! [19]. Pediremos perdón por tan mostruosa deformidad, que tanto ofende y hace sufrir a Dios y a su Madre. Pondremos todos los medios a nuestro alcance, que los hay, para detener ese envilecimiento de la mujer -y con ella, del hombre- que agresivamente procura el materialismo militante, obra tristísima de hombres y mujeres.

Volveremos nuestra mirada -aún con mayor humildad, amor y gratitud- a la Toda?hermosa y Toda?santa. Cantaremos el "¡Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea...!" y de nuevo: Dios te salve, María, Hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo... ¡Más que tú, sólo Dios!. Tú que tanto puedes, Tú que eres la Omnipotencia suplicante, ¡ayuda a tus hijas!, ¡ayuda a tus hijos! Que nunca nos falte en los ojos, en la mirada, la luz de tu misterio...

Rosa decens, rosa munda,
Rosa recens, sine spina,
Rosa florens et fecunda,
Rosa gratia divina [20].

Rosa hermosísima, Rosa purísima, Rosa tierna sin espina, Rosa fecunda, llena del encanto de la divina gracia. Madre del Amor hermoso. Que te veamos en todas las mujeres de la Tierra. Dígnate aceptar, a cambio, la pujante floración de sinceros propósitos de pureza que adornan nuestro «mayo», plantado hoy en tu honor a la puerta de nuestra alma, tu hogar, tu casa. Ven, quédate, no te vayas nunca, pase lo que pase. Así todo -la mirada y el corazón- será limpio, noble, luminoso, alegre, lleno de tu luz, de tu misterio, de los amores buenos, que no dan vergüenza y conducen al Amor...


[1] PABLO VI, Enc. Mense maio.
[2] Ibid..
[3] JUAN PABLO II, Homilía, 1-V-1979
[4] Conc. Vat. II, Sacrosanctum Concilium, 103.
[5] JUAN MARAGALL, Elogios, Espasa-Calpe, 1950,p. 146.
[6] JUAN PABLO II, Homilía, 25-III-83.
[7] Ibid.
[8] PABLO VI, Const. Cum quorumdam, 1955; cfr. la definición dogmática del Concilio de Letrán bajo Martín I, año 649, can. 3.
[9] Gen 3, 15.
[10] JUAN PABLO II, l.c.
[11] Ibid.
[12] Ibid.
[13] ORIGENES, SAN AGUSTIN, SAN GREGORIO NACIANCENO, SAN GREGORIO DE NIZA, etc.
[14] ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos d Dios, n. 281.
[15] Is 54, 5.
[16] J. BENAVENTE, Cartas de mujeres, 8a. ed., Madrid 1917, en prólogo, p. 19.
[17] Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, núm. 87.
[18] B. Josemaría Escrivá, Camino, n. 496.
[19] Sal 4,5; Ef 4,26.
[20] SAN BUENAVENTURA.

 
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Reflexiones - Maria

¿María es intercesora o sólo Cristo lo es?

Autor:
Aci Digital
Fuente:

Los hermanos separados creen que llamar a María "intercesora", es antibíblico, según 1 Tim 2, 5 que dice "Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús".

La Iglesia Católica nunca ha enseñado que María ocupe el lugar del Señor Jesús, todo lo contrario. La Iglesia ha proclamado siempre que Cristo es el único camino para llegar al Padre, y que sólo por Él es que somos reconciliados. Por ello, y en este sentido, Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres, el único en el cual Dios y el hombre son reconciliados.

Sin embargo, hay otro sentido de la palabra "mediador". Por ejemplo, si le pides a alguien que ore por ti, entonces esa persona está "mediando" o "intercediendo" por ti ante Dios. En este sentido, cualquiera puede interceder ante Dios por otra persona, y esto en nada oscurece o disminuye la mediación y la reconciliación traída por Jesucristo, todo lo contrario. Y es en este sentido que decimos que Santa María es intercesora, y lo es por excelencia, ya que es la que más estuvo unida al Verbo Encarnado, siendo su propia Madre.

¿Hay algún ejemplo en el cual Santa María haya intercedido por alguien más en los Evangelios? La respuesta la encontramos en el pasaje de las bodas de Caná:

"Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.» Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.» Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos." (Jn 2, 1-11)

El pasaje no es una simple anécdota del Evangelio, es el primer milagro del Señor Jesús. Juan dice que fue ahí donde Él empezó sus señales y manifestó su gloria. María se dirige al Señor, expresándole su preocupación por los novios con las palabras "No tienen vino", y espera de Él una intervención que la resuelva. La aparente negativa de Jesús no es sino eso, aparente. María, que confía en su Hijo, le deja toda la iniciativa a Él, dirigiéndose a los sirvientes e invitándolos a hacer lo que Él les diga. Y su confianza es recompensada. El Señor obra el milagro, transformando el agua en vino. La intervención de Santa María en el primer milagro de su Hijo no es accidental. El pasaje de las bodas de Caná pone de relieve el papel cooperador de María en la misión del Señor Jesús.

 
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Seguidora fiel de Jesús.

Autor:
José Antonio Pagola
Fuente: www.feadulta.com

Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.

María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.

Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el "Magníficat" brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.

María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.

María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.

María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.

 
María afronta su vida con escucha, decisión y acción. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

 

María afronta su vida con escucha, decisión y acción.

Autor:
Papa Francisco
Fuente: Radio Vaticano

Queridos hermanos y hermanas,

Esta tarde hemos rezado juntos el Santo Rosario; hemos recorrido algunos acontecimientos del camino de Jesús, de nuestra salvación y lo hemos hecho con aquella que es nuestra Madre, María. Aquella que con mano segura nos conduce a su Hijo Jesús.

Hoy celebramos la fiesta de la Visitación de la Beata Virgen María a la pariente Isabel. Querría meditar con ustedes este misterio que muestra como María afronta el camino de su vida, con gran realismo, humanidad, concreción.

Tres palabras sintetizan la actitud de María: escucha, decisión, acción; palabras que indican un camino también para nosotros frente a lo que nos pide el Señor en la vida.

1.-Escucha. ¿De dónde nace el gesto de María de ir a su pariente Isabel? De una palabra del ángel de Dios: "También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez"… (Lc. 1,36). María sabe escuchar Dios. Atención: no es un simple "oír" superficial, sino es “la escucha”, acto de atención, de acogida, de disponibilidad hacia Dios. No es el modo distraído con el cual nosotros nos ponemos delante del Señor o ante los otros: oímos las palabras, pero no escuchamos realmente. María está atenta a Dios, escucha a Dios.

Pero María escucha también los hechos, es decir lee los acontecimientos de su vida, está atenta a la realidad concreta y no se para en la superficie, sino que va a lo profundo, para captar el significado. La pariente Isabel, que es ya anciana, espera un hijo: éste es el hecho. Pero María está atenta al significado, lo sabe comprender: "porque no hay nada imposible para Dios"(Lc. 1,37).

Esto también vale en nuestra vida: escucha de Dios que nos habla, y también escucha de la realidad cotidiana, atención a las personas, a los hechos, porque el Señor está en la puerta de nuestra vida y golpea en muchos modos, pone señales en nuestro camino; está en nosotros la capacidad de verlos. María es la madre de la escucha, escucha atenta de Dios y escucha también atenta de los acontecimientos de la vida.

2. Decisión. María no vive "de prisa", con preocupación, sino, como subraya san Lucas, " María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón" (cfr. Lc2,19.51). Y también en el momento decisivo de la anunciación del ángel, Ella pregunta: “¿Cómo sucederá esto?” (Lc 1,34). Pero no se detiene ni siquiera en el momento de la reflexión; da un paso adelante: decide. No vive de prisa, sino sólo cuando es necesario "va sin demora". María no se deja llevar por los acontecimientos, no evita la fatiga de la decisión. Y esto sucede sea en la elección fundamental que cambiará su vida: María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (Cfr. Lc 1,38), sea en las decisiones más cotidianas, pero ricas también ellas de sentido. Me viene en mente el episodio de la bodas de Caná (cfr. Jn 2,1-11): aquí también se ve el realismo, la humanidad, lo concreto de María, que está atenta a los hechos, a los problemas; ve y comprende la dificultad de aquellos dos jóvenes esposos a los que viene a faltar el vino de la fiesta, reflexiona y sabe que Jesús puede hacer algo, y decide dirigirse al Hijo para que intervenga: "Ya no tienen vino" (cfr. v. 3).

En la vida es difícil tomar decisiones, a menudo tendemos a posponerlas, a dejar que otros decidan en nuestro lugar, a menudo preferimos dejarnos arrastrar por los acontecimientos, seguir la moda del momento; a veces sabemos lo que tenemos que hacer, pero no tenemos el coraje o nos parece demasiado difícil porque quiere decir ir contracorriente. María en la anunciación, en la Visitación, en las bodas de Caná va contracorriente; se pone a la escucha de Dios, reflexiona y busca comprender la realidad, y decide confiarse totalmente en Dios, decide visitar, aun estando embarazada, a la anciana pariente, decide confiarse al Hijo con insistencia, para salvar la alegría de la boda.

3. Acción. María salió de viaje y “fue sin demora”(cfr Lc 1,39). El domingo pasado subrayé este modo de hacer de María: a pesar de las dificultades, las críticas que habrá recibido por su decisión de partir, no se detuvo delante de nada. Y aquí parte "sin demora". En la oración, delante de Dios que habla, en reflexionar y meditar sobre los hechos de su vida, María no tiene prisa, no se deja tomar por el momento, no se deja arrastrar por los acontecimientos. Pero cuando tiene claro qué cosa Dios le pide, lo que tiene que hacer, no tarda, no retarda, sino que va "sin demora". San Ambrosio comenta: "la gracia del Espíritu Santo no comporta lentitudes" (Expos. Evang. sec. Lucam, II, 19: PL 15,1560). El actuar de María es una consecuencia de su obediencia a las palabras del ángel, pero unida a la caridad: va a Isabel para hacerse útil; y en este salir de su casa, de sí misma, por amor, lleva cuanto tiene de más precioso: Jesús; lleva a su Hijo.

A veces, también nosotros nos paramos a escuchar, a reflexionar sobre lo que deberíamos hacer, quizás también tenemos clara la decisión que tenemos que tomar, pero no pasamos a la acción. Y sobre todo no nos ponemos en juego a nosotros mismos moviéndonos "sin demora" hacia los otros para llevarles nuestra ayuda, nuestra comprensión, nuestra caridad; para también llevar nosotros como María, lo que tenemos de más precioso y que hemos recibido, Jesús y su Evangelio, con la palabra y sobre todo con el testimonio concreto de nuestro actuar.

Escucha, decisión, acción.


María, mujer de la escucha, abre nuestros oídos; haz que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las mil palabras de este mundo; haz que sepamos escuchar la realidad en la que vivimos, cada persona que encontramos, especialmente aquella que es pobre, necesitada, en dificultad.

María, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón, para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús, sin titubeos; dónanos el coraje de la decisión, de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida.

María, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies se muevan "sin demora" hacia los otros, para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús, para llevar, como tú, en el mundo la luz del Evangelio. Amén.

Traducción del italiano de Radio Vaticano

 
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