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Maria
Qué representa la Virgen María en mi vida. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Maria

 

Qué representa la Virgen María en mi vida.

Autor:
Fuente:
www.maria-garcia.com

Para el que no sepa quien es la Virgen María, sería lógico  reflexionar  sobre quién es la  Virgen y lo  que supone en la cristiandad, para luego decir lo que representa en mi vida. Pero prefiero hacer la exposición al revés, pensando que quien lea esto, si que sabrá algo sobre María.

Mi vida con la Virgen.

Me levanto al sonar el despertador con la prontitud del rayo, para de rodillas, recitar ese ofrecimiento de obras que mi madre me enseñó siendo niña. Oh señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a Vos, y..., después rezo esa oración maravillosa: Acordaos oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir, que ni uno  de los que han acudido a vuestra protección...

¿Qué representan estas dos oraciones para mí? pues muy sencillo, que me pongo en manos de la Virgen, que a ella me ofrezco y encomiendo mi día, pues soy toda de Ella, le pido que me guarde y proteja a lo largo del día que inicia, casi le exijo su protección cuando le digo que nadie de los que han acudido a su cuidado ha sido desamparado.

Pero este inicio del día no queda en el olvido, no hay habitación de mi casa, -mis padres siempre lo han hecho-  donde no tenga una imagen de la Virgen a la que mirar, pidiéndole cariño y protección, claro que también le digo que la quiero y que me ayude a querer también a sus otros hijos del mundo, mis hermanos, eso le pido al salir a la calle  y despedirme de ella sobre la imagen de estilo cuzqueño que está sobre el arcón en el hall de mi casa. Y una imagen de la Virgen sobre mi mesa de estudio y trabajo, para que me recuerde que desde el cielo me guía y con la que puedo conversar.

y ¿por qué conversar con Ella? Porque la Virgen me lleva a Cristo, y me dice como en la bodas de Caná, haz lo que El te diga. Porque la Virgen cuidó de  Jesús cuando este lo necesitaba. Porque la Virgen estuvo al pie de la Cruz, y podemos ser corredentores con Ella en el sufrimiento. Y, en fin,  por otras muchas cosas más que irán saliendo en esta o en otras páginas.

Y al mediodía, un alto, son las doce. Es el momento del Ángelus; todavía recuerda mi padre cuando en Huici, un pueblecito de Navarra, los pelotaris, ante el toque de las campanas anunciando el mediodía,  hacían un parón en la partida para rezar todos el ángelus, y eso mismo hacían los campesinos que desde el campo de labor las oían. El Ángel del Señor anunció a María, y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. Dios te salve María,... He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según Tu palabra. Dios te salve,... El Hijo de Dios se hizo Hombre. Y habitó entre nosotros. Dios te salve,...

Y cómo no, el rosario, el Santo Rosario, una contemplación de los misterios, un entretenerse en la vida de nuestra Señora, en la de Jesús y en la de José. Costumbre mariana por excelencia que rezan viejos y jóvenes, mujeres y hombres, sanos y enfermos, muy creyentes y poco creyentes, yo lo he visto rezar de muchas maneras y a muchas horas, para agradecer, para pedir, para gozar. Siempre me ha costado pero lo he rezado con ilusión, y lo he procurado rezar todos los días.

Con el final del día,  tres avemarías y un hasta mañana, Madre mía te quiero, cuida mi sueño. Pero si alguna preocupación perturbaba mi sueño, mis oraciones preferidas para esos momentos siempre han sido: Consoladora de los afligidos y Auxilio de los cristianos, una vez, otra vez, y más veces, tantas que no dejaba de decirlas hasta que me dormía.

Pero, ¿y a lo largo del día?, jaculatorias, el día hay que llenarlo de piropos a la Virgen; ¡qué son sino las jaculatorios, más que frases ardientes y cariñosas a la Madre de Jesús y Madre Nuestra! Madre de los Cristianos, Puerta del Cielo, Refugio de los pecadores, Madre del Amor Hermoso, Madre del Buen Consejo, Virgen Poderosa, Trono de la Sabiduría, Reina de la Familia, Reina de la Paz, Madre cuida a tus hijos, Santa María guíanos por el camino seguro, y tantas cosa más. Ante la tentación, ante las buenas noticias, ante la pereza, ante la soberbia, ante las dudas de fe, agradeciendo por la familia que tengo, ante el cansancio en el estudio, ante el dolor,...

Pero falta mi cartera y mi corazón. Sobre mi cartera tengo una imagen de la Virgen, para que al sacar dinero  vea si es un gasto necesario o conveniente el que voy a realizar, sea  para mí o para los demás. No sea que fuese un derroche o capricho mío. Y en el corazón la imposición del escapulario de la Virgen del Carmen.

Esta manera de tratar a la Virgen, hace que mi vida interior sea más rica, sin Ella mi vida era más monótona, pensaba más en mis cosas, en mis problemas y menos en los de los demás. Este trato con María me lleva a Dios más fácilmente, que en último extremo es precisamente lo importante, lo único importante, Dios. Porque no es que trate sólo con la Virgen, mi trato es principalmente con Dios Padre, con  Dios Hijo Jesucristo y con Dios  Espíritu Santo, aunque lo reconozco con este último bastante menos, pero sé que es igual de importante. Bueno, me esforzaré más. En algunas cosas mías también pienso, pero procuro que sea lo imprescindible.

Hay dos situaciones en mi vida que me llevan más a Ella; en las tentaciones fuertes y en la tristeza; en ambos casos, lógicamente, lo mejor es, ir al sagrario, pero en la mayor parte de los casos no está a mano una Iglesia, o no está abierta,  es entonces cuando  voy a la Virgen, en Ella me refugio, Ella me consuela, allí  estoy charlando con Ella hasta que se me pasa, y se me pasa siempre. Pero hay que perseverar, es entonces cuando se ve claramente lo de: " jamás se ha oído decir que ni uno sólo de los que han acudido a la protección de María haya sido desamparado".

Mi gran preocupación es dejar a la Virgen, por eso repito muchas veces esta jaculatoria: Madre, no dejes que te deje. Sé que recurriendo a la Virgen todo se arregla, pero tengo que recurrir siempre, no sólo cuando me acuerdo, o cuando tenga ganas, sino siempre. Por eso, lo verdaderamente triste es que, sabiendo un cristiano lo que la Virgen es, y lo qué representa en nuestras vidas, no recurramos a Ella,  en todo momento, de ahí lo de: Madre no dejes que te deje.

¿Qué me da la Virgen?

Los protestantes se escandalizan porque no saben. La Virgen es una persona de carne y hueso como nosotros, pero que ha sido la Madre de Jesús, y como Jesús es Dios, también la Virgen es Madre de Dios, y Madre mía, pues Jesús al pie de la cruz se la entregó a Juan como Madre suya y en su nombre como Madre de toda la humanidad. Ella es el camino para llegar a Jesús, y todo lo que digo en relación a Ella, lo digo de Cristo. Con esto lo que quiero decir es que la Virgen es una mediadora entre nosotros y Jesús, como Jesús lo es entre nosotros y el Padre. La Virgen no hace ningún milagro por Ella misma, no puede, pero sí que intercede por nosotros ante su Hijo.

En ese sentido, la Virgen es para mí el refugio de mis lágrimas, la ilusión de mi vida, mi consuelo antes los decaimientos, faro que ilumina mi camino, mi soporte ante  el esfuerzo, la perseverancia en mi estudio, la fuerza para vencer las tentaciones, y junto a Ella y al pie de la Cruz corredimimos con el sacrificio de Cristo por los pecados míos y de toda la humanidad.

Cuando todo lo veo oscuro y quiero apartarme de Ti, Madre de todas mis penas oblígame a decir “Si”

Hay una oración compuesta por san Bernardo, que refleja una parte importante de lo que la Virgen es para el cristiano, no me resisto a escribirla, porque también eso es para mí:

Acude siempre a María, cuando algo se te rompa en el corazón, cuando se te quiebran las ilusiones, cuando te salten las lágrimas.
A la hora del agradecimiento por los favores recibidos y en los trances difíciles, acude a maría.
Que se levantan los vientos huracanados, contempla a la estrella y llama a María.
Que se agitan olas de soberbia o impureza, mira a María.
Que nos hundimos en tristezas y desesperaciones , piensa en María.
Que surgen dudas, peligros, angustias, invoca a María.
Nos apoyamos en tu misericordia mientras caminamos, Madre.
Ella es la estrella del mar que nos lleva a puerto.
Que nuestra fatigosa peregrinación terrena iluminada por María, se transforme en camino seguro hacia el paraíso.

De la Virgen, mi Madre, espero que el día de mi muerte, cogido de su mano me lleve al cielo.

¿Que me exige la Virgen?

Pero no puedo ser una hija egoísta, y sólo utilizar  a mi Madre, la Virgen, para mi conveniencia, Ella me pide muchas cosas, en primer lugar que haga lo que Jesús dice, ya esto sería bastante, pues Ella no me pide otra cosa, que haga la voluntad de su Hijo. ¿Y cual es la voluntad de Jesús? Que se cumpla la voluntad del Padre. Que cumpla los mandamientos, pero, por encima, está la caridad, que es el primer mandamiento. Deberé amar a Dios por encima de todo y al prójimo por Dios. Este será el programa para mi vida.

¿Quién es la Virgen María?

La Virgen María es la persona humana en la que Dios se fijó para ser la madre del redentor del mundo, ella aplastaría la cabeza de la serpiente se lee en el Génesis, por ella entró la salvación del hombre, ella con su obediencia a Dios hizo posible nuestra redención.

En el capítulo primero de Lucas se dice -no de manera literal- que Dios envío el ángel Gabriel a una virgen, María era su nombre, diciendo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo. María, dice la escritura, se quedó perpleja pero el ángel insistió:
No tengas miedo María; porque has encontrado gracia a los ojos de Dios.
Concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús.
Será grande e Hijo del Altísimo, reinará para siempre y su reino no tendrá fin.
El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te envolverá como una nube.
Por eso, el Hijo, en ti engendrado, será santo, será hijo de Dios.
Porque para Dios no hay nada imposible.
María contestó: He aquí la esclava del Señor, que se cumpla en mí su palabra.

Hay una primera apreciación importante, Dios se fija en una mujer para que sea la madre de Jesús, está claro que es la mujer cuya virtud y hermosura es inigualable, además de ser esto lógico lo demuestra el hecho de que las dos cosas primeras  que hace la Virgen son:  primero, una obediencia a Dios incondicional fruto de su amor a Él, primer mandamiento, y segundo, un acto de caridad, segundo mandamiento,  al prestar un servicio a su prima Isabel.

Además dice Lucas que fue a toda prisa a  la montaña, detalle de amor al prójimo incondicional. Al recibirle Isabel, le dice entre otras cosas: ¡Bendita tú entre todas las mujeres y bendito  el fruto de tu vientre!  María entona un cántico de alabanza a Dios diciendo: Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi salvador. Porque ha puesto sus ojos en la pequeñez de su esclava, ... Después de prestar ese servicio, y una vez que naciera Juan el Bautista, José y María regresarían a Nazaret.

Al ir  José con María a  Belén de Judá, para empadronarse, tiene lugar el nacimiento de Jesús, y  no hay sitio para ellos ni en la posada; da a luz en una cueva para el ganado. Le visitan pastores y reyes, y tiene que huir a Egipto pues Herodes quiere matar al niño. Muerto Herodes, regresan a Nazaret. María y José son obedientes a los planes de Dios, viven humildemente con el fruto de su trabajo. María guardaba todas esta cosas en su corazón.

Pocas intervenciones tiene la Virgen en la vida pública de Jesús, que sean conocidas: en las bodas de Caná cuando se interesó por los novios y dijo a la gente que hicieran lo que Jesús decía, y al pie de la Cruz, corredimiendo, allí nos fue dada como Madre a todos los hombres. Cuál no sería su dolor al ver clavado en la cruz, sufriendo, al hijo de sus entrañas. Perdóname y perdónanos, Madre mía, pues el motivo de tal sufrimiento han sido mis pecados y los de toda la humanidad.

La Virgen María, Inmaculada Concepción, Virgen antes del parto, en el parto y después del parto, ha sido Asunta al cielo de cuerpo y alma, después de la muerte, resurrección y ascensión al cielo de Nuestro Señor Jesucristo. Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, más que Ella, sólo Dios.

 
La mirada de María. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

La mirada de María.

Autor:
Obispo. Carlos Escribano Subías
Fuente: www.diocesisdeteruel.org

El mes de Mayo nos trae, a muchos, recuerdos de la infancia. Nos enseñaban, desde pequeños, que era el mes de María, el mes de las flores, y vivíamos con naturalidad, afecto y devoción nuestra relación con la Madre de Dios. En muchos de nuestros pueblos este mes se llenará de romeros que caminando o en distintos vehículos se acercaran a la multitud de santuarios y ermitas dedicados a la Virgen que salpican nuestra vasta geografía diocesana.

Seguro que muchos de nosotros nos acercamos a ellos con el corazón agradecido y ponemos ante nuestra Madre tantas y tantas necesidades y personas a las que queremos. El Papa Francisco, el pasado 12 de Octubre, dirigió un mensaje a los peregrinos de los santuarios marianos del mundo en el que recogía este sentir: “Cuando estamos cansados, desanimados, abrumados por los problemas, volvámonos a María, sintamos su mirada que dice a nuestro corazón: “¡Ánimo, hijo, que yo te sostengo!” La Virgen nos conoce bien, es madre, sabe muy bien cuáles son nuestras alegrías y nuestras dificultades, nuestras esperanzas y nuestras desilusiones.

Cuando sintamos el peso de nuestras debilidades, de nuestros pecados, volvámonos a María, que dice a nuestro corazón: «!Levántate, acude a mi Hijo Jesús!, en él encontrarás acogida, misericordia y nueva fuerza para continuar el camino»”.

Si. Cuantas veces ponemos nuestros ojos en María y nos llenamos de esperanza sabiendo que ella corresponde siempre a esa mirada que le dirigimos. Nos decía el Papa en ese mensaje: “¿A quién mira la Virgen María? Nos mira a todos, a cada uno de nosotros. Y, ¿cómo nos mira? Nos mira como Madre, con ternura, con misericordia, con amor. Así ha mirado al hijo Jesús en todos los momentos de su vida, gozosos, luminosos, dolorosos, gloriosos, como contemplamos en los Misterios del Santo Rosario, simplemente con amor.

La mirada de María no se dirige solamente a nosotros. Al pie de la cruz, cuando Jesús le confía al Apóstol Juan, y con él a todos nosotros, diciendo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), los ojos de María están fijos en Jesús. Y María nos dice, como en las Bodas de Caná: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). María indica a Jesús, nos invita a dar testimonio de Jesús, nos guía siempre a su Hijo Jesús, porque sólo en él hay salvación, sólo él puede transformar el agua de la soledad, de la dificultad, del pecado, en el vino del encuentro, de la alegría, del perdón. Sólo él”.

Os animo a vivir con intensidad este mes de Mayo que comienza. Que sea auténticamente un mes mariano. Y especialmente a las familias y a los catequistas os pido que enseñéis a nuestros niños y jóvenes a encontrase con María. De su mano, seguro que descubrirán la presencia de Jesús en sus vidas y, como ella y con ella, aprenderán a amarle y seguirle.

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

 
Vivir la Pascua con María. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Maria

Vivir la Pascua con María.

Autor:
Hna. Marta Biodone HMA.
Fuente: www.radiomaria.org.ar

PASCUA es, para el cristiano, la profunda certeza de la cercanía de Dios y su intervención en la historia de la humanidad.

Nuestro Dios es un Dios tan próximo que se hace uno de nosotros tomando su humanidad de las entrañas purísimas de MARÍA.

María, que fue asociada profundamente a la obra salvadora de Dios continúa en la historia su Misión de intercesora, medianera y co-redentora.
Ella nos lleva a Jesús porque es la primera evangelizadora que con su acción y su intercesión nos acompaña en nuestro camino de Fe.

María escuchó la voz de Dios y pronunció un sí generoso y fiel, Ella nos ayuda también a nosotros a abrirnos a la acción de Dios en nuestra vida. El sabe lo que nos hace falta, sabe de nuestras luchas, de nuestros esfuerzos para ser mejores, solamente El conoce a fondo nuestro corazón y por eso solamente El puede comprendernos en profundidad. El nos dirige su Palabra que es para nosotros, como lo fue para María, alegría, gozo y paz.

Cuántas palabras vacías escuchamos y pronunciamos cada día, qué bueno sería si hiciéramos un poco de silencio, como Ella, para escucharlo a El. A veces tenemos miedo al silencio, tal vez porque tenemos miedo de encontrarnos con nuestra propia verdad o con nuestro vacío interior.
Pidamos a María, en esta Pascua, nos ayude a transitar este camino espiritual. Ella no le tuvo miedo a Dios y a su Proyecto, le dio su sí, se arrojó en sus brazos, se abandonó, se confió, se dejó invadir por su Misterio y aceptó todos los riesgos que ese Misterio le exigía. Ella amó sin medida, pero también se dejó amar, fue dócil a su acción y así Dios pudo realizar en Ella "grandes cosas".

Oración:

"Jesús Resucitado, en esta Pascua ponemos en tus manos nuestra vida, nuestros deseos más profundos, nuestros miedos, nuestras inseguridades todo te lo ofrecemos por medio de María.
Ayúdanos a abandonarnos, como Ella, a confiar como Ella, a entregarnos, como Ella. Danos un corazón como Ella para que nos llene de pureza, para que nos limpie y nos sane, para que nos enseñe a orar, a esperar, a sufrir.

María, Madre de nuestras esperanzas, Reina de nuestra vida, Señora de nuestros anhelos profundos, a Ti venimos confiados, porque estamos seguros de tu amor de Madre, porque sabemos con certeza que jamás nos abandonarás. En tus manos ponemos nuestras preocupaciones, nuestras cruces, nuestras angustias, nuestras alegrías.
Te encomendamos a todos los seres que amamos y por quienes queremos rogar ahora; nuestros familiares, nuestros amigos y también nuestros enemigos. Tenemos la plena seguridad que Tu escucharás nuestras súplicas y desde ya creemos firmemente en que todo lo que pedimos a Jesús por tu mediación El nos lo concederá. Gracias Madre por tu Amor !

Amén

 
Cuaresma, el camino de María hacia la Pascua. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

 

Cuaresma, el camino de María hacia la Pascua.

Autor:

Fuente: www.cenacat.org

Durante el tiempo de Cuaresma, los fieles se preparan a celebrar santamente la Pascua, escuchando asiduamente la Palabra de Dios, dedicándose a la oración y a las obras de caridad y penitencia, renovando la memoria de su propio bautismo y siguiendo a Cristo por el camino de la cruz. En esta peregrinación pascual, las celebraciones litúrgicas cuaresmales, proponen a la Virgen María como modelo del discípulo que escucha con fidelidad la Palabra de Dios y siguiendo de cerca las huellas de Cristo, se encamina con decisión hacia el calvario para morir con Él (cf. Lc 9,51; Jn 11,16; 2 Tim 2,11) María sigue a su Hijo. Ella hace su propia peregrinación en la fe, que la lleva a la cruz.

Es todo un itinerario pascual. Hay una comunión entre ella y su Hijo. Ella es la perfecta discípula (cf. Lc 2,19.51;11,27-28), lo sigue y en comunión de fe y de amor maternal, con la sensibilidad propia de una madre, que lleva en el corazón “la palabra de la espada” acerca de la suerte de su Hijo (Lc 2,34-35), en los acontecimientos de Jesús que se orientan hacia el desenlace pascual, allí está María. Es todo un itinerario de fe, en las noches oscuras y en los días luminosos de la misma.

María es discípula, seguidora, caminante y peregrina de la fe, que va marcando el paso de la fidelidad y de la novedad de Cristo a todo el Pueblo de Dios que encamina sus pasos hacia la Pascua, guiado por Cristo, maestro y modelo de la humanidad.

 
María en el Tiempo de Cuaresma. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

María en el Tiempo de Cuaresma.

Autor:
Fuente:
elalfaylaomega-elprograma.blogspot.com

La liturgia nos presenta en este tiempo a la Virgen como modelo de creyente que medita y escucha la Palabra de Dios. Observamos a María, obediente a la voluntad del Padre, ella camina también hacia la cruz. Ha sido vista así por la tradición cristiana muy cerca a la cruz. Es verdad que existe un ropaje que nos dificulta ver a María como creyente obediente al Padre, creyente que hace también un camino de fe y de subida a Jerusalén.

La presencia de las procesiones cuaresmales, la presencia de María en esas procesiones, con tanta fuerza, responde a una teología válida: María sentida y celebrada como creyente fiel, como compañera privilegiada del Hijo que se entrega.

En el camino cuaresmal, la figura de María aparece con sobriedad, con discreción, con sigilo, casi de puntillas. El centro de la cuaresma es la profesión bautismal y los compromisos que ella supone. En definitiva, el centro cuaresmal es la preparación a la pascua. En el camino, como una más, pero como creyente significativa, está María. No es un adorno cuaresmal. Es un modelo. Ella ha recorrido también ese camino. Como lo recorrió su Hijo, como lo tiene que recorrer cualquiera que sea seguidor de Cristo.

La nota característica de la cuaresma es el discipulado. Quien sigue a Jesús es el que escucha su palabra y la pone en práctica. En este sentido María se presenta como la discípula del Señor. Ella tuvo que pasar de ser madre biológica a ser madre creyente y fiel. La devoción a María no es un puro grito del alma o del sentimiento del creyente. Es la admiración de la obra de Dios en María, la llena de gracia.

Juan nos presenta a María como compañera junto a la cruz del Señor. Ausente, silenciosa y silenciada durante el ministerio público de Jesús, aparece en el momento cumbre de la cruz. Cumple así lo que el Hijo había anunciado: “el que quiera ser mi discípulo de verdad, que cargue con su cruz y me siga; y donde yo esté, estará él”.
Celebrando a María, celebramos el misterio de la salvación. Por ello la Cuaresma es también tiempo oportuno para crecer en nuestro amor filial a Aquella que al pie de la Cruz nos entregó a su Hijo, y se entregó Ella misma con Él, por nuestra salvación. Este amor filial lo podemos expresar durante la Cuaresma impulsando ciertas devociones marianas propias de este tiempo: “Los siete dolores de Santa María Virgen”; la devoción a “Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores” (cuya memoria litúrgico se puede celebrar el viernes de la V semana de Cuaresma; y el rezo del Santo Rosario, especialmente los misterios de dolor.

 
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