Analisis.

Apoyanos con un clik1.

Di no a la pornografía. Un video impactador.



Get the Flash Player to see this player.

time2online Joomla Extensions: Simple Video Flash Player Module
Maria
María, madre de todos nosotros, fuego del hogar. PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 1
MaloBueno 
Reflexiones - Maria

 

María, madre de todos nosotros, fuego del hogar.

Autor:
Padre Pedro Hernández Lomana, C.M.F.   
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Ahora me toca hablar de Maria, nuestra madre, y estoy seguro de que Ella, sigue nuestras andanzas, en la idea de ayudarlas a madurar, y de llevarlas a su término. Porque no me cabe la menor duda de que si ella hubiera presidido, desde el corazón de cada uno de nuestros matrimonios , y de nuestros hogares, la vida de sus hombres, ahora mismo esta sociedad sería un poco diferente. No lo dudo.

Y es que nuestro Cristianismo resuma belleza, por todas partes, y para que no faltara nada, el Señor quiso hacerse de una madre humana, que a pesar de los pocos documentos que sobre ella tenemos, hay que decir que son suficientes para hacernos ver también, lo que el Señor, su Hijo, pedía de nosotros, en la continuación de su iglesia con respecto a ella. Justamente, en el momento más difícil para Jesús a punto ya de dar su vida al Padre para la salvación de todos nosotros, se dirige al discípulo amado, al fiel en todo momento hasta el final, y le dice: ahí tienes a tu ... y a ella, ahí tienes a tu hijo. Y esto es todo, pero bien claro, en verdad, a la hora de interpretar cual sería el papel de la Virgen, en el futuro de la Iglesia y de la humanidad. También el de los hijos, con respecto a ella, su madre.

Lo que Jesús quiere definitivamente, es que ella sea nuestra Madre. Y en nosotros está, a fuer de hombres de palabra y actitud, como la del discípulo amado, responsablemente humana, aceptar ese don que Jesús nos hace. Y así, como un don, a los hombres, la ha acogido la Iglesia y el mundo católico, agradecido a la inigualable atención de Jesús, que, en todo momento, piensa en nuestras mayores necesidades y las cubre, con su elección personal.

Y es que María ha sido siempre el apoyo, el consuelo de todos los que porque en ella creen, y en ella se apoyan, han podido experimentar, al vuelo de su cariño cumplido, todo el mundo de sus deseos, en el camino de sus andanzas humanas, a no dudar lo, a ratos, bien difíciles.

Hoy, nuestras vidas denotan, por sus faltas sobre todo, la necesidad de esta Madre que nos haría ver la coherencia de nuestra fe en muchos momentos en que acudimos a cualquier remedio, olvidando el lógico de nuestra experiencia cristiana. María tuvo momentos sumamente críticos y difíciles, de confusión y duda y hasta soledad, en los que con su prudencia arropada por la fe y su visión de futuro habla o calla, con la confianza y seguridad que le da siempre el saberse unida a su Hijo, para saber a qué atenerse. Yo diría que lo que menos piensa es en sí misma, pero poco a poco va tejiendo en el nudo de sus propias experiencias más íntimas, el camino para el que la ha escogido su Padre celestial. Cuando, sorprendida por el encuentro del niño perdido en el templo, le dice: ¿por qué has hecho esto con nosotros?, sin duda, no esperaba la respuesta que se encontró, y estoy seguro, el niño no quiso ofenderla, pero de hecho, esta respuesta va al corazón de su misterioso ser, y de momento la perturba, porque hubiera esperado otra respuesta mas normal al ser de los demás niños, y aquella, en cambio, la deja sin palabra, en la seguridad que tiene de que el tiempo está con ella, y que en él aprenderá el significado de aquellas, por ahora, tan ocultas verdades: ¿“no sabías que tenía que dedicarme a las cosas de mi Padre”?

No, mis queridos lectores y hermanos, la verdad es, que la vida de María, tuvo de todo, menos de sencilla y fácil. Fue sufrida y dolorosa. A nosotros se nos hubiera ocurrido darle al niño, un sermón de palabras subidas que le romperían la paz y la aspiración a más, al mismo niño, y a la madre o el padre, o palabras como estas, que nos parecerían normales, del todo: ¿no sabes que tienes que respetar a tus padres? Pero ella, con su silencio hizo mucho mejor que eso, porque entre la fe en que su Hijo era Dios, que en estos momentos le atormentara, porque en cada paso de su vida lo comprendía mejor, y la incomprensión de algo, tan normal al Hijo del Espíritu Santo, que se dedicara a las cosas de su Padre, se creaba un espacio, en María, de adoración interior y aceptación meditada de aquella palabra que, ya hacía algunos años, había dicho al ángel: “hágase en mí según tu voluntad” y que desde entonces la había convertido, nada más y nada menos, que en Madre de Dios, gozosamente vivido, en la esperanza de una fe, cada día más fecunda y creadora.

María es nuestra madre, qué duda cabe, y debemos reconocerlo, pero de alguna manera, tenemos que aceptar que nos falta el esfuerzo que ella puso, incluso, para aceptarnos como hijos. Y entonces, la vergüenza, nos debe llevar a la conclusión de que tenemos que cambiar nuestra manera de ser, y empezar a sentirnos de verdad hijos de María, nuestra madre. No nos arrepentiremos de proclamarla nuestra Madre. Porque ella sabrá estar a nuestro lado en todos los momentos, fáciles, y no tan fáciles. San Bernardo decía, que jamás se ha encomendado alguien a esta dulce Señora, sin que haya sido socorrido. También debemos tomar el N. T. en nuestras manos y meditar con calma, cada una de las palabras que salen de su boca, pero sobre todo su actitud en cada caso, siempre admirable. ¡Estaba!,... nos dice el evangelio. Ved las bodas de Caná de Galilea, ella era una invitada, que no tenía que ver directamente en la administración de la boda de que se trataba, y ved cómo lo resuelve: haced lo que El os diga, y el vino nunca fue mejor. Ella sabía estar. Pero, en realidad, estamos hablando de una cosa, hasta cierto punto, trivial, pues le dijo Jesús a ella, y esto qué nos va a ti y a mí, y Cristo hizo el milagro.

Claro, es cierto que todo se hizo para que nosotros aprendiéramos. Por ende debemos pedirla en nuestras necesidades todas, ella es nuestra Madre, y basta. Cuando uno estudia la primitiva Iglesia nos damos cuenta del silencio con que Maria obra, pero esto no empecé el amor que la Iglesia le tiene, y prueba de ella es como se habla de María en los evangelios. Cuando la comunidad siente que se debe escribir la historia de Jesús, porque hay miedo de que la palabra sola acabe por desfigurarla, allí tiene que aparecer su Madre. Qué bello, que nuestros hermanos protestantes, vayan volviendo al amor de esta madre que habían abandonado...siento una verdadera alegría por esta vuelta. Y también, me parece, su silencio ha hablado profundamente, a pesar de todo, en nuestros días, qué duda cabe.

En el cenáculo, después de la resurrección, ella estaba con ellos. Simplemente su presencia hace el milagro de la sencilla humildad de esta Madre. Y recibe el Espíritu Santo con ellos, y en la soledad de su casa, donde fuera, ella era la Madre de la Iglesia que nacía. Esa presencia de su Jesús, de que nos habla Marcel, la habitaba, y la hace madre eternamente. Y su presencia era necesaria a esta Iglesia, sobre todo, en los primeros momentos de este difícil tarea de empezar. Después, su Hijo se la llevó al cielo, sin permitir que la corrupción debilitase o enfermase, ese cuerpo que hizo hombre al hijo de Dios.

Qué gran Madre tenemos. ¿Verdad?...Vamos a hacerla grande en nuestro corazón también, en el corazón de nuestros hogares, que sea el fuego que queme nuestras fibras hogareñas, y vamos a tratar de vivir esas experiencias, que ella nos deja, como posible realidad, a toda creatura amada por Dios.

 
El Nombre de María es dado a Nuestra Señora por Santa Ana su madre. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

El Nombre de María es dado a Nuestra Señora por Santa Ana su madre.

Autor:
Fuente: puntadasmarianas.blogspot.mx

Para los hebreos el nombre no era un simple apelativo; estaba íntimamente ligado a la persona. Por ello usaban nombres que describirían la personalidad, el carácter; así, era muy usada la expresión "su nombre será tal" cuando se quería designar una misión o carácter especial al niño por nacer.

María es un nombre conocido en el Tanaj o Antiguo Testamento por haber sido nombre de la hermana de Moisés y Aarón,4 originalmente escrito como Miryām.

La versión de los Setenta lo menciona como Mariám (Mαριαμ); el cambio en la primera vocal refleja la pronunciación corriente, la del arameo que se hablaba en Palestina antes del nacimiento de Cristo.

Al igual que con los nombres de Moisés y Aarón, que fueron tomados con sumo respeto, el de María no se usó más como nombre común, pero la actitud cambió con el tiempo y fueron puestos como señal de esperanza por la era mesiánica.

En el texto griego del Nuevo Testamento, en la versión de los Setenta, el nombre usado era Mariám.5

María sería probablemente la forma helenizada de la palabra.
Aunque en la Edad Media se le buscó significados más piadosos que exactos, bajo los actuales descubrimientos arqueológicos, "Alteza" o "Ensalzada" son los significados más cercanos al nombre de origen hebreo.

María es asimismo conocida como "Estrella de los Mares" o "Estrella del Mar" (Stella Maris). Dicho nombre procede de la interpretación de un pasaje del Antiguo Testamento, del primer Libro de los Reyes 18:41-45.

Según costumbre de los judíos, ocho días después del nacimiento de la Virgen, sus padres le impusieron el nombre de María. La liturgia, que ha fijado algunos días después de la Navidad la fiesta del santo nombre de Jesús, ha querido instituir también la fiesta del santo nombre de María poco después de su Natividad.

El nombre hebreo de María, en latín Domina, significa Señora o Soberana; y eso es ella en realidad por la autoridad misma de su Hijo, soberano Señor de todo el universo. Gocémonos en llamar a María Nuestra Señora, como llamamos a Jesús Nuestro Señor; pronunciar su nombre es afirmar su poder, implorar su ayuda y ponernos bajo su maternal protección


VISIÓN DE LA BEATA CATALINA EMMERICH.

Hoy vi una gran fiesta en casa de Ana. Los muebles habían sido cambiados de lugar y puestos a un lado en las habitaciones del frente. Los tabiques de juncos, que formaban habitaciones separadas, habían sido quitados para poder disponer una gran mesa. En torno de la sala vi una mesa amplia, baja, llena de platos y fuentes para la comida.

En el centro se había levantado un altar cubierto con un paño rojo y blanco, sobre el cual había una cunita también de rojo y blanco y una colcha celeste. Al lado del altar había un atril cubierto, con rollos de pergamino conteniendo oraciones. Delante del altar había cinco sacerdotes de Nazaret con vestimentas de ceremonias. Joaquín estaba con ellos. En el fondo, en torno del altar, había mujeres y hombres, parientes de Joaquín, todos con trajes de fiesta.

Recuerdo a la hermana de Ana, Maraha de Séforis y a su hija mayor. Santa Ana había dejado el lecho; pero no asistió a la ceremonia, quedándose en la habitación, detrás del hogar.

Enue, la hermana de Isabel, trajo a la pequeña María, poniéndola en brazos de Joaquín. Los sacerdotes se colocaron delante del altar, cerca de los rollos y recitaron en alta voz las oraciones.

Joaquín entregó a la niña al principal de ellos, el cual alzándola en el aire, mientras rezaba, como para ofrecerla a Dios, la dejó luego en su cuna, sobre el altar. Tomó después unas tijeras de forma particular, con las cuales cortó tres pequeñas guedejas de cabello a ambos lados de la cabeza y la frente de la criatura, quemándolas en el brasero. Tomó luego una caja que contenía aceite y ungió los cinco sentidos de la niña, tocándole con el pulgar las orejas, los ojos, la nariz, la boca y el hueco del estómago.

Sobre el pecho de la criatura colocó un pergamino donde estaba escrito el nombre de María. Luego se cantaron salmos y se sirvió la comida, la cual no pude ver.
Varias semanas después del nacimiento de María, vi a Joaquín y a Ana que iban con la Niña al templo para ofrecer un sacrificio. La presentaron al templo con vivos sentimientos de piedad y agradeciendo a Dios de un modo parecido a lo que más tarde hizo la Virgen Santísima cuando presentó al Niño Jesús y lo rescató del templo, según las prescripciones de la ley.

Al día siguiente entregaron su ofrenda, prometiendo consagrar la niña a Dios en el templo dentro de algunos años. Después volvieron a Jerusalén.

 
La Virgen me ha salvado. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

La Virgen me ha salvado.

Autor:
Claudio De Castro.
Fuente:

Me has preguntado por la Virgen.  Ha estado presente en mi vida desde que tengo recuerdos.  Crecí escuchando esta bella oración de Sor María Romero:

“Pon tu mano Madre mía, ponla antes que la mía… Virgen María Auxiliadora, triunfe tu poder y misericordia, apártame del maligno y de todo mal y escóndeme bajo tu manto”.

Mi mamá me la enseño.  La rezo en cada momento de dificultad.

También tengo presente a mi abuela en Costa Rica, rezando el Rosario cada tarde, antes de tomar su café con panecillos recién horneados.

A veces me da por mirar un cuadro de la Virgen que tengo en casa. Parece que Ella me dice: “¿Ves cómo te ama mi hijo?” Le sonrío y respondo: “Yo también lo quiero mucho”. Y nos quedamos como sumergidos en la oración que brota del alma.

Recuerdo cierto día en un almacén por departamentos haber visto algo curioso. El encargado de jardinería, el Señor Martínez, acomodaba unas latas. Entonces se detuvo y lo vi mascullando algunas palabras con los ojos cerrados.

Otro vendedor me vio mientras lo observaba y se me acercó:
— Está rezando—dijo en voz baja—. Lo hace cada hora.

Me acerqué con curiosidad y le pregunté: — ¿Qué haces?

— Rezo un Avemaría  —me dijo con sencillez —. Así saludo a la Virgen.

Pocas veces he visto una confianza tan profunda y enriquecedora.

Una vez leí sobre un niño enfermo que fue al san­tuario de Lourdes. Pasó el Santísimo en procesión frente a su camilla, pero nada ocurrió. Regresó el sacerdote y cuando pasaba el niño gritó: “Jesús, si no me curas se lo diré a tu Madre”. Al instante quedó curado.

También escuché esta historia a un sacerdote. Muchos años atrás en Lourdes unos jóvenes decidieron desenmascarar lo que consideraban “el fraude de la iglesia”.  Querían burlarse del Santísimo Sacra­mento y de las apariciones Marianas.

Llegaron a Lourdes y contrataron a un ciego de nacimiento, para que los ayuda­ra. La idea era llevar al ciego con ellos y cuando pasara el Santísimo armarían una gran alga­rabía.

Llegado el día hicieron según lo planeado.

Pasó el sacerdote, pero no se detuvo. Esperaron impacientes con el ciego a su lado. Regresó el sacerdote y esta vez trazó la señal de la cruz frente a ellos con el Santísimo. Al unísono saltarían para reír y burlarse, pero el ciego se les adelantó.  Algo inesperado ocurrió. Empezó a saltar, agitaba sus manos, se las llevaba a los ojos y gritaba emocionado:

— ¡Puedo ver! ¡Milagro! ¡Puedo ver!

Los jóvenes se dispersaron asustados, sin poder comprender lo acontecido.

Pasaron los años. Uno se casó con una mujer muy piadosa. Ella le daba clases de catecismo a un grupo de niños, los sábados por la mañana. El esposo sentía curiosidad por saber qué que  hacía su esposa con estos niños y  de­cidió  espiarla.

Una mañana la siguió a la Iglesia y se escondió detrás de una columna. Su esposa, mientras tanto, reunía a los niños en el patio interior donde hay una réplica de la gruta de Lourdes. Empezaron a rezar con una gran ternura. Al rato, le cantaron a la Virgen con tanta pureza y cariño que… él se conmovió profundamente y empezó a llorar.

Ese mismo día se confesó y recuperó su paz interior.  La esposa estaba impresionada.  El día siguiente participó devotamente de la Santa Misa y comulgó.

Al terminar la Euca­ristía, se acercó al sacerdote, le estrechó ambas manos, tomándolas con fuerza y exclamó: “¡La Virgen me ha salvado!”

 
La fe de María. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

La fe de María.

Autor:
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
Fuente: caminando-con-maria.org

En todos los relatos evangélicos se deduce la fe de la Santísima Virgen María, sin embargo deseo detenerme en tres importantes capítulos en los cuales se destaca la fe de la Madre de Dios.

MARIA VA A VISITAR A SU PRIMA ISABEL

Cuando María fue a visitar a su prima Isabel, esta le dijo: ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!" (Lc 1,45), En efecto, Isabel, elogia a María, que creyó, por lo que se realizarán en ella los misterios anunciados de parte de Dios. Con ello se exalta la fe de María.

Porque María creyó, ésta fue su grandeza, este es el fundamento de toda su alegría y felicidad, su fe, es decir María, es la Maestra de la fe. María, sin poder explicarse el modo como se iba a realizar el Plan de Dios, lo acepta cuando se le anuncia. María con su fe, hizo que la obra de Dios fuera una realidad.

María es La que ha creído y el acto de fe en el ángel, la constituye en María, Madre de todos los creyentes en Jesús, nuestro Salvador. Esto no fue oculto a Isabel, por eso llama a María, Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? En otras palabras, reconoce a María como la Madre Dios.

Bella enseñanza la de María, ella es feliz, es dichosa, porque ha creído, porque ha aceptado la Palabra de Dios que llegó a su corazón.

EN LAS BODAS DE CANA

Jesús, aún no era conocido por milagro alguno, tampoco el se había presentado como el Mesías, El primer grupo de sus pocos discípulos de ese minuto, fueron invitados a la boda, como compañía de Jesús, algo que la hospitalidad oriental permitía ciertamente.

En las bodas de los pueblos, los menesteres de la cocina y del banquete son atendidos por las hermanas y mujeres familiares o amigas. Es lo que aparece aquí en el caso de María. A ellas incumbe atender a todo esto. El vino es tan esencial en un banquete de bodas en Oriente, que dice el Talmud: “Donde no hay vino, no hay alegría.” Según los escritos de esa época, la duración de las bodas era de siete días si la desposada era virgen, y tres si era viuda. Durando las bodas varios días, los invitados se renuevan. Por que no suponer además, la posibilidad de la llegada de huéspedes inesperados.

Es en este marco en el que se va a desenvolver la escena del milagro de Jesús. La boda debe de llevar ya algunos días de fiesta y banquete. Nuevos comensales han ido llegando en afluencia, tanto que las provisiones calculadas del vino van a faltar. Jesús, como invitado esta ya con ellos en la fiesta. Estando El presente, el vino llegó a faltar, algo esencial para la fiesta y la vergüenza iba a caer sobre aquella familia. Probablemente se debía de estar al fin de las fiestas de boda, cuando en algún aumento imprevisto hizo crítica la situación. Y éste es el momento de la intervención de María, que como amiga invitada de la familia, solidaria y talvez ayudando en los enseres de la cocina, pudo estar informada a tiempo de la situación crítica y antes de que trascendiese a los invitados, discretamente se lo comunica a su Hijo, "No tienen vino".

Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía". El decir “Mujer”, a su madre, esta palabra en labios de Jesús no indicaría desamor o despego, sino solemnidad. Así dice a la cananea: “¡Oh mujer!, grande es tu fe” (Mt 15:28), este término tiene un matiz de ternura. Sin embargo, la respuesta de Jesús es una negativa a la petición de María, por no haber llegado la hora de los milagros. Pero la actitud de María ante su Hijo, por conocer como madre privilegiadamente el corazón de Jesús, llena de confianza, sabe que será escuchada, da la orden a los sirvientes de que hagan cuanto su Hijo les diga.

María, podría haber pensado en una solución mas humana, sin embargo ella se dirige a su Hijo, Jesús aun no ha realizado ningún milagro en público, sin embargo la fe en su hijo es absoluta. Juan Pablo II, en su catequesis “María, modelo y guía en la fe”, escribe: “El milagro responde a la perseverancia de su fe”.

MARIA AL PIE DE LA CRUZ

Relata el Evangelio de san Juan, 19:25-27 “estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaban allí, dijo a la Madre: mujer, he ahí a tu hijo,  luego dijo al discípulo: he ahí a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Este relato, es exclusivo del evangelista Juan, entendemos, que se encuentran allí presentes y de pie junto a la cruz de Cristo, su madre y la hermana de la madre, llamada Maria de Cleofás, además de María Magdalena. Esta escena debe de tener lugar poco antes de morir Cristo. Los soldados tenían que custodiar de cerca a los crucificados, para evitar que los desclavasen. Por eso estaban sentados allí (Mt 27:36). Al principio de la crucifixión, un grupo de piadosas mujeres, entre las que está Magdalena, estaban mirando de lejos (Mc 14:40). Posteriormente, María, con este grupo de mujeres, entre las que está María Magdalena, está de pie junto a la cruz (Jn 19:25). Esto hace suponer que ya debe de llevar mucho tiempo en la cruz y que la muerte se acerca. Fue esto, seguramente, lo que hizo que el centurión (Mc 15:44.45) les permitiese acercarse a la cruz. Ni el pequeño grupo podía hacer nada en favor del moribundo, ante la guardia del centurión, máxime cuando, posiblemente, los primeros síntomas de la agonía comenzaban a acusarse.

Jesucristo mismo, desde lo alto de su cruz, quiso ratificar, por un don simbólico y eficaz, la maternidad espiritual de María con relación a los hombres, cuando pronunció aquellas memorables palabras: mujer, he ahí a tu hijo. En la persona del discípulo predilecto confiaba también toda la cristiandad a la Santísima Virgen.

En el dolor del Calvario, la fe de María permanece intacta, los sucesos dramáticos del momento, son extraordinarios. Maria, al pie de la Cruz, María mantiene una gran valentía, talvez sean los momentos mas duros, sin embargo ella se mantiene de pie, ante esta dura prueba y mantiene absolutamente su fe. Esto es, hasta el fin, ella no dudo que Jesús era Hijo de Dios.

Toda esta demostración de fe,  se confirma luego a María con la resurrección de Cristo.

Que la Santísima Virgen María, viva en sus corazones

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 
María, la Mujer ideal. PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 3
MaloBueno 
Reflexiones - Maria

María, la Mujer ideal.

Autor:
P. Juan Manuel del Río Artículos temáticos
Fuente: www.catequesisenfamilia.org

El Evangelio traza unos cuantos rasgos de María, no muchos, pero sí suficientes para imaginárnosla como LA MUJER IDEAL.

Su historia personal trasciende el tiempo, hasta entrar en la grandeza inconmensurable de Dios, que la ha creado para ocupar un puesto tan inigualable y único en la Historia, tanto de la Creación, como del Mundo, y de la Redención.

Sin ser divina es profundamente humana. Y tan humana, que roza lo divino en el plan de Dios.

María de Nazaret, una muchacha que, como las restantes chicas de Nazaret, tendría sin duda un rostro agraciado y unos ojos de mirada limpia, profunda y radiante, pero que pasaría desapercibida en cuanto a las maravillas que Dios estaba actuando en ella, «ha sido preservada de la herencia del pecado original» (Juan Pablo II, «Redemptoris Mater», 10). Así ha actuado la gracia de Dios en ella.

¿Entendería María el plan que Dios se había trazado, y cómo se realizaba en ella? Posiblemente no. Los caminos de Dios son siempre caminos de fe. Pero también de amor, para los que hace falta una respuesta desde la libertad. Y desde su libertad y entender, responde: «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38).

Pues bien, no solo la gracia de Dios actuando en ella, sin la cual nada hubiera sido posible, sino también su libertad puesta en acción, y con qué fuerza, hacen de María un ser extraordinario.

Como resalta la «Redemptoris Mater»:

—María, la Madre, está en contacto con la verdad de su Hijo únicamente en la fe y por la fe....

—María ha pronunciado este fiat por medio de la fe. Y por medio de la fe se confió a Dios sin reservas... (nº 13).

¿Cómo se imaginaría María a Dios? La óptica de visión de cada quien es personal e intransferible. Nadie da lo que no tiene. Quien está lleno de bondad, transmite bondad; quien está lleno de amor, transmite amor.

En la sinagoga de Nazaret escucharía al rabino hablar de Dios como el «Todopoderoso» (Ex. 6, 3), el «Altísimo» (Gn 14, 18—22), el «Dios justo y salvador» (Is 45, 21), el «Santo» (Ex 15, 11), el que «reina por siempre jamás» (Ex 15, 18).

Pero más allá, o más acá, de todos esos títulos, no por grandilocuentes menos ciertos, María veía desde la sencillez de su corazón lleno de amor. Y desde su amor intuyó y comprendió que Dios es amor, que está con los sencillos. Que estaba en ella. Y que «para Dios no hay nada imposible» (Lc 1, 31—37).

Y así, cuando su Hijo viene al mundo por los caminos teofánicos del Dios que es Amor, puede comprender que aquel niño balbuciente es nada menos que el «Hijo del Altísimo».

Y si ella no se distinguía de las demás mujeres de Nazaret, lo mismo sucedió con su Hijo. Aquel chaval que jugaba con los demás muchachos en las calles terrosas del pueblo, que no se distinguía de los demás, resultó ser, nada menos que, el «Hijo de Dios».

Los caminos de la fe no son evidentes. El misterio se descubre poco a poco, en un proceso de normalidad. Y María siguió este proceso de normalidad. Y que, sin duda, le costó.

Lo entendió un poco más, poco más, porque prácticamente se quedó como antes, aunque «todo lo guardaba en su corazón», aquel día cuando en las fiestas de la Pascua Jesús se «perdió», con toda intención, en el templo. «¿No sabían que yo tenía que estar en la casa de mi Padre? Ellos no comprendieron lo que quería decir» (Lc 2, 41—50). Pero María había acogido, y creído la «palabra de Dios» sobre su hijo, en la anunciación, y escuchado: «Será grande..., Dios le dará el trono de David..., reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin» (Lc 1, 32—33).

Cuando mejor lo entendió debió ser estando al pie de la cruz. Mientras todos se mofaban del Crucificado, ella, silente testigo, comprendió la grandeza de Dios. Y la grandeza de Dios está en ser capaz de llegar, en Cristo, hasta la muerte en cruz.

Esta María, la Madre de Dios, la Inmaculada, la siempre Virgen, sí, pero que tuvo que recorrer los caminos de la fe desde la puesta en acción de su intransferible libertad.

*  *  *

Padre Juan Manuel del Río

Congregación del Santísimo Redentor

 
<< Inicio < Prev 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Próximo > Fin >>

Página 4 de 15

Busca un tema de tu interes:

Encuesta

Te gusta el nuevo site