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Maria
Asunción de María. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

 

Asunción de María.

Autor: Padre Nicolás Schwizer (Suiza-Paraguay)
Fuente:

Todos conocemos el contenido del misterio de la Asunción: María fue llevada al cielo con su cuerpo y con su alma. Ella es el único ser humano a excepción de su Hijo Jesús que está en el cielo con su cuerpo. Esa es la verdad de fe que el Papa Pio XII ha dogmatizado en el año 1950.

Pero, ¿por qué este privilegio? Sabemos que María ha tenido en su cuerpo inmaculado a Cristo, el Hijo de Dios, y le ha dado un cuerpo humano. Y el Hombre Dios está con su cuerpo glorioso en el cielo. Conviene, por eso, que también su Madre participe en esta incorruptibilidad y glorificación del cuerpo. Y así está también Ella con su cuerpo transfigurado en el cielo.

La Asunción es así como la coronación de su vida y nos da una visión más clara de Ella. Es compañera y ayudante de Cristo durante toda su vida: desde la encarnación hasta la cruz, y ahora también lo es en el cielo. Y así participa en el Reino de Cristo y de la Sma. Trinidad.

Por eso es la más poderosa abogada del cielo. Y como está con su cuerpo, está también con su corazón humano, con su corazón maternal. Y porque no solo es la Madre de Cristo, sino también nuestra Madre, entendemos cómo y por qué actúa siempre desde el cielo por nosotros, sus hijos. Y ahora nos preguntamos: ¿qué quiere decirnos Dios por medio de este dogma de la Asunción? La Virgen glorificada en el cielo es un signo de esperanza y de promesa para todos nosotros. En Ella podemos ver prefigurado nuestro propio destino.

La idea de la muerte hace temblar a muchos cristianos. Es natural cierto temor ante lo desconocido, como también el dolor por la separación de una persona querida. Pero para muchos no se trata solo de esto: En el fondo no creen que también nuestros cuerpos resucitarán como el de Cristo. Piensan que después de la muerte llevaremos una especie de vida a medias, como hombres incompletos, como ánimas.

María, en el misterio de su Asunción en cuerpo y alma, nos recuerda que la plenitud del hombre se alcanzará precisamente más allá de la muerte. Recién allá Cristo colmará nuestra alma y nuestro cuerpo de su vida nueva, se alcanzará nuestra liberación definitiva, que incluye la liberación de la muerte. Por eso, sólo Cristo es nuestro verdadero liberador, que nos resucitará a todos.

La Sma. Virgen fue la primera. Ella mereció seguirle a Cristo antes que nadie en su Resurrección, porque como nadie le siguió aquí en la tierra. Por eso, desde el cielo, María nos recuerda también la importancia de esta vida terrenal. Es en nuestra lucha diaria, en medio de este mundo, donde se va conquistando poco a poco nuestra propia Resurrección. Así habrá una continuidad total entre nuestra vida en la tierra y nuestra vida en el cielo.

Podemos preguntarnos también: ¿por qué Dios quiso proclamar este dogma de la Asunción? Me parece que Dios quiso manifestar, en la imagen de la Asunta, la dignidad del cuerpo humano y, muy especialmente, la dignidad del cuerpo de la muerte. Cada mujer nació para ser un reflejo de María, para irradiar esa nobleza y realeza de Ella. Cuando encontramos niñas y mujeres así, nos emocionan, porque son como un recuerdo de María.

Sin embargo, nuestro mundo de hoy se esfuerza por destruir esta imagen noble de la mujer. Trata de reducirla a la simple categoría de instrumento de placer. Basta mirar los quioscos de revistas o la propaganda de las películas, para ver la imagen de mujer que se le vende hoy a la sociedad. No podremos construir una sociedad más cristiana, si no forjamos también un tipo nuevo y digno de mujer, según la imagen de María. El idealismo, la moral y la fecundidad de un pueblo se mantiene o desmorona con sus mujeres.

Queridos hermanos, pidamos a la Asunta que Ella siempre nos recuerde la dignidad y nobleza a que toda mujer está llamada. Con Ella, la mujer revestida del Sol y coronada de estrellas, queremos estar, un día todos juntos en el cielo. Pidámosle, por eso, también que Ella vele maternalmente por cada uno de nosotros y nos conduzca a la Casa del Padre.

Además de madre, ¿es la Virgen María mi abogada del cielo?

 
María Santísima y el amor a Dios Padre. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

 

María Santísima y el amor a Dios Padre.

Autor: Padre Nicolás Schwizer (Suiza-Paraguay)
Fuente:

Al hombre moderno le cuesta la relación con la autoridad, sea la del padre de familia, del gerente, del gobernante, del sacerdote o incluso de Dios. Nuestras experiencias de la autoridad han sido, muchas veces, duras y frus¬trantes. Uno de los grandes problemas del país es la ausencia o la debilidad de sus figuras paternales.

Esta problemática ha llevado a muchos cristianos a desfigurar inconscientemente el Evangelio de Cristo. Se olvidan que el centro de la vida y del mensaje de Jesús es su Padre. La meta del cristiano no es Cristo. Jesús es tan solo “el camino” que conduce al Padre. El amor de Dios Padre que nos acoge y hace hijos suyos, constituye el centro del mensaje evangélico.

Jesús no puede hacer otra cosa que anunciar a su Padre. Porque Él es toda su riqueza, lo que llena su corazón de Hijo. El Padre es la fuente de su ser y de su Vida, fundamento de su alegría y paz. Pero también es el Padre que lo envía, le exige crecer en la entrega, que le pide cargar la Cruz. No es ni abuelo blando ni dictador impla¬cable. Sino plenamente Padre: tierno y fuerte a la vez. Cristo es la imagen visible del Padre. Lo refleja a través de su rostro y de su persona entera, sobre todo en su actitud de Buen Pastor.

María estaba especialmente capacitada para comprender este aspecto del misterio de Jesús. Porque como Madre suya, se sentía compartiendo con el Padre la hermosa tarea de cuidarlo. Por eso se interesaba vivamente en todo lo que Jesús decía sobre Él. Y así iba convirtiéndolo también en el gran TÚ de su vida.

Por eso María posee un carisma especial para acercarnos al Padre, sabe abrirnos su corazón. En toda familia es la madre la que ayuda a los hijos a conocer a su padre. Igual sucede en la Familia de Dios: María nos regala una especial sensibi¬lidad de hijos. Y ésta nos permite descubrir el verdadero rostro del Padre tal como resplandece reflejado en Jesús Buen Pastor.

Al mismo tiempo, la Sma. Virgen es capaz de ayudarnos a superar las dificultades del hombre de hoy frente a la autoridad y la paternidad. Porque María es capaz de educar autoridades y personali¬dades paternales según el modelo de Jesús Buen Pastor.

Ella nos hace comprender que la autoridad no es, en primer lugar, poder de mando, sino de servicio a la vida. Que su tarea es ayudar a madurar y crecer a los que les han sido confiados. Y la autoridad ayuda a crecer en la medida en que estimula y apoya la iniciativa de los otros: con su consejo, su ejemplo, su preocupación personal. Para ello es fundamental que sepa delegar y compartir responsabilidades: porque el hombre crece cuando participa.

María, la “Madre de los vivientes”, es capaz de restaurar el sentido original de la autoridad y paternidad como poder vivificante. Así vuelve a hacernos amable la figura de Dios Padre, nos redescubre el gozo de ser sus hijos amados y posibilita que volvamos a ser hermanos.

De este modo, María hace posible la comunión de amor que vino a establecer Jesús entre los hombres y con el Padre de los cielos. La Virgen quiere ayudarnos a hacernos más hijos y más hermanos, a redescubrir a Dios Padre como modelo de una autoridad que libera, que da vida, que une y ayuda a crecer.

Queridos hermanos, pidámosle por eso a María que nos permita descubrir la alegría de ser hijos del Padre en Cristo, de depender de su amor bondadoso y fuerte. Y que en su corazón paternal podamos reconocer a todos los hombres como nuestros hermanos. Pidámosle también por todos nuestros padres y autoridades – en el hogar, en el trabajo, en el país y en la Iglesia – para que la Virgen les ayude a prestar su servicio paternal según el espíritu y modelo de Dios nuestro Padre.

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María, misionera de la misericordia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

 

María, misionera de la misericordia.

Autor: Mons. Mario De Gasperín Gasperín.
Fuente:

En la Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia, el Papa Francisco manifiesta la intención de enviar, durante la Cuaresma de este Año Santo, “Misioneros de la Misericordia” a toda la Iglesia. Lo hace como “signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios, para que entre en profundidad en la riqueza de este misterio tan fundamental para la fe”. A nadie quiere el Papa que falte un signo de la divina misericordia.

Este mismo año, la providencia divina nos ofrece en la liturgia dominical la lectura del evangelio de san Lucas, llamado precisamente el “evangelio de la misericordia”. Su estructura teológica es el itinerario de la Palabra salvadora de Dios que baja del cielo, llega en el desierto a Juan y de allí resuena por toda Judea; luego reposa en María quien la recibe en su seno por obra del Espíritu Santo. María, portadora de esta Palabra de misericordia, la lleva por las montañas de Judea, saluda y auxilia a Isabel cuyo hijo, el Precursor, salta de gozo al escucharla. Zacarías, destrabada la lengua, canta la misericordia divina bendiciendo a Dios.

En Belén florecerá esta Palabra hecha carne entre los pobres, será presentada por María y José en el Templo de Jerusalén y ofrecida a Dios como presagio de su futuro sacrificio. La espada traspasará su vida hasta el martirio de su hijo en el Calvario. Este gesto lo descifra el Espíritu Santo cuando Simeón proclama al hijo de María “luz de las naciones y gloria de Israel”, presagio kerigmático de su futuro ministerio. Llevó después al Templo a su Hijo, como un peregrino devoto más, y tuvo que recobrarlo, no sin zozobra, como el Hijo del Padre del cielo, en cuyas cosas debía ocuparse. Esta experiencia dolorosa de María nos revela el misterio que esconde su Hijo: Ser hombre y Dios verdadero.

Durante su vida de predicador itinerante, Jesús experimentará la presencia discreta e inseparable de su Madre, acompañada de mujeres servidoras de la Palabra viva y misericordiosa de Dios. Finalmente, asociada a los discípulos de su Hijo, acompañándolos y adoctrinándolos en su escuela de oración, está presente en el cenáculo, implorando el cumplimiento de la promesa del Padre, el don del Espíritu Santo. El Espíritu Santo, que había fecundado su seno bendito, ahora fecunda en el cenáculo el corazón de los discípulos con la fuerza y sabiduría del cielo, para que lleven su testimonio hasta los confines últimos del mundo. Aquí María se convierte en imagen y prefiguración de la Iglesia, en “modelo de la iglesia suplicante”, más aún, en Madre de la Iglesia, como la proclamó el papa Pablo VI al término del Concilio.

María inició con presteza este peregrinaje misionero que se originó en el cielo, descendió a la tierra, pasó de Nazaret a Jerusalén, de Jerusalén a Judea y Samaría y, desde allí, hasta los últimos extremos de la tierra. Es la visión teológica de san Lucas que inicia la gran peregrinación de la misericordia que llamamos historia de la salvación y que ahora nos ofrece la Iglesia.

Los misioneros que anuncia el Papa “serán, sobre todo, signo vivo de cómo el Padre acoge a cuantos están en busca de su perdón”; lo mismo deberán serlo todos los sacerdotes, ministros del perdón de Dios. Sacerdote que no es misericordioso no es apto para este ministerio. Nadie como María ha conocido el misterio de la misericordia divina, la ha experimentado y puede conducirnos a ella. A Ella, Misionera de la Misericordia, encomendamos a nuestros ministros y misioneros.

+ Mario De Gasperín Gasperín

 
¿Te llamas María? 7 rasgos del Santo Nombre de la Virgen explicados por los santos PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Maria

 

¿Te llamas María? 7 rasgos del Santo Nombre de la Virgen explicados por los santos.

Autor:
Fuente: aciprensa.com

A mediados del siglo XVIII los jansenistas empezaron a divulgar que la devoción a la Santísima Virgen era una superstición. San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, salió en defensa de la Madre de Dios y publicó su famoso libro “Las Glorias de María”.

En dicha obra, capítulo X, se leen 7 importantes rasgos del Santo Nombre de María que todo cristiano siempre debe recordar:

1.- Nombre Santo

“El augusto nombre de María, dado a la Madre de Dios, no fue cosa terrenal, ni inventado por la mente humana o elegido por decisión humana, como sucede con todos los demás nombres que se imponen. Este nombre fue elegido por el cielo y se le impuso por divina disposición, como lo atestiguan San Jerónimo, San Epifanio, San Antonino y otros”.

2.- Lleno de dulzura

“El glorioso San Antonio de Papua, reconocía en el nombre de María la misma dulzura que San Bernardo en el nombre de Jesús. ‘El nombre de Jesús’, decía éste; ‘el nombre de María’, decía aquél, ‘es alegría para el corazón, miel en los labios y melodía para el oído de sus devotos’… Se lee en el Cantar de los Cantares que, en la Asunción de María, los ángeles preguntaron por tres veces: ‘¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo? ¿Quién es ésta que va subiendo cual aurora naciente? ¿Quién es ésta que sube del desierto rebosando en delicias?’ (Ct 3, 6; 6, 9; 8, 5)”.

“Pregunta Ricardo de San Lorenzo: ‘¿Por qué los ángeles preguntan tantas veces el nombre de esta Reina?’ Y él mismo responde: ‘Era tan dulce para los ángeles oír pronunciar el nombre de María, que por eso hacen tantas preguntas’. Pero no quiero hablar de esta dulzura sensible, porque no se concede a todos de manera ordinaria; quiero hablar de la dulzura saludable, consuelo, amor, alegría, confianza y fortaleza que da este nombre de María a los que lo pronuncian con fervor”.

3.- Alegra e inspira amor

“Tu nombre, oh Madre de Dios –como dice San Metodio– está lleno de gracias y de bendiciones divinas. De modo que –como dice San Buenaventura– no se puede pronunciar tu nombre sin que aporte alguna gracia al que devotamente lo invoca. Búsquese un corazón empedernido lo más que se pueda imaginar y del todo desesperado; si éste te nombra, oh benignísima Virgen, es tal el poder de tu nombre –dice el Idiota– que él ablandará su dureza, porque eres la que conforta a los pecadores con la esperanza del perdón y de la gracia”.

4.- Da fortaleza

“Los demonios, afirma Tomás de Kempis, temen de tal manera a la Reina del cielo, que al oír su nombre, huyen de aquel que lo nombra como de fuego que los abrasara. La misma Virgen reveló a santa Brígida, que no hay pecador tan frío en el divino amor, que invocando su santo nombre con propósito de convertirse, no consiga que el demonio se aleje de él al instante”.

“Y otra vez le declaró que todos los demonios sienten tal respeto y pavor a su nombre que en cuanto lo oyen pronunciar al punto sueltan al alma que tenían aprisionada entre sus garras. Y así como se alejan de los pecadores los ángeles rebeldes al oír invocar el nombre de María, lo mismo –dijo la Señora a santa Brígida– acuden numerosos los ángeles buenos a las almas justas que devotamente la invocan”.

5.- Promesas de Jesús

“Son maravillosas las gracias prometidas por Jesucristo a los devotos del nombre de María, como lo dio a entender a santa Brígida hablando con su Madre santísima, revelándole que quien invoque el nombre de María con confianza y propósito de la enmienda, recibirá estas gracias especiales: un perfecto dolor de sus pecados, expiarlos cual conviene, la fortaleza para alcanzar la perfección y al fin la gloria del paraíso. Porque, añadió el divino Salvador, son para mí tan dulces y queridas tus palabras, oh María, que no puedo negarte lo que me pides”.

“En suma, llega a decir San Efrén, que el nombre de María es la llave que abre la puerta del cielo a quien lo invoca con devoción”.

6.- Brinda consuelo

“San Camilo de Lelis, recomendaba muy encarecidamente a sus religiosos que ayudasen a los moribundos con frecuencia a invocar los nombres de Jesús y de María como él mismo siempre lo había practicado; y mucho mejor lo practicó consigo mismo en la hora de la muerte, como se refiere en su biografía; repetía con tanta dulzura los nombres, tan amados por él, de Jesús y de María, que inflamaba en amor a todos los que le escuchaban”.

“Y finalmente, con los ojos fijos en aquellas adoradas imágenes, con los brazos en cruz, pronunciando por última vez los dulcísimos nombres de Jesús y de María, expiró el santo con una paz celestial”.

7.- Buena aventura

“Roguemos pues, mi devoto lector, roguemos a Dios nos conceda esta gracia, que en la hora de la muerte, la última palabra que pronunciemos sea el nombre de María, como lo deseaba y pedía San Germán”.

“Concluyamos con esta tierna plegaria de San Buenaventura: ‘Para gloria de tu nombre, cuando mi alma esté para salir de este mundo, ven tú misma a mi encuentro, Señora benditísima, y recíbela’. No desdeñes, oh María –sigamos rezando con el santo– de venir a consolarme con tu dulce presencia. Sé mi escala y camino del paraíso. Concédele la gracia del perdón y del descanso eterno. Y termina el Santo diciendo: ‘Oh María, abogada nuestra, a ti te corresponde defender a tus devotos y tomar a tu cuidado su causa ante el tribunal de Jesucristo’”.

 
María, la historia de la salvación y la Biblia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Maria

María, la historia de la salvación y la Biblia.

Autor:
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Si los evangelios eran sobre todo catequesis de las primeras comunidades cristianas que se fueron construyendo de a poco, ¿no sería posible que la Santísima Virgen hubiera escrito por lo menos los pasajes de la encarnación, el nacimiento y la infancia de Jesús?
En estos tiempos que campea en la Iglesia el minimismo mariano, que podemos rastrearlo desde el Concilio Vaticano II, cuando los padres del concilio querían titular a María como el discípulo principal de Jesús y Pablo VI les “ganó de mano” nombrándola “madre de la Iglesia”, viene bien recordar el papel que jugó seguramente María en la trasmisión de elementos de la vida de su hijo a los Apóstoles.

Se trata algo de obvio que hay pasajes de la narración de los evangelios, en que se habla de la vida de Jesús antes del comienzo de su ministerio, cuya única fuente debería haber sido María.
¿MARÍA ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

En cierto sentido, es obvio que se puede decir “no”. Sin embargo, en otro sentido, podemos afirmar que ella es la única fuente para una parte importante de la Escritura.

¿Por qué?

San Lucas comienza su evangelio diciendo:

“Algunas personas han hecho empeño por ordenar una narración de los acontecimientos que han ocurrido entre nosotros, tal como nos han sido transmitidos por aquellos que fueron los primeros testigos y que después se hicieron servidores de la Palabra. Después de haber investigado cuidadosamente todo desde el principio, también a mí me ha parecido bueno escribir un relato ordenado para ti, ilustre Teófilo. De este modo podrás verificar la solidez de las enseñanzas que has recibido.”
En el segundo capítulo del evangelio de San Mateo, se nos da una cuenta de la huida de los magos y la situación con Herodes. El nivel de detalle supone un conocimiento profundo de la situación.
¿POR QUÉ ESOS ELEMENTOS SON IMPORTANTES?

Las elementos son importantes porque los Evangelios no son novedades teológicas. Son relatos de testigos oculares, relatos teológicos, pero relatos de los testigos de los hechos.

San Lucas compara su tarea con la de los escritores del Antiguo Testamento (“aquellos quienes desde el principio”), como “amante (s) de Dios” (Teófilo) sabría la verdad de las cosas ellos lo han enseñado.
Sin embargo, la pregunta que sigue siendo preguntada  es cómo San Mateo y San Lucas adquirieron sus conocimientos de las narraciones de la infancia de Cristo.
SÓLO HAY DOS OPCIONES: MARÍA O JOSÉ

El problema con San José como fuente es que el tiempo en que los Apóstoles están en escena, José está fuera de la imagen.
No tenemos ninguna evidencia de que José fuera un confidente de los Apóstoles. Sin embargo, tenemos pruebas abundantes de que la Virgen era confidente de los Apóstoles.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE ESTO?

Esto es importante porque nos ayuda a entender el papel de María en la Iglesia.

De la Escritura, por un lado, tenemos la idea de la Virgen María en silencio detrás de las escenas: María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. (Lc 2,19), a ti misma una espada te atravesará el corazón. (Lucas 2:35),

Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga». (Juan 2:5).

Es su solicitud discreta de nuestro Señor a lo largo de su vida, su angustia a los pies de la cruz (Juan 19:23), todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. (Hechos 1:14).

Por otro lado, podemos notar algo que sucede en el fondo de la Escritura que nos da otra perspectiva de la Santísima Virgen.

A diferencia de los evangelios sinópticos, el evangelio de san Juan nos expone más íntimamente a la vida interior de Cristo que cualquiera de los relatos de los otros evangelios.
Por supuesto, sabemos que San Juan era el discípulo amado del Señor, pero ¿quién podría conocer mejor la vida interior de Cristo que su madre?

No es mera coincidencia que la Virgen fuera puesta al cuidado de San Juan, ni tampoco es una mera coincidencia que San Juan desarrolla el misterio de la Encarnación, mejor que cualquier otro (cf. Jn 1) – algo que María ” meditaba en su corazón” por, posiblemente, siete décadas antes de la composición del evangelio de San Juan (ver María Madre de Dios del Beato Papa JPII).
Sin embargo, el principal objetivo de este artículo es que realmente no hay buena explicación para el relato de los primeros 12/13 años de Cristo que no sea la Santísima Virgen.

Durante estos primeros años, podemos suponer que Jesús pasó la mayor parte de su tiempo con María, y debemos hacer una pausa y preguntar por qué no se obtiene más información acerca de Cristo por el lapso de 18 años después de su mayoría de edad judía.

Por otra parte, al comparar la elección de las palabras griegas y la sintaxis en los relatos de la infancia de Lucas, en comparación con otras partes del relato del evangelio de Lucas, su elección de palabras esconde una fuente diferente.

Joachim Jeremias ha demostrado que mientras que la mano de Lucas está en todos los relatos de la infancia, la selección de palabras y vocabulario refleja su dependencia de fuentes anteriores semitas (judías).
Así, mientras algunos de los relatos de la infancia de Lucas están escritos en el estilo y la sintaxis de San Lucas, la mayoría de los relatos de la infancia están escritos en un estilo servil de una fuente que no sigue las convenciones de Lucas.

Esto ha sido subrayado por el hecho de que el trabajo académico en general ha llegado a la conclusión de que el evangelio de San Marcos es la principal fuente de los otros evangelios.

Lucas, en varios lugares, utiliza copiosamente el lenguaje de Marcos y trata de cierta manera el lenguaje de Marcos que se resiste en los relatos de la infancia (por ejemplo, de las 8 veces que Lucas se encuentra con una determinada palabra, él decide cambiar seis veces, y cuando la palabra aparece en los relatos de la infancia se resiste a la sustitución, para Jeremías ver Die Sprache des Lukasevangeliums: Redaktion und Tradition im Nicht-Markusstoff des dritten Evangeliums, para examinar la tradición narrativa del pre evangelio de la infancia ver Birth of the Messiah port Raymond E. Brown y The Gospel According to Luke I-IX por Joseph A. Fitzmyer).
¿PODRÍA SER ESTE PRE-EVANGELIO, DE TRADICIÓN SEMÍTICA, HECHO POR LA VIRGEN MARÍA?

Creo que el sentido común dice “sí”. Evidentemente, el griego está de acuerdo.
En la práctica, debemos considerar el hecho  que una porción de la Escritura está en deuda con el testimonio de María para demostrar su papel central en la vida de la Iglesia primitiva.

No era una madre subrogante, y debemos tomar buena nota de que San Lucas la sigue llamando la Madre de Jesús (Hechos 1:14) después de su ascensión gloriosa!

El hecho de que los Apóstoles – cada uno de ellos a su manera – estaban en deuda con María por su testimonio inspirado e infalible de la vida de Cristo, debería hacer que nos detengamos a considerar su papel central en el desarrollo del Nuevo Testamento.
Piensa en ello. El cántico de María era su oración interior a Dios. ¿Cómo San Lucas podría conocer, que no sea que María de le dijo?

Debemos rechazar la idea, que algunos proponen, que el Magnificat era algún tipo de innovación de Lucas de “el cántico de Ana ” (1 Samuel 2:1-10), sino que era la respuesta adecuada de una niña judía entrenada que se encontró con el ángel del Señor y que había tenido la unión con la tercera persona de la Santísima Trinidad. Ella no sólo se llenó con el Espíritu, sino, literalmente, se llenó con la Palabra encarnada.
Por lo tanto, es evidente que al parecer en la ascensión de nuestro Señor, los Apóstoles consideraron a María, como asiento de la sabiduría, como una guía infalible para penetrar en la realidad de nuestro Señor resucitado.

En la cruz, el Señor dio tres regalos a la Iglesia: su Espíritu, su Cuerpo y Sangre, y su madre.

 
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