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Iglesia
La Ética en la Vida del Cristiano. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

La Ética en la Vida del Cristiano.

Autor: Marcelo López Cambronero.
Fuente:

Desde unas décadas y hasta ahora los folletos y documentos publicitarios de las escuelas, universidades, asociaciones y organizaciones católicas tienden a definir sus objetivos y su “ideario” cuidando de que no aparezca entre líneas ni por un lado ni por otro la palabra “Cristo”. En su lugar escuchamos y leemos “humanismo cristiano”, “valores humanos” y otro tipo de expresiones que seguramente se ajusten más a las ligerezas propias de la contemporaneidad. El problema, sencillamente, es que no es lo mismo.

Hace unos días el Papa Francisco dirigió unas palabras a los participantes en la Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida que se reunían en Roma con motivo de unas jornadas de estudio bajo el lema “Las Virtudes en la Ética de la Vida”. En ellas ha sido claro y rotundo, apostando por distinguir lo que significa la vida cristiana frente a los moralismos que nos intenta imponer el mundo a partir de versiones éticas kantianas, no cristianas.

¡Cuántas veces los preceptos éticos que nos muestran los académicos tienen ese sabor rancio de los inventarios realizados sin amor! Una colección de normas con todos los parabienes racionales, de estructura impoluta y seriedad inmisericorde, pero que olvidan un dato fundamental: Dios nos ha creado para la felicidad y sus mandatos son los consejos de un Padre bueno que nos indica el camino de nuestra plenitud.

Sin Cristo la moral no es más que ideología. En palabras de Francisco: “un corazón que se aparta de Dios cuida solo sus intereses, es capaz de derramar sangre inocente y de cometer violencias”. Cuando doy la espalda a Dios desarrollo una curiosa capacidad para interpretar la ética según mis conveniencias, pasiones y caprichos, mientras sigo pensando que soy el hombre más sensato de la tierra y que estoy lleno de sentido común.

Sin un afecto real por la persona, sin conmoverme por su fragilidad, su sufrimiento y su pecado, no es posible hacer el bien, ni siquiera en aplicación de los más sesudos protocolos éticos. Lo señalaba Dostoievski y sus palabras son hoy decisivas: “si el alma no es inmortal todo está permitido”. Porque todo mi esfuerzo por mejorar, que sin duda será recompensado ya en esta vida, apenas logrará una pizca de progreso si no es acogido, abrazado y estimulado por la Gracia. Sin Cristo nada podemos.

 
Cristianismo pirata. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

Cristianismo pirata.

Autor: Padre Modesto Lule msp (México)
Fuente:

No me gusta ver las noticias que salen en TV abierta. Siempre te dan lo que ellos quieren y casi siempre son noticias perturbadoras. La intención muchas veces es crear morbo y hacer que los telespectadores estén atentos a lo que dicen. Cuando las veo, (no porque yo lo haya decidido) me lleno de tensiones. Violencia y más violencia.

He escuchado personas que los psicólogos les prohíben ver TV para que salgan de la depresión o del estrés que tienen. Habrá cosas que no salen en esos canales y que sin duda son más terroríficas. Tampoco soy de la idea de meter la cabeza en la tierra y pensar que no existe nada de eso. Hay que estar prevenidos para todo y no ser ingenuos. Cuidar lo poco que tenemos y no distraernos cuando salimos a la calle. También ser cuidadosos cuando personas desconocidas tocan a nuestras puertas.

Me preocupa la violencia en un país donde se dice que el 85 % de la población es cristiana. Aquí entran en una mayoría católicos pero también de otras denominaciones. Y si en verdad practicáramos el cristianismo los casi 95 millones de mexicanos de los 120 somos, nuestro país fuera otro. La política, la asistencia social y las familias fueran otras.

No hay que tener miedo a decir que si la sociedad está mal es porque las familias están mal. Las familias son las células de una sociedad y si esta sociedad padece algo camina mal en las familias.

En la Biblia encontramos el pasaje de Lucas 9, 23 que dice: “Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame”. El discípulo se deja instruir, enseñar, pero al mismo tiempo tiene que ir poniendo en práctica lo aprendido. No se puede llamar discípulo aquel que ni siquiera abre el libro donde están las enseñanzas. Hay muchos cristianos católicos que tienen la Biblia de adorno en su casa y otros nunca han tenido ninguna. Y aun así se dicen seguidores de Cristo, es decir cristianos.

La cita bíblica dice que si queremos ser seguidores, discípulos del maestro, debemos olvidarnos de nosotros. Esto equivale a dejar de ser egoístas. Pero el egoísmo es lo que más reina muchas veces en nuestros corazones. La cita dice también que hay que cargar la cruz cada día. Aquí no hay días off, días de descanso. Hoy si, mañana no. Esa cruz hay que cargarla cada día. Esa cruz se puede interpretar como la misión que Dios me ha dado. Habrá personas que si cargan la cruz pero no siguen a Jesucristo. Ese es el otro requisito, cargar la cruz y seguir a Cristo. Nos decimos cristianos pero actuamos como paganos. Es decir como si no aceptáramos a Cristo. Somos cristianos piratas.

El producto pirata ofrece una cosa pero hace otra o lo que dice hacer no lo hace con efectividad. No tiene calidad, no es duradero. Así podemos estar nosotros con nuestra religión.

Quizá por eso ahora anden muchos mexicanos involucrados en el crimen organizado diciendo que también ellos son cristianos. Se dicen cristianos, pero son piratas. Poca evangelización y quizá esa poca es de mala calidad. A lo mejor cuando se enseñó religión se hizo a la fuerza o por obligación y ahora se cosechan los frutos.

¿Estamos realmente viviendo e instruyéndonos en nuestra religión? ¿Enseño a los demás con amor y desde las fuentes? ¿No seré también un cristiano pirata?

ORACIÓN

Señor, permite que pueda tener luces en mi vida para organizar mis tiempos y así buscar el momento para conocer más de lo que nos enseñó Jesucristo en la Biblia. Dame un corazón humilde para captar toda la historia de la salvación que está plasmada en la Biblia. Dame sabiduría para poder compartir eso que sé con los demás y que a su vez quede en sus corazones. Dame la oportunidad de ser un verdadero cristiano.

www.modestolule.com
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El enigma del Papa Francisco. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

 

El enigma del Papa Francisco.

Autor: José Mª Castillo.
Fuente: www.blogs.periodistadigital.com

vísperas del día de San Pedro, viene bien, es conveniente y hasta necesario pensar despacio lo que está ocurriendo con el pontificado del papa Francisco. Este papa es un enigma. Porque es un hombre que produce atracción y rechazo al mismo tiempo. Atrae y seduce a la inmensa mayoría de la población mundial, sobre todo a las gentes populares. Pero, al mismo tiempo, es motivo de rechazo (a veces patente, a veces camuflado) que curiosamente se produce en aquellos grupos humanos que jamás rechazaron a un papa, hombres de Iglesia y gentes importantes de la economía y la política. Que yo sepa o yo recuerde, esto nunca se vio, tal como ahora lo estamos viendo y viviendo. ¿Qué está pasando con este papa y qué estamos viendo en él?

Lo más claro, lo más evidente, es que el papa Bergoglio es un hombre popular. Habla como habla la mayoría de la gente. Y su comportamiento es sencillo y popular. Lo que resulta chocante, puesto que, como bien sabemos, no estábamos acostumbrados a ver un papa hacer y decir las cosas que hace y dice este papa. Esto es evidente y, con todos los matices y precisiones que haya que ponerle a este asunto, la cosa es así.

Pero ocurre que el papa Bergoglio, además de un hombre popular, es también un hombre inquietante. Produce, a veces, intranquilidad, malestar, incluso rechazo y, en no pocos casos, causa decepción. Pero no en todo el mundo, sino en los grupos que ya he in dicado. O sea, entre los importantes de este mundo, especialmente sin son grupos de gente integrista.

Como es lógico, el balance global es positivo. Muy positivo. Y esperanzador. Por la sencilla razón de que los sectores populares, que se sienten identificados con este papa, abarcan un volumen de población inmensamente mayor que cuanto pueden alcanzar los grupos clericales y las gentes de la burguesía integrista que se ponen nerviosos con no pocas cosas que ven y oyen en este sorprendente obispo de Roma.

No pretendo analizar el pensamiento teológico o político de Jorge Mario Bergoglio. Me parece más importante, ahora mismo, indicar brevemente el enigma humano que representa este hombre. ¿Por qué seduce a tanta gente y produce rechazo en algunos (una minoría “selecta”) al mismo tiempo?

Decir que el papa es un hombre popular es tanto como afirmar que en Francisco encuentran acogida y respuesta las gentes que, sobre todo, se sienten necesitadas por motivos de salud, dinero, edad, inseguridad, soledad o abandono. En definitiva, gentes que se ven privadas de derechos que los grupos más selectos disfrutan y en los que se sienten seguros. Por el contrario, es lógico que el papa resulte inquietante para quienes, por su estilo de vida, su posición social y sus apetencias, sienten deseos de poder y seguridad en los privilegios que les pueden garantizar el futuro que anhelan mantener o conquistar. Un ideal de futuro que puede ser apetecido por puro egoísmo; o bien porque es visto como lo mejor para las generaciones venideras.

No es ninguna casualidad que, si todo esto se piensa despacio, pronto se da uno cuenta de que, en el fondo, se advierte un sorprendente parecido entre lo que ahora ocurre con Francisco y lo que, hace dos mil años, sucedió con la vida y las enseñanzas de Jesús según relatan los evangelios. Lo de ahora y lo de entonces coinciden en un curioso paralelismo: a Francisco le está pasando algo que se parece mucho a lo que le pasó a Jesús.

La acogida entusiasta de las masas populares y el rechazo de los grupos selectos del templo y el poder, en el fondo, se parecen más de lo que imaginamos. En última instancia, el Evangelio está presente ahora mismo, como en tiempo de Jesús estaba ya presente y operante la distancia y el conflicto - con todas las variantes que imponen el tiempo y la cultura - que ha existido y sigue existiendo entre las gentes del pueblo y los grupos selectos que, entonces y ahora, fueron y siguen siendo los señores de la tierra.


 
Es feo ver cristianos mundanos. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

Es feo ver cristianos mundanos.

Autor:
Papa Francisco.
Fuente:

“Es feo ver a un cristiano” que quiere “seguir a Jesús y a la mundanidad”. Es la exhortación del Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. En efecto el Pontífice subrayó que en su vida, un cristiano, debe hacer una elección radical, por lo que no puede existir “un cristianismo a medias”, no es posible tener “el cielo y la tierra”.

Pedro pregunta a Jesús qué habrían recibido los discípulos al seguirlo, una pregunta planteada después de que el Señor había dicho al joven rico que vendiera todos sus bienes en favor de los pobres. Francisco desarrolló su homilía a partir de este diálogo que es de gran actualidad.

Un cristiano no puede tener el cielo y la tierra, no hay que apegarse a los bienes

El Santo Padre observó que Jesús responde de una manera diversa de la esperada por los discípulos: no habla de riquezas, sino que en cambio promete la herencia del Reino de los cielos “pero con la persecución y con la cruz”:

“Por esto, cuando un cristiano está apegado a los bienes, hace el papelón de un cristiano que quiere tener las dos cosas: el cielo y la tierra. Es la piedra de toque, precisamente, es esto que dice Jesús: la cruz, las persecuciones. Esto quiere decir negarse a sí mismo, padecer cada día la cruz… Los discípulos tenían esta tentación, de seguir a Jesús pero después ¿Cuál será la recompensa, al final, de este buen negocio? Pensemos en la mamá de Santiago y de Juan, cuando pidió a Jesús un lugar para sus hijos: ‘Ah, a éste me lo haces primer ministro y a éste ministro de economía…’, y surgió el interés mundano de seguir a Jesús”.

Pero después – subrayó Francisco – “el corazón de estos discípulos fue purificado”, en Pentecostés, cuando “entendieron todo”. Y añadió que “la gratuidad en el seguir a Jesús  es la respuesta a la gratuidad del amor y de la salvación que nos da Jesús”. Y cuando “se quiere ir tanto con Jesús como con el mundo, tanto con la pobreza como con la riqueza – dijo – esto es un cristianismo a medias, que quiere una ganancia material. Es el espíritu de la mundanidad”.

Riquezas, vanidad y orgullo nos alejan de Jesús

Aquel cristiano – afirmó el Papa evocando al profeta Elías, “cojea de las dos piernas” porque “no sabe lo que quiere”. Y  añadió que para entender esto es necesario recordar que Jesús nos anuncia que “los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”, es decir “aquel que cree o que es el más grande” se debe convertir en “el servidor, en el más pequeño”:

“Seguir a Jesús desde el punto de vista humano no es un buen negocio: es servir. Lo dijo Él, y si el Señor te da la posibilidad de ser el primero, tú debes comportarte como el último, es decir en el servicio. Y si el Señor te da la posibilidad de tener bienes, tú debes comportarte en el servicio, o sea por  los demás. Son tres cosas, tres escalones que nos alejan de Jesús: las riquezas, la vanidad y el orgullo. Por esto las riquezas son tan peligrosas, porque te llevan inmediatamente a la vanidad y te crees importante. Y cuando te crees importante te la crees y te pierdes”.

Un cristiano mundano es un contra-testimonio

El camino que indica el Señor – dijo también el Papa Bergoglio –  es el del “despojamiento”, como hizo Él: “Quien es el primer de entre ustedes se haga siervo de todos”. Y agregó que a Jesús “este trabajo” con los discípulos “le costó tanto, tanto tiempo, porque no entendían bien”. Y entonces –  dijo –  “también nosotros debemos pedirle: ‘¿Nos enseñas este camino, esta ciencia del servicio? ¿Esta ciencia de la humildad? ¿Esta ciencia de ser los últimos para servir a los hermanos y a las hermanas de la Iglesia?”:

“Es feo ver a un cristiano, independientemente que sea laico, consagrado, sacerdote, obispo, es feo cuando se ve que quiere las dos cosas: seguir a Jesús y los bienes, seguir a Jesús y la mundanidad. Y esto es un contra-testimonio, y aleja a la gente de Jesús. Ahora continuamos la celebración de la Eucaristía pensando en la pregunta de Pedro. ‘hemos dejado todo: ¿cómo nos pagarás?’, y pensando en la respuesta de Jesús. El precio que Él nos dará es la semejanza a Él. Este será el ‘sueldo’. ¡Gran ‘sueldo’, asemejarse a Jesús!”

(María Fernanda Bernasconi - RV).

 
Iglesia católica y pretensión de verdad. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

Iglesia católica y pretensión de verdad.

Autor: Padre Fernando Pascual (Italia.
Fuente:

Muchos ven con sospecha, incluso con temor, a quienes pretenden tener la razón y poseer la verdad. Esa sospecha y ese temor van dirigidos también a la Iglesia católica cuando se autodeclara como fundada por Cristo y como comunidad que contiene toda la verdad revelada.

¿Por qué esas actitudes ante la Iglesia? Los motivos pueden ser muchos. Hay dos que merecen un momento de reflexión.

El primero consiste en ver a la Iglesia como si fuese una religión más en el mundo humano. Es decir, en considerar a la Iglesia como un esfuerzo parcial y contingente, histórico y limitado, de llegar a Dios y de ofrecer un posible camino espiritual y comunitario (entre otros) a quienes deseen adherirse al mismo.

La Iglesia católica, sin embargo, no se considera como una religión hecha por los hombres, sino como una realidad que surge desde el hecho más importante de la historia humana: la venida de Cristo al mundo.

Si Cristo es el Hijo de Dios, y si Cristo fundó a la Iglesia, entonces la propuesta católica no es simplemente una elaboración humana ni una religión hecha por los hombres y para los hombres. Al revés, habría iniciado a existir desde una acción directa de Dios en la historia humana.

Desde luego, para quienes nieguen lo anterior, la Iglesia no sería verdadera. Pero para quien lo acepta, ve a la Iglesia como el camino que posee la verdad y la vida; es decir, como la comunidad fundada por Cristo para ofrecer su Amor salvífico a los hombres.

El segundo motivo de sospecha ante la Iglesia surge desde una idea muy presente en algunos ambientes intelectuales: quienes pretenden poseer la verdad serían, al menos “en potencia”, peligrosos. ¿Cómo surgiría el peligro? Precisamente del hecho de verse a sí mismos como “mejores” respecto de aquellos que no poseen la verdad (los “peores”).

Tal motivo, sin embargo, es autocontradictorio y, además, engañoso. Es autocontradictorio, porque quien afirma que los que dicen poseer la verdad son peligrosos piensa que lo que afirma es verdad… y así él mismo sería peligroso.

Y es engañoso, porque la violencia y el desprecio hacia los demás no nace del hecho de ser católico (o de poseer otras convicciones), sino del tipo de contenidos que uno admite como verdaderos.

Entre los contenidos del auténtico creyente está precisamente el amor al prójimo, el respeto hacia el pecador, el deseo de ayudar a quien necesita luz, fuerza, perdón, misericordia.

La Iglesia católica, en resumen, pretende poseer la verdad no por un deseo de desprecio hacia otros, sino desde un gesto de humildad: lo que cree y defiende viene de Dios, y es para los hombres.

Ese gesto de humildad da la fuerza verdadera de la fe católica, la que hoy como en el pasado atrae suavemente a millones de hombres y mujeres que buscan recibir la ternura de Dios expresada en Cristo. Un Cristo muerto y resucitado, un Cristo vivo y presente, hoy como hace 2000 años, en su Iglesia.

 
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