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Iglesia
Lo esencial a la Iglesia es Evangelizar. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

Lo esencial a la Iglesia es Evangelizar.

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Se hace necesario, con urgencia, que valoremos nuestro ser Iglesia, es decir, que nos sintamos necesarios y personas activas en la evangelización. Jesús nos hace una llamada (Mateo 28,19) a evangelizar a todas las gentes. Esa es nuestra vocación. El Espíritu Santo es quien nos ilumina, fortalece y vivifica para la plena realización de esa misión.

La fe se fortalece dándola (Carta Encíclica Redemptoris Missio 2) Cuando una persona evangeliza hace posible el anuncio gozoso de Jesucristo (kerigma); ayuda a formar y a madurar comunidades cristianas; y realizar una auténtica promoción humana con la vivencia de los valores evangélicos (RM 30) Por eso es tan importante el testimonio, porque nadie da lo que no tiene. De ahí que ese anuncio vaya unido a la conversión para poder uno comprometerse.

El Papa Francisco, para la Jornada Mundial de las Misiones, 20 de octubre, nos dice que la Iglesia no es una organización asistencial (ONG), sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo. Entonces, la fe es un regalo hermoso de Dios que permite que lo podamos conocer y amar. Y además, este regalo es para todos. No para un grupito encerrado.

Es una invitación a salir. Dejar la poltrona cómoda del instalarse para ir en busca de los más lejanos. Todo bautizado tiene el deber de llevar el testimonio, con gozo, de Dios vivo y real. No podemos seguir con la máscara del cristiano que se viste y se desviste cuando le conviene y cuando quiere.

La verdad no violenta la libertad. Ya que, para el Papa hay muchos obstáculos que están dentro de la Iglesia. “siempre debemos tener el valor y la alegría de proponer, con respeto, el encuentro con Cristo, de hacernos heraldos de su Evangelio” El Papa siente que hay mucha debilidad en los cristianos acerca del fervor, la alegría, el coraje, al esperanza en el anuncio de Cristo vivo y real.

Es un mandato de Cristo. Bien lo vimos en el lema de la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil “Vayan y hagan discípulos a todos” (Mateo 28,19) Jesús nos ha confiado esa misión, pero a todos. Y hay que hacerlo con alegría (Filipenses 4,4) sin olvidar que hay que hacerlo con la Iglesia, nunca sin ella.

No nos debe mover el miedo. Mucho menos la competencia frente a las sectas protestantes o el laicismo que olvida y es indiferente ante Dios. Nada de eso. Se hace necesaria una Nueva Evangelización centrada en la esperanza, reconciliación y comunión. Es Nueva por lo fresco y constante del amor de Dios que vence oscuridad para que se encuentre la senda del bien. Es Evangelización porque desde el Vaticano II, en la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, que dice: «Cristo es la luz de los pueblos” se ha tomado conciencia clara que todos tenemos que llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad» (Evangelii Nuntianti. Del Papa Pablo VI)

Nunca cerrarnos. Hacerlo es perder el buen olor de Dios. Nuestra esperanza está en el Espíritu Santo, protagonista de la misión, que nos lleva a un compromiso efectivo en la evangelización universal. No sólo se busca ser misionero, sino ayudar a que otros sean misioneros.

Contamos con la Santísima Trinidad. Recordando que no se trata de una fe en un Dios solitario, sino en un Dios-Amor trinitario. El Padre que engendra al Hijo. El Padre que a través del Hijo da vida al Espíritu Santo. Y desde aquí envía a sus discípulos el día de Pentecostés.

Esta presencia amorosa de Dios nos marca una ruta: el que ha sido evangelizado evangeliza a su vez,  de forma personal y comunitaria. Hay que despertar en esa relación íntima con Dios para hacer sentir a los demás la presencia de Dios y su amor misericordioso.

Que no se nos olvide que la Iglesia, cualquier Iglesia, o es misionera, o no es la Iglesia de Cristo, y que, precisamente, desde esa conciencia clara de la misión en donde nos vamos a edificar todos. Sin olvidar que esa Iglesia debe beber siempre, a tiempo y destiempo, de la Palabra de Dios (Biblia)

Es la hora: salgamos a la calle en busca de los más lejanos para llevarlos a Cristo Vida plena para todos los hombres.

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La Iglesia es mujer y madre. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

La Iglesia es mujer y madre.

Autor:
Papa Francisco.
Fuente: Zenit.org

En los 25 de la carta apostólica Mulieris Dignitatem. No reducir la mujer a un papel social, o hacerle cubrir roles masculinos que le quitan su característica femenina

Un documento histórico- indicó el santo padre-- el primero del magisterio pontificio, dedicado enteramente al tema de la mujer” La mujer es mujer y madre. Lo recordó hoy el papa Francisco al recibir esta mañana en la Sala Clementina a los participantes del seminario de estudio promovido por el Pontificio Consejo de los Laicos, en ocasión de 25 aniversario de la Mulieris dignitatem de Juan Pablo II.

El santo padre reiteró que a través de la maternidad, Dios le confió a la mujer 'el ser humano, en una manera totalmente especial'. Y el hecho que la mujer “concibe, lleva en su vientre y da a luz a los hijos” y esto “no es simplemente un dato biológico, pero comporta una riqueza de implicaciones, sea para la misma mujer, por su modo de ser, por su relaciones, por el modo en el cual se pone delante vida humana y a la vida en general”.

Entretanto el papa puso en guardia delante del riesgo de reducir tal dimensión a un simple 'rol social' y de 'promover una especie de emancipación que al ocupar los espacios sustraídos a los hombres, abandona lo femenino”.

Porque la mujer –indicó Francisco-- conserva “'una sensibilidad particular por las cosas de Dios, especialmente porque nos ayuda a entender la misericordia, la ternura y el amor que Dios tiene por nosotros”. “Yo sufro, y lo digo de verdad, cuando veo en la Iglesia o en algunas organizaciones eclesiales que el rol de servicio de la mujer” se desliza “hacia un rol de servidumbre” indicó el santo padre.

Y también por esto, concluyó “su presencia en la Iglesia tiene que ser valorizada mayormente, evitando en particular de transformar su 'rol de servicio' en una tarea 'servil'”.

Francisco a la Virgen de Fátima: 'María, te damos gracias por tu fe'
Homilía del papa en la Jornada Mariana del Año de la Fe. Todos los nudos de la conciencia pueden desatarse. Pido a María que me ayude a tener confianza en la misericordia de Dios.

 
La Iglesia es nuestra Madre y todos somos parte de Ella. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

La Iglesia es nuestra Madre y todos somos parte de Ella.

Autor:
Francisco papa
Fuente: zenit.org

Texto completo de la audiencia del santo padre. Amar a la Iglesia. ¿Qué hago yo para que otros puedan compartir la fe cristiana? ¿Soy fecundo en mi fe o cerrado?

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Retomamos hoy las catequesis sobre la Iglesia en este "Año de la fe". Entre las imágenes que el Concilio Vaticano II ha elegido para hacernos entender mejor la naturaleza de la Iglesia, está la de "madre": la Iglesia es nuestra madre en la fe, en la vida sobrenatural (cfr. Cost. dogm. Lumen gentium, 6.14.15.41.42). Es una de las imágenes más usadas por los Padres de la Iglesia en los primeros siglos y creo que pueda ser útil también para nosotros. Para mí es una de las imágenes más bellas de la Iglesia: ¡la Iglesia madre! ¿En qué sentido y en qué forma la Iglesia es madre? Partamos de la realidad humana de la maternidad: ¿qué hace una madre?

1. En primer lugar una madre genera la vida, lleva en su vientre durante nueve meses al propio hijo y después lo abre a la vida, generándolo. Así es la Iglesia: nos genera en la fe, por obra del Espíritu Santo que la hace fecunda, como la Virgen María. La Iglesia y la Virgen María son madres, ambas; ¡lo que se dice de la Iglesia se puede decir también de la Virgen y lo que se dice de la Virgen se puede decir también de la Iglesia! Cierto la fe es un acto personal: "yo creo", yo personalmente respondo a Dios que se hace conocer y quiere entrar en amistad conmigo (cfr Enc. Lumen fidei, n. 39). Pero la fe yo la recibo de otros, en una familia, en una comunidad que me enseña a decir "yo creo", "nosotros creemos". ¡Un cristiano no es una isla! Nosotros no nos hacemos cristianos en laboratorio, solos y con nuestras fuerzas, sino que la fe es un don de Dios que nos viene dado por la Iglesia a través de la Iglesia. Y la Iglesia nos da la vida de fe en la bautismo: ese es el momento en que nos hace nacer como hijos de Dios, el momento en el que nos dona la vida de Dios, nos genera como madre.

Si ustedes van al Batisterio de San Juan de Letrán, dentro hay una inscripción en latín que dice más o menos así: "Aquí nace un pueblo de estirpe divina, generado por el Espíritu Santo que fecunda estas aguas, la Madre Iglesia da a luz a sus hijos en estas olas". Esto nos hace entender algo importante: nuestro formar parte de la Iglesia no es un hecho exterior y formal, no es rellenar una carta que nos dan, sino que es un acto interior y vital: no se pertenece a la Iglesia como se pertenece a una sociedad, a un partido o a cualquier otra organización. La unión es vital, como la que se tiene con la propia madre, porque, como afirma san Agustín, "la Iglesia es realmente madre de los cristianos" (De moribus Ecclesiae, I,30,62-63: PL 32,1336). Preguntémonos ahora: ¿cómo veo yo la Iglesia? ¿Agradezco también a mis padres porque me han dado la vida, agradezco a la Iglesia porque me ha generado en la fe a través del bautismo? ¿Cuántos cristianos recuerdan la fecha de su bautizo?

Quisiera hacer esta pregunta aquí a vosotros, pero que cada uno responda en su corazón: ¿cuántos de ustedes recuerdan la fecha de su bautizo? Algunos levantan las manos, pero ¡cuantos no la recuerdan! Pero la fecha del bautizo es la fecha de nuestro nacimiento a la Iglesia, ¡la fecha en la que nuestra madre Iglesia nos ha dado a luz! Y ahora os dejo una tarea para casa. Cuando hoy ustedes vuelvan a casa, vayan a buscar bien cuál es la fecha del bautismo, y esto para festejarlo, para dar gracias al Señor por este don ¿Lo harán? ¿Amamos la Iglesia como se ama a la propia madre, sabiendo también comprender sus defectos? Todas las madres tienen defectos, todos tenemos defectos, pero cuando se habla de los defectos de la madre nosotros los cubrimos, los amamos así. Y la Iglesia tiene también sus defectos: ¿la amamos así como a la madre, la ayudamos a ser más bella, más auténtica, más según el Señor? Les dejo estas preguntas, pero no se olviden de la tarea: buscar la fecha del  bautismo para tenerla en el corazón y festejarla.

2. Una madre no se limita a dar la vida, si no que con gran cuidado ayuda a sus hijos a crecer, les da la leche, les alimenta, enseña el camino de la vida, les acompaña siempre con sus atenciones, con su afecto, con su amor, también cuando son mayores. Y en esto sabe también corregir, perdonar, comprender, saber estar cerca en la enfermedad, en el sufrimiento. En una palabra, una buena madre ayuda a los hijos a salir de sí mismos, a no quedarse cómodamente bajo las alas maternas, como una cría de pollo que está bajo las alas de la gallina. La Iglesia como buena madre hace lo mismo: acompaña nuestro crecimiento transmitiendo la Palabra de Dios, que es una luz que nos indica el camino de la vida cristiana; administrando los sacramentos. Nos alimenta con la eucaristía, nos lleva el perdón de Dios a través del sacramento de la reconciliación, nos sostiene en el momento de la enfermedad con la unción de enfermos. La Iglesia nos acompaña en toda nuestra vida de fe, en toda nuestra vida cristiana. Podemos hacernos entonces otras preguntas: ¿qué relación tengo con la Iglesia? ¿La siento como madre que me ayuda a crecer como cristiano? ¿Participo en la vida de la Iglesia, me siento parte de ella? ¿Mi relación es formal o es vital?

3. Un tercer breve pensamiento. En los primeros siglos de la Iglesia, estaba bien clara una realidad: la Iglesia, mientras es madre de los cristianos, mientras "hace" los cristianos, está también "hecha" de ellos. La Iglesia no es algo distinto de nosotros mismos, pero vista como la totalidad de los creyentes, como el "nosotros" de los cristianos: yo, tú, nosotros somos parte de la Iglesia. San Jerónimo escribía: "La Iglesia de Cristo no es otra cosa si no las almas de los que creen en Cristo" (Tract. Ps 86: PL 26,1084). Por tanto, la maternidad de la Iglesia la vivimos todos, pastores y fieles.

A veces escucho: "yo creo en Dios pero no en la Iglesia... He oído que la Iglesia dice...los curas dicen..." Pero una cosa son los sacerdotes, pero la Iglesia no está formada solo de sacerdotes, ¡la Iglesia somos todos" Y si tú dices que crees en Dios y no crees en la Iglesia, estás diciendo que no crees en ti mismo; y esto es una contradicción. La Iglesia somos todos, desde el niño recién bautizado hasta los obispos, el papa; todos somos Iglesia y todos somos iguales a los ojos de Dios! Todos estamos llamados a colaborar al nacimiento de la fe de nuevos cristianos, todos estamos llamados a ser educadores en la fe, y anunciar el Evangelio. Cada uno que se pregunte: ¿qué hago yo para que otros puedan compartir la fe cristiana? ¿Soy fecundo en mi fe o cerrado? Cuando repito que amo una Iglesia no cerrada en su recinto, pero capaz de salir, de moverse, también con algún riesgo, para llevar a Cristo a todos, pienso a todos, a mí, a ti, ¡a cada cristiano! Todos participamos de la maternidad de la Iglesia, para que la luz de Cristo alcance los extremos de los confines de la tierra. ¡Y viva la Santa Madre Iglesia!

A los peregrinos de lengua española les ha dirigido estas palabras:

Queridos hermanos y hermanas:

Retomamos hoy las catequesis sobre el misterio de la Iglesia, en este Año de la fe, con la imagen de la "Madre". El Concilio Vaticano II dice que la Iglesia es nuestra madre en la fe, en la vida sobrenatural.

Ante todo, la Iglesia es madre porque engendra nuevos cristianos. Por el Bautismo, los hace nacer a la vida divina y establece con ellos un vínculo vital, interior, como el de una madre con sus hijos.

Además, como buena madre, los ayuda a crecer y a ser responsables, los alimenta, los educa, los cuida con ternura a lo largo de su vida. Así, la Iglesia nos anuncia la Palabra de Dios como luz para el camino, nos nutre con la Eucaristía, nos procura el perdón divino, nos sostiene en los momentos de sufrimiento y dificultad.

Y, finalmente, como todos formamos la Iglesia, su maternidad incluye también la solicitud de los unos por los otros. Todos, pastores y fieles, estamos llamados a colaborar en la transmisión de la fe, en el anuncio del Evangelio, en la atención a los necesitados… para hacer fecunda a la Iglesia.

Preguntémonos: ¿Honro a la Iglesia como madre? ¿Participo en los sacramentos, escucho la Palabra de Dios en comunidad? Y sobre todo, ¿comparto su cuidado maternal por mis hermanos?

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, El Salvador, Venezuela, Paraguay, Colombia, Argentina y los demás países latinoamericanos. Invoquemos juntos al Espíritu Santo, para que conceda fecundidad a la Iglesia, no le permita que se cierre en sí misma, y salga a llevar la luz de Cristo hasta los confines de la tierra. Muchas gracias.

Traducido del italiano por Rocío Lancho García

 
La Iglesia es Madre y ofrece el perdón de Dios también a los que están en el abismo. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

La Iglesia es Madre y ofrece el perdón de Dios también a los que están en el abismo.

Autor:
Papa Francisco.
Fuente: ACI/EWTN Noticias)

La Iglesia como madre, fue nuevamente el tema que ha elegido el Papa Francisco para lacatequesis de la audiencia general de los miércoles. El Santo Padre explicó que la Iglesia ofrece el perdón de Dios a todos, incluso a los que han caído en el abismo.

En la audiencia celebrada esta mañana ante una multitud de peregrinos en una soleada Plaza de San Pedro, el Papa dijo que la Iglesia como madre "es una imagen que me gusta mucho porque nos dice no sólo cómo es la Iglesia, sino cuál es el rostro que tendría que tener cada vez más la Iglesia, esta madre Iglesia nuestra".

Para explicar esa imagen, el Papa partió de lo que una madre hace por sus hijos. En primer lugar "nos enseña a caminar por la vida, nos orienta, intenta siempre indicarnos el camino acertado para crecer y convertirse en adultos. Y lo hace con ternura, con afecto, con amor, siempre, incluso cuando se trata de enderezar nuestro camino porque nos perdemos o seguimos rumbos que nos llevan a un barranco".

"La Iglesia hace lo mismo: orienta nuestra vida, nos enseña a andar bien. Piensen en los Diez Mandamientos: nos indican el camino que hay que recorrer para madurar, para tener algunos puntos cardinales en nuestro comportamiento. Y son fruto de la ternura, del amor de Dios, que nos los ha dado. Pueden decir: ¡pero son órdenes! ¡Son un conjunto de ‘no’! Me gustaría invitarlos a leerlos y luego a pensarlos en positivo".

"Se darán cuenta de que tratan de la forma en que nos comportamos con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Es justo lo que enseña una mamá para vivir bien. Nos invitan a que no fabriquemos ídolos materiales que luego nos esclavizan, a acordarnos de Dios, a respetar a nuestros padres, a ser honrados, a respetar a los demás".

"Intenten verlos así, y considerarlos como si fueran las palabras, las enseñanzas que da una madre para ir bien por la vida. Una madre nunca enseña lo que es malo, lo único que quiere es el bien de los hijos, y eso es también lo que hace la Iglesia".

En segundo lugar, "cuando un niño crece y se hace adulto, asume sus responsabilidades, hace lo que quiere y, a veces, se sale del camino. Pero la madre siempre, en todas las situaciones, tiene la paciencia de seguir acompañando a sus hijos. Lo que la impulsa es la fuerza del amor e incluso cuando se equivocan, encuentra la manera de entender, de ayudar. En mi tierra decimos que una madre sabe ‘dar la cara’ por sus hijos, es decir, está dispuesta a defenderlos siempre".

"La Iglesia es así, es una madre misericordiosa, que comprende, que trata siempre de ayudar, de alentar incluso a los hijos que se han equivocado y que se equivocan; no cierra nunca las puertas de casa; no juzga, sino que ofrece el perdón de Dios, ofrece su amor que invita a reanudar el camino, incluso a aquellos hijos que han caído en un profundo abismo; no tiene miedo de entrar en su noche para darles esperanza. Y la Iglesia no tiene miedo de entrar en nuestra noche cuando estamos en la oscuridad del alma y de la conciencia para darnos esperanza. ¡Porque la Iglesia es madre!"

Por último, "una madre sabe también pedir, llamar a todas las puertas por sus hijos, sin cálculos, con amor. Y pienso en cómo las madres saben llamar -también y sobre todo- a la puerta del corazón de Dios!"

"Las madres rezan mucho por sus hijos, especialmente por los más necesitados, para los que en la vida han elegido sendas peligrosas o equivocadas. Lo mismo hace la Iglesia: pone en las manos del Señor, con la oración, todas las situaciones de sus hijos. Confiemos en la fuerza de la oración de la Madre Iglesia; el Señor no permanece insensible. Sabe siempre cómo sorprendernos cuando menos lo esperamos. ¡La Madre Iglesia lo sabe!".

"Estos eran los pensamientos que hoy quería transmitirles –concluyó el Papa-. Veamos en la Iglesia a una buena madre, que nos muestra el camino a seguir en la vida que sabe ser siempre paciente, misericordiosa, comprensiva, y sabe cómo ponernos en manos de Dios".

 
Una Iglesia que va en camino. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

Una Iglesia que va en camino.

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.diosbendice.org/ mensajespanyvida.org

Si me detengo me puedes empujar
y si te resientes por el peso,
por lo menos camina a mi lado.



La Iglesia siempre ha sido la misma, aquella que fue entregada a Pedro y en la simbología de las llaves (Mateo 16,18) se abrió una puerta de esperanza de amor entre Dios y los hombres. Amor en los Sacramentos y de forma muy especial, en el perdón, y de esperanza porque abrazaba a todos por igual.

Al correr de los tiempos se ha hecho necesaria nuevos aires, mejores explicaciones y una manera de abrirse, sin resistencia, al acontecer. De ahí que para el 11 de octubre de 1962 Juan XXIII, con el favor de Dios santo) inauguraba el Concilio Vaticano II. Tarea apremiante, aventurera, mirada con recelo y puesta a la luz de la oración de Dios que destranca cerraduras y endereza caminos, eso sí, con la asistencia del Espíritu Santo.

Ese Concilio, poco a poco, se fue metiendo en los dos mil obispos y en casi cuatro años de laboriosa acción dando como resultado un conjunto de Documentos con una reflexión teológico-pastoral de una modernidad que se asomaba y quería intervenir y obtener respuestas. Allí se unieron el Episcopado católico y la acción “bendita” del Espíritu Santo. Tal acción divina que movió a desanimados y contrarios obispos ante tremendo reto y desafío, que todavía a estas alturas, 51 años, sigue siendo mirada, relectura y aplicación.

Esto me lleva a decir que Dios si actúa y sigue vivo en medio de su Iglesia. Pues son muchas las veces que sentimos miedo y nos encerramos en el cascaron de las críticas cruzando brazos y maldiciendo tantos fracasos. Hoy, se necesita esa fuerza del Espíritu Santo para avanzar, para dejar el miedo y no temblar ante los retos que esta sociedad nos coloca. Ciertamente el Concilio Vaticano II fue hijo de aquel tiempo y como tal necesitó de diversas actualizaciones: Medellín (1968) Puebla (1979) Santo Do mingo (1992)  Aparecida (2007)

Es esta nuestra Iglesia que ha ido avanzando tomado de la mano de la Acción del Espíritu Santo y, para muchos, se hace necesario que le recordemos su importancia, su afán y su entrega generosa y desinteresada.

Ese Concilio, tan lejano, tan arropado a lo Europeo necesita una interpretación cercana a nosotros. Por eso aparece Medellín (1968) quien afirma a gritos que no hay que olvidar el plan de salvación de Dios para todos, pero centrado en la revalorización del hombre. Su gran tesoro será Dios nos salva y esa salvación será aceptada y amada si cada uno vuelve los ojos a los demás hombres. Es una mirada seria y objetiva pues nos invita a terminar con esa separación entre fe y vida, Dios y la realidad existente. Donde la injusticia nos envuelve en el pecado a todos. Donde todos somos responsables de todos.

El Documento de Puebla (1979) con el mejor de los sentimientos enarbola con alegría y fuerza al Evangelización. Una evangelización que es obra de todo el pueblo, es obra de la Iglesia, debe penetrar el corazón del hombre, nunca habrá evangelización sin la proclamación del mensaje de la salvación, al proclamarse a Cristo es liberación de lo que nos oprime y esa acción evangelizadora es un proceso que va desde la experiencia de fe en Dios que es anuncio de la Buena Noticia presente en la vida de todos.

En Santo Domingo (1992) se realizó mucho, pero sí se invitó a renovar la fe en el trabajo por Dios en la Iglesia. Luego Aparecida (2007) que dentro de la globalización se hace necesario una conversión y tomar muy en cuenta a la Religiosidad Popular y la Misión Continental. Y no podemos dejar por fuera El Concilio Plenario de Venezuela (2007) quien tiene como sentido y finalidad concretar la nueva evangelización para una conversión personal y comunitaria. Busca una coherencia entre fe y vida; superar las injusticias y fomentar la dignidad humana y una recta vida familiar, laborar, política y económica.

Esta, nuestra Iglesia y para todos, no se reduce a creer o simplemente hacerse la cruz. Es una Iglesia que ha vivido y vivirá en la esperanza de un Dios que actúa, bendice y acompaña. Ya Benedicto XVI nos indicó cual es la puerta que hay que abrir (La fe) ahora nos corresponde a todos, tomados de la mano avanzar. Eso sí, inspirados por el Espíritu Santo que seguirá actuando a tiempo y destiempo. Bendito sea Dios.

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