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Iglesia
La Iglesia se comporta como Jesús, enseña con el ejemplo y la misericordia. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

La Iglesia se comporta como Jesús, enseña con el ejemplo y la misericordia.

Autor:
Fuente: News Va / PildorasdeFe.net


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Nos estamos deteniendo para considerar que la Iglesia es madre.

La vez pasada hemos subrayado como la Iglesia nos hace crecer y con la luz y la fuerza de la Palabra de Dios, nos indica el camino de la salvación y nos defiende del mal. Hoy quisiera subrayar un aspecto particular de esta acción educativa de la madre Iglesia, es decir, cómo nos enseña las obras de misericordia.

Un buen educador apunta hacia lo esencial. No se pierde en los detalles, pero quiere transmitir lo que verdaderamente cuenta para que el hijo o el discípulo encuentre el sentido y la alegría de vivir. Y lo esencial, según el Evangelio, es la misericordia. Lo esencial del Evangelio es la misericordia. Dios ha enviado a su Hijo, Dios se ha hecho hombre para salvarnos, es decir, para darnos su misericordia.

Lo dice claramente Jesús, resumiendo su enseñanza para los discípulos: "Sed misericordiosos, como el Padre es misericordioso". ¿Puede existir un cristiano que no sea misericordioso? No. El cristiano necesariamente debe ser misericordioso porque esto es el centro del Evangelio. Y fiel a esta enseñanza, la Iglesia no puede hacer otra cosa que repetir lo mismo a sus hijos: "Sed misericordiosos", como lo es el Padre, y como lo ha sido Jesús. Misericordia.

La Iglesia se comporta como Jesús. No da clases teóricas sobre el amor, sobre la misericordia. No difunde en el mundo una filosofía, un camino de sabiduría… Ciertamente, el cristianismo es también esto, pero como consecuencia, como reflejo. La madre Iglesia, como Jesús, enseña con el ejemplo, y las palabras son necesarias para iluminar el significado de sus gestos.

1.- La madre Iglesia nos enseña a dar de comer y de beber a quien tiene hambre y sed, a vestir al desnudo.

Y, ¿cómo lo hace? Lo hace con el ejemplo de muchos santos y santas que hacen esto de forma ejemplar; pero lo hace también con el ejemplo de muchísimos padres y madres, que enseñan a sus hijos que lo que tenemos de más es porque a otro le falta. Es importante saber esto.

En las familias cristianas más sencillas siempre ha sido sagrada la regla de la hospitalidad: no falta nunca un plato y un cama para quien lo necesita.

Una vez, una madre me contaba en la otra diócesis, que quería enseñar esto a sus hijos y les decía que ayudaran y dieran de comer a quien tenía hambre. Tenía tres. Y un día en la comida, el padre estaba fuera en el trabajo y estaba ella con los tres hijos, pequeños: siete, cinco, cuatro años, más o menos. Y llaman a la puerta y había un señor que pedía para comer. Y la mamá ha dicho espera un momento. Ha entrado y le ha dicho a los hijos, "hay un señor ahí que pide comida, ¿qué hacemos?" "Sí, mamá, le damos". Cada uno tenía en el plato un bistec con patatas fritas. "Le damos, le damos". "Muy bien, tomamos la mitad de cada uno de vosotros y le damos la mitad del bistec de cada uno de vosotros". "¡Ah, no, mamá, así no va la cosa!" Es así. Tú debes dar del tuyo. Y así esta madre ha enseñado a los hijos a dar de comer de lo propio. Esto es un bonito ejemplo que a mí me ha ayudado mucho. Pero, "no me sobra nada". Da del tuyo. Así nos enseña la madre Iglesia. Y las tantas madres que están aquí, saben que hacer para enseñar a los hijos. A que ellos compartan sus cosas con el que lo necesita.

2.- La madre Iglesia enseña a estar cerca del enfermo.

¡Cuántos santos y santas han servido a Jesús de esta forma! Y cuántos hombres y mujeres sencillos, cada día, ponen en práctica esta obra de misericordia en una habitación de hospital, en una residencia, o en la propia casa, asistiendo a una persona enferma.

3.- La madre Iglesia enseña a estar cerca del que está en la cárcel.

"Pero padre, no, eso es peligroso. Es gente mala". Pero cada uno de nosotros es capaz, escuchad bien esto: cada uno de nosotros es capaz de hacer lo mismo que ha hecho ese hombre o esa mujer que está en la cárcel. Todos tenemos la capacidad de pecar y de hacer lo mismo, de equivocarnos en la vida. No es más malo que tú o que yo.

La misericordia de la madre Iglesia supera todo muro, toda barrera, y te lleva a buscar siempre el rostro del hombre, de la persona. Y es la misericordia la que cambia el corazón y la vida, que puede regenerar una persona y permitirle insertarle de una forma nueva en la sociedad. La madre Iglesia enseña a estar cerca y a quien ha sido abandonado y muere solo.

Es lo que ha hecho la beata Teresa por las calles de Calcuta; es lo que han hecho y hacen muchos cristianos que no tienen miedo de estrechar la mano a quien va a dejar este mundo. Y también aquí, la misericordia es un "hasta la vista"…. Lo había entendido bien la beata Teresa esto. Pero le decían, "madre, esto es perder el tiempo". Y encontraba gente moribunda en la calle, gente a la que le comenzaban a comer el cuerpo las ratas de la calle y los llevaba a casa para que murieran limpios, tranquilos, acariciados, en paz. Ella les daba el ´hasta pronto´. Pero muchos de estos, como ella y muchas mujeres y hombres que han hecho esto, les esperan allí en la puerta, para abrirles la puerta del cielo. Ayudar a morir a la gente bien, en paz.

Queridos hermanos y hermanas, así la Iglesia es madre, enseñando a sus hijos las obras de misericordia. Ella ha aprendido de Jesús este camino, ha aprendido que esto es lo esencial para la salvación. No basta amar a quien nos ama. Jesús dice que esto lo hacen los paganos. No basta con hacer el bien a quien nos hace el bien. Para cambiar el mundo a mejor es necesario hacer el bien a quien no es capaz de devolverlo, como ha hecho el Padre con nosotros, donándonos a Jesús.

Pero, ¿cuántos hemos pagado nosotros por nuestra redención? Nada. Todo es gratuito. Hacer el bien sin esperar nada a cambio. Así ha hecho el Padre con nosotros y nosotros debemos hacer lo mismo. Hacer el bien e ir adelante. Que bonito vivir en la Iglesia, en nuestra madre Iglesia que nos enseña estas cosas que nos ha enseñado Jesús.

Damos gracias al Señor, que nos da la gracia de tener como madre a la Iglesia, que nos enseña el camino de la misericordia, que es el camino de la vida. Damos gracias al Señor.

 
Sin la Madre Iglesia no podemos ir adelante. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

Sin la Madre Iglesia no podemos ir adelante.

Autor: Papa Francisco.
Fuente:

Así como sin María no habría existido Jesús, del mismo modo “sin la Iglesia no podemos ir adelante”. Lo dijo el Papa al presidir la Misa matutina en la Capilla de la Casa de Santa Marta en la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen Dolorosa: La Liturgia – afirmó Francisco – después de habernos mostrado la Cruz gloriosa, nos hace ver a la Madre humilde y mansa. En la Carta a los hebreos “Pablo subraya tres palabras fuertes”, cuando dice que Jesús “aprendió, obedeció y padeció”. “Es lo contrario de lo que había sucedido a nuestro padre Adán, que no quiso aprender lo que el Señor mandaba, que no quiso padecer ni obedecer”. Jesús, en cambio, aun siendo Dios, “se despojó, se humilló a sí mismo haciéndose siervo. Ésta es la gloria de la Cruz de Jesús”:
“Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre, y siendo hombre, caminar con los hombres. Vino al mundo para obedecer, y obedeció. Pero esta obediencia la aprendió del sufrimiento. Adán salió del
Paraíso con una promesa, la promesa que iba adelante durante tantos siglos. Hoy, con esta obediencia, con este aniquilarse a sí mismo, humillarse, de Jesús, esa promesa devuelve esperanza. Y el pueblo de Dios camina con esperanza cierta. También la Madre, ‘la nueva Eva’, como la llama el mismo Pablo, participa en este camino del Hijo: aprendió, sufrió y obedeció. Y se convierte en Madre”.

El Evangelio nos muestra a María a los pies de la Cruz. Jesús dice a Juan: “He aquí tu madre”. María – afirmó el Papa – “es ungida Madre”:

“Y esta es también nuestra esperanza. Nosotros no somos huérfanos, tenemos Madres: la Madre María. Pero también la Iglesia es Madre y también la Iglesia es ungida Madre cuando recorre el mismo camino de Jesús y de María: el camino de la obediencia, el camino del sufrimiento; y cuando tiene esa actitud de aprender continuamente el camino del Señor. Estas dos mujeres – María y la Iglesia – llevan adelante la esperanza que es Cristo, nos dan a Cristo, generan a Cristo en nosotros. Sin María, no habría existido Jesucristo; sin la Iglesia no podemos ir adelante”.

“Dos mujeres y dos Madres” – prosiguió explicando el Papa Francisco – y junto a ellas nuestra alma, que como decía el monje Isaac, abad de Stella, “es femenina” y se asemeja “a María y a la Iglesia”:
“Hoy, viendo a esta mujer ante la Cruz, firme en seguir a su Hijo en el sufrimiento para aprender la obediencia, al verla vemos a la Iglesia y vemos a nuestra Madre. Y también vemos nuestra pequeña alma que no se perderá jamás, si sigue siendo también una mujer cercana a estas dos grandes mujeres que nos acompañan en la vida: María y la Iglesia. Y así como nuestros Padres del Paraíso salieron con una promesa, hoy nosotros podemos ir adelante con una esperanza: la esperanza que nos da nuestra Madre María, firme ante la Cruz, y nuestra Santa Madre Iglesia jerárquica”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

 
La Iglesia es madre según el modelo de María. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

La Iglesia es madre según el modelo de María.

Autor:
Papa Francisco.
Fuente: Al día, Reporte Vaticano

“Nadie se hace cristiano a sí mismo: nacemos y crecemos en la fe dentro del pueblo de Dios. Por eso decimos que la Iglesia es Madre, porque nos da vida en Cristo y nos hace vivir junto a otros hermanos en la comunión del Espíritu Santo”, ha dicho el Papa Francisco en la catequesis de este miércoles de Audiencia General.

El Santo Padre afirmó que “el modelo de la maternidad de la Iglesia es la Virgen Madre. El nacimiento de Jesús en el seno de María como primogénito de muchos hermanos es como el preludio de la vida nueva que reciben los cristianos en el bautismo”.

En ese sentido, Francisco  recordó que la Iglesia también es madre “porque nos cuida como hijos y nos indica el camino de la salvación. Nos alimenta y nos sostiene con los sacramentos; nos ilumina con la luz del Evangelio, orientándonos al bien y animándonos en los momentos de oscuridad y nos defiende de las asechanzas del maligno, exhortándonos a la vigilancia para no sucumbir a sus seducciones”.

El Papa exhortó a los fieles a no olvidar “la Iglesia somos todos los bautizados, y que su maternidad se expresa también en nuestra capacidad de acoger, de perdonar, de infundir ánimo y esperanza”.

 
La Iglesia, madre feliz y no casa de alquiler. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

La Iglesia, madre feliz y no casa de alquiler.

Autor:
Mons. Mario De Gasperín Gasperín.
Fuente: El Observador

La invitación que hace Jesucristo a todos para participar en el banquete de bodas abrió la oportunidad para que se introdujera también quien no llevaba el traje de fiesta. Ese fue arrojado fuera. Pero la universalidad del llamado queda en pie. De oriente y de occidente vendrán invitados a la fiesta del Rey. Esta apertura distingue a la comunidad de discípulos de Jesucristo, y en ella encuentran preferencia los pecadores. La Iglesia no es club de selectos sino fraternidad de imperfectos que quieren ser mejores. La síntesis del Papa Francisco es contundente: «En la Iglesia somos pecadores pero no corruptos». Bienvenidos los pecadores, fuera los corruptos.

Esta fue la práctica eclesial desde los comienzos. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, tenemos una «tipología» elemental de esta realidad entre los primeros llamados. Está el ejemplar levita Bernabé que vende todo lo que tiene y lo entrega con generosidad al servicio del Evangelio. Aparece el mago Simón, que quiere comprar al Espíritu Santo para poder hacer milagros. Está también el matrimonio de Ananías y Safira, quienes aparentan generosidad para sacar ventaja y encuentran la muerte. Así otros casos más. La apertura entraña riesgos, pero aporta riqueza. La comunidad cuenta con la guía del Espíritu que conoce los corazones, discierne y da el veredicto final: «Ninguno de esos era de los nuestros», dirá san Juan. Se es cristiano sólo de corazón.

Comentando estos episodios en una de sus homilías matinales, el Papa Francisco propone su tipología eclesial. Nos habla de tres grupos de personas que pretenden pasar por cristianas, pero que no lo son. Se refiere a los falsos cristianos que existen en la Iglesia. Son los uniformistas, los alternativistas y los ventajistas. Comenta así su descriptivo lenguaje papal.

Los uniformistas son «aquellos que quieren que todos sean iguales dentro de la Iglesia». No se trata de igualdad en dignidad, sino en rigidez. Quieren uniformar a todos conforme a sus patrones de conducta y a sus prácticas religiosas. Para esos sólo su movimiento vale, su asociación cuenta y su santo o su padrecito merece. Confunden la familia de Dios con un club de iniciados. Concluye el Papa: Esos «no tienen la libertad que da el Espíritu Santo».

Los alternativistas conforman esa categoría de cristianos que dicen pertenecer a la Iglesia pero con condiciones. Nunca le dan su plena adhesión. Ellos siempre tienen una propuesta mejor. Su alternativa. Presumen de intelectuales pero están altamente ideologizados. Aparecen en los medios o en los foros de opinión y, desde su cátedra de fuego y humo, juzgan, condenan y absuelven según su leal saber y entender, o el de su jefe. Sólo se oyen a sí mismos y a su grupo.

Los ventajistas son quienes utilizan el nombre de cristiano o católico por las posibles ventajas que de ello se puedan derivar. «Terminan haciendo negocio con la Iglesia», dice el Papa. Son especuladores religiosos. Calculan su adhesión o cercanía a la Iglesia por las ventajas que pueden lograr, sean sociales, políticas, económicas o familiares. El popular término «compadrazgo» describe con bastante exactitud esta situación: El cacique se ofrece como padrino y así consigue el apoyo o el voto de compadres y ahijados.

Lo común de estos grupos, dice el Papa, es que «ninguno de ellos está de corazón dentro de la Iglesia. Están con un pie dentro y otro fuera». Se equivocan. La Iglesia no es una casa para alquilar sino una familia y una madre feliz de hijos a quienes brinda vida y calor de hogar.

 
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Reflexiones - Iglesia

¡Pobre Iglesia!

Autor:
Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas
Fuente: Zenit.org

Es frecuente enterarse de escándalos y malas acciones de quienes ocupan algún cargo en la institución eclesial: Sacerdotes pederastas, mundanos, comodinos, mal encarados, interesados en el dinero, caciques, infieles en el celibato; un Nuncio reducido al estado laical; o servidores en las oficinas parroquiales que tratan mal a las personas, que sólo exigen papeles y trámites burocráticos, y por ello disminuyen los católicos, o se alejan, etc. Nos dan vergüenza estos y otros hechos, que son inocultables. El que se difundan en los medios de comunicación no siempre refleja una campaña de difamación contra la Iglesia, sino es algo que está mal entre nosotros y que nos urge a una renovación personal e institucional. Hay pecados en la Iglesia.

Por otra parte, es muy alentador y consolador convivir con hermanos que desgastan su vida en muchos servicios evangelizadores. Pueden no tener muchos estudios, pero tienen un corazón noble y generoso, están dispuestos a dar su tiempo y sus pocos recursos para que la Iglesia se haga presente en muchos ambientes. Es una Iglesia de los pobres, que son su orgullo y esperanza.

Hemos realizado el segundo retiro espiritual para promover misioneros en las periferias, con 84 participantes de Bachajón y Chilón, algunos de ellos mestizos y la mayoría tseltales. Aunque todos ya dan algún servicio evangelizador, manifestaron su disposición para hacer llegar el amor de Dios a ambientes a los que de ordinario no llegamos. Esta es la Iglesia que no aparece en la televisión, pero que es la más real y mayoritaria.

PENSAR

Jesucristo no escogió ángeles para continuar su servicio salvífico, sino seres humanos frágiles y pecadores. Es el caso de Pedro y Pablo, así como de los demás apóstoles. Se reconocen indignos de la vocación a que son llamados. La Biblia nos narra con toda humildad sus fragilidades, sus errores y pecados; no los diviniza. Pero Jesucristo advierte claramente que la Iglesia es obra suya, y que los poderes del pecado no la destruirán. Esto nos alienta y nos sostiene. Aunque los sacerdotes y obispos fallemos, Jesucristo es el cimiento de la fe de los creyentes. Los ministros nos pueden decepcionar y desalentar, pero nuestra fe está centrada y cimentada en el Señor. Nuestro único Salvador es Jesús.

El Papa Francisco, siendo muy realista con los pecados eclesiales, nos alienta con estas palabras: “Siento una enorme gratitud por la tarea de todos los que trabajan en la Iglesia. No quiero detenerme ahora a exponer las actividades de los diversos agentes pastorales, desde los obispos hasta el más sencillo y desconocido de los servicios eclesiales. Pero tengo que decir que el aporte de la Iglesia en el mundo actual es enorme. Nuestro dolor y nuestra vergüenza por los pecados de algunos miembros de la Iglesia, y por los propios, no deben hacer olvidar cuántos cristianos dan la vida por amor: ayudan a tanta gente a curarse o a morir en paz en precarios hospitales, o acompañan personas esclavizadas por diversas adicciones en los lugares más pobres de la tierra, o se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados por todos, o tratan de comunicar valores en ambientes hostiles, o se entregan de muchas otras maneras que muestran ese inmenso amor a la humanidad que nos ha inspirado el Dios hecho hombre. Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más” (EG 76).

ACTUAR

Tú, que eres parte de esta nuestra Iglesia, pregúntate si con tu vida eres una vergüenza para tu madre que te engendró a la vida de Dios, o eres motivo de sano orgullo y esperanza. La Iglesia no es sólo la jerarquía, sino todos los bautizados. Y de cada uno depende que la Iglesia sea una presencia viva de Jesús, una cercanía amorosa y respetuosa del Padre hacia los que sufren, una fuerza dinamizadora de la pastoral en tu parroquia o comunidad. No pongas como pretexto para tu comodidad y egoísmo apostólico los malos testimonios de los pastores. Pide al Espíritu que tu fe sea adulta.

 
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