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Iglesia
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Reflexiones - Iglesia

La Iglesia y el Ayuno.

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Fuente: encuentra.com

Entérate de lo que dicen las Sagradas Escrituras y los Padres de la Iglesia sobre el ayuno, la penitencia y la abstinencia.
Citas de la Sagrada Escritura

En señal de luto y de tristeza: Jue 20,26; I Sam31, 13;Jer41,2;52, 12; Zac 7, 2-5; 8, 9.

Penitencia unida a la oración para obtener la misericordia de Dios: Lev 19, 29; Num 30, 14-26; Tob 12, 8; 1 Mac 2, 47; 2 Mac 13, 12.

Día del ayuno: Lev 16, 29.

Cómo se ha de ayunar: Is 58, 3-7; Jer 14, 12.

De Nuestro Señor en el desierto: Mt 4, 1-2; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13.

Nuestro ayuno debe ser humilde; si no, pierde todo el mérito: Mt 6, 16-18; Lc 18, 11-14.

Ayuno y oración para obtener de Dios el poder de arrojar a los demonios: Mt 17, 20; Mc 9, 28.

El ayuno de los hipócritas: Mt 6, 16-18; Lc 18, 9-14.

Ayuno de Saulo después de su conversión: Hech 9, 9-19.

Bienes espirituales del ayuno

Antes de la imposición de las manos a Saulo y Bernabé: Hech 13, 2-3.

De Pablo y Bernabe antes de la ordenación de los sacerdotes: Hech 16, 22.

Los ayunos frecuentes de San Pablo: 2 Cor 11, 27.

San Pablo recomienda a todos la templanza, en especial a los que habían de ser ordenados ministros: 1 Tes 5,6;2Tim4,5; Tit1,7;2, 2-3.

Nuestro Señor defiende a sus discípulos de las acusaciones que les hacían porque no ayunaban: Mt 9, 14-15; Mc 2, 18-20; Lc 5, 3335.

Dispone para recibir las gracias del Señor: Lc 2, 37-38.

Los ministros de Dios y el ayuno: 2 Cor 6, 4-8.

Para someter nuestro cuerpo: I Cor 9, 27.

BIENES ESPIRITUALES DEL AYUNO

El ayuno fortifica el espíritu, mortificando la carne y su sensualidad; eleva el alma a Dios; abate la concupiscencia, dando fuerzas para vencer y amortiguar sus pasiones, y dispone el corazón para que no busque otra cosa distinta de agradar a Dios en todo (SAN FRANCISCO DE SALES, Sermón sobre el ayuno).

El ayuno purifica el alma, eleva el espiritu, sujeta la carne al espIritu, da al corazón contrición y humildad, disipa las tinieblas de la concupiscencia, aplaca los ardores del placer y enciende la luz de la castidad (SAN AGUSTIN, Sermón 73).

El cristiano tiene libertad para ayunar en cualquier tiempo, no por superstición, sino por virtud. ¿De qué modo, sin embargo, puéden g-uardar los cristianos la castidad si no cuidan la continencia en estas cosas? ¿Cómo pueden estudiar las Escrituras y buscar la ciencia y la sabiduría? ¿No es, acaso, gracias a la continencia del vientre y de la boca, regulando la comida y la bebida por la abstinencia y el ayuno? Esta es la razón del ayuno cristiano. Hay también otra razón de carácter religioso, muy alabada desde el tiempo de los Apóstoles: «Bienaventurado quien ayuna para ayudar a los pobres». Este ayuno es verdadero, digno y grato a los ojos de Dios (ORIGENES, Homilía 10).

Tres cosas hay, hermanos, por las que se mantiene la fe, se conserva firme la devoción, persevera la virtud. Estas tres cosas son la oración, el ayuno y la misericordia. Lo que pide la oración, lo alcanza el ayuno y lo recibe la misericordia. Oración, misericordia y ayuno: tres cosas que son una sola, que se vivifican una a otra (SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón 43).

Ayuno y caridad

El ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se 468 seca sin este riego; lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno (SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón, 43).

Ayuno, Soporte de la oración

Todos los que han querido rogar por alguna necesidad, 469 han unido siempre el ayuno (la penitencia) a la oración, porque el ayuno es el soporte de la oración (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, val. I, p. 377).

Cualidades

La penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser sólo interna e individual, sino también externa y social. Foméntese la práctica penitencial de acuerdo con las posibilidades de nuestro tiempo y de los diversos países y condiciones de los fieles […].

Sin embargo, téngase como sagrado el ayuno pascual; ha de celebrarse en todas partes el viernes de la pasión y muerte del Señor y ano extenderse, según las circunstancias, al sábado santo, para que de este modo se llegue al gozo del domingo de Resurrección con elevación y apertura de espiritu (CONC. VAT. 11, Const. Sacrosanctum Concilium, 110).

Decía (un santo varón a quien él conoció) que et monje debería darse al ayuno como si tuviera que vivir cien años. Que deberia frenar las pasiones de su alma, olvidar las injurias, ahuyentar la tristeza y menospreciar el dolor y la desazón, como si tuviera que morir cada día (CASIANO, Instituciones, 5, 41)

(Cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu cara…). Aquí se habla de la costumbre que existía en Palestina de ungirse la cabeza los dias de fiesta, y mandó el Señor que cuando ayunemos nos manifestemos contentos y alegres (SAN JERÓNIMO, en Catena Aurea, val 1, p. 380).

Los ayunos agradables a Dios son: no hagas mal y sirve al Señor con corazan limpio; guarda sus mandamientos siguiendo sus preceptos y no permitas que ninguna concupiscencia del mal penetre en tu corazón […]. Si esto haces, tu ayuno será grato en la presencia de Dios (Pastor de Hermas)

Ayunen los ojos de toda mirada curiosa… Ayunen los oídos, no atendiendo a las palabras vanas y a cuanto no sea necesario para la salud del alma… Ayune la lengua de la difamación y la murmuración, de las palabras vanas, inútiles… Ayune la mano de estar ociosa y de todas las obras que no sean mandadas. Pero ayune mucho más el alma misma de los vicios y pecados, y de imponer la propia voluntad y juicio. Pues, sin este ayuno, todos los demás son reprobados por Dios (SAN BERNARDO, Sermón en el comienzo del ayuno).

Ha de consistir mucho más en la privación de nuestros vicios que en la de los alimentos (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la Cuaresma, 1).

El ayuno significa un dominio sobre nosotros mismos; significa ser exigentes en las relaciones con nosotros mismos; estar prontos a renunciar a las cosas, y no sólo a los manjares, sino también a goces y placeres diversos (JUAN PABLO 11, Hom. 28-11-1979).

Penitencia muy grata al Señor

El ayuno riguroso es penitencia gratísima a Dios.—Pero, entre unos y otros, hemos abierto la mano. No importa—al contrario—que tú, con la aprobación de tu Director, lo practiques frecuentemente (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 231).

Ayuno: abstinencia.- "El ayuno cura nuestras enfermedades, deseca los humores superfluos de nuestros cuerpos, pone en fuga los demonios, arroja los malos pensamientos, purifica el espíritu, limpia el corazón, santifica el cuerpo, eleva los hombres hasta el trono de Dios. Por último, el ayuno es el alimento de los Angeles, y el que le practica, se puede considerar como en el orden de aquellos bienaventurados espíritus. (S. Atanasio, de Sanctiss. Deipara, sent. 5, Tric. T. 2, p. 172.)"

"Si el demonio os impele a practicar austeridades tan excesivas que altere vuestra salud, y que vuestro cuerpo se inutilice, y sea incapaz de todos los ejercicios, no sigáis su instigación, antes bien, moderad vuestros ayunos. (S. Atanasio, ibid., sent. 6, Tric. T. 2, p. 172 y 173.)"

"Ayunamos y nos abstenemos del vino y de la carne, no por horror, como si fueran cosas malas, sino porque esperamos que en recompensa de privamos aquí de un alimento agradable a los sentidos, gozaremos en el cielo de un alimento divino, y que sembrando ahora con lágrimas, cogeremos algún día con gozo abundante cosecha. (S. Cirilo de Jerusalén, Cath. 4, sent. 5, Trie. T. 2, p. 336.)"

"No hay tierra, sea isla o continente, no hay ciudad o nación hasta las extremidades más remotas del mundo, en donde el edicto general del ayuno no se haya hecho público: los soldados, los caminantes, los marineros, los mercaderes, todos le han oído y recibido con grande alegría. Nadie, pues, se excluya del número de los que ayunan, pues en él debe comprenderse toda suerte de condiciones y dignidades. (S. Basilio, Orat. 2, sent. 12, Tric. T. 3, p. 192.)"

"No volváis ni a la derecha ni a la izquierda; así como es peligroso pasar los límites de la templanza en el comer, también es fuera de razón abatir demasiado el cuerpo con abstinencias excesivas, inutilizándole para todo lo bueno por haberle enflaquecido demasiado. Estamos, pues, obligados a cuidar de nuestros cuerpos, no sólo por el amor natural, sino para podernos servir de ellos en los ejercicios de la filosofía cristiana. (S. Basilio, de Vera Virg., sent. 26, Tric. T. 3, p. 195.)"

"No dice simplemente el Apóstol que no se ha de cuidar de su carne, sino que añade, para satisfacer a sus deseos. Se debe, pues, reprimir con los ejercicios de la continencia la propensión e inclinación de la carne a los deleites y los vicios: pero al mismo tiempo se ha de procurar conservarla con las fuerzas que se necesitan para adquirir las virtudes. (S. Basilio, ¡bid., sent. 27, Tric. T. 3, p. 195.)"

"Estamos desterrados del Paraíso por no haber querido ayunar. Ayunemos, para que se nos permita volver a él. (S. Basilio, Homl. 1, de jejun., sent. 4, adic. Tric. T. 3, p. 380.)"

"El ayuno es el alimento de] alma y del espíritu, la vida de los Angeles, la muerte del pecado, la extinción de las culpas, el remedio de la salud, la raíz de la gracia, el fundamento de la castidad; por la escala del ayuno había subido Elías antes de entrar en aquel carro de fuego que le arrebató al cielo. (S. Ambrosio, de Elía et jejun., c. 3, sent. 23, Tric. T. 4, p. 320.)"

"Castigo mi cuerpo, y le reduzco a servidumbre. Castigar el cuerpo, es mortificarle con el ayuno, y no concederle sino lo necesario para vivir, de modo, que no llegue a darle placer; y entonces se 1e reduce a servidumbre, cuando no se le permite seguir su voluntad antes bien se le obliga a hacer la del espíritu. (S. Ambrosio, c. 7, sen 98, Trie. T. 4, p. 333.)"

"Para ayunar de modo que agradéis a Dios, es preciso ser benignos con vuestros criados, cariñosos con los extraños, caritativos con los pobres, levantaros temprano para ir a la Iglesia, dar gracias a Dios y pedirle perdón de vuestras culpas, implorar su misericordia por 1 pecados pasados, y su protección para evitarlos en adelante. (S. Ambrosio, Serm. 33, sent. 147, Tric. T. 4, p. 344.)"

"En otros tiempos del año hay algunos ayunos por los cuales s merece premio si se observa: mas en Cuaresma peca el que deja de ayunar. Los otros ayunos son voluntarios; pero los de Cuaresma so de obligación: a los otros nos convidan; pero a estos nos obligan: y no tanto son precepto de la Iglesia, como del mismo Dios. (S. Ambrosi Serm. 3, sent. 148, Tric. T. 4, p. 344.)"

"La ley de la abstinencia es de Dios nuestro Señor: la prevaricación de esta ley es del demonio. Por comer nos vino la culpa, en 1a comida conocemos nuestra flaqueza, la virtud de la fortaleza está e el ayuno. (S. Ambrosio, de Elía et jejun., c. 4, sent. XXI, adic. Tric. 4, p. 400.)"

"Cuando se ayuna todos los días, se ha de evitar tomar el alimento con exceso al fin del ayuno: porque es cosa inútil pasar dos o tres dí sin comer, si se ha de desquitar con la gula de una sola comida largo tiempo que se había dado al ayuno. (S. Jerónimo, Ad Eustoch ep. 22, sent. 18, Tric. T. 5, p. 24 l.)"

"¿Qué haré yo para que Dios reciba agradablemente mi ayuno. Parte tu pan para dar al pobre. No os obliga la escritura a distribuir muchos panes, para que no os excuséis con la pobreza. Habla de un solo pan, y aún no os pide que le deis entero, sino que deis al pobre tanto como hubierais comido, si no hubierais ayunado: para que vuestro ayuno no sirva al ahorro, sino al alimento del alma. (S. Jerón lib. 6, in Isai., c. 58, sent. 60, Tric. T. 5, p. 248.)"

"En los días de ayuno debemos a ejemplo de Daniel abstenernos de manjares delicados, y no comer carne, ni beber vino. (S. Jerónim in cap. 20, sent. 79, Tric. T. 5, p. 252.)"

"Debemos mortificamos no solo con el ayuno sino también en la calidad de las viandas. (S. Paulino, sent. 5, Tric. T. 5, p. 330.)"

"No os tengáis ya por Santos, por haber empezado a practicar el ayuno y la abstinencia: porque estas virtudes son solamente medios para ayudaros a conseguir la santidad, mas no son la perfección. (S. Paulino, sent. 26, Tric. T. 5, p. 333.)"

"La abstinencia y la mortificación del cuerpo son excelentes virtudes, cuando al mismo tiempo nos abstenemos de los vicios y pecados. (S. Paulino, Ibid., ibid., ibid.)"

"No os contentéis con que ayune la boca: ayunen también los ojos, los oídos, los pies, las manos y todo vuestro cuerpo. (S. Juan Crisóst., Homil. 3, sent. 8, Tric. T. 6, p. 301.)"

"Si no tenéis la salud suficiente para ayunar, a lo menos os podéis abstener de las delicias; y esta especie de abstinencia, apenas en nada es inferior a la del ayuno. (S. Juan Crisóst., Homil. 58, cap. 17 in Matth., sent. 64, Tric. T. 6, p. 312.)"

"No ayunamos por razón de la fiesta de la Pascua, sino por nuestros pecados, y por la preparación que debemos llevar para recibir los sagrados misterios: pues por otra parte, la solemnidad de la Pascua no es ocasión de ayuno y mortificación, antes bien, lo es de alegría. (S. Juan Crisóst., Serm. 3, adv. Jud., n. 4, sent. 222, Tric. T. 6, p. 344.)"

"Los ayunos vencen las concupiscencias, rechazan las tentaciones, abaten la soberbia, mitigan la ira, y alimentan hasta su madurez todos los afectos virtuosos de la buena voluntad; esto se entiende cuando los acompaña la benevolencia de la caridad y el prudente ejercicio de las obras de misericordia. (S. León, Papa, Serm. 15, c. 2, sent. 10, Tric. T. 8, p. 384.)"

"No basta extenuar el cuerpo con la abstinencia, si no adquiere el alma nuevas fuerzas. Cuando se procura afligir al hombre exterior, es preciso confortar el interior. Cuando negamos a la carne el alimento corporal, se debe alimentar el alma con delicias espirituales. (S. León, Papa, Serm. 39, c. 5, sent. 32, Tric. T. 8, p. 389.)"

"A tan grandes misterios se debía tan incesante devoción y tan continuada reverencia, que nos presentásemos a la vista de Dios, cual es razón que nos halle en la fiesta de la Pascua: mas porque esta fortaleza es de pocos, y por la fragilidad de la carne se relaja, la austeridad de la observancia -pues, distraídos del cuidado principal con las varias ocupaciones de esta vida, aun las almas más virtuosas contraen el polvo del mundo-, ha ordenado el Señor con la más sabia conducta el ayuno de los cuarenta días para renovar la pureza de los corazones, purificándonos de las culpas de los otros tiempos con las obras de devoción y con los castos ayunos. (S. León, Papa, Serm. 42, sent. 36, Tric. T. 8, p. 390.)"

"La perfección de nuestro ayuno no consiste en sola la abstinencia del alimento, ni se priva al cuerpo de la comida con fruto, si el alma no se retira de la iniquidad, y la lengua no se refrena en las murmuraciones. Debemos, pues, moderar la libertad de comer, de tal modo que sujetemos a la misma ley los otros deseos. Este tiempo, en que, purificados de las manchas de todos los vicios, debemos aspirar a la perpetuidad de las virtudes, es tiempo de mansedumbre, paciencia, paz y tranquilidad: es tiempo de perdonar las ofensas, de despreciar las injurias, y de olvidarnos de los agravios recibidos. (S. León, Papa, Serm. 42, sent. 37, Tric. T. 8, p. 391.)"

"Supuesto que tomamos esta mortificación para extinguir el incentivo de los deseos carnales, ningún género de continencia debemos procurar tanto como el vivir sobrios, sin alguna injusta voluntad, y permanecer ayunos de toda acción que sea contraria a las buenas costumbres. Este ejercicio no excluye a los enfermos, por más indispuestos que estén: porque también en el cuerpo inútil y consumido se puede hallar la integridad del corazón, y siempre se pueden colocar los fundamentos de la virtud, en donde tuvo su asiento la iniquidad. La misma enfermedad de la carne es suficiente penitencia, y tal vez excede a las mortificaciones voluntarias: pero es preciso que el alma cumpla su deber, y ya que no se sustenta con los manjares del cuerpo, no se alimente con alguna injusticia. (S. León, Papa, Serm. 44, c. 2, p. 168, sent. 38, Tric. T. 8, p. 391.)"

"Los que habéis de celebrar la Pascua del Señor, ejercitaos de tal modo en santos ayunos, que concurráis a tan sagradas fiestas, libres del tumulto de las pasiones. Arroje el amor a la humildad al espíritu de soberbia, raíz de todos los pecados, y abátase con la mansedumbre la altivez: y los corazones, exasperados con alguna ofensa, procuren, reconciliándose entre sí, volver a la unión y la concordia. No volviendo a ninguno mal por mal, perdonándoos unos a otros, así como Jesucristo nos perdonó. (S. León, Papa, Serm. 44, sent. 39, Trie. T. 8, p.391.)"

"Hemos de ayunar de tal modo, que en vez de reservamos el precio de lo que en otro tiempo costaría la comida, se lo demos a los pobres. (S. Cesáreo de Arlés, Serm. 46, sent. 9, Tric. T. 9, p. 45.)"

"Santificar el ayuno es manifestar con otras buenas obras que nuestra abstinencia es digna de Dios. Se debe advertir a los que se abstienen, que ofrecen a Dios una abstinencia agradable si dan a los pobres los alimentos de que ellos mismos se privan. (S. Gregorio el Grande, sent. XIV, adic. Tric. T. 9, p. 382 y 383.)"

 
La Iglesia, madre feliz y no casa de alquiler. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

 

La Iglesia, madre feliz y no casa de alquiler.

Autor: Mons. Mario De Gasperín Gasperín.
Fuente:

La invitación que hace Jesucristo a todos para participar en el banquete de bodas abrió la oportunidad para que se introdujera también quien no llevaba el traje de fiesta. Ese fue arrojado fuera. Pero la universalidad del llamado queda en pie. De oriente y de occidente vendrán invitados a la fiesta del Rey. Esta apertura distingue a la comunidad de discípulos de Jesucristo, y en ella encuentran preferencia los pecadores. La Iglesia no es club de selectos sino fraternidad de imperfectos que quieren ser mejores. La síntesis del Papa Francisco es contundente: «En la Iglesia somos pecadores pero no corruptos». Bienvenidos los pecadores, fuera los corruptos.

Esta fue la práctica eclesial desde los comienzos. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, tenemos una «tipología» elemental de esta realidad entre los primeros llamados. Está el ejemplar levita Bernabé que vende todo lo que tiene y lo entrega con generosidad al servicio del Evangelio. Aparece el mago Simón, que quiere comprar al Espíritu Santo para poder hacer milagros. Está también el matrimonio de Ananías y Safira, quienes aparentan generosidad para sacar ventaja y encuentran la muerte. Así otros casos más. La apertura entraña riesgos, pero aporta riqueza. La comunidad cuenta con la guía del Espíritu que conoce los corazones, discierne y da el veredicto final: «Ninguno de esos era de los nuestros», dirá san Juan. Se es cristiano sólo de corazón.

Comentando estos episodios en una de sus homilías matinales, el Papa Francisco propone su tipología eclesial. Nos habla de tres grupos de personas que pretenden pasar por cristianas, pero que no lo son. Se refiere a los falsos cristianos que existen en la Iglesia. Son los uniformistas, los alternativistas y los ventajistas. Comenta así su descriptivo lenguaje papal.

Los uniformistas son «aquellos que quieren que todos sean iguales dentro de la Iglesia». No se trata de igualdad en dignidad, sino en rigidez. Quieren uniformar a todos conforme a sus patrones de conducta y a sus prácticas religiosas. Para esos sólo su movimiento vale, su asociación cuenta y su santo o su padrecito merece. Confunden la familia de Dios con un club de iniciados. Concluye el Papa: Esos «no tienen la libertad que da el Espíritu Santo».

Los alternativistas conforman esa categoría de cristianos que dicen pertenecer a la Iglesia pero con condiciones. Nunca le dan su plena adhesión. Ellos siempre tienen una propuesta mejor. Su alternativa. Presumen de intelectuales pero están altamente ideologizados. Aparecen en los medios o en los foros de opinión y, desde su cátedra de fuego y humo, juzgan, condenan y absuelven según su leal saber y entender, o el de su jefe. Sólo se oyen a sí mismos y a su grupo.

Los ventajistas son quienes utilizan el nombre de cristiano o católico por las posibles ventajas que de ello se puedan derivar. «Terminan haciendo negocio con la Iglesia», dice el Papa. Son especuladores religiosos. Calculan su adhesión o cercanía a la Iglesia por las ventajas que pueden lograr, sean sociales, políticas, económicas o familiares. El popular término «compadrazgo» describe con bastante exactitud esta situación: El cacique se ofrece como padrino y así consigue el apoyo o el voto de compadres y ahijados.

Lo común de estos grupos, dice el Papa, es que «ninguno de ellos está de corazón dentro de la Iglesia. Están con un pie dentro y otro fuera». Se equivocan. La Iglesia no es una casa para alquilar sino una familia y una madre feliz de hijos a quienes brinda vida y calor de hogar.

Este artículo se publica en la edición impresa de El Observador del 3 de julio de 2014 No. 991.



 
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Reflexiones - Iglesia

La Iglesia es de Jesús.

Autor: José Ignacio Alemany Grau, Obispo
Fuente: periodismocatolico.org


Una de las frases que más se repiten y cantan en el Vaticano es “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
Es el eco de aquel buen día en que Jesús, desde Cesarea de Filipo, dio el gran encargo a Simón, el pescador: “Dichoso tú, Simón hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado ningún hombre sino mi Padre…. por eso te digo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Jesús le cambia el nombre de Simón por el de “piedra” y ese nombre servirá para todos los demás Vicarios de Cristo.

Para confirmarle su responsabilidad, a pesar de la debilidad de Pedro, que lo negó tres veces, lo único que le pidió Jesús fue amor (“¿me amas más que estos?”). Y luego le confirmó en el servicio: “Apacienta mis ovejas”.

Ese Pedro, esa piedra ha ido cambiando a través de los siglos en su representante pero siempre es la misma: Pío, León, Benedicto, Juan, Juan Pablo y Benedicto XVI…

Todos ellos representaron a Jesús. Muchos lo han hecho maravillosamente tanto como personas humanas, con todos sus valores, como por la santidad que adquirieron a lo largo de su vida.

Pero la Iglesia siempre es de Jesús.

Nunca renunció ni renunciará a ella, que es su esposa y por la que dio la vida.

Jesús no le dijo a Pedro te doy la Iglesia o te doy mi Iglesia sino que le dio el oficio de ser “la roca” visible sobre la que Jesús va construyendo día a día, en el amor, su Iglesia querida.

Por eso aunque admiramos la santidad excepcional de los Papas canonizados y en concreto la de los últimos Papas que hemos podido conocer, sabemos muy bien que ninguno de ellos es dueño de la Iglesia.

Sólo Jesús dio la vida por su esposa y, sólo Él con su Espíritu Santo, la construye día a día.

Recuerda: “edificaré mi Iglesia”.

Jesús, pues, encarga al Sumo Pontífice más bien que pastoree y cuide su Iglesia:

- Enseñando el Evangelio a los hombres de cada siglo y de cada día, para que puedan llegar a ser todos el único rebaño de Cristo y Reino del Padre.

- Gobernando la Iglesia con la ley del amor, conduciéndola siempre al Padre por Cristo en su Espíritu Santo.

- Santificando esta misma Iglesia con todos los regalos que Jesús le dejó, especialmente los sacramentos.

Esta es la fe que debemos renovar en estos días.

El Papa representante de Jesús, y nosotros, ayudados por él, fieles seguidores de Cristo.

Esta es nuestra fe en cualquier persona que el Espíritu Santo escoja como Sumo Pontífice de la Iglesia.

Sin embargo nosotros somos humanos y el Papa también. Así como sentimos tan cercano a Juan Pablo II, ahora debemos sentir muy cerca de nosotros a Benedicto XVI. Rezar por él. Escuchar sus palabras, leer sus escritos y seguir sus orientaciones.

Más aún, sentir el calor de una familia que tiene un padre espiritual, escogido por el Señor, para ayudarnos a vivir en el Reino.

El Señor va a permitir que a través de muchos datos, a veces insignificantes, podamos conocer las maravillas de su inteligencia y la cercanía y ternura de su corazón de Padre.

Así como el otro día nos dejó admirados cogiendo el celular que le presentaba un enfermo para saludar a sor María Cristina, enferma de un cáncer terminal o como se acercó a los periodistas para conversar personalmente con ellos, ciertamente que nos dará muchas sorpresas pero sobre todo nos orientará en los momentos difíciles de nuestra sociedad.

Oremos por Benedicto XVI y colaboremos económicamente con la “Caridad del Papa”.

 
Iglesia ¿por qué amarla? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

Iglesia ¿por qué amarla?

Autor:
Fuente: www.mensajespanyvida.org

La vivencia

Cuando una persona ha tenido una experiencia verdadera de Dios siente la necesidad de vivir su realidad de un modo nuevo. Esta experiencia de fe puede haberle ocurrido en algún retiro, en alguna situación de dolor, en alguna visita a una capilla, en alguna conversación profunda con un hermano. El hombre de fe vive de este acontecimiento fundante de Dios y hacia él vuelve cada vez para refrescarse como en agua viva.

Así como experimentamos el amor de Dios, también nos podemos ¨sentir Iglesia¨. Es posible reconocernos, pertenecer a un lugar al que siempre se pueda volver.

Todos los que hayamos participado alguna vez de un encuentro mundial (de catequistas, de familias, de jóvenes) podremos llegar a comprender lo que es el vibrar de una multitud de gente convocada en estadios, en campus universitarios, en hipódromos... miles de personas alrededor de un obispo en nombre del Papa o del Papa mismo. Una multitud de almas y un diminuto anciano atrayendo la atención de cada uno de ellas. Una comunidad sintiendo la presencia misma de Cristo.... un Cristo pasando entre medio de ellos, en los pies de un hombre vestido de blanco. Un Cristo vivo en la Eucaristía, en la sonrisa de los voluntarios, en los gestos concretos de los otros chicos y adultos que comparten esa misma jornada.

Quien haya experimentado la sensación de universalidad de estos encuentros quizás podrá comprender más fácilmente lo que es ser Iglesia.

Ser Iglesia encierra aspectos múltiples. En principio es vida comunitaria, esa vida que conocen los que han necesitado del apoyo del hermano para seguir adelante o los que han compartido un proyecto en común. Es decir, ser Iglesia es compartir su aspecto comunitario, comunicador, familiar. Pero también hay un sentido más profundo que nace en el corazón mismo de la Historia de la Salvación, el que nace en el mismo Amor de Jesús y Su entrega en la Cruz.

¿Pero, qué es la Iglesia?

La palabra Iglesia quiere decir ¨convocatoria”, “ asamblea”. Ya desde el Antiguo Testamento se le llamaba así al pueblo de Dios que recibe las tablas de la Ley en el monte Sinaí.

Pero la Iglesia es más que construcción o invención humana para hacer prevalecer una religión. Ella nació de la decisión del Dios hecho hombre y en Pentecostés se constituyó de forma definitiva.

La Iglesia nació del costado de Jesús. Su Vida cayó y murió como semilla para que Ella creciera y se fortaleciese.

Jesús no había elegido entre sus discípulos a los que El consideraba más inteligentes o más formados, eligió a hombres débiles con mucho potencial. Así un día Jesús se acercó a Pedro y le dijo unas palabras firmes: “ Y yo te digo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” ( Mt. 16, 18). Sabemos que Pedro no entendió del todo lo que le dijo su Maestro en ese momento, pero el día del cenáculo, el día del descenso del Espíritu, sus ojos se abrieron y sus mentes comprendieron.

Después de decirle que sería cabeza de su iglesia, le dio una misión más:

“A ti te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”
(Mt. 16,19)

Por lo tanto, la Iglesia es un designio nacido del corazón de Dios Padre. Como afirma Lumen Gentium 6: “ ha sido prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza; se constituyó en los últimos tiempos, se manifestó por la efusión del Espíritu y llegará gloriosamente a su plenitud al final de los siglos” .

En el evangelio consta la decisión directa de Jesús de fundar una Iglesia para ser vínculo entre los hombres y su reino .Él quiso que hombres tan débiles y pecadores como nosotros llevasen en sus manos la responsabilidad de administrar los sacramentos de su gracia, que fueran los mediadores de la vida de Dios en nosotros.


¿Por qué jerárquica?

“ La Iglesia de Cristo- dice Ratzinger- no es un partido, no es una asociación, no es un club; su estructura profunda y substantiva no es democrática sino sacramental y , por lo tanto, jerárquica... la autoridad aquí, no se basa en los votos de la mayoría; se basa en la autoridad del mismo Cristo”.

Hoy nos parece que lo mejor para una institución es que su sistema interno sea democrático, que se vote a un representante elegido por la mayoría para gobernarla. Al ver que es el mejor método, queremos aplicarlo en todo.

Pero la estructura de la Iglesia no es compatible con la de ninguna asociación civil. Es, por necesidad, una institución jerárquica. Esto es así porque fue el mismo Jesús que, al elegir a los apóstoles y constituirles en colegio bajo el primado de Pedro, les confió una misión que había de durar hasta el fin del mundo, razón por la cual los apóstoles también se prolongan en sus sucesores, los obispos (Padre José L. Torres. En La Iglesia piedra de escándalo).


¿Por qué amarla?

Pero es difícil amar a la Iglesia Católica cuando vemos que hay muchas riquezas, que se comenten robos, que hay gente corrupta, que hay escándalos sociales en el propio seno de la Esposa de Jesús... ¿cómo podemos querer esto?

En el mismo instante en el que Jesús dio la vida por todos los hombres asumió todos sus pecados y con ellos también todos los pecados de la Iglesia. Al ser ésta una entidad de doble naturaleza, humana y divina, es también santa y pecadora.

Como nos pasaría con un amigo íntimo, esposo o hermano, no nos tenemos que sorprender por su pecado ni por el nuestro pero sí comprenderlo: amar de verdad es amar hasta el dolor, y a la Iglesia, que es Esposa de Jesús, por la que Él dio la Vida, tenemos que amarla en sus defectos y en toda su santidad.

Es notable cómo hasta una persona que no practica la fe le exige a la Iglesia una conducta intachable. Esto nos habla no sólo de su papel tradicional en la sociedad sino también de una necesidad de ser Hijos y de mirar a nuestra Madre como ejemplo.

Remitirnos a sus fuentes nos ayudará a comprender toda acusación que se le haga. Si tenemos alguna duda sobre un pecado atribuido a sus miembros tenemos que buscar respuesta en alguien que conozca su historia, su doctrina y que la quiera.

La explicación de por qué amarla se halla en Cristo: “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella” (Mt, 16,18)

La seguridad que Jesús declara a cerca de la Iglesia es sorprendente y al mismo tiempo, definitiva. Estas palabras aseguran el temor y las acusaciones de quienes dicen que la Iglesia no se mantiene inalterable a lo largo del tiempo.

Lo esencial de nuestra relación con nuestra Madre y Maestra es que está asistida por el Espíritu Santo y estas palabras de Cristo nos animan a confiar más en Ella.

La Esposa

Es la Iglesia Esposa de Jesús, es decir, está unida místicamente a Él: ¿cómo es esto? Por su característica mística – misteriosa y profunda- , amar a Jesús y Amar a la Iglesia es necesariamente lo mismo: no se puede querer bien a uno sin el otro. Por eso, querer separar la Iglesia de Cristo es querer separar al Cuerpo de su cabeza y así impedir la acción del Cristo Total. Por eso puede parecer contradictorio escuchar afirmaciones como “no creo en la Iglesia pero creo en Dios”, cuando es la Iglesia la que me reveló a Dios y el mismo Dios quien me dio a la Iglesia.

Una catequista mía solía decir: “Hay que ser Iglesia para hablar de la Iglesia”. Esto me recuerda también las palabras del Beato Alberto Hurtado, un padre chileno que hizo mucho por los pobres de su país, y que decía que la Iglesia “será lo que queramos que sea”.

Porque Ella “Quiere servirse
De mis pies para caminar
De mis manos para trabajar
De mis labios para bendecir
De mi ejemplo para entrar en las almas”. (Padre Hurtado. Mensaje a los Jóvenes. Pasquín del encuentro Continental de Jóvenes.. Chile. 1998.)

Es decir, depende de mí también que se manifiesten sus cuatro propiedades inseparables: su unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad.


Dilexit Ecclesiam

El Padre José Kentenich, sacerdote fundador del Movimiento de Schöenstatt, eligió esta frase para su epitafio y es la que lo identificó siempre: “Dilexit Ecclesiam - Amó a la Iglesia”. Lo que encierran estas palabras no es solamente la confirmación de su obra fecunda sino que también manifiestan la fuerza de un deseo: la voluntad de servir a la Iglesia como lugar donde él como muchos otros, encontraron a Jesús plenamente vivo y total.

¿Cómo acercarse a la Iglesia? Quizás ya estemos dentro, quizás nos hayamos alejado hace tiempo. Lo importante es querer volver, querer “quererla” como el Padre Kentenich, y a través de Ella a Jesús.

Lo profundo de este encuentro con la esposa del Señor no se puede conseguir sin la Madre: María es la clave – la llave- para entrar en la Iglesia y quererla. María nos puede ayudar a sanar la herida causada por algún sacerdote que nos desilusionó, por aquel malentendido con una monja, por esa noticia del diario donde denunciaban la corrupción de un obispo.

Tener una experiencia de Iglesia nos va a ayudar, como Familia, a llevar adelante la propia vocación.

 
Iglesia, obra maestra del Espíritu Santo. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

Iglesia, obra maestra del Espíritu Santo.

Autor: Papa Francisco.
Fuente:  Al día, Reporte Vaticano

La Iglesia es ”la obra maestra del Espíritu, que infunde en cada uno la vida nueva de Cristo Resucitado y nos coloca al lado del otro, para servirlo y apoyarlo, convirtiéndonos en un solo cuerpo, construido en la comunión y el amor”. Así lo dijo esta mañana el Papa Francisco en su catequesis durante la Audiencia general de este miércoles en la Plaza de San Pedro.

El Santo Padre  destacó que la Iglesia no es sólo ”un cuerpo construido en el Espíritu: ¡La Iglesia es el Cuerpo de Cristo! Y no es sólo una forma de hablar: ¡Lo somos realmente! ¡Es el gran regalo que recibimos el día de nuestro Bautismo!”.

El Papa indicó que sería bueno recordar más a menudo lo que somos y lo que hizo por nosotros el Señor Jesús. ”Somos su cuerpo -dijo-, ese cuerpo que nada ni nadie le puede arrebatar y que él recubre con toda su pasión y su amor, como un esposo lo hace con su esposa”.

Asimismo señaló que las divisiones, las envidias, las incomprensiones y la marginación ”no están bien, porque, en lugar de construir y hacer crecer a la Iglesia como Cuerpo de Cristo, la fracturan en muchos pedazos, la desmiembran”. En este contexto recordó algunos consejos que el apóstol Pablo daba a los Corintios, que ya en su época debían afrontar las mismas dificultades y que valen también hoy para nosotros. ”No ser celosos, sino apreciar en nuestras comunidades los dones y las cualidades de nuestros hermanos; acercarse y participar en el sufrimiento de los más pobres y los más necesitados; expresar la propia gratitud a todos y, por último, -finalizó- no considerar a nadie más importante que a otro, sino en la caridad considerarse como miembros los unos de los otros, que viven y se dan a sí mismos en beneficio de todos”.

Al final de la catequesis, el Pontífice saludó en los diferentes idiomas a los peregrinos y fieles allí reunidos y dedicó unas palabras a los empleados de la compañía aérea ”Meridiana” de la Comunidad Diocesana de Tempio Ampurias (Cerdeña – Italia) que están viviendo momentos muy difíciles de incertidumbre laboral. ”Espero -concluyó- que se pueda encontrar una solución equitativa que tenga en cuenta, ante todo, la dignidad de la persona humana y las necesidades esenciales de las familias… lanzo un llamamiento a todos los responsables: ¡por favor, ninguna familia sin trabajo!”.

 
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