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Iglesia
El gran desconocido. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

El gran desconocido.

Autor:
Papa Francisco.
Fuente: Zenit.org

La respuesta que san Pablo recibe de un grupo de discípulos en Efeso, narrada en Hechos de los Apóstoles, es sorprendente: "Ni siquiera hemos oído decir que exista un Espíritu Santo".

El papa Francisco observa así con realismo, que la falta de conciencia que manifiestan los cristianos hace dos mil años no es solo "algo de los primeros tiempos", sino que el Espíritu Santo “es siempre como el desconocido de nuestra fe".

«Hoy en día, muchos cristianos no saben quién es el Espíritu Santo, qué es el Espíritu Santo. Y a veces se oye: "Pero yo me organizo bien con el Padre y con el Hijo, porque rezo el Padre Nuestro al Padre, estoy en comunión con el Hijo, pero con el Espíritu Santo, no sé qué hacer...". O te dicen: "El Espíritu Santo es la paloma, la que nos da siete dones”. Pero así el pobre Espíritu Santo está siempre al final y no encuentra un buen lugar en nuestra vida».

Dios de la memoria.

Sin embargo, dijo el Francisco, el Espíritu Santo es un "Dios activo en nosotros", un "Dios que hace recordar" que "despierta la memoria". Jesús mismo lo explica a los apóstoles antes de Pentecostés: el Espíritu que Dios les enviará en mi nombre, asegura, "les recordará todo lo que yo les he dicho". Lo contrario para un cristiano, crearía una pendiente resbaladiza:

«Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano: es un hombre o una mujer prisionera de la coyuntura, del momento; no tiene historia. La tiene, pero no sabe cómo asumir la historia. Es justamente el Espíritu que le enseña cómo asumir la historia. La memoria de la historia... Cuando en la Carta a los Hebreos, el autor dice: "Acuérdense de sus padres en la fe" –memoria; “recuerden los primeros días de su fe, cómo fueron valientes"-memoria. Memoria de nuestra vida, de nuestra historia, memoria del momento que hemos tenido el privilegio de conocer a Jesús; memoria de todo lo que Jesús nos ha dicho».

"Esa memoria que viene del corazón, es una gracia del Espíritu Santo", afirmó el papa Francisco. Y tener memoria, precisa, también significa recordar las propias miserias, que nos vuelven esclavos, y junto a ello la gracia de Dios que redime de aquellas miserias: «Y cuando llega un poco la vanidad, y uno cree que es un poco el Premio Nobel de la Santidad, también la memoria nos hace bien: 'Pero... recuerda de dónde te tomé: del último de la grey. Tu estabas detrás, en la grey'. La memoria es una gracia grande, y cuando un cristiano no tiene memoria --es difícil decir esto, pero es la verdad--, no es cristiano, es un idólatra.

Porque está frente a un Dios que no tiene un camino, no sabe hacer camino, y nuestro Dios camina con nosotros, se mezcla con nosotros, camina con nosotros. Nos salva. Hace historia con nosotros. Memoria del todo, y la vida se vuelve más fructífera, con esta gracia de la memoria».

El santo padre concluyó con una invitación a los cristianos a pedir la gracia de la memoria, para ser personas que nunca olviden el camino cumplido, que “no olvidan las gracias de sus vidas, no se olvidan del perdón de los pecados, no olvidan que eran esclavos y que el Señor los salvó".

Traducido del italiano por José Antonio Varela V.

 
¿De veras quieres que los amemos? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

¿De veras quieres que los amemos?

Autor:
Fernando Rivera Barroso (México).
Fuente: periodismocatolico.com

¿Qué les pasa a los católicos? ¿Se han olvidado del intento de asesinato a Juan Pablo II, o ya no recuerdan el asesinato del ministro católico de Paquistán Shahbaz Bhatti –muerto por defender a la minoría católica-, ni el injusto encarcelamiento de la madre de familia Ashia Bibi condenada a muerte por ser católica?

¿Deben olvidar los católicos o volver la cara hacia otro lado para no ver las mortales persecuciones a sus hermanos en la India, en Siria, en Nigeria, en Sudán, en Afganistan, en Iraq, etc.?

¿Y los monjes asesinados en Libia? ¿Y los sacerdotes masacrados en el oriente medio, incluyendo al obispo católico de Turquía?

¿Qué le dirán a los católicos chinos perseguidos por el gobierno que encarcela a sus obispos por decenas de años?

¿Deben los católicos ignorar  las agresiones y burlas de los laicistas, empeñados en desprestigiar la fe de los católicos, y evitar su acción caritativa prohibiendo que sus instituciones en USA sigan buscando familias a niños abandonas y obligándoles a darlos en adopción a parejas homosexuales.

¿Deben los hospitales católicos practicar abortos como lo ordena la ley de algunos estados norteamericanos, so pena de quitarles las subvenciones oficiales?

Pareciera que estas preguntas son procedentes ante la imagen de Juan Pablo II perdonando a su agresor, o la del Papa Francisco lavando y besando los pies de un joven musulmán delincuente.

Pero estos cuestionamientos sólo pueden ser hechos por quien no conozca la doctrina de Jesucristo.

En cambio, quien conoce personalmente a Cristo y vive su doctrina no sólo no se hace esas preguntas en reclamo, sino que incluso actúa con una mentalidad totalmente diversa.

Los católicos si sabemos de todas esas persecuciones y crímenes en contra de nuestros hermanos en todos los continentes, y nos duelen mucho; si queremos que cesen estas injusticias, si queremos que sean liberados nuestros hermanos, si queremos ser libres para proclamar la fe en el Amor. Pero, precisamente por el Amor que nos ha sido revelado, también queremos vivir el mandato de Jesucristo: “Amen a sus enemigos”.

Por eso los dos gestos de perdón y amor de los Papas, precisamente cuando arrecia la persecución a los católicos en todo el mundo. Es la imagen realmente vivida de nuestra fe.

El joven musulmán le preguntó al Papa Francisco: “¿Por qué hace esto?”: el Papa dejó entrever que su corazón respondía así a una moción superior. Efectivamente, Cristo está sufriendo en la tierra y de nuevo ora al Padre por quienes le están asesinando. Cristo mueve el corazón de su Vicario para que nuestros enemigos vean, palpablemente, que la Palabra de Dios realmente se hace vida, y que humildemente oramos por ellos, los que nos están persiguiendo y matando. Después de ese gesto de humildad, de perdón y de amor, el Papa Francisco pidió en público que cesen las persecuciones contra los cristianos en la República Centroafricana que un grupo de terroristas musulmanes están realizando.

El beso del Papa en los pies de un joven delincuente musulmán no es un gesto mediático, es una de las cosas de Dios que operan en la profundidad de sus criaturas, es la forma como la gracia se difunde y mueve los corazones de nuestros perseguidores; algunos de ellos preguntarán igualmente: ¿por qué hacen esto? Nuestras vidas les responderán.

 
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Reflexiones - Iglesia

Cuando la Iglesia incomoda.        

Autor:
El Observador
Fuente: www.elobservadorenlinea.com

A nivel global se vive una intolerancia a lo religioso


ACOSADOS

- 885 misioneros asesinados entre 1990 y 2011
- 477 fueron sacerdotes, 180 religiosas y 24 laicos
- 200 millones de cristianos perseguidos por su fe

Otro rostro de la Iglesia es la persecución y acoso que viven algunos de sus miembros. Hablamos de persecución cuando las autoridades o poderes de una región declaran expresamente que el cristianismo y/o catolicismo está prohibido y practicarlo genera riesgos para la integridad física de las personas.

Los perseguidos


En esta situación tenemos a buena parte de los países bajo la órbita del islam: Irán, Marruecos, Egipto, Emiratos Arabes Unidos y un largo etcétera, Los casos concretos abundan; por ejemplo, la emblemática Assia Bibi, la mujer pakistaní acusada de blasfemia y por lo tanto a pena de muerte por defender sus creencias católicas, la cual movilizó a la comunidad internacional para exigir su liberación, o en Arabia Saudita, donde a los trabajadores extranjeros se les presiona para convertirse al islam, so pena de perder su trabajo. En esta nación existen al menos 400 mil católicos a los que la ley les impide reunirse para rezar, incluso en casas particulares. También es ilegal que enseñen el catecismo a sus hijos, más de cien mil niños. Situación parecida se vive en Kuwait y Yemen. En Egipto hay alrededor de 8 millones de cristianos coptos, los cuales han sufrido actos de violencia y padecen restricciones en razón de sus creencias; en Siria hay dos sacerdotes secuestrados desde mediados de febrero. Según la asociación de Ayuda para la Iglesia Necesitada, cerca de 200 millones de cristianos en todo el mundo padecen persecución religiosa.

Los acosados


En la mayoría de las naciones los católicos no son perseguidos, pero sí acosados por expresar su fe. Podríamos hablar de un «bullyng social». En estos países expresarse como católico es arriesgarse a ser tachado de ignorante. Bajo el rostro de un laicismo se esconde censura mediática contra la profesión de un credo religioso. Esta censura muchas veces es impulsada por actores políticos, y los comunicadores de mayor impacto se presentan con posturas anti Iglesia; es políticamente correcto denigrar una creencia.

Lo anterior hace que académicos católicos estén relegados del sistema de universidades públicas e incluso sean tachados de poco serios. Esta reprobación incluso ha llegado a las redes sociales, donde se permiten páginas ateas que incitan al odio, y se proscriben espacios donde sólo se expresa una convicción de fe. El caso concreto es la página «Memes católicos», que fue cerrada y debido a la presión de cibernautas católicos fue hace poco re- abierta. La lista de acciones de esta naturaleza podría ser interminable. Lo importante es que debemos reconocer que ésta es una de las realidades que enfrentamos como católicos.

 
Y tú, ¿qué hubieras hecho? PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

Y tú, ¿qué hubieras hecho?

Autor:
Juan Rafael -Johnny- Pacheco
Fuente: www.mensajespanyvida.org

El momento era difícil. Ir a la iglesia implicaba poner en riesgo la vida. Los comunistas controlaban a Rusia y el único culto permitido era el culto a Stalin, el hombre hecho dios, cuya férrea voluntad doblegaba a millones de rusos.

Sin embargo, había una iglesia católica en la que el padre diariamente celebraba la santa misa junto a muchos asistentes.

Un día, soldados armados rodearon el templo interrumpiendo la ceremonia. El capitán entró y dijo a la aterrorizada concurrencia:

--¡Les voy a dar una sola oportunidad! ¡Quien quiera salir, allí está la puerta!

Algunos no lo pensaron dos veces, pero el padre y un numeroso grupo permaneció sentado.

De inmediato, ordenó el capitán:

--¡Cierren todas las puertas! ¡No dejen entrar a nadie! ¡Quien quiera irse, váyase ahora!

Algunos huyeron, dejando atrás al padre y a buen número de los asistentes.

--¡Cierren todas las ventanas, que nadie pueda ver lo que va a pasar aquí adentro!
¡Esta es su última oportunidad!

Otro tanto de personas decidió irse, pero un grupo que incluía al sacerdote no se movía de su lugar.

El capitán, viendo su extraordinaria valentía, dijo al sacerdote:

- Padre, puede seguir oficiando la misa. ¿Podría yo unirme a su fe? Quiero conocer a su Dios…

De igual manera acontecía hace dos mil años en Roma, siendo emperadores Nerón y Calígula, que echaban al foso de los leones del Circo Romano hombres y mujeres que prefirieron morir antes que renegar de su fe.

Y tú, ¿que hubieras hecho?

“El siglo XX fue el de los millones -sí, sí, millones- de mártires, los del comunismo en Asia, Europa oriental y España; los del nazismo, o los del simple odio a Dios en la guerra cristera de México o del extremismo musulmán en África.

Y en este Siglo XXI seguimos recibiendo noticias frecuentes como el de la monja asesinada en China por atreverse a predicar el Evangelio y tantos otros en tantas partes del mundo.

Puede que a nosotros no se nos presente esta ocasión en nuestra vida, ni que el Señor nos pida esta muestra de amor. Pero sí nos pide el martirio que puede suponer sonreír cada jornada a esta persona que podemos llegar a no soportar, el callarnos por dentro cada vez que nos venga un juicio negativo sobre esa persona, el seguir poniendo nuestro cariño a pesar de no recibir nada a cambio, el no abandonar el trabajo estipulado por cansancio...y tantas cosas que son pequeños martirios que hacen de nosotros «otros cristos», manifestaciones de nuestro amor a Dios”, señala Catholic.net.

Peor aún, “son muchas las familias que en la intimidad de su hogar se persignan y hacen una pequeña oración antes de las comidas, pero cuando están en restaurantes o en otros ambientes, en donde sería muy oportuno manifestarse como cristianos, prefieren simplemente ponerse a comer.  Todo esto es avergonzarse de Jesús”, afirma el padre Ernesto María Caro.

“Porque todo el que se declare por mí delante de los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios” (Lc 12,8), dice el Señor.

Si Cristo nos invita a dar testimonio de Él ante los hombres, es porque sabe que el mundo está deseando que alguien le anuncie la Palabra, y hay tantas formas sencillas de hacerlo.

¿Lo haces?

Bendiciones y paz.

Para comunicarse con el autor:
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Porque amo la Iglesia. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

Porque amo la Iglesia.

Autor:
Omar A. Jiménez Castro.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Tuve la dicha de tener dos padres católicos practicantes. Aunque nunca pertenecieron a ningún grupo dentro de la Iglesia pero me enseñaron todo lo necesario para ser un buen católico. Siempre íbamos a misa todos los domingos aun estando en los Estados Unidos. Tuve ese gran regalo de mis padres de ser bautizado y ser parte por la gracia de Dios, del Cuerpo de Jesucristo que es la Iglesia Católica.

Hoy por hoy, les doy gracias por su legado que todavía conservo y me ha enseñado cada día más amar a mi amada Iglesia. En estos tiempos que la Iglesia es atacada por todos los ángulos, principalmente por medio de la jerarquía, no tengo dudas de amar mi Iglesia.

No la voy a dejar de amar porque los sacerdotes, obispos o el mismo Santo Padre fallen como humanos y se demuestre una vez más su debilidad y flaqueza. La Iglesia me ha enseñado que aun cuando ellos fallen, mi mirada no está en ellos, sino en Aquél que es la cabeza de la Iglesia.

La iglesia católica es un hospital para pecadores, personas que necesitan ser restauradas, no un museo de Santos. Así que hipocresía puede encontrársela en cualquier denominación. No pretendamos que la Iglesia sea santa desde sus líderes, el mismo Pedro, el primer Papa, negó a nuestro Señor tres veces.

Y ni si decir de Judas, uno de los elegidos de Jesús, que lo traicionó. Pero no por ello el MENSAJE que lleva en sí esté equivocado, esa parte le ha tocado al Espíritu Santo dirigirla.

Jesucristo estableció su Iglesia en medio de pecadores del más alto rango. Quiso manifestar en nosotros los pecadores, que aun donde hay más pecado su gracia abunda. Y nos quiere cambiar nuestro corazón para transformarnos.

Es que como católico y el legado de mis padres, he aprendido que los sacerdotes, obispos, son medios esenciales que nos hacen llegar en nombre de Dios el perdón con Dios y con nuestros hermanos, alimento celestial que es la Eucaristía, los sacramentos que nos ayudan en nuestra salvación.

No quiero mentirte que nos escandalizamos por los tantos escándalos, y estamos dolidos por esos actos de nuestros pastores que han fallado en su misión. Pero pensemos que también en que ellos nos han servido y nos has llevado ese regalo de Dios que es ser parte de la Iglesia.  Qué haríamos sin un sacerdote que ha donado su vida para servirnos y se ha negado a sí mismo para hacernos llegar algo que sólo él nos puede regalar, que es la Eucaristía y el perdón de nuestros pecados. Qué haríamos sin un Obispo que guíe la Iglesia diocesana, y de igual manera el Santo Padre que guía en la tierra toda la Iglesia.

Hace unos días el santo Padre renunció para demostrarnos que él no es toda la Iglesia. Ni se aferra a un poder que es un servicio que él ha aprestado libremente. Renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de algo o alguien mayor que es el Sumo Sacerdote.

Pidamos poder decir, Señor amo tu Iglesia porque por encima del pecado que en ella exista, abunda tu misericordia y a través de ella me acerco más a ti.

 
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