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Iglesia
Bergoglio a secas. (El Papa Francisco). PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

 

Bergoglio a secas. (El Papa Francisco).


Autor:
Mons. Víctor Manuel Fernández (Ahora nombrado obispo, el 13 de mayo 2013, por el mismo Papa Francisco).

Fuente:


Víctor Manuel Fernández, es un sacerdote argentino, rector de la Universidad Católica de Argentina, recientemente nombrado Arzobispo, que tal vez sea el teólogo y gestor en el que más confía el papa Francisco. Por eso resulta especialmente significativo este artículo en el que habla sobre el Bergoglio bien conocido por él, con sorprendentes revelaciones sobre sus relaciones con la curia y con el episcopado argentino.

Estos días escribí varias cosas por pedido insistente de periodistas y me parecía que esas notas debían ayudar al pueblo de Dios a valorar con esperanza la figura del nuevo papa. Ahora, pensando más en los agentes pastorales, me gustaría entrar en otras consideraciones. No obstante, anticipo que no lo voy a hacer desde una perspectiva crítica, pero sí desde el corazón y al mismo tiempo desde convicciones bien personales.
Novedades que puede aportar Bergoglio como Papa.

Prefiero decir “Bergoglio” como él siempre se presentaba a sí mismo, pero lo hago para destacar cosas que tienen que ver con características que él tuvo siempre. Porque sin duda, en esta nueva misión Dios recogerá providencialmente esa historia persona.

•    Profundo sentido popular
La palabra “pueblo” es una de las que Bergoglio usa con brillo en los ojos. Valora al pueblo como sujeto colectivo, que debería estar en el centro de las preocupaciones de la Iglesia y de cualquier poder. No es poca cosa decir esto, cuando en algunos sectores de la sociedad y de la Iglesia el pueblo es considerado sólo como una masa llena de defectos que deben ser saneados por la acción educativa de los “sabios y prudentes”. No podemos ignorar que, como obispo, siempre les insistía a los curas no sólo que fueran misericordiosos, sino también que supieran adaptarse a la gente, que no sostuvieran ni una moral ni unas prácticas eclesiales rígidas, que no complicaran la vida de la gente con normas bajadas autoritariamente desde arriba. “Nosotros estamos para dar al pueblo lo que el pueblo necesita”, es una convicción que expresó insistentemente. Estoy convencido de que esto no es un populismo oportunista (aunque pueden llamarlo como quieran), sino la seguridad de que el Espíritu Santo actúa en el pueblo, y lo hace con esquemas y categorías muchas veces intragables para los sectores ilustrados o acomodados, que en su incomprensión suelen demostrar el mismo autoritarismo irracional que ellos critican.


•    Constante y sentida valoración de la piedad popular.

La mayor parte del pueblo argentino manifiesta su fe en el modo propio de la “religiosidad popular”, que no siempre coincide con las propuestas de la jerarquía eclesiástica, y que con un dinamismo original crea sus formas propias de expresión. Bergoglio hizo suya esta valoración positiva de la fe popular, entendida como resultado de la libre y misteriosa acción del Espíritu. Cuando estábamos en Aparecida, una noche me dijo que lo que más le interesaba era que el documento conclusivo plasmara de un modo más contundente esa valoración. Me pidió un texto breve pero bien orientado en esa línea. Después me indicó algunos ajustes y me guió para completarlo y enriquecerlo. En Buenos Aires mostró de muchas maneras esta convicción, remarcando que los agentes pastorales están al servicio de esa vida que corre por las entrañas del pueblo, que nadie es dueño de ese dinamismo y que, más que aplicarle críticas y límites, hay que acompañarlo y ofrecerle cauces.


Opción por los pobres.
Su preferencia por los pobres es de toda la vida. Siendo arzobispo la orientó dando un especial apoyo a los curas que viven en las villas y barrios pobres. Pero es una opción que se entiende en el marco de los dos puntos anteriores. El pobre no es sólo objeto de un discurso, ni siquiera de una mera asistencia, y tampoco exclusivamente de una “promoción” que lo libere de sus males. La opción por los pobres es todo eso, pero más. Porque es prestarles atención, tratarlos como personas que piensan, tienen sus propios proyectos, e incluso el derecho de expresar la fe a su modo. Son sujetos, activos y creativos desde su propia cultura, no sólo objetos de un discurso, un pensamiento o una acción pastoral. De todos modos, nadie puede decir que él (el Papa Francisco) no haya planteado una crítica a las causas estructurales de la pobreza. Lo hizo de distintas maneras y en muchas ocasiones.


•    Pobreza y austeridad personal
Su pobreza personal no es oportunista ni mediática. Todos saben que fue siempre así. Austero hasta el sacrificio. Porque hay que reconocer que cuando uno tiene responsabilidades importantes trata de usar los medios que le permitan optimizar el aprovechamiento del tiempo. Pero Bergoglio es coherente con su sentida opción por una vida pobre. Nunca se sintió digno de hacerse servir y son conocidos sus gestos de servicio sencillo, evitando mostrarse como superior.


•    Sencillez evangélica.
El gusto por la sencillez es otro aporte que puede llegar a descolocar las prácticas y costumbres del Vaticano. Sencillo no sólo en la ropa y en e! lenguaje (lejos de discursos abstractos) sino en las costumbres, con lo cual parece difícil que pueda soportar por mucho tiempo los modismos palaciegos, algunos ritos y formalidades que él más bien detesta, porque no reflejan la simplicidad del Evangelio de Jesús.


•    Jerarquía de verdades y virtudes.

Si bien Bergoglio no es estrictamente un progresista, y siente un serio respeto por las enseñanzas tradicionales de la Iglesia y de los papas anteriores, tiene claro que hay algunas cosas más centrales y medulares (el amor, la justicia, la fraternidad…) y otras que no dejan de ser secundarias. Sin restar importancia a nada, entiende que en la predicación hay que mantener una sana proporción donde la insistencia en cosas importantes no debería opacar el brillo de las más importantes, de aquellas que más directamente reflejan al Jesús del Evangelio.


•    Empeño ecuménico y amistad con el Judaísmo.

Como arzobispo de Buenos Aires dedicó mucho, muchísimo tiempo a conversar con no católicos. Una vez más quiero destacar que no se trata de una estrategia diplomática. No es frecuente que alguien que esté lleno de compromisos dedique a los “diferentes” tanto tiempo de calidad a encuentros tan gratuitos. El año pasado se pasó varios días encerrado con un grupo de pastores, compartiendo con ellos un retiro. También se mezcló con la gente en el encuentro de grupos pentecostales (CRECES) del Luna Park. Recuerdo además, por mencionar algo bien conocido, sus prolongadas conversaciones con el rabino Skorka y el gusto con que le confirió el doctorado honoris causa en la UCA a pesar de las críticas que esto le ocasionaba. Si éste no es un rostro abierto y dialogante de la Iglesia…

Cuestiones eclesiales oscuras.
En los últimos años parece haberse desarrollado un estilo de Iglesia que no es el que Bergoglio promovería, porque él es un hombre del Concilio Vaticano II. Hay que decir con toda claridad que abogó siempre por una Iglesia misionera y servidora, no centrada en sí misma sino al servicio de la gente. Bergoglio abraza a las viejas, besa a los pobres, visita a cualquiera, atiende o llama a las personas más sencillas, pierde tiempo con gente que no tiene poder alguno, muestra una Iglesia despojada y en salida. Se cansó de pedir a los curas que estuvieran disponibles para el pueblo, que se mantuvieran abiertos a la escucha y al diálogo, que no fueran jueces implacables, que salieran a las periferias, que se ocuparan de los “descartables” de la sociedad. No siempre ha sido esa la opción de algunos hombres de Iglesia.

Es más, pensando que Bergoglio ya estaba por jubilarse, e imaginándolo encerrado en al asilo sacerdotal, abundaban las intrigas para consolidar con su desaparición un poder que fueron amasando en los últimos años. Yo mismo estuve en reuniones donde algunos obispos argentinos, y algún representante importante de la Santa Sede (excluyo al actual Nuncio, que es un caballero) se solazaban sin pudor criticando a Bergoglio. Le cuestionaban no ser más exigente con los fieles, no remarcar mejor la identidad sacerdotal, no predicar demasiado sobre cuestiones de moral sexual, etcétera. Hace pocos días, antes de la elección del papa Francisco, estuve en un acto donde algunos de ellos —sin imaginar lo que iba a pasar— transpiraban aires de inminente victoria. Había allí otro ideal de Iglesia, poderosa, triunfante, jueza del mundo.

La concentración del poder en algunos sectores de la Iglesia, y la imposibilidad de resolver todos los problemas con semejante centralización romana, ha dado lugar a una prepotencia que muchos obispos argentinos cuentan haber sufrido en carne propia en algunas visitas a la Santa Sede (excluyen el trato amable y respetuoso del entonces Cardenal Ratzinger). (…)

Sabemos que para avanzar en el estilo de Iglesia que quiere el papa Francisco hacen falta cambios y reformas, al menos para que los procedimientos sean más humanos y evangélicos. Además, considero que él puede hacerlo, aunque sea en parte, de un modo eficiente. Acostumbrado al poder y conociendo su astucia, creo que no será fácil engañarlo. Desde un punto de vista bien teológico, sabemos que el hecho de que se haya presentado desde el primer momento, e insistentemente, como obispo de Roma, ya está indicando un modo de entender el ejercicio del papado. Es papa en cuanto es obispo de una porción del mundo, lo cual indica un ejercicio del poder marcadamente descentralizado, que respeta procedimientos, opciones, historias y culturas locales.


Expresiones características de Bergoglio
.
Para terminar, comparto con ustedes un breve análisis que publiqué en Clarín (17/03/2013) sobre algunas expresiones que Bergoglio ha usado con frecuencia:


•    “Autorreferencial”. Indica una Iglesia que se mira el ombligo, encerrada en intrigas, internas o necesidades mundanas, en lugar de abrirse, de entregarse con alegría y de servir humildemente.
•    “Reza por mí”. Lo dice siempre. Muestra la conciencia de sus límites, de que necesita la ayuda permanente de Dios y la oración de los demás. Por eso, apenas elegido, se inclinó ante el pueblo pidiendo su oración.
•    “Descartables”. Expresa con crudeza cómo la sociedad deja afuera a los que sobran, ya que no entran en la lógica de la producción y del consumo. Si no tienen belleza, dinero, poder o juventud, son arrojados como basura al cesto del olvido.
•    “Humíllate”. Es lo que le dice a una persona que está haciendo mucho bien. Porque está convencido, por su formación jesuítica, de que la humildad es indispensable para que no se arruinen las mejores obras: “Humíllate, para que el Señor pueda seguir haciendo grandes cosas”. Cuando le ofrecieron el papado respondió: “Soy un pecador, pero acepto”.
•    “Audacia”. La usa para dar aliento a los que se achican o se dejan vencer por los temores. Para él nunca está todo perdido. No se echa atrás por más que intenten voltearlo con calumnias y ataques. Está seguro de que al final el bien y la verdad siempre triunfan. Yo mismo pasé por situaciones en las que habría preferido desaparecer, pero él me sostuvo con firmeza diciendo: “Ánimo. Levanta la cabeza y no dejes que te quiten tu dignidad”.
•    “Periferias existenciales”. Invita a los agentes pastorales a no quedarse encerrados y a llegar a las periferias allí donde nadie va: “Salgan de las cuevas, salgan de las sacristías... Prefiero que los atropelle un auto; no que se queden encerrados”. Exhorta a salir de la comodidad personal o del círculo de personas agradables, para estar cerca de todos. Así lo hacía Jesús, que dedicaba tiempo al ciego del camino, al leproso, a la mujer pecadora.
•    “Fervor apostólico”. Lo dice para motivar una entrega generosa desde el corazón. Porque entiende que nadie cambia el mundo haciendo cosas por obligación. Los que han dejado huellas en la tierra siempre han tenido un fuego de fervor interior que los ha movilizado. Por eso critica la “mundanidad espiritual” de los que se aferran a prácticas externas o a la apariencia religiosa, pero vacíos de la fuerza interna del Espíritu.
•    “Cultura del encuentro”. Procura fomentar todo lo que acerca, une, suma, conecta a las personas y a los grupos. Es un enamorado del bien común y de la amistad social.
•    “Cuidar la fragilidad del pueblo“. Lo pide a cualquiera que tenga alguna autoridad. Nadie tiene fuerza o poder para obtener beneficios o glorias mundanas, sino para cuidar a la gente, para sostener y promover a los más débiles. “Cuidar” en general es una palabra que lo define, y que él encuentra plasmada en la figura de San José.
•    “Déjate misericordear“. Es uno de sus felices neologismos. Invita a las personas que se llenan de culpas y escrúpulos a dejarse perdonar y envolver por la ternura del Padre Dios. Como dice el jesuita Ángel Rossi: “Los más frágiles encontraron en él siempre un padre, casi diría superando el límite de lo que puede ser posible, con una magnanimidad con la fragilidad humana que va a marcar el papado”.

No “jodamos”.

Por favor, los que queremos estar con la gente no dejemos de reconocer los valores que encarna este papa Francisco. Hoy estos valores no son tan frecuentes. Dejémonos de “joder”. Podemos detenernos a encontrar el pelo en la leche y lo vamos a encontrar. Pero en este mundo no existe la pureza absoluta y creo que estamos ante una oportunidad inmensa para volver a poner en el centro a Jesucristo y al pueblo que Dios ama. Las últimas declaraciones de Jalics, junto a la opinión de gente de izquierda con buena información, como Pérez Esquivel, Oliveira, Fernández Meijide, Navarro y otros, muestran que Bergoglio no “cagó” a nadie, no fue cómplice de la dictadura, no dejó de ayudar a ocultarse o a escapar a quienes se lo pidieran e intercedió por algunos en la medida en que podía, porque ni siquiera era obispo. Hace treinta años Pablo Tissera, un jesuita progresista, me decía que en la dictadura Bergoglio había actuado según una convicción que tuvo siempre: “los curas tenemos que mantenernos siempre lejos de los que tienen poder en el país, para no quedar pegados”.

Para Rossi “los pobres son los que mejor entenderán la designación de Francisco”. Cuánta gente sencilla llena de alegría uno se encuentra por la calle. Cuando se transmitió el acto de inicio del pontificado frente a la catedral, la Plaza de Mayo estaba desbordante de cristianismo popular. Allí festejaban muchos villeros con banderas, murgas, bailes, imágenes de la Virgen de Luján en andas… Perdámonos en el corazón del pueblo con confianza en el Espíritu y compartamos esa alegría.

 
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Reflexiones - Iglesia


Presencia católica en Internet

Autor:
P. Fernando Pascual.
Fuente: http://www.autorescatolicos.org

La Iglesia católica tiene ante sí una serie de preguntas sobre su presencia en el
mundo de Internet. ¿Cómo entrar en los diferentes ámbitos de este nuevo espacio
comunicativo? ¿Cómo ayudar a los católicos a ofrecer el mensaje de Cristo en las
distintas páginas? ¿Basta con ser bautizado para poner mensajes que reflejen la
verdadera fe de la Iglesia, o se requieren formas de control por parte de la parroquia
o del obispo para que las ideas lanzadas en la Red tengan cierta garantía de ser
auténticamente católicas?

Son preguntas de no fácil solución. Un católico que se asoma a los mil horizontes de
Internet se encuentra, por un lado, con muchas voces, algunas nacidas en corazones
buenos, otras engañosas o simplemente falsas. Por otro lado, no todos los bautizados
conocen bien su propia fe, por lo que al participar o al escribir en Internet pueden
reflejar ideas que no corresponden a la doctrina de la Iglesia.

A pesar de estas y de otras dificultades, la Iglesia aplica a Internet lo que ha
enseñado desde sus orígenes: hay que imbuir de espíritu cristiano los distintos
espacios de la vida humana, como levadura en la masa, y esto vale también para el
mundo de Internet.

Podemos, por ejemplo, recordar lo que explicaba el Concilio Vaticano II: “La Iglesia
católica, fundada por nuestro Señor Jesucristo para la salvación de todos los hombres,
y por lo mismo que está obligada a la evangelización de toda criatura, considera parte
de su misión servirse de los instrumentos de comunicación social para predicar a los
hombres el mensaje de salvación y enseñarles el recto uso de estos medios” (decreto
Inter mirifica n. 3).

Más adelante, el mismo número que acabamos de citar añadía: “Corresponde
principalmente a los seglares vivificar con espíritu humano y cristiano esta clase de
medios a fin de que respondan plenamente a la gran esperanza del género humano y
a los designios divinos” ( Inter mirifica n. 3).

La invitación a imbuir de espíritu cristiano los medios de comunicación social ha
quedado plasmada en el Código de Derecho Canónico promulgado el año 1983. En el
canon 822 podemos leer lo siguiente:

“1. Los pastores de la Iglesia, utilizando un derecho propio de la Iglesia en el
cumplimiento de su función, preocúpense por utilizar los instrumentos de
comunicación social.

2. Los mismos pastores procuren enseñar a los fieles el deber que tienen de cooperar
para que el uso de los instrumentos de comunicación social sea vivificado por un
espíritu humano y cristiano.

3. Todos los fieles, principalmente aquellos que de cualquier manera participan en la
organización o uso de esos medios, sean solícitos en prestar apoyo a la actividad
pastoral, de manera que la Iglesia ejerza eficazmente su función, también mediante
esos instrumentos”.

Esta invitación tan concreta está acompañada por otro canon que precisa la manera
según la cual un católico puede publicar escritos sobre la propia fe:

“Para preservar la integridad de las verdades de fe y costumbres, corresponde a los
pastores de la Iglesia el deber y el derecho de vigilar para que ni los escritos ni el uso
de los medios de comunicación social dañen la fe o las costumbres de los fieles;
asimismo, de exigir que los fieles sometan a su juicio los escritos que vayan a publicar
y tengan relación con la fe o costumbres; y también de reprobar los escritos nocivos
para la rectitud de la fe o las buenas costumbres” (canon 823,1).

En otras palabras, los creyentes, al escribir sobre fe o sobre moral, deben pedir su
aprobación a los obispos. ¿Se aplica esta idea a Internet? La respuesta tiene que ser
afirmativa, pero no resulta fácil ver en qué maneras o bajo qué modalidades
concretas.

Pensemos, por ejemplo, en un católico que lleva adelante un blog, o que participa en
distintos foros, o que pone comentarios a noticias, o que publica en distintas páginas
de Internet sus reflexiones sobre la fe o sobre el modo de vivir el Evangelio. Si el
mundo cibernético multiplica enormemente el número de posibilidades comunicativas
y facilita el que una persona ofrezca, al menos en teoría, a todo el mundo lo que
piensa a través de un texto escrito o de una grabación, ¿cómo intervenir para que los
católicos no expresen ideas que pueden confundir a los muchos potenciales lectores
en el inmenso océano de Internet?

Baste, al menos por ahora, reconocer que la nueva situación es compleja, y que no
podemos considerar como pensamiento auténticamente católico el que es expresado
en Internet por bautizados que tienen ideas a veces confusas, otras veces
equivocadas.

A lo largo de este camino de discernimiento ante un instrumento de comunicación de
potencialidades enormes, tienen una responsabilidad particular quienes, como obispos
y sacerdotes, están llamados a velar por la pureza de la fe. Ellos tienen importantes
deberes en cuanto educadores de los bautizados, a los que necesitan acompañar en el
conocimiento de la propia fe antes de que puedan participar como auténticos
creyentes en alguno de los muchos espacios disponibles en la Red mundial.
Sólo entonces la presencia de los católicos en el mundo de Internet podrá reflejar los
verdaderos tesoros de nuestra fe y permitirá a muchos corazones tener un primer
contacto con la belleza del Evangelio.

 
Para que aprecies la Santa Biblia. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

 

Para que aprecies la Santa Biblia.

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.diosbendice.org

Cuando se abre las cartas de Pedro encontramos una hermosa y alegre verdad: La palabra del Señor permanece y es el evangelio que les anunciamos (1 Pedro 1,25) Hermosa porque nos lleva a recordar al Verbo que se hizo carne en Juan 1,14 y alegre porque nunca ha dejado de ser Buena Noticia. Es tan noticia que esta Palabra está en la vida y en la misión de la Iglesia. Y hoy, dejando que Dios actúe, en lo que él mismo prometió: estaré presente donde dos o tres se reúnan en mi nombre de Mateo 18,20.

En esta alegría se encuentra en Jesucristo que para conocerlo y amarlo debemos encontrarlo en la lectura asidua y meditativa de la Palabra de Dios. (Biblia 46 libros Antiguo Testamento y 27 Nuevo Testamento) Si no lees su Palabra nunca llegarás a conocerlo y mucho menos a amarlo. Pues él sólo tiene palabras de vida eterna que se lee en Juan 6,68. Y al leer su Palabra, no solamente lo conoceremos, sino que tendremos mucha vida, mejor en abundancia (Juan 10,10)

Son muchos los que piensan que la lectura de la Biblia es para los evangélicos, o los que están desesperados e incluso que su lectura afecta y enloquece. Cuestión que es totalmente falsa de toda falsedad. Pues la Iglesia se funda sobre la Palabra de Dios y aún más, nace y vive de ella desde siempre. No es que es ahora. No, es por siempre. Claro reconozcamos, que hemos olvidado que Dios, desde la Palabra, responde a nuestra cotidianidad. De ahí el surgimiento de traducciones de la Biblia al lenguaje e idiosincrasia de los pueblos y así facilitar la Palabra a todos. Además, en la Biblia encontraremos muchos personajes aleccionadores. Uno de ellos San Pablo, quien hacia todo por el Evangelio. Ni se avergonzaba de esa palabra que era fuerza de salvación para todo el que cree (Romanos 1,16)

La Biblia es la que guarda la Palabra de Dios. Por eso se le llama conjunto de libros que más que contar, quiere enseñar a un Dios lleno de amor y misericordia. Leamos pues con mucha atención: “En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios, y la Palabra se hizo carne” (Jn 1,1.14) Observen que no hay mayor amor en Dios que desde siempre nos ama y nos oye. Entonces, para conocer ese amor y saber que quiere decir Dios a cada uno hay que leer su palabra. Y esa palabra penetra hasta las fronteras del alma y del espíritu (hebreos 4,12)

Esa palabra nos da luz, nos acompaña y nos fortalece. Bien lo dice el salmista en el 119, 105 La Palabra es “lámpara para sus pasos, luz en su sendero" Es por eso que nos acompaña en el día a día de nuestro caminar. Sin olvidar que en la Palabra encontramos a Dios que dialoga y esto se resume en una escucha atenta que nos hace percibir a Dios en el silencio de esa lectura meditada de su Palabra. Aquí es muy importante saber que cuando oyes la Palabra en la Santa Misa te estás uniendo a millones y millones que en el mundo lo hacen y así alaban y bendicen a Dios.

Muchas veces decimos que no la leemos porque no la entendemos. Pero al comenzar lentamente vamos, sin querer, en forma suave, dejando que Dios penetre y resuene dentro de cada uno. Como el aceite en la cerradura que está pegada o la tuerca que no se afloja. Al colocarle el aceite y este al hacer efecto la destranca y eso hace que a nosotros nos quite esa pereza propia del que se siente abrumado por tantas páginas. Esa lectura asidua, incluso, me lleva a conocer, comprender y amar a la Iglesia. Es desde la Palabra como nos enteramos que Cristo la funda, la vitaliza y la acompaña.

Hay algo que va más allá de simple información. Que la lectura de la Biblia nos incorpora a una acción inmediata, pues me invita al anuncio de la Buena Noticia. Vayan por todo el mundo a anunciar la Buena Nueva (Marcos 16,15) Bien lo vemos en la recomendación que le hace Pablo a Timoteo: todo texto de la Escritura es útil para enseñar (ver 2Tim 3,16) Es también, una buena herramienta para defender a los que atacan con mentiras a nuestra religión. Debes recordar que “Católico ignorante es seguro protestante”

Observemos a la Virgen Santísima: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38) Recuerda que sin compromiso no la puedes leer, pues al leerla Dios te va a mandar, a cambiar y buscará siempre tu conversión. Nada de miedo. Es Dios que te habla y te acompaña.

Animo. No tengas miedo. Abre la Biblia y te recomiendo que comiences por el Evangelista San Marcos del Nuevo testamento.

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Esto no se sabe. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

Esto no se sabe.

Autor:
Félix González ss.cc.
Fuente: blogs.21rs.es

Hay cosas que no se saben o que no se quieren saber. Unos porque no tienen acceso a las cifras, y otros porque prefieren hacer que lo ignoran (y entre estos últimos están los que no quieren reconocer los méritos de la Iglesia en las ayudas sociales). Por eso es bueno, de vez en cuando, refrescar las memorias. Estas son algunas de las cosas que la Iglesia puede presentar a favor de la sociedad en general:

  • 5.141 Centros de enseñanza; 990.774 alumnos. (Ahorran al Estado 3 millones de euros por centro al año)
  • 107 hospitales (Ahorran al Estado 50 millones de euros por hospital al año)
  • 1.004 centros; entre ambulatorios, dispensarios, asilos, centros de minusválidos, de transeúntes y de enfermos terminales de SIDA; un total de 51.312 camas (Ahorran al Estado 4 millones de euros por centro al año)
  • Gasto de Cáritas al año: 155 millones de euros (salidos del bolsillo de los cristianos españoles.)  Gasto de Manos Unidas: 43 millones de euros (del mismo bolsillo)  Gasto de las Obras Misionales Pontificias (Domund): 21 millones de euros (¿Imaginan de dónde sale?)
  • 365 Centros de reeducación para marginados sociales: ex-prostitutas, ex-presidiarios y ex-toxicómanos; 53.140 personas. (Ahorran al Estado, medio millón de euros por centro)
  • 937 orfanatos; 10.835 niños abandonados. (Ahorran al Estado 100.000 euros por centro)
  • El 80 % del gasto de conservación y mantenimiento del Patrimonio histórico-artístico. (Se ha calculado un ahorro aproximado al Estado de entre 32.000 y 36.000 millones de euros al año)


A todo esto tenemos que sumar que casi la totalidad de personas que trabajan o colaboran con Manos Unidas, Cáritas, etc… son voluntarios ‘sin sueldo’. Aunque a algunos les extrañe, es cierto, hay personas que trabajan por los demás sin pedir a cambio un salario, realizando su labor para ayudar a los demás sin pedir nada a cambio. ¿En cuánto podríamos cuantificar su trabajo? Esta es la razón por la cual el Estado sigue dando algunas ayudas a la Iglesia Católica; porque le sale muy barato. Lo asombroso es que nadie (o muy pocos) saben de esta contribución de la Iglesia española.

Como contrapartida: ¿Cuántos comedores para indigentes han abierto los sindicatos? ¿Cuántos hospitales para enfermos terminales y de SIDA mantienen abiertos los partidos políticos? ¿Adónde puede ir un necesitado a pedir un bocadillo o una ayuda para seguir subsistiendo en una situación de precariedad?

Y por fin: ¿por qué no se da publicidad en la prensa, radio y televisión? ¿A quién le interesa ocultarlo?

 
No a los cristianos de salón PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

No a los cristianos de salón.

Autor:
Zenit.org
Fuente: Santo Padre Francisco.

Ir hacia delante.

Toda la vida de Pablo fue "una batalla campal", una "vida con muchas pruebas". Fue así que Francisco centró su homilía sobre el Apóstol de los Gentiles, quien, según dijo, se pasa la vida de "persecución en persecución", pero no se desanima. El destino de Pablo, subrayó, "es un destino con muchas cruces, pero él sigue; ve al Señor y sigue para adelante": "Pablo molesta: es un hombre que con su predicación, con su trabajo, con su actitud, molesta, porque anuncia a Jesucristo; y la proclamación de Jesucristo –a nuestra comodidad, muchas veces a nuestras instalaciones cómodas, incluso cristianas, ¿no?--, molesta.
El Señor siempre quiere que vayamos más lejos, más lejos, más lejos... Que no nos refugiemos en una vida tranquila ni en las estructuras caducas, y este tipo de cosas, ¿no?

El fervor apostólico.

Y Pablo, predicando al Señor molestaba. Pero él iba hacia adelante, porque tenía dentro de sí aquella actitud cristiana que es el celo apostólico. Tenía en particular el celo apostólico. No era un hombre de compromiso. ¡No! Sobre la verdad: ¡adelante! Sobre el anuncio de Jesucristo: ¡adelante! "

Por supuesto, observó Francisco, san Pablo era un "hombre de fuego". Pero aquí no se trata solo de su temperamento. Es el Señor que "se involucra en esto", en esta batalla campal. De hecho, continuó, es el Señor quien lo lleva "hacia adelante", para dar testimonio también en Roma: "Un paréntesis. Me gusta que el Señor cuide de esta diócesis, desde ese momento... ¡Somos privilegiados! Y el celo apostólico no es un entusiasmo por tener el poder, por tener algo. Es algo que viene de dentro, que el Señor lo quiere de nosotros: un cristiano con celo apostólico. Y ¿de dónde viene este celo apostólico? Viene del conocimiento de Jesucristo. Pablo ha encontrado a Jesucristo, se encontró con Jesucristo, pero no con un conocimiento intelectual o científico –eso es importante, porque nos ayuda--, sino con ese primer conocimiento, el del corazón, del encuentro personal".

Esto es lo que empuja a Pablo a seguir "a proclamar a Jesús siempre." Y agregó: "Está siempre en problemas, pero no en problemas por problemas, sino por Jesús"; proclamando a Jesús, "estas son las consecuencias". El celo apostólico, subrayó, solo se puede entender "en una atmósfera de amor”. El celo apostólico, añadió, "tiene algo de locura, pero de locura espiritual, de sana locura". Y Pablo "tenía esta locura saludable".

Cristianos de "salón".

El papa también pidió a todos los fieles que oren al Espíritu Santo, para que haga crecer en nosotros el celo apostólico, que no está reservado solo a los misioneros. Por otra parte, advirtió, que incluso en la Iglesia hay "cristianos tibios" que "no sienten de ir hacia adelante":

"Aunque también hay cristianos de salón, ¿no? Los educados, tan buenos, pero no saben cómo generar hijos para la Iglesia con el anuncio y el celo apostólico. Hoy podemos pedir al Espíritu Santo que nos dé este fervor apostólico a todos nosotros, incluso que nos dé la gracia de ser una molestia para las cosas que son demasiado tranquilas en la Iglesia; la gracia de ir a las periferias de la vida. ¡La Iglesia tiene tanta necesidad de esto!

Y no solo en tierras lejanas, en las iglesias jóvenes, entre las personas que no conocen aún a Jesucristo, sino aquí en la ciudad, propiamente en la ciudad necesitan este anuncio de Jesucristo. Por lo tanto, pidamos al Espíritu Santo esta gracia del celo apostólico, cristianos de celo apostólico. Y si molestamos, bendito sea el Señor. Adelante, como dice el Señor a Pablo: «¡Ánimo!»".

Traducido del italiano por José Antonio Varela V.

 
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