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Iglesia
Las divisiones entre cristianos son un escándalo. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

 

Las divisiones entre cristianos son un escándalo.

Autor:
Papa Francisco
Fuente:

“Cristo no está dividido. Pero debemos reconocer con franqueza, con dolor, que en nuestras comunidades sigue habiendo divisiones que son un escándalo. No hay otra palabra, las divisiones entre los cristianos son un escándalo ”.  Con estas palabras el Papa Francisco se ha referido a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que se está realizando desde el pasado sábado 18 de enero  y que culminará el próximo 25 de este mes, fiesta de la Conversión de San Pablo.

El Santo Padre ha dedicado la catequesis de la audiencia general de los miércoles a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, una iniciativa espiritual en la que participan desde hace más cien años las comunidades cristianas y de un tiempo dedicado a la oración por la unidad de todos los bautizados , de acuerdo a la voluntad de Cristo : ” Que todos sean uno” .

Cada año , un grupo ecuménico de una región del mundo, bajo la guía del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana , sugiere el tema y preparan las actividades de esa Semana de Oración . Este año ha sido el turno de las de las Iglesias y comunidades eclesiales de Canadá, que han propuesto la cuestión planteada por San Pablo a los cristianos de Corinto “¿Acaso está dividido Cristo?”.

En su reflexión, el Papa ha dicho que los cristianos no pueden seguir divididos. Y, recordando las palabras de Pablo: “Cada uno de vosotros dice: ” Yo soy de Pablo ,” Yo soy de Apolo “,” Yo de Cefas “, o” Yo soy de Cristo “, subrayó que “incluso aquellos que profesaban a Cristo como su cabeza no son aplaudidos por el apóstol porque usan su nombre para separarse de otros dentro de la comunidad cristiana. ¡Pero el nombre de Cristo crea comunión y unidad , no división . Jesús vino para crear comunión entre nosotros, no para dividirnos. El bautismo y la Cruz son elementos centrales de discipulado cristiano que tenemos en común. Las divisiones, en cambio, debilitan la credibilidad y la eficacia de nuestro compromiso evangelizador”.

En la carta, el Apóstol reprende a los corintios por sus divisiones , pero también da gracias a Dios porque por medio de Jesucristo la comunidad “se ha enriquecido con todos los dones, los de la palabra y los del conocimiento” . Esa actitud del Apóstol es “un estímulo para nosotros y para que cada comunidad cristiana reconozca con alegría los dones de Dios presentes en otras comunidades. A pesar del sufrimiento de las divisiones, que lamentablemente aún existen, acojamos las palabras de Pablo como una invitación a alegrarnos sinceramente de las gracias concedidas por Dios a los otros cristianos. Tenemos el mismo bautismo, el mismo Espíritu Santo que nos ha dado la Gracia, alegrémonos

“Es bueno reconocer la gracia con que Dios nos bendice y , todavía más -ha recalcado el Obispo de Roma- encontrar en otros cristianos algo que necesitamos , algo que podríamos recibir como un regalo de nuestros hermanos y nuestras hermanas. El grupo canadiense que ha preparado esta semana de oración no ha invitado a las comunidades a pensar en lo que podían dar a sus vecinos cristianos: las ha exhortado, en cambio, a encontrarse para averiguar lo que todos pueden recibir de vez en vez de los otros. Esto requiere algo más: mucha oración, humildad, reflexión y conversión continua. Sigamos por este camino rezando por la unidad de los cristianos para que este escándalo acabe”.

 
Los escándalos son ¡la vergüenza de la Iglesia! PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia


Los escándalos son ¡la vergüenza de la Iglesia!

Autor:
Papa Francisco
Fuente:(ACI)

Los escándalos en la Iglesia ocurren porque no hay una relación viva con Dios y con su Palabra. De esta forma, los sacerdotes “corruptos”, en vez de dar el pan de la vida, dan comida envenenada al santo pueblo de Dios, lo dijo el Papa Francisco en su homilía matutina durante la Misa que presidió esta mañana en la capilla de la Casa Santa Marta.

El Papa dijo que cuando los sacerdotes son corruptos, los que sufren son los fieles: “¡Pobre gente! ¡Pobre gente! No damos de comer el pan de la vida; no damos de comer - en aquellos casos - ¡la verdad! Y hasta damos de comer comida envenenada, tantas veces! ‘¡Despiértate, porque duermes Señor!’. ¡Que ésta sea nuestra oración! ‘¡Despierta! ¡No nos rechaces para siempre! ¿Por qué escondes tu rostro? ¿Por qué olvidas nuestra miseria y opresión?’. Pidamos al Señor no olvidar jamás la Palabra de Dios, que es viva, que entre en nuestro corazón y no olvidar jamás al santo pueblo fiel de Dios, ¡que nos pide un alimento fuerte!”.

Según señala Radio Vaticano, comentando la lectura del día y el salmo responsorial, que narran una dura derrota de los israelitas por obra de los filisteos, el Pontífice observó que el pueblo de Dios en aquella época había abandonado al Señor. Se decía que la Palabra de Dios era “rara” en aquel tiempo. El viejo sacerdote Elí era un “tibio” y sus hijos “corruptos, asustaban al pueblo y lo golpeaban”. Los israelitas para combatir contra los filisteos utilizan el arca de la alianza, pero como una cosa “mágica”, “una cosa externa”. Y son derrotados: el arca es tomada por los enemigos. No hay verdadera fe en Dios, en su presencia real en la vida:

“Este pasaje de la Escritura nos hace pensar en cómo es nuestra relación con Dios, con la Palabra de Dios: ¿es una relación formal? ¿Es una relación lejana? La Palabra de Dios entra en nuestro corazón, cambia nuestro corazón, tiene este poder o no, es una relación formal, ¿todo bien? ¡Pero el corazón está cerrado a aquella Palabra! Y nos lleva a pensar en tantas cosas de la Iglesia, en tantas derrotas del pueblo de Dios simplemente porque no siente al Señor, no busca al Señor, ¡no se deja buscar por el Señor! Y luego después de la tragedia, la oración: ‘Pero, Señor, ¿qué ha pasado? Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, todos en derredor se burlan y se ríen. Servimos de escarmiento a las naciones, y los pueblos menean la cabeza”.

El Papa reflexionó luego sobre los escándalos de la Iglesia: “Pero ¿nos avergonzamos? Tantos escándalos que no quiero mencionar individualmente, pero que todos conocemos… ¡Sabemos cuáles! Escándalos, algunos que han costado tanto: ¡está bien! Se debe hacer así…. ¡La vergüenza de la Iglesia! ¿Pero nos hemos avergonzado de aquellos escándalos, de aquellas derrotas de sacerdotes, de obispos, de laicos?”

“La Palabra de Dios en aquellos escándalos era una cosa rara; en aquellos hombres y en aquellas mujeres la Palabra de Dios ¡era rara! ¡No tenían un lazo con Dios! Tenían una posición en la Iglesia, una posición de poder, también de comodidad. ¡Pero no la Palabra de Dios! ‘Pero, yo tengo una medalla’; ‘Yo llevo la Cruz’… ¡Si, como esos llevaban el arca! ¡Sin la relación viva con Dios y con la Palabra de Dios! Me viene a la mente aquella Palabra de Jesús para aquellos por los cuales vienen los escándalos… Y aquí el escándalo ha venido: toda una decadencia del pueblo de Dios, hasta la debilidad, a la corrupción de los sacerdotes”.

 
Los orígenes del Adviento. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

Los orígenes del Adviento.

Autor:
Fuente:
www.primeroscristianos.com

¿Cómo y cuándo empieza a vivirse?

Tiempo litúrgico que prepara la Navidad.

Expectación penitente, piadosa y alegre.

La venida del Hijo de Dios a la Tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos (…). Al celebrar anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida. (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 522 y 524)

Con el tiempo de Adviento, la Iglesia romana da comienzo al nuevo año litúrgico. El tiempo de Adviento gravita en torno a la celebración del misterio de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.

A partir del siglo IV

El origen y significado del Adviento es un tanto oscuro; en cualquier caso, el término adventus era ya conocido en la literatura cristiana de los primeros siglos de la vida de la Iglesia, y probablemente se acuñó a partir de su uso en la lengua latina clásica.

La traducción latina Vulgata de la Sagrada Escritura (durante el siglo IV) designó con el términoadventus la venida del Hijo de Dios al mundo, en su doble dimensión de advenimiento en la carne –encarnación- y advenimiento glorioso –parusía-.

La tensión entre uno y otro significado se encuentra a lo largo de toda la historia del tiempo litúrgico del Adviento, si bien el sentido de “venida” cambió a “momento de preparación para la venida”.

Quizá la misma amplitud de las realidades contenidas en el término dificultaba la organización de un tiempo determinado en el que apareciera la riqueza de su mensaje. De hecho, el ciclo de adviento fue uno de los últimos elementos que entraron a formar parte del conjunto del año litúrgico (siglo V).

Parece ser que desde fines del siglo IV y durante el siglo V, cuando las fiestas de Navidad y Epifanía iban cobrando una importancia cada vez mayor, en las iglesias de Hispania y de las Galiasparticularmente, se empezaba a sentir el deseo de consagrar unos días a la preparación de esas celebraciones.

Dejando de lado un texto ambiguo atribuido a San Hilario de Poitiers, la primera mención de la puesta en práctica de ese deseo la encontramos en el canon 4 del Concilio de Zaragoza del año 380:"Durante veintiún días, a partir de las XVI calendas de enero (17 de diciembre), no está permitido a nadie ausentarse de la iglesia, sino que debe acudir a ella cotidianamente" (H. Bruns, Canones Apostolorum et Conciliorum II, Berlín, 1893, 13-14). La frecuencia al culto durante los días que corresponden, en parte, a nuestro tiempo de adviento actual, se prescribe, pues, de una forma imprecisa.

Un tiempo de penitencia.

Más tarde, los concilios de Tours (año 563) y de Macon (año 581) nos hablarán, ya concretamente, de unas observancias existentes “desde antiguo” para antes de Navidad. En efecto, casi a un siglo de distancia, San Gregorio de Tours (fallecido en el año 490) nos da testimonio de las mismas con una simple referencia.  Leemos en el canon 17 del Concilio de Tours que los monjes "deben ayunar durante el mes de diciembre, hasta Navidad, todos los días".

El canon 9 del Concilio de Macon ordena a los clérigos, y probablemente también a todos los fieles, que"ayunen tres días por semana: el lunes, el miércoles y el viernes, desde San Martín hasta Navidad, y que celebren en esos días el Oficio Divino como se hace en Cuaresma" (Mansi, IX, 796 y 933).  Aunque la interpretación histórica de estos textos es difícil, parece según ellos que en sus orígenes el tiempo de adviento se introdujo tomando un carácter penitencial, ascético, con una participación más asidua al culto.

Sin embargo, las primeras noticias  a cerca de la celebración del tiempo litúrgico del Adviento, se encuentran a mediados del siglo VI, en la iglesia de Roma.

Según parece, este Adviento romano comprendía al principio seis semanas, aunque muy pronto -durante el pontificado de Gregorio Magno (590-604)-  se redujo a las cuatro actuales.

Una doble espera.

El significado teológico original del Adviento se ha prestado a distintas interpretaciones. Algunos autores consideran que, bajo el influjo de la predicación de Pedro Crisólogo (siglo V), la liturgia de Adviento preparaba para la celebración litúrgica anual del nacimiento de Cristo y sólo más tarde –a partir de la consideración de consumación perfecta en su segunda venida- su significado se desdoblaría hasta incluir también la espera gozosa de la Parusía del Señor.

No faltan, sin embargo, partidarios de la tesis contraria: el Adviento habría comenzado como un tiempo dirigido hacia la Parusía, esto es, el día en que el Redentor coronará definitivamente su obra. En cualquier caso, la superposición ha llegado a ser tan íntima que resulta difícil atribuir uno u otro aspecto a las lecturas escriturísticas o a los textos eucológicos de este tiempo litúrgico.

El Calendario Romano actualmente en vigor conserva la doble dimensión teológica que constituye alAdviento en un tiempo de esperanza gozosa: "el tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre" (Calendario Romano, Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, 39).

 
Un sí a la alegría. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

Un sí a la alegría.

Autor:
P. Marcelo Ribas.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Todos sabemos que un cristiano triste es un triste cristiano. Además, la alegría es de todos y para todos. Que esa alegría no simplemente sonreír, sino que muchas veces es silencio al estilo de María la Virgen que guardaba todo en su corazón y por eso pudo estar al pie de la cruz con alegría en el sufrir con esperanza. Decirle ¡SI! a la alegría es reconocer, aceptar y tratar naturalmente los acontecimientos diarios. Esto lo digo porque somos muchos que creemos que la alegría es ausencia de problemas y es todo lo contrario. Lo cotidiano de la vida, es decir, lo que hacemos todos los días tiene sus días grises, negros o llenos de luz. El resultado de la alegría es la satisfacción de haber vencido, de haber triunfado, haber saltado el obstáculo. Ese triunfo trajo esfuerzo, lágrimas, preocupaciones y al vencerlo o tenerlo produce esa sensación de alegría. A esta situación o condición es la que hoy me quiero referir. No a la carcajada alborotada y fuera del contexto real de la vida. Habrá que recordar al payaso Garrí. Hacía reír a todos, pero andaba triste por dentro.

El fundamento de la alegría es cada persona que sabe saborear y vivir el momento. En Psicología se llama Autoestima. Aquel valor o fuerza que se aguarda para los momentos difíciles. Recordemos: “Al mal tiempo buena cara” “Si por aquí llueve, por allá no escampa” “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”  No son simples frases construidas por viejos, es la riqueza de una sociedad experimentada en las luchas alegres por vencer y salir adelante. No es mera palabrería que se va diciendo de una generación a otra. Son valores que vienen dados por el acontecer diario de muchas personas que en medio del sufrimiento y la lucha sonrieron y vencieron. Me atrevo a decir, categóricamente, que quien son tiene alegría ya está vencido. Por eso hay que tenerle pánico a una persona que no sonría. Muy peligroso.

El evangelista San Juan 15,11 nos dice: “Les digo todo esto para que estén contentos y para que la alegría sea total” Yo no me puedo imaginar a Jesús de Nazaret sin sentido del humor o a la Virgen María como una señora seca y rezando todo el día. Ellos tenían vida y la vida no es de cartón. Además, Dios se define como amor y un amor sin alegría deja de serlo, pues el condimento de los días es la alegría.

Digamos, pues, un ¡SI! a la alegría porque después de la tormenta la calma y después de esos nubarrones “Dios sobre todo” lo demás es rutina y repetición.

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Nuestra Iglesia muy orgullosa. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

Nuestra Iglesia muy orgullosa.

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.diosbendice.org

Se dice por ahí “Dime de que te jactas y te diré de lo que careces” Pero en este momento me siento muy orgulloso y sumamente motivado a escribirles. Es que hay personas que supieron vivir y sus vidas fueron testimonios de amor para Dios y el prójimo.

1.    Beata Madre Candelaria de San José. Susana Paz-Castillo Ramírez. Nacida en Altagracia de Orituco, el 11 agosto de 1863. De un hogar muy cristiano de Don Francisco de Paula y Doña María del Rosario Ramírez. La humildad y su constante desprendimiento fueron cualidades que destacaron ella. No soportaba ver la desgracia ajena, por eso siempre estaba presta a ayudar. Entregó su vida en amor hacia los pobres y enfermos. En ella toda una teología del consuelo. Su amor a Dios es traducida en amor al necesitado. Por eso Dios le permitió curar a la niña de 12 años Milagros del Valle Candelaria Bermúdez Meza y fuera beatificada el 27 de abril de 2008. Se celebra su fiesta cada 1 de febrero de cada año. Lo más significativo es que vivió y murió en Cumaná.

2.    Venerable José Gregorio Hernández Cisneros nacido en un pueblo andino, Isnotú, el 26 de octubre de 1864. Sus padres don Benigno y doña Josefa Antonia, quienes lo educan en la fe y le inculcan estudiar medicina, para ello llega a Caracas a los 13 años para empezar el bachillerato y luego a la Universidad Central de Caracas con tal éxito que fue premiado y lo enviaron a París para que estudiara Microscopia, Histología Normal; Patología y Fisiología Experimental. Entra a la cartuja de Farneta tomando el nombre del Hermano Marcelo. Se enferma y le toca regresar a Venezuela para recuperarse. Su vida fue un servir a Dios en los enfermos y más pobres. A los 30 años de su muerte se inició el proceso en 1949. Para septiembre de 1995 es aprobado el expediente sobre las virtudes heroicas y es declarado Venerable. Su heroísmo y las virtudes fueron proclamadas por Juan Pablo II en enero de 1986. Hoy en día, todos los venezolanos, hacemos oración por su pronta Beatificación.

3.    Beata Madre María de San José. Laura Evangelista Alvarado Cardozo. Hija de Clemente Alvarado y Margarita Cardozo, nació en Choroní. Estado Aragua, el 25 de Abril de 1875. Desde su infancia llevó una vida cristiana ejemplar. Se consagró a Dios en su Primera Comunión. Vivir para Dios en pobreza, humildad y sencillez. Se dedica a los más pobres. Lleva adelante el hospital San José. Su proceso comenzó en 1978. Para que en el año 1982 ocurra la curación de la hermana Teresa Silva inválida por penosa enfermedad a quien la Madre le había profetizado su curación años antes. Este milagro es aprobado en 1993 por el Papa Juan Pablo II. El día 7 de Mayo de 1995 se realizó la ceremonia de su Beatificación. Es la primera beata venezolana.

4.    Siervo de Dios Monseñor Sixto Sosa. Nació en Tinaco, Estado Cojedes, Venezuela el 20 de Octubre de 1870. Estudió sus primeras letras en su ciudad natal y en 1881 fue llevado a Trinidad para culminar sus estudios. En 1887 ingresa al Seminario Josefino de Calabozo. Fue ordenado sacerdote el 22 de Diciembre de 1894 en la Catedral de Calabozo. El 17 de Febrero de 1903 llega a Altagracia de Orituco en calidad de párroco y emprende allí una fecunda labor que cautiva la atención de sus superiores. En Mayo de 1914 fue nombrado Administrador Apostólico de Guayana y consagrado Obispo de Titular de Claudiópolis el 31 de Octubre de 1915 y en 1923 toma posesión de la nueva Diócesis de Cumaná, diócesis que regirá durante 20 años hasta su muerte acaecida en Caracas el 29 de Mayo de 1943. Hombre lleno de mucho amor impulsó a promover tantas obras en bien de la humanidad: hospitales, ancianatos, colegios y, para asegurar la continuidad de estas obras, fundó la Congregación de las Carmelitas. En la actualidad hacemos oración para que su causa en favor de su vida de hombre de fe y amor al prójimo sean vistos para su beatificación.

Hoy, con mucha alegría cristiana y venezolana, damos gracias a Dios por estos regalos que sirven de ejemplo y de mucha vivencia en el amor de Dios en los más necesitados.




Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla        @padrerivas

 
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