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Iglesia
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Reflexiones - Iglesia

 

La Santa Iglesia, maestra en humanidad y caridad.

Autor: Escrito por Rodrigo Buston (Chile)
Fuente:

En la actualidad, ya sea por ignorancia o simplemente por  maldad,  la Iglesia es  atacada de  diversos flancos  y  sectores  olvidándose  del tesoro y bien que ésta aporta a la humanidad. Por la conducta de unos pocos (que no deja de ser reprochable y grave) condenan  con ligereza y falta de juicio objetivo a toda la Iglesia buscando algún error para poder hacer un incendio de éste.  Lo más escandaloso de esto es que cuando se trata  de un político o alguien de la farándula  los medios tienden a tapar y  darle poca importancia a dicho problema e incluso buscarle una justificación, pero cuando se trata de la Iglesia Católica los acusadores se levantan como tsunami  en el mar. En concreto, cada vez son más frecuentes los ataques contra la Iglesia católica por parte de grupos de  personas que dicen defender los valores de la tolerancia y libre pensamiento.

En muchos países se dictan leyes contrarias  a Dios y contrarias a la misma naturaleza humana, ya que cuando vamos en contra de Dios, vamos en contra de nosotros mismos, pretender construir una sociedad al margen de Dios es llevarla a su autodestrucción.   Luego cuando afirmamos que la Iglesia es maestra en humanidad nos referimos a su labor pastoral en la tierra, a sus orientaciones que van en beneficio y bien del mismo hombre, buscando su realización plena en esta vida y en la eternidad. Por ejemplo si recordamos la revolución industrial que se inició en Inglaterra donde la masa obrera se desplazó  del campo a la ciudad para satisfacer los requerimientos de las fábricas, en aquel entonces los obreros vivían  en condiciones infrahumanas, con sueldos miserables y con jornadas de 16 o más horas diarias de trabajo, por lo que las encíclicas sociales de su santidad León XIII no callaron  esta injusticia, la denunciaba y enfatizaba el valor de la dignidad humana abogando por un salario justo, digno y condiciones  laborales más humanas.

No olvidemos la conquista de américa, donde actuaban los conquistadores españoles que eran católicos se respetaba a los indígenas y no se permitió su esclavitud , en oposición a los conquistadores ingleses que no eran católicos y esclavizaron a los africanos que traían a América.

La institución que más caridad realiza en el mundo es lejos la Iglesia Católica, miles de hogares de menores por toda al orbe, hogares de ancianos, comedores comunitarios, escuelas agrícolas, apoyo a la mujer,  hospitales, etc.

la Iglesia administra un total de 67.264 escuelas maternas frecuentadas por 6.386.497 alumnos; 91.694 escuelas primarias por 29.800.338 alumnos; 41.210 institutos secundarios por 16.778.633 alumnos. Además sigue 1.894.148 jóvenes de las escuelas superiores y 2.837.370 estudiantes universitarios. Los institutos de beneficencia y asistencia administrados en el mundo por la Iglesia comprenden: 5.378 hospitales , 18.088 dispensarios, 521 leproserías, 15.448 casas para ancianos, enfermos crónicos y minusválidos,  9.376 orfanatos, 11.555 jardines de infancia; 13.599 consultorios matrimoniales,  33.146 centros de educación o reeducación social y 10.356 instituciones de otros tipos.

Para más detalles puede consultar las Estadísticas de la Iglesia Católica – Especial Jornada Misionera 2009

Y existen muchas más entidades, grupos de acción y movimientos católicos en el mundo entero que ayudan a los pobres y personas con problemas sociales. La pregunta es ¿Por qué los medios de comunicación tradicionales no hablan de esto?

No olvidemos también a nuestros  queridos sacerdotes,  que están enamorados de Dios y muchos darían la vida en nombre de Nuestro Señor sin pensarlo. Ellos están en los momentos más importantes de nuestra vida. Cuando nos bautizan, en  la primera comunión, cuando nos casamos o necesitamos confesarnos,  incluso cuando estamos al borde de la muerte  ellos están ahí para servir y regalar el amor de Jesús en los sacramentos; cuantas veces vamos a misa y nos olvidamos el sacrificio que ellos hacen por nosotros, nos olvidamos también  que es nuestra obligación básica de caridad rezar por ellos.

Claro está la enorme caridad y humanidad que tiene Nuestra  Santa Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo. Esto es sólo una pequeña muestra de algunas cosas que algunas personas deberían tomar en cuenta antes de perseverar en su afán de hablar mal de la Santa Iglesia.

 
La Iglesia en la encrucijada de la historia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

La Iglesia en la encrucijada de la historia.

Autor: Marcelo López Cambronero.
Fuente:

Nos vamos dando cuenta de que el mundo se encuentra en una encrucijada, en un proceso de cambio que va a dar lugar a una nueva época. No sólo lo dice el Papa, pero Francisco es muy consciente de esta circunstancia y lo expresa a menudo y, sobre todo, está preparando a la Iglesia para este cambio que se presenta ante nosotros.

Tal vez a algunos les extrañe que la Iglesia tenga que evolucionar porque las sociedades o las condiciones varíen, ya que su mensaje es eterno, pero tras ese pensamiento se oculta una mentira terrible. Ni nosotros ni nuestros padres ni nuestros abuelos agotamos la riqueza de la Escritura, y cada generación está llamada a encontrar al Señor en la realidad que le es dada, que le corresponde vivir. La realidad, cuya esencia es el mismo Cristo, se nos da para crecer, y negarla carece de sentido.

Por supuesto que en todo momento aparecen bienes que se deben conservar, de la misma manera que los cambios, las crisis y las revoluciones se mueven con frecuencia por reacciones exageradas que no distinguen entre lo valioso y la escoria desechable; pero la Iglesia no puede enrocarse en el pasado, en la nostalgia: está en camino hacia un destino bueno y confía en el Señor de la historia.

Son muchas las notas por las que se distinguirá el pontificado de Francisco, pero me parece que una de los más importantes será la del “cambio tranquilo”. Es cierto que algunas personas, las más ligadas a la modernidad que se está quedando atrás, quieren dificultar esta transformación y buscan una y otra vez crear discordia y confusión introduciendo un mensaje ideológico que el Papa rechaza constantemente.

La presión de las ideologías resulta insoportable. La gente tiene una sed enorme de testigos, de personas sinceras y honestas que estén comprometidas con aquello en lo que creen. Se sospecha –y casi siempre con razón- de los discursos y de las normativas frías e impersonales y se anhela la presencia real de un amigo. Por eso Francisco nos anima siempre a ser testigos de Cristo, a dejar que Él se muestre, a enseñar a los demás que el cristiano no es el que sigue a un partido o a una corriente de pensamiento, sino aquel que es de Cristo.

 
¿Qué sientes cuando critican a la Iglesia? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

¿Qué sientes cuando critican a la Iglesia?

Autor: Juan Gaitán
Fuente: mundoyfe.wordpress.com

Recientemente, una persona católica (al menos eso entendí), me enlistó todo lo que cree que está mal en la Iglesia: Que la gente no conoce su fe, que nuestro conocimiento bíblico es pobre, que no vamos a misa, que las parejas no se casan y las casadas se divorcian, que ya casi nadie se confiesa, que los padres no conocen el nombre de sus fieles, que en la misa no se conocen unos a otros, que la gente cree que discriminamos a los homosexuales, y un gran etcétera.

Ciertamente me sentí un poco abrumado, aunque no dijo nada que no hubiera escuchado antes. Ante la metralla, respondí de la mejor manera que pude desde una postura, creo yo, teológica y católica

De ahí, el tema derivó a cómo la Iglesia navega con la solidez de la fe en Dios, pero con muchas fallas (¿pecados?) que han dejado nuestra credibilidad ante la sociedad en un nivel lastimero.

Ante eso me pregunté: ¿qué siento cuando alguien critica a “los católicos”?, ¿cómo reacciono cuando escucho ataques francos a mi madre Iglesia?

El criterio tendría que ser el actuar de Jesús, el Evangelio, el Reino de Dios. Dice Mateo: “Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan, y cuando, por mi causa, os acusen en falso de toda clase de males.” (Mt 5, 11).

Mi pregunta entonces fue: ¿realmente nos injurian y “persiguen” por causa de Jesús? ¿U otra razón es la causa de las críticas y “ataques” que son dirigidos hacia los católicos?

Entre otras cosas, a la persona que me enlistó las cojeras de la Iglesia, le respondí que al católico que, a ejemplo de Jesucristo, se entrega por los marginados, aunque lo haga sin anunciarlo y a escondidas, nadie lo critica, porque se le nota cómo el cristianismo en él es un bien para el mundo.

Cuánta falta nos hacen en la Iglesia grupos de referencia. Es decir, comunidades de las que se pueda decir: ¡ellos son católicos y hacen tanto bien a los demás! ¡Son católicos y se me antoja ser como ellos! Los “grupos de referencia” o “primeras comunidades cristianas” constituyeron el éxito de la expansión del cristianismo en los primeros dos siglos después de Cristo.

En la Iglesia tenemos tantas fortalezas, valores, virtudes… ¡tenemos la fuerza dinámica del Espíritu Santo! Contamos con todos los recursos para vivir el Evangelio de Jesucristo, humildes y misericordiosos junto a quienes más necesitan un apoyo.

Si fuéramos determinados discípulos del Hijo de Dios, aunque fuésemos ignorantes en temas bíblicos, aunque no entendiésemos la misa por completo, el testimonio arrasaría y la sociedad, en vez de criticar, desearía ser como los c

 
El cristianismo en pocas palabras PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

El cristianismo en pocas palabras.

Autor: Fernando Pascual.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

El cristianismo surge desde una decisión de Dios. Dios ama, y crea. Ama, y acepta los riesgos de la libertad. Ama, y busca cómo redimir.

El Amor lleva a caminar hacia el hombre débil, enfermo, confundido, pecador. Busca cómo iluminar su mente, cómo curar su corazón, cómo librarlo del mal.

Ese mismo Amor impulsa a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a la aventura más grande y más sorprendente: la Encarnación del Hijo, desde la Voluntad del Padre y bajo la acción del Espíritu Santo.

El sí de la Virgen María abre las puertas de lo humano a lo divino. La salvación se hace presente y cercana. Jesús es el Hijo del Padre y el Hijo de María.

Cristo Jesús anuncia la salvación y muestra su fuerza con palabras y con milagros. Los sencillos lo acogen con alegría. Los soberbios cierran sus corazones y lo rechazan.

En el momento fijado por el Padre, Cristo acepta entregarse a los hombres, que cometen contra Él todo tipo de injusticias, hasta el drama del Calvario.

El Amor, sin embargo, es más fuerte que la muerte. La Sangre del Nazareno limpia los pecados. Su Cuerpo, a los tres días, resucita.

Cristo envía su Espíritu Santo y pone en pie la Iglesia. Esa Iglesia sigue en camino, a lo largo de los siglos, en un drama de dimensiones cósmicas.

La historia no ha terminado. Cada día nos hace más cercano el momento decisivo, el juicio que separe el bien y el mal, que distinga entre los humildes y los soberbios.

El cristianismo sigue vivo con la mirada puesta en Jesucristo. Cada día está lleno de misterios y de esperanzas. El tiempo impulsa a la llegada del Reino definitivo.

Como creyentes, como católicos, oramos y buscamos acoger el gran don de la misericordia, que se convierte en caridad y servicio.

Al igual que los primeros cristianos, también nosotros repetimos hoy el grito de quienes esperan y viven bajo la luz de Cristo Resucitado: “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,20).

 
Lo que enseña la historia de la Iglesi PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Iglesia

 

Lo que enseña la historia de la Iglesia.

Autor:
Padre Fernando Pascual (Italia).
Fuente:

La historia enseña cuando los hechos son presentados en su cruda realidad y desde interpretaciones serias y bien elaboradas. También la historia de la Iglesia católica enseña, y mucho, si le dedicamos tiempo, si hay historiadores competentes, si miramos hacia el pasado en toda su complejidad.

En esa historia de la Iglesia caminan juntos la santidad y el pecado, el trigo y la cizaña, la ortodoxia y la herejía. A todos los niveles: desde los obispos hasta el laico que lleva una vida ordinaria.

Por eso duele ver cómo ha habido, y hay también hoy, tantos hombres y mujeres que fallan (que fallamos), que sucumben, que se confunden, que incluso llegan poco a poco o de modo masivo a apartarse de la doctrina verdadera y de la moral auténticamente cristiana.

Incluso en algunos momentos eran decenas, incluso centenas, los sacerdotes y obispos que, poco a poco o de golpe, se apartaban de la doctrina verdadera y defendían ideas sectarias. Basta con recordar cómo en el siglo IV muchos obispos de Oriente se unieron a la herejía de Arrio. O cómo, en el siglo XVIII, miles de sacerdotes en Francia juraron fidelidad al Estado surgido de la Revolución francesa en contra de su auténtica vocación como pastores católicos.

Uno de los grandes engaños de ciertos intérpretes de la historia defiende que esos eran hechos del pasado y que hoy no pueden ocurrir, pues el tiempo nos habría hecho más maduros. Nada más falso. Después de lo que muchos celebran como triunfos de la educación y de la ciencia, ¿no tenemos hoy una terrible corrupción entre los políticos, una enorme apostasía religiosa, y una conciencia adormecida ante algo tan terriblemente injusto como el aborto generalizado?

La historia de la Iglesia nos recuerda esa debilidad íntima que hiere a cada ser humano. En el pasado, con hechos lamentables que recordamos con vergüenza; y en el presente, con un vivir acomodado al mundo en miles de católicos que olvidan lo que significa ser sal y luz.

Gracias a Dios, también esa historia recuerda que Dios no abandona a su pueblo y que de mil maneras busca atraernos a sus brazos. Por eso siempre ha habido santos, héroes, mártires.

¿Por qué fueron fieles en medio de situaciones muy difíciles? Porque se dejaron iluminar por el Espíritu Santo y porque conservaron valientemente el tesoro de la auténtica doctrina católica.

También hoy podemos ser fieles a Cristo hasta el final. Basta con ser humildes, pedir ayuda a Dios, y seguir los pasos de miles de testimonios (mártires) que a lo largo de los siglos nos muestran cómo ser fieles, incluso hasta dar la propia vida por quien murió para salvarnos.

 
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