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La tumba no pudo contener a Cristo. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Pascua.

La tumba no pudo contener a Cristo.

Autor:
P. Fernando Pascual
Fuente: Vive la semana Santa.

Creer que Cristo resucitó quizá era más fácil en otros tiempos, pero siempre ha sido una aventura. Tal vez hoy sea más difícil, más arriesgado, ante tantos que señalan a las religiones como causas de los males del planeta.
Creer en la Iglesia, a pesar de las críticas insistentes y rabiosas, sólo es posible si sentimos, de verdad, que Cristo vive, que la muerte no fue capaz de eclipsar el fuego de su Amor.

Esta fue la convicción que movió a los primeros cristianos.

Esa es la luz que guió los pasos de la Iglesia en su deseo por llevar el Evangelio a todos los rincones del planeta.

Esa es la fuerza que hizo que hombres y mujeres, ancianos o niños, fuesen capaces de mantener viva su esperanza, incluso ante la amenaza de morir, lentamente, bajo los tormentos de un refinado instrumento de tortura...
Los millones de mártires de la historia no son fanáticos de ideas superadas. Son testigos de algo que no se puede explicar como se explican las matemáticas.

La resurrección de Cristo divide en dos la historia.

También ahora, en estos momentos, un esposo o una esposa se mantiene fiel a pesar de la infidelidad de la otra parte.

Una joven renuncia a abortar porque ama a su hijo y porque Cristo está a su lado.

Un sacerdote supera la calumnia y la difamación porque sabe que son felices (bienaventurados) los perseguidos e insultados.

Un enfermo ofrece sus horas de dolor, quizá sin el necesario consuelo de los que deberían amarle, con la certeza de que los que lloran pueden ser consolados, y de que su agonía lenta puede impedir una guerra o puede cambiar un corazón endurecido.
Un joven deja sus proyectos de trabajo para servir a los pobres, los drogadictos, los que han quedado heridos por la vida.

La historia sigue adelante. ¿Somos muchos o pocos los católicos? No sabemos, pues también hoy como ayer existen lobos que usan piel de ovejas.
A pesar de todo, creemos, con la fuerza de tantos millones de testigos, que Dios no ha muerto, que Cristo vive, que el Evangelio nos revela palabras de vida eterna.

Pasan las modas, los egoísmos, las ideologías de los defensores de un mundo sin Dios, sin esperanzas.
El amor no pasa: escribe cada día páginas que hacen bella la vida humana y quedan, para siempre, grabadas en el cielo.

La tumba no pudo contener a Cristo. Tampoco la Iglesia desaparecerá, aunque a veces nos sintamos solos, en medio de las olas.
Pero no temamos. Él ha vencido al mundo, y camina, discreto y seguro, a nuestro lado.

 

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