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Reflexiones - Adviento.



Feliz Navidad.

Autor:
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.diosbendice.org

Era un pueblo de una sola calle. 30 casas, 30 familias. Yo era uno, junto a mis nueve hermanos, que formábamos parte de esas familias. Papá en el campo sembrando, cultivando, cuidando y vendiendo; es más, intercambiando. Frijoles por leche; remolachas por pan; yuca y verduras por carne; pollos por platos y trastos para la cocina… Mamá en la casa ordenando, limpiando cocinando, enseñando, tejiendo, planchando…haciendo.

Mis hermanos mayores mirando de reojo al mundo y yo piensa que piensa. Entre la Escuela, la quebrada, las matas de mango, pomarrosas y guayabas, el futbol, las peleas y demás travesuras pasábamos el tiempo. A esto se unía las visitas a la Iglesia en domingo, los largos paseos al río de la chucurí y las tardes haciendo cuevas y chozas en el potrero repleto de arboledas.

El trompo, las metras, la perinola, la cometa y el divertido juego del quemado. Pero en nada se comparaba con la llegada de diciembre. Quería correr para ver si llegaba más rápido, pero todo era inútil el tiempo se mueve por sí solo y no necesita ayuda.

Les estoy hablando de Juanito. Un niño como tú. Un niño que fabricó su mundo y quiso llamar a la navidad. Aquel día tomó su cometa de mil colores, con frenillos y una larga cola de trapos de muchos matices. En esa cola colgó un papel que decía: navidad te espero y te llamo.

Te espero porque es ahora que tengo conciencia de lo que es. Ayer no entendía mucho aunque fueran pequeños regalos siempre los recibía con alegría y gratitud. Te espero porque, aún con pantalones cortos, pienso diferente y sé que existes y que nunca has dejado de existir. Eres la eterna viajera que va y viene sin dejar a nadie olvidado. Te espero con nerviosismo ya que no se esperar con paciencia. Te espero porque sé que vendrás y no me vas a encontrar dormido, sino despierto para comprender de una vez que es la navidad.

Te llamo navidad porque en ti está toda mi esperanza. Tal vez, ilusión o algo parecido. Pero te llamo. Reconozco que no vienes a mí solamente, sino que vienes a todos. Pues son muchos los que te llaman y te encargan cosas y muchos juguetes. Te llamo porque comprendo que puedes estar muy ocupada y de repente, me dejes a un lado, para pasar en silencio por mi lado para que no me dé cuenta.

Te llamo porque siento que, en la oscurana de la noche material, muchos te niegan y otros te maldicen. Que en esta apartada orilla del terruño que me vio nacer, la patria chica, me escuches y vengas con la mochila repleta de bendiciones. No es cualquier bendición. Mucho menos una simple de una pasajera navidad. No, con la mejor bendición…

La cometa partió al firmamento llevando en su cola el escrito: navidad te espero y te llamo. Llegó la noche de navidad. Ya habían venido de misa toda la familia. Ya habían compartido la cena: hallacas, ensalada, pan de jamón y la torta negra acompañada de dulce de lechosa. Debían todos ir a dormir. Pues los niños y la familia debían hacerlo para dejar al Niño Jesús que entrara en la casa. Yo hice caso y me fui a la cama. Claro, no cerré los ojos quería ver llegar a la navidad. Dieron la 10 y el reloj conmigo se agitaba a la espera de la siguiente hora. En la casa todo era silencio. Yo aun tenía la ropa puesta y con los zapatos me disponía a correr cuando viera a la navidad.

Dieron las 11 y el corazón se achicaba y el sudor bajaba de prisa por mi frente agitando el pecho para sentir que algo grande se movía fuertemente dentro de mí. El arbolito con pompas de jabón titilaba a un lado del pesebre que junto a mí aguadaban la esperada navidad. Las suaves luces de las casas vecinas se apagaban dentro de mis parpados cansados por la espera.

Sonaron las 12 y un cañón a lo lejos retumbó anunciando la llegada de la navidad. Escuché a mi madre rezar: santa María madre de Dios… Sagrado Corazón de Jesús… Padrenuestro… Todo volvió a quedar en mayor silencio. Mis ojos buscaban con nerviosismo a la navidad. Todo era… Bueno algo que no se puede decir con palabras. Me enfilé al pesebre y junto al arbolito me quedé. No se movía nada. Nada aparecía. Todo estaba en calma. Mis manos sudaban y mi respiración se agitaba. De repente sentí que algo se arrecostaba a la puerta. Lentamente avancé y miré por la ventana. Era un niño que temblando de frío se escondía de la helada noche. Abrí y era uno que nunca había visto. Le miré y sin palabras busqué una cobija y se la coloqué en sus hombros. El permanecía de cuclillas y temblaba como ave herida. Busqué leche y pan que me los quitó de las manos y los metió en su boca rápidamente. Volví a la cocina por más y al regresar ya no estaba. Le busqué entre las sombras y no lo encontré. Descubrí una nota pegada en la puerta que decía: gracias por llamarme y esperarme. En esta navidad necesité de ti. Para las otras navidades yo te serviré.

 

Atentamente, la Navidad con hambre.

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