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La medida del Amor es Cristo en la Cruz. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Caminando con Jesús

La medida del Amor es Cristo en la Cruz.

Autor: Arturo Zárate Ruiz.
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El papa Francisco es tan popular que algunos vivillos ponen dichos sabrosos en su boca para luego justificar y vender sus cuestionables egoísmos como magisterio de la Iglesia. “Lo dijo el Papa”, sería su excusa. Sospecho que uno de esos dichos es el de “no vivas sólo para tus hijos”.

Sucede que se nos ha advertido ya en varias ocasiones contra lo que se difunde en Facebook y en otras redes sociales como enseñanzas del papa Francisco. Se nos pide que chequemos en los documentos oficiales suyos para cerciorarnos si lo dijo o no, y aun antes ver si se da la fecha de lo que se supone que dijo: sólo entonces podremos saber si es posible verificar.

Contamos además con el oído de fe que nos advierte cuando suena rara la dizque cita, por lo que habríamos de cuestionarla.

A menos que maticemos la frase en un contexto adecuado, chocaría contra la doctrina cristiana. Por ejemplo, en el mismo documento donde refieren “no vivas sólo para tus hijos”, incluyen “Esta vida no es eterna y así es aunque no quieras pensar en ello”. Es como si el Papa dijera, “no hay eternidad”, “te mueres y ya”, lo que contradice de lleno el mensaje central cristiano de resurrección y de vida. Esta blasfemia sólo tendría sentido si se le matizase y refiriese a que nuestra estadía en este mundo finito no es eterna, y que hay un mundo mejor (o peor que sería el Infierno) al que llegaremos tras la resurrección.

Continuando con el ejemplo, allí mismo afirman que dijo “La espiritualidad, la religión, las oraciones (o cual sea tu manera de expresar tu vida espiritual) pueden ser una fuente de energía”. Esto suena a “new age”, no a palabras de un apóstol de Cristo. Lo que entonces se te propone es tu ensimismamiento, el que tú seas el centro, el “que te llenes de energía”, no el salir de ti mismo para amar a Dios y a tu prójimo, aun cuando ello exija tu abatimiento, tu entrega como Cristo en la Cruz. Es más, “cual sea tu manera de expresar tu vida espiritual” supone que da igual que seas hijo de la Iglesia o no. ¡Qué digo!, supone que no importa que la manera en que expreses tu “espiritualidad” sea inclusive la de negociar con Satanás. Si cualquier expresión da igual, ¿por qué el Papa es católico?

¡Vamos!, ¿puede el Papa que se nombró a sí mismo Francisco, para predicar así la pobreza, afirmar también lo siguiente?:

“Ámate. No te olvides de ti mismo cuando luches por la felicidad de tus hijos. No te niegues un vestido o una corbata, por ejemplo, por comprar un nuevo juguete; no cambies tu salón de belleza o tu hobby por pagar un nuevo profesor particular. Si tú no cuidas de ti mismo, ¿qué le puedes dar a los demás?, ¿qué ejemplo les darás?, ¿qué amor?”

¡Ah!, ahora resulta que ya no es mandato “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga, porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará”. Ahora, según la mentada cita, lo importante es que te mimes, que te autocomplazcas, que te compres un vestido Louis Vuitton o que vayas al salón de belleza. Eso es más importante que el que tu hijo pase la materia reprobada.

Así, resulta que el “no vivas sólo para tus hijos”, o por decirlo de otra manera, el no los ames demasiado, el mímate primero a ti, es lo recomendable, cuando el mandato de Cristo mismo es no sólo que ames a tu hijo (que lo puede hacer cualquier pagano), sino que ames inclusive a tus archienemigos, y, ¿según qué medida?, “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, es decir, hasta la muerte, y muerte de Cruz.

De seguir a Jesús, nuestro amor no puede ser, pues, el de un cuentachiles. Nuestro amor debe ser total.

Por supuesto, esa cita, en un contexto adecuado, tiene algún sentido. Por ejemplo, debemos evitar idolatrar a nuestros hijos o a cualquier otra persona de este mundo porque debemos “Amar a Dios sobre todas las cosas”. “El que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna”, nos prescribe Jesús.

También, el “no vivas sólo para tus hijos” puede además significar que no les des o permitas cualquier capricho que te pidan. “¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente?”, dice Jesús. Sucede que a veces los hijos sí son extravagantes y no piden pan, sino piedras, y no peces, sino serpientes. Ningún padre prudente les cumplirá el desvarío.

Pero no cumplírselos no es desamor, sino amor sabio que sabe dar lo que les hace bien a los chamacos. El mismo Dios, quien es infinito Amor, no responde a nuestras oraciones tontas, sino que sólo nos da lo que nos conviene, aun cuando desagradecidos no lo reconozcamos.

Podrías replicar que Dios está por encima del tiempo y tú no, que te tienes que repartir. Pero el que te repartas prudentemente no quiere decir que no te des todo.

En breve, el amor no tiene límites. Recordemos a san Pablo: “El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”

Entrégate, pues, de lleno a aquellos que amas, no sólo a tus hijos, sino inclusive a tus enemigos.

por Arturo Zárate Ruiz

 

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