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Reflexiones - Caminando con Jesús

 

¿Cómo le pido un favor a Dios?

Autor: Juan Rafael Pacheco
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Al igual que con todo en la vida, básicamente hay dos formas de dirigirse a Dios. Una, la complicada.  Otra, la sencilla.

Y cómo para muestra basta un botón, les contaré que había una vez una mujer muy piadosa que todos los días, lluvia o sol, sana o enferma, era la primera en llegar a la capilla de su barrio. Desde que abría la puerta empezaba de inmediato a rezar su letanía personal, presentando a Dios su extendido menú del día. Desde el primer plato hasta el postre y el cafecito, ahí estaba todo, bien detallado y bien condimentado con los sazones más variados, así como con las promesas más complicadas si a Dios se le ocurría complacerla. Un negocio total. Me das, te doy.

Un día el despertador no sonó. Se levantó sobresaltada, se vistió como pudo, y peine en mano salió rumbo a su cita con Papá Dios.

Al salir se le cruzó intempestivamente a un viejito que venía en una bicicleta, quien perdió el control y cayó largo a largo en el suelo.  La mujer, apurada, apenas le dijo “lo siento” y siguió su carrera.

En la otra cuadra, una pobre infeliz le pidió ayuda para ir al hospital, y nuestra mujer, apurando el paso más aún todavía, le dijo “excúseme, voy de prisa”.

Casi de inmediato, un niñito mal vestido y sucio le pide que le de algo de comida. La respuesta: “Otro día, que estoy tarde para mi reunión con Dios”.

Y así, con la lengua afuera llegó a la capilla justo a las siete, la hora de su compromiso diario. Trató de entrar, pero muy extrañamente, la puerta estaba cerrada. A un lado, clavada con una tachuela, había una nota.

Rápidamente la arrancó. En letra obviamente escrita con apuro, leyó lo siguiente:

“Perdón por no estar aquí. Esta mañana tuve un accidente en la bicicleta,  no conseguí dinero para ir al hospital y ni siquiera algo para desayunar, así que es posible que llegue un poco tarde”. Firmado: “Dios”.

Este ejemplo nos enseña la forma complicada de dirigirnos a Dios, así como sus consecuencias.

Por otra parte, en una ocasión, “estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús se postró rostro en tierra, diciendo: ‘Señor, si quieres, puedes curarme’. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: ‘Quiero. Queda limpio’. Y al instante desapareció la lepra”. (Lc 5, 12-13).

“Este pasaje de la Escritura nos muestra cómo pedir un favor: ‘Si quieres’. Esta es la actitud de aquel que sabe que está hablando con Dios y que, por lo tanto, para él ‘todo’ es posible; pero al mismo tiempo es la actitud de aquel que sabe que Dios no solo es todopoderoso, sino que es la misma sabiduría, por lo que sabe lo que es o no bueno para nosotros.

De esta manera tengo la confianza de pedir todo cuanto quiero (aún lo que pudiera considerar una necedad) pero al mismo tiempo, me pongo en sus manos para que él me dé lo que sabe que será bueno para mí y para que el Reino de los cielos crezca en el mundo.

Ojalá que tu oración siempre sea: ‘Señor, si quieres, dame lo que te estoy pidiendo, de cualquier manera siempre te amaré igual’”. (Pbro. Ernesto Ma. Caro).

¡Que sencillo!

Bendiciones y paz.

Este cuento aparece publicado en la página 87 de mi libro “La Mariposa Azul y los Regalos de Dios – Historias y cuentos para sanar tu corazón”. Disponible en Librería Cuesta y La Sirena.

Para comunicarse con el autor escribir a:
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