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La Iglesia es de Jesús. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Iglesia

La Iglesia es de Jesús.

Autor: José Ignacio Alemany Grau, Obispo
Fuente: periodismocatolico.org


Una de las frases que más se repiten y cantan en el Vaticano es “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
Es el eco de aquel buen día en que Jesús, desde Cesarea de Filipo, dio el gran encargo a Simón, el pescador: “Dichoso tú, Simón hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado ningún hombre sino mi Padre…. por eso te digo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Jesús le cambia el nombre de Simón por el de “piedra” y ese nombre servirá para todos los demás Vicarios de Cristo.

Para confirmarle su responsabilidad, a pesar de la debilidad de Pedro, que lo negó tres veces, lo único que le pidió Jesús fue amor (“¿me amas más que estos?”). Y luego le confirmó en el servicio: “Apacienta mis ovejas”.

Ese Pedro, esa piedra ha ido cambiando a través de los siglos en su representante pero siempre es la misma: Pío, León, Benedicto, Juan, Juan Pablo y Benedicto XVI…

Todos ellos representaron a Jesús. Muchos lo han hecho maravillosamente tanto como personas humanas, con todos sus valores, como por la santidad que adquirieron a lo largo de su vida.

Pero la Iglesia siempre es de Jesús.

Nunca renunció ni renunciará a ella, que es su esposa y por la que dio la vida.

Jesús no le dijo a Pedro te doy la Iglesia o te doy mi Iglesia sino que le dio el oficio de ser “la roca” visible sobre la que Jesús va construyendo día a día, en el amor, su Iglesia querida.

Por eso aunque admiramos la santidad excepcional de los Papas canonizados y en concreto la de los últimos Papas que hemos podido conocer, sabemos muy bien que ninguno de ellos es dueño de la Iglesia.

Sólo Jesús dio la vida por su esposa y, sólo Él con su Espíritu Santo, la construye día a día.

Recuerda: “edificaré mi Iglesia”.

Jesús, pues, encarga al Sumo Pontífice más bien que pastoree y cuide su Iglesia:

- Enseñando el Evangelio a los hombres de cada siglo y de cada día, para que puedan llegar a ser todos el único rebaño de Cristo y Reino del Padre.

- Gobernando la Iglesia con la ley del amor, conduciéndola siempre al Padre por Cristo en su Espíritu Santo.

- Santificando esta misma Iglesia con todos los regalos que Jesús le dejó, especialmente los sacramentos.

Esta es la fe que debemos renovar en estos días.

El Papa representante de Jesús, y nosotros, ayudados por él, fieles seguidores de Cristo.

Esta es nuestra fe en cualquier persona que el Espíritu Santo escoja como Sumo Pontífice de la Iglesia.

Sin embargo nosotros somos humanos y el Papa también. Así como sentimos tan cercano a Juan Pablo II, ahora debemos sentir muy cerca de nosotros a Benedicto XVI. Rezar por él. Escuchar sus palabras, leer sus escritos y seguir sus orientaciones.

Más aún, sentir el calor de una familia que tiene un padre espiritual, escogido por el Señor, para ayudarnos a vivir en el Reino.

El Señor va a permitir que a través de muchos datos, a veces insignificantes, podamos conocer las maravillas de su inteligencia y la cercanía y ternura de su corazón de Padre.

Así como el otro día nos dejó admirados cogiendo el celular que le presentaba un enfermo para saludar a sor María Cristina, enferma de un cáncer terminal o como se acercó a los periodistas para conversar personalmente con ellos, ciertamente que nos dará muchas sorpresas pero sobre todo nos orientará en los momentos difíciles de nuestra sociedad.

Oremos por Benedicto XVI y colaboremos económicamente con la “Caridad del Papa”.

 

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