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Tiempos de Eucaristía. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Sacramentos.

Tiempos de Eucaristía.

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez
Fuente: www.diosbendice.org


Les hablo como cristiano, más que como sacerdote, pues me preocupa la manera como nosotros tratamos a la santa Misa. Pues si nosotros no llegamos a comprender la misa, no la perdiéramos, no la maltratáramos tanto y no la reluciéramos a una celebración repetitiva de una lista de muertos.

Pero más tristeza me da cuando observo la poquísima gente que asiste a las misas dominicales. Desearía recordar, uno de los pensamientos que se han fijado en infinidad e campañas, "La Eucaristía, Don de Dios para la vida del mundo" Colocó este lema – pensamiento para decirme a mí mismo, que la misa no es un objeto, no es una cosa que se usa cuando se conviene, como es el caso de un difunto y punto. Sino que la misa es un regalo de Dios. Debo decirlo, con todo orgullo de católico, la misa es Cristo mismo. Dios que se nos da por completo a nosotros. Es ese Cuerpo y Sangre de Cristo Resucitado, presente entre nosotros bajo los signos de sacramentales de pan y vino.

Vale la pena que nos olvidemos que Cristo, antes de dejar el mundo, deseaba dejar a su Iglesia y a toda la humanidad el regalo de su presencia amorosa. Por eso eligió el pan y el vino. El quería, desde siempre, ser el pan de vida. Ese pan que sería la vida para el mundo. No hay que dejar a un lado ese hermoso pasaje allá en el Cenáculo, en aquella víspera de su pasión, tomando el pan para declarar con solemnidad: Este es mi cuerpo entregado por todos. Esta es mi sangre derramada por todos, como alianza derramada para el perdón de los pecados. DE ahí que la misa sea un verdadero sacrificio de redención.

Que hermoso será, que todos al asistir conscientemente a misa nos veamos envueltos en el amor de Cristo que desde la cruz nos abraza para que tengamos vida y en abundancia. Regalo tan grande que les dio el mandato a sus apóstoles para que lo hicieran siempre en memorial del amor y la esperanza. Hoy en día, son los sacerdotes los que contribuyen a que se haga realidad ese regalo de amor. De ahí que la misa no sea un mero espectáculo, o simple recuerdo de algo que sucedió hace tiempo. Es la representación sacramental de de un acto salvífico que ofrece sus frutos a todos.

No me cansaré de recordar aquel pasaje cuando los mártires de Abitine, en África del Norte que ante la pregunta del Juez respondieron: "No podemos vivir sin el Domingo" (Eucaristía) Que bella y heroica respuesta de convicción. Además, quiero llegar al corazón de los hogares, que viven en este momento situaciones muy difíciles, para invitarlos a vivir la Eucaristía (Misa) como lugar privilegiado para sanar y lograr el auxilio de Dios. Valdría la pena que en medio de esas situaciones podamos colocar esos dolores delante de Dios y seguir, sin desmayar, no por simples ratos o desahogos, sino con constancia y convicción.

Bien cabe señalar, con perfecta evidencia que esta es la hora de la Eucaristía y se hace imperioso, quizás con urgencia, una esmerada transformación de las personas y la sociedad para descubrir el sentido profundo lo que significa este sacramento admirable regalo del amor de Dios. Para los que no han entendido o sentido lo grande la Eucaristía (misa) les digo que en ella está realmente Dios, cuerpo y sangre, que es un tiempo de gracia, un Kairós que nos regala a ese Dios que se deja comer para que le podamos digerir en las faenas de la vida y reconociéndole podamos hacer de la oración, encuentro para que Dios nos escuche. Entonces es la hora de Cristo que se deja tocar, comer y masticar para nuestro bien.

Entonces, ir a misa no es mero cumplimiento, sino que es un encuentro con Dios donde se deja actuar la libertad en opción por una vida cada día más hacia Dios. Si conociéramos lo que significa la misa no dejaríamos de asistir, compartir y abrazar a Cristo en medio de todos para que todos tengamos la salvación. 13 largos años

No puedo finalizar sin volver a experimentar, con agradecimiento, las memorias de un sacerdote, que fue elegido cardenal, Francis Xavier Van Thuân, prisionero por muchos años en las cárceles vietnamitas. 13 años, de los cuales nueve fueron de régimen de aislamiento. Desde ese sufrimiento lo que le mantuvo despierto, vivo y con mucha esperanza fue la Eucaristía. Fuerza para su vida y alimento para su largo trayecto en cautividad. Celebrando la eucaristía a escondidas con una gotita de vino y un pellizco de pan, pero con la convicción de que Cristo le acompañaba y le anima a seguir adelante. Tal fue la convicción de la presencia de Jesús en su vida que pudo salir en libertad. Y esa libertad lo llevó al vaticano donde el Papa Juan Pablo II le nombraría después presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz.

En este tiempo la sociedad, tan convulsionada, necesita de la Eucaristía. Aunque no la merezcamos, pero se hace inevitable para sanar y elevar nuestras vidas.

 

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